
Actualmente no existe una forma específica de diagnosticar el PIF. Las biopsias que se realizan a los tejidos afectados pueden ser las ideales a la hora de confirmar un diagnóstico, pero, lamentablemente, cuando se realizan el gato suele estar muy enfermo y ya no se le puede salvar la vida. Normalmente este procedimiento suele efectuarse sólo tras el examen post mortem.
En el caso de que el veterinario sospeche que el gato esta enfermo realizará un examen minucioso del animal, incluyendo sus ojos y el sistema nervioso. Cuantos más hallazgos consistentes se encuentren más posibilidades del que gato padezca esta enfermedad.



