
El gato es un felino muy curioso, y de tanto que lo es a veces puede meterse por lugares donde podría correr peligro. Mantenerlo en casa exige tomar una serie de medidas de seguridad cuyo objetivo es proteger a nuestro querido amigo pero sin privarle de la diversión ni de la posibilidad de explorar.
Tanto si el peludo es muy tranquilo como si por el contrario es nervioso, tenemos que saber cómo alejar al gato del peligro. Son varias las situaciones en las que se encontrará a lo largo de su vida, y algunas de ellas pueden ser más perjudiciales que otras. Entender sus instintos, adaptar el hogar y valorar bien si debe salir al exterior son pasos básicos para que viva muchos años sano y feliz.
¿Qué peligros hay en casa?

El gato que vive en casa va a dedicar varios minutos al día a explorar una y otra vez su territorio. Nosotros, como humanos, somos imperfectos. ¿Qué quiere decir esto? Pues que por muy buena memoria que tengamos, a veces podemos dejar sobre la mesa, otro mueble o el suelo objetos potencialmente peligrosos que el felino podría querer utilizar para jugar.
Entre esos objetos se encuentran cuerdas, lazos, pelotitas diminutas, goma elástica, hilos de costura, tapones pequeños o cualquier otra cosa ligera que cualquier gato podría alzar, morder o tragar. Todas estas cosas tenemos que guardarlas en un cajón o armario cerrado para que no surjan problemas de atragantamiento, obstrucciones intestinales o lesiones en la boca.
Además, no se deben tener plantas tóxicas ni productos tóxicos a su alcance. Muchas plantas de interior muy comunes pueden ser venenosas para los gatos (como la flor de Pascua, el potus, ciertas palmeras decorativas, lirios, aloe vera, azaleas, adelfas o hiedras). Si al gato le gusta mordisquear hojas, es preferible sustituir esas plantas por especies seguras y ofrecerle hierba gatera o macetas con hierba para gatos para que pueda saciar ese instinto sin riesgo.
Los productos de limpieza, insecticidas, ambientadores concentrados y medicamentos también deben guardarse en armarios que no pueda abrir. Un gato que camina sobre el suelo recién fregado con productos agresivos y luego se lame las patas puede intoxicarse, de la misma forma que podría hacerlo si juega con una pastilla de detergente o un sobre de veneno para roedores. Siempre es mejor usar cierres de seguridad en armarios bajos y dejar que el suelo se seque antes de que el minino vuelva a circular por la zona.
Otro foco de riesgo importante son las bolsas de plástico y la basura doméstica. Algunos gatos disfrutan metiendo la cabeza en las bolsas o investigando el cubo de la basura, pero podrían asfixiarse, cortarse o ingerir restos peligrosos. Lo ideal es utilizar cubos con tapa que cierren bien y no dejar las bolsas por el suelo.
Peligros eléctricos: cables, enchufes y electrodomésticos
Vivimos en un mundo cada vez más tecnológico, y claro, nuestras viviendas están llenas de cables. El del ordenador, el de la televisión, el del microondas, los cargadores del móvil, regletas,… prácticamente todo lo que utilizamos a diario en el hogar es eléctrico. Aquellos que convivimos con felinos tenemos que envolver el cable con algo, como con tubos de goteo que se utilizan en jardinería o cartón duro, o usar fundas específicas para cables que se venden en tiendas de mascotas y de electricidad.
Los cables sueltos invitan al juego y al mordisqueo, especialmente en gatos jóvenes. Para reducir el riesgo de electrocución conviene:
- Recoger y agrupar los cables con bridas o canaletas para que no cuelguen ni queden a su alcance.
- Desenchufar aparatos que no se utilicen con frecuencia.
- Utilizar protecciones para enchufes en tomas que queden muy cerca del suelo o de las zonas de juego.
Los electrodomésticos grandes también pueden ser un lugar atractivo para esconderse o dormir. Hornos, lavadoras, secadoras, lavavajillas o microondas pueden convertirse en una trampa si se cierran con el gato dentro. Por eso, es fundamental revisar siempre el interior antes de encenderlos y mantener las puertas cerradas cuando no estén en uso.
Cocina y baño: zonas de alto riesgo
La cocina es uno de los espacios más peligrosos para un gato. Muchos alimentos humanos son peligrosos para ellos. Chocolate, uvas y pasas, cebolla, ajo, aguacate, alcohol y productos con xilitol son solo algunos ejemplos que pueden causar intoxicaciones graves, problemas neurológicos o incluso la muerte. Además, los huesos cocidos y los restos con espinas pueden provocar perforaciones o atragantamientos.
Para evitar accidentes, es importante:
- No dejar comida peligrosa sobre la mesa o encimera sin vigilancia.
- Asegurarse de que el cubo de la basura está bien cerrado.
- No ofrecer restos de comida humana sin consultar antes al veterinario.
En la cocina también hay que tener cuidado con los fogones y el horno. Un gato curioso puede saltar sobre una placa caliente o intentar meterse en un horno templado como si fuera una cueva. Es recomendable dejar una olla con agua fría en la placa recién usada y comprobar el interior del horno antes de cerrarlo, especialmente si al gato le gusta acompañarte mientras cocinas.
En el baño, la tapa del inodoro debe permanecer siempre cerrada, sobre todo si convives con gatitos. Un pequeño resbalón podría acabar con el gato dentro del agua, sin fuerza para salir. Además, el agua del inodoro puede contener productos químicos que provoquen intoxicaciones si los lame.
Juguetes, textiles y otros objetos cotidianos
El juego es necesario para el bienestar mental y físico del gato, pero no todos los juguetes son seguros. Cañas con cordones largos, ovillos de lana, hilos de costura, cintas de regalo o bolsas con asas pueden causar estrangulamiento, nudos en el intestino o cortes en la boca si se rompen y se tragan.
Lo ideal es ofrecer juguetes específicos para gatos, de un tamaño suficientemente grande para que no puedan tragarlos, sin piezas pequeñas que se desprendan y con materiales resistentes. Conviene revisar los juguetes periódicamente y retirarlos si están muy dañados.
También hay que vigilar mantas, cortinas y alfombras con hilos sueltos, ya que algunos gatos sienten atracción por masticarlos. En el caso de las cortinas largas, pueden resultar tentadoras para trepar y provocar caídas o que todo el conjunto se venga abajo. Los estores o cortinas cortas suelen ser más seguros en hogares con felinos activos.

Ventanas, balcones y síndrome del gato paracaidista
Y, ¿qué decir de las ventanas? Una ventana abierta, sobre todo si se vive en un segundo piso (o superior) puede ser la diferencia entre tener un gato vivo y otro muerto. Siento decirlo así, pero es la cruda realidad. Hay muchos gatos que tienen el síndrome del gato paracaidista, y sufren las consecuencias por ello.
Este síndrome se da cuando el gato cae desde una altura considerable al intentar cazar un insecto, un pájaro o simplemente por un mal cálculo al caminar por la barandilla. Las ventanas oscilobatientes son especialmente peligrosas: si el gato intenta pasar por el hueco puede quedar atrapado, sufriendo lesiones gravísimas en columna, cuello u órganos internos.
En casos más leves, sus fracturas necesitarán sólo unas semanas para curarse, pero en casos más graves su vida podría correr peligro. Es por eso por lo que antes de llevar al animal a la vivienda tenemos que proteger todas las ventanas con red protectora para gatos que encontraremos a la venta en cualquier tienda de animales. También conviene instalar protectores específicos en ventanas oscilobatientes y evitar dejarlas abatidas sin supervisión.
En el caso de los balcones, terrazas o azoteas, lo más seguro es instalar mallas, redes resistentes o celosías bien tensadas, sin huecos por los que el gato pueda pasar la cabeza. Las fijaciones deben colocarse de forma que ni un gato adulto ni un gatito puedan colarse. Así, el felino podrá tomar el sol y mirar el exterior sin riesgo de caídas.
Otra opción muy interesante son los gatios o recintos exteriores para gatos, espacios cerrados con malla donde el minino puede disfrutar del aire libre con seguridad. Se pueden construir en terrazas, patios e incluso aprovechar una ventana para darle acceso a una pequeña estructura exterior.

¿Y en el exterior?

Cuando hablamos de exterior nos referimos tanto a la calle como a jardines, patios abiertos, campos o entornos rurales. Aunque a muchas personas les parece “natural” que el gato salga, es importante saber que los gatos de interior suelen vivir más años que los que tienen acceso libre al exterior, precisamente porque se exponen a muchos más peligros.
Los gatos que salen sin control pueden enfrentarse a accidentes de tráfico, ingestión de venenos, peleas con otros animales, enfermedades infecciosas, robos o maltrato humano, además del riesgo de perderse y no saber volver a casa. Por eso, antes de abrirle la puerta a tu felino, conviene analizar muy bien dónde vives y qué alternativas tienes para ofrecerle estímulos sin poner en juego su vida.
Medio urbano
Cuando se vive en una ciudad o un pueblo muy poblado no hay que dejar salir al gato fuera, pues es muy probable que no sobreviva más de 1 o 2 años. Los peligros son muchos y muy variados: coches, personas malas que tratan fatal a los animales, venenos, enfermedades,… El riesgo de que se pierda y/o muera es tan alto que, de verdad, insisto, si quieres a tu peludo no lo dejes salir de casa bajo ningún concepto.
En entornos urbanos también hay alcantarillas, obras, patios interiores donde podría quedar atrapado, edificios altos desde los que puede caer al intentar saltar de balcón en balcón, además de vecinos que quizá no toleren su presencia. A esto hay que añadir los virus y bacterias que se transmiten por contacto con otros gatos, como la leucemia felina o el virus de la inmunodeficiencia felina.
Si aun así consideras que tu gato necesita algo de exterior, puedes valorar opciones más seguras, como pasearlo con arnés y correa o construir un pequeño recinto en tu patio o terraza. Así podrá oler el aire y tomar el sol, pero bajo tu supervisión y con protección física.

Medio rural
Cuando se vive en el campo, a las afueras de un pueblo o en una aldea el gato puede hacer vida de gato; es decir, puede salir a dar una vuelta porque los peligros que se encontrará son mínimos. Mínimos, pero también peligrosos: venenos, gente mala (cazadores), perros u otros animales grandes, maquinaria agrícola, pozos sin tapar o naves donde pueda quedarse encerrado.
Por todos estos motivos, sólo hay que dejarlo salir si sabemos con seguridad que estamos en una zona muy tranquila y segura. Y aún así, si tenemos dudas, siempre va a ser mejor enseñarle a pasear con arnés desde cachorrito, o incluso comprar un cochecito (no es broma) para animales pequeños, que vendría a ser como un transportín con ruedas.
En cualquier entorno exterior, urbano o rural, es muy recomendable que el gato tenga microchip con los datos actualizados y que lleve un collar con cierre de seguridad y placa identificativa con tu teléfono. Así, si se pierde y alguien lo encuentra, será más fácil que pueda volver contigo. Aun así, el microchip es la forma de identificación más fiable, ya que no se cae ni se borra.
Salud y prevención para gatos que salen
Si finalmente decides que tu gato tenga acceso al exterior, conviene cuidar varios aspectos de salud:
- Esterilización o castración para evitar camadas no deseadas, peleas por apareamiento y transmisión de enfermedades.
- Vacunación y desparasitación al día, tanto interna como externa (pulgas, garrapatas, gusanos intestinales).
- Revisiones veterinarias periódicas para detectar a tiempo posibles problemas derivados de su vida en el exterior.
- Valoración de usar localizadores GPS para gatos si sales en entornos muy abiertos y te preocupa perderle la pista.
Además, los gatos de exterior suelen gastar más energía, por lo que necesitan alimentación de calidad y agua fresca siempre disponible para mantenerse fuertes y con un buen sistema inmunitario.
Mi experiencia
Yo vivo casi a las afueras de un pueblo de unos 4 mil habitantes. La calle era una de las más tranquilas, pero con el crecimiento de la población pues cada vez pasan más coches; no muchos, pero pasan más que antes. En diciembre del 2017 atropellaron a uno de mis gatos, a Bicho, una panterita que en ese entonces tenía ocho meses.
Aunque le costó alrededor de un mes volver a caminar bien, es decir, que no fue nada tan grave que no pudiera curarse solo, me hizo replantearme si dejar salir o no a mis gatos cuando lograra independizarme. Verás, uno de mis sueños es mudarme a vivir a una casa de campo. Hasta ese momento estaba convencida de que dejaría salir al exterior a mis gatos, que son cinco, pues la idea que tenía era comprar una cuyo solar estuviese vallado. Pero tras lo sucedido, me he vuelto más sobreprotectora.
Sé que cuando llegue el día les va a costar mucho adaptarse, pero cuando nos mudemos no van a ver más el exterior. Por su propio bien. Quiero que vivan todos los años que tienen que vivir, que mueran de viejos y no por un coche o por cualquier otra cosa. Por todo ello, te pido que antes de dejar salir a tu amigo, lo pienses bien, lo medites. Valora los pros y los contras, y piensa que un solo «contra» podría arrebatarte a tu gato.

Tu peludo no necesita exponerse a peligros para ser feliz. Con juguetes adecuados, rascadores, lugares altos seguros para observar, compañía y cariño, un gato puede tener una vida plena siendo de interior. Y si alguna vez decides ofrecerle algo de exterior, siempre puedes hacerlo con arnés, recintos protegidos y todas las medidas de seguridad posibles.
Espero que este artículo te haya sido de utilidad Recuerda que cada pequeño cambio en casa suma para que tu gato esté más seguro, y que la mejor forma de protegerlo es anticiparte a los riesgos sin olvidar darle una vida rica en estímulos, juego y momentos compartidos.
