
Aunque el gatito es un animal adorable, el gato adulto también merece la oportunidad de tener una buena familia. Por este motivo, cada vez son más las personas que prefieren llevarse a casa a un felino que ha dejado atrás su tierna infancia, pues el cariño que te puede llegar a dar casi desde el primer día es maravilloso y, además, suele ser más tranquilo que un cachorro.
Es muy fácil caer en las redes de un felino como nuestro nuevo amigo, pero es muy importante que sepamos que él, al igual que nuestros otros animales y/o hijos si es que los tenemos, debe de tener límites claros y ciertas limitaciones dentro del hogar. Un gato bien educado no es un gato sumiso, sino un animal que entiende qué puede hacer y qué no, y que convive relajado con su familia humana. Así que vamos a ver cómo educar a un gato adulto para que la convivencia sea feliz para todos.
No dejes que te arañe ni muerda
La piel que tenemos los humanos, a diferencia de la que tienen los gatos, no está protegida con una capa o dos capas de pelo, y por lo tanto nos puede hacer mucho daño cuando clavan las uñas o muerden. Además, si el gato se acostumbra a usar manos y pies como juguetes, será mucho más difícil corregirlo después.
Para evitarlo, es conveniente que juguemos con él con un juguete, como una cuerda, una caña con plumas, pelotas o juguetes interactivos, y que nunca utilicemos nuestras manos directamente para provocar el juego. Así, el gato aprenderá que solo puede morder y arañar objetos y no partes del cuerpo.
Si durante el juego se emociona demasiado y nos araña y/o muerde, la pauta más efectiva es interrumpir el juego de inmediato. Podemos emitir un «ay» un poco más alto de lo normal para que note que nos ha hecho daño y, acto seguido, detener el juego y dejarlo solo un par de minutos. De esta manera, el gato asocia que cuando hace daño se acaba lo divertido. Es importante que esta reacción sea instantánea y coherente: siempre que el gato muerda fuerte o arañe la piel, el juego se detiene. No hace falta gritar ni utilizar castigos físicos (algo que siempre debemos evitar), ya que solo generaría miedo y desconfianza.
También ayuda mucho ofrecerle juguetes especiales para morder (pelotas blandas, ratones de tela, juguetes con catnip, etc.), y redirigir su boca hacia ellos cuando veamos que empieza a excitarse demasiado durante la sesión de juego. Así aprenderá que la diversión continúa solo cuando usa los juguetes y no nuestras manos.
Enséñale a usar la bandeja higiénica

Por lo general, el gato aprenderá por sí solo a utilizar su bandeja, ya que tan sólo tenemos que enseñarle dónde está el arenero el primer día para que él vaya cada vez que tenga necesidad. Sin embargo, a veces puede no ser así, de modo que tendremos que ayudarle con un pequeño entrenamiento basado en la asociación positiva.
¿Cómo? Muy sencillo: llevándolo hasta ella a los 20-30 minutos de haber comido, o cada vez que haya empezado a orinar o a evacuar en un sitio inadecuado. Lo colocamos suavemente dentro del arenero y dejamos que investigue. Es importante que la bandeja esté en un lugar tranquilo y accesible, lejos de su comida y de su cama, ya que a los gatos no les gusta hacer sus necesidades cerca de donde comen o descansan.
Cuando finalmente la haya usado, le daremos un premio inmediato: puede ser una golosina específica para gatos, unas caricias si le gustan, o un ratito de juego suave. Así aprenderá por experiencia que utilizar la bandeja higiénica tiene siempre consecuencias agradables.
Si el gato ha vivido en la calle o ha tenido malas experiencias, es posible que tarde un poco más. En esos casos, conviene mantener la arena muy limpia, probar diferentes tipos (aglomerante, sílice, vegetal, etc.) y usar bandejas amplias y estables. Algunos gatos prefieren bandejas abiertas y otros cerradas, así que observar sus preferencias forma parte de la educación.
En caso de que el gato empiece a orinar o defecar fuera del arenero de forma repentina, es importante descartar primero problemas de salud (infecciones de orina, dolor, estrés intenso…). Una vez el veterinario descarte patología, podremos seguir trabajando con refuerzo positivo, buena higiene del arenero y colocación correcta de las bandejas.
Protege plantas y muebles
El gato es un animal muy curioso por naturaleza, de modo que es sumamente importante evitar que se acerque a algunas plantas como la difenbaquia o la flor de pascua, ya que son tóxicas. Para ello, podremos usar repelentes para gatos, aunque lo más aconsejable es colocar dichas plantas en un lugar inaccesible para el animal, como estanterías altas o habitaciones cerradas.
Además de los repelentes comerciales, muchas personas utilizan olores desagradables para el gato, como la pimienta, el mentol o determinados sprays específicos para muebles y plantas, siempre que sean seguros para animales. También se pueden proteger las superficies con texturas que no les gustan, por ejemplo plástico rugoso, papel de aluminio o cinta adhesiva de doble cara, de modo que la experiencia de subirse o rascar sea incómoda para él (sin hacerle daño).
Si queremos proteger los muebles, podremos cubrirlos con una tela a prueba de arañazos de gato, como la Fouscurit o la Courtisane. Tienes más información en este artículo. Pero además de proteger, es esencial ofrecerle alternativas atractivas para rascar: rascadores verticales para quienes trepan por cortinas y sofás, y rascadores horizontales si prefieren las alfombras.
Podemos animarlo a usar el rascador aplicando un poco de hierba gatera (catnip) o colocando juguetes y premios en él. Cada vez que el gato utilice el rascador en lugar del sofá, lo premiaremos con caricias, palabras suaves o una golosina. Así, asociará el rascador con algo muy positivo, mientras que los muebles resultan aburridos o ligeramente desagradables gracias a las protecciones.
En superficies críticas, como encimeras o mesas de la cocina, también se pueden utilizar elementos disuasorios seguros: manteles de plástico con textura incómoda, mallas, o incluso dispositivos automáticos que liberan un pequeño soplo de aire cuando detectan movimiento. Lo importante es que la experiencia de subirse sea molesta pero no dolorosa, y que el gato disponga de otros lugares altos permitidos (estanterías, árboles para gatos) donde sí sea bienvenido.
Ten paciencia y sé constante

El gato adulto no va a aprender tan rápido como el gatito, pero igualmente necesita que se le repitan las cosas muchas veces. Enseñarlo no es difícil, pero requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, coherencia en nuestras reacciones.
Los gatos no obedecen como un perro ni realizan acciones para complacernos; aprenden por asociación y experiencia. Si un comportamiento le trae cosas agradables (comida, juego, atención, comodidad), tenderá a repetirlo; si siempre va acompañado de algo ligeramente desagradable o deja de obtener lo que quiere, terminará abandonándolo.
Por eso, lo más eficaz es basarse en el refuerzo positivo: premiar cada vez que haga algo bien (usar el arenero, rascar el rascador, mantenerse fuera de la encimera cuando cocinas) con mimos, juego o algo de comida que le guste. De la misma forma, las conductas indeseadas leves se pueden ignorar o redirigir hacia una alternativa adecuada, mientras que las más problemáticas se asocian a experiencias incómodas pero seguras (texturas, olores, ruidos breves que no vengan directamente de ti).
Además, es conveniente respetarlo en todo momento y darle mucho cariño y seguridad para que se sienta protegido con nosotros, su nueva familia. Un gato que confía en sus cuidadores aprende mejor, está más relajado y muestra menos conductas de ataque o defensa.
Si a pesar de todo aparecen conductas agresivas intensas (ataques sin motivo aparente, miedo extremo, marcaje con orina, etc.) o sientes que no terminas de conectar con tu gato, es muy recomendable pedir ayuda a tu veterinario o a un especialista en comportamiento felino (etólogo). Un profesional puede detectar causas médicas u ofrecer pautas personalizadas para vuestro caso.
Seguro que con estos consejos, aplicados con constancia y cariño, poco a poco nuestro nuevo amigo se sentirá feliz, seguro y cada vez mejor educado, y la convivencia se convertirá en una relación de confianza, respeto y compañía mutua durante muchos años.

