Cuando adquirimos un gato tenemos que hacer todo lo posible para que tenga todo lo que necesita. Además de agua, comida, juguetes y un lugar seguro donde recibe cariño, también es muy importante que lo llevemos al veterinario cada vez que sospechemos que su salud se está debilitando o que haya sufrido un accidente.
Si dejamos pasar el tiempo y no hacemos nada, entonces su estado podría empeorar mucho hasta el punto de sufrir una septicemia, la cual resulta, en muchos casos, fatal para el animal si no recibe atención veterinaria inmediata.
¿Qué es la septicemia o sepsis en gatos?

La septicemia, también conocida como sepsis en gatos, es una forma de envenenamiento de la sangre, producido por bacterias (y en ocasiones por hongos u otros patógenos) que causan infecciones potencialmente mortales. Estas bacterias alcanzan el torrente sanguíneo y se diseminan por todo el cuerpo, desencadenando una respuesta inflamatoria muy intensa.
El sistema inmunológico del gato reacciona liberando sustancias inflamatorias y anticuerpos para combatir a los microorganismos, pero esta respuesta, cuando es exagerada, puede provocar una disfunción generalizada de órganos como riñones, hígado, pulmones y corazón. Si esta afectación progresa, se puede producir una insuficiencia multiorgánica, la presión arterial cae bruscamente y la vida del animal corre un serio peligro. A este estadio tan grave se le denomina shock séptico.
Es importante entender que la septicemia no es una infección leve: se trata de una emergencia veterinaria crítica que requiere actuación rápida para aumentar las probabilidades de supervivencia del gato.

¿Cuáles son las causas de la septicemia en gatos?
La septicemia es una enfermedad producida por infecciones en cualquier parte del cuerpo, ya sea en los pulmones, abdomen, vías urinarias u otros tejidos. Si no se trata a tiempo, la infección localizada se extiende rápidamente a la sangre y al resto de órganos.
En el caso de los gatos, las causas y focos de infección más habituales que pueden terminar desencadenando sepsis son:
- Infecciones en la boca o dientes que no se tratan, como la gingivitis, la enfermedad periodontal o los abscesos dentales. Las bacterias pueden pasar con facilidad al torrente sanguíneo a través de las encías inflamadas.
- Heridas profundas o mordeduras sin atender, especialmente en gatos que salen al exterior y se pelean con otros felinos. Esas heridas pueden infectarse y formar abscesos que acaben diseminando bacterias por la sangre.
- Infecciones del tracto urinario (vejiga, uretra o riñones) que progresan y permiten que las bacterias pasen al torrente sanguíneo.
- Neumonía u otras infecciones respiratorias graves que, sin tratamiento, pueden extenderse y originar una sepsis.
- Infecciones gastrointestinales severas, con diarrea intensa, inflamación del intestino o perforaciones que facilitan el paso de bacterias al abdomen y a la sangre.
- Piometra, que es una infección del útero en gatas enteras (no esterilizadas). El pus y las bacterias pueden pasar a la sangre y causar septicemia.
- Lesiones internas por golpes, caídas, accidentes de tráfico o cirugías complicadas que generen hemorragias internas o contaminación bacteriana de órganos.
- Campilobacteriosis y otras infecciones bacterianas intestinales, que pueden causar diarreas graves y, en casos complicados, llegar a comprometer el estado general del gato.
- Complicaciones tras una cirugía reciente si se produce una infección en la herida o en el interior del cuerpo y no se detecta a tiempo.
- Sistema inmunitario debilitado, por ejemplo, a causa de otras enfermedades como la leucemia felina, el virus de la inmunodeficiencia felina o la peritonitis infecciosa felina (PIF), que facilitan que una infección localizada se vuelva generalizada.
Además, existen factores que aumentan el riesgo de que un gato desarrolle septicemia: edad avanzada, estrés crónico, mala nutrición, enfermedades crónicas no controladas o vivir en entornos con higiene deficiente, donde las heridas se contaminan con facilidad.

Síntomas de septicemia en gatos
Podremos sospechar que nuestro gato (o, en realidad, cualquier ser querido) tiene septicemia si vemos que presenta cambios bruscos en su comportamiento y en su estado general. Muchos signos son inespecíficos, pero su aparición conjunta, sobre todo cuando el gato tiene una infección previa, debe ponernos en alerta.
Algunos de los síntomas que pueden aparecer en la sepsis o septicemia felina son:
- Respiración rápida o agitada, incluso en reposo.
- Dificultad para respirar normalmente; puede llegar a jadear, algo poco habitual en los gatos sanos.
- Disminución de la temperatura corporal (la temperatura normal de un gato es de 38-39 ºC); en fases iniciales también puede haber fiebre.
- Escalofríos o temblores, que indican malestar y afectación sistémica.
- Letargo marcado y debilidad; el gato pasa muchas horas escondido, apenas se mueve y no reacciona como de costumbre.
- Pérdida de apetito y negativa a comer incluso sus alimentos favoritos.
- Vómitos o diarrea, en algunos casos con presencia de sangre o moco.
- Disminución de la producción de orina o dificultad para orinar, lo que puede indicar fallo renal o deshidratación grave.
- Encías pálidas o azuladas, que señalan mala oxigenación y circulación comprometida.
- Confusión, desorientación o cambios en el comportamiento, como no reconocer a las personas o deambular sin rumbo.
- Dolor al evacuar o al orinar, si el foco de infección está en abdomen o vías urinarias.
- Colapso o dificultad para mantenerse en pie en los casos más avanzados, cuando la presión arterial está muy baja.
La presencia de varios de estos signos, especialmente si el gato tiene una herida infectada, una cirugía reciente o una enfermedad previa, debe considerarse una urgencia veterinaria. El tiempo es un factor clave en la septicemia: cuanto antes se trate, mayores serán las posibilidades de recuperación.

Diagnóstico y tratamiento de la septicemia en gatos
Si nuestro gato no se encuentra bien, hay que llevarlo al veterinario de manera urgente. Allí el profesional valorará primero sus signos vitales (frecuencia cardíaca y respiratoria, temperatura, color de mucosas, presión arterial) y su nivel de consciencia para determinar la gravedad.
Una vez estabilizado mínimamente el animal, se realizarán varias pruebas para confirmar la presencia de sepsis y localizar el foco de la infección. Entre los exámenes más habituales se incluyen:
- Examen de sangre para medir los glóbulos rojos y blancos, así como la cantidad de hemoglobina y otros parámetros bioquímicos que permiten evaluar hígado, riñones y estado de hidratación.
- Hemograma completo y perfil bioquímico, que muestran si existe una respuesta inflamatoria importante o daño en órganos internos.
- Análisis de orina en busca de bacterias, sangre o alteraciones que indiquen infección del tracto urinario o afectación renal.
- Hemocultivos o cultivos de sangre, que ayudan a identificar la presencia de bacterias o hongos en el torrente sanguíneo.
- Pruebas de imagen, como radiografías o ecografías, para localizar abscesos, cuerpos extraños, neumonía, piometra u otras infecciones internas.
- Control de la presión arterial y del nivel de oxígeno en sangre, fundamentales para detectar un posible shock séptico.
Confirmado el diagnóstico, lo ingresará para administrarle líquidos y medicamentos por vía intravenosa. El gato será hospitalizado y el tratamiento se basará en una combinación de:
- Fluidoterapia intravenosa, ajustada a las necesidades del paciente, para restablecer el volumen sanguíneo, mejorar la circulación y la perfusión de los órganos.
- Antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa, que se ajustarán posteriormente según los resultados de los cultivos y la sensibilidad de las bacterias aisladas.
- Oxigenoterapia cuando exista dificultad respiratoria o baja saturación de oxígeno.
- Terapia de soporte de órganos, que puede incluir fármacos para mantener la presión arterial, protectores gástricos, medicación para el corazón o soporte renal según la situación.
- Analgésicos y antiinflamatorios, prescritos con cuidado, para controlar el dolor y mejorar el bienestar del gato.
- Nutrición adecuada, con dietas fácilmente digestibles y, si es necesario, alimentación asistida para evitar la desnutrición durante el ingreso.
En casos muy graves, cuando la septicemia ha evolucionado a shock séptico, pueden necesitarse medidas adicionales como ventilación mecánica, tratamiento con vasopresores para mantener la presión arterial o incluso transfusiones de sangre si la del gato no puede coagular debidamente o existe anemia severa.
Es normal que nos sintamos mal por dejar a nuestro amigo en la clínica o en el hospital veterinarios, pero es lo mejor que podemos hacer. Debemos pensar que lo más probable es que necesite monitorización continua de su ritmo cardíaco, frecuencia respiratoria y oxígeno en sangre, algo que solo se puede realizar correctamente en un entorno hospitalario.

¿Cómo se previene la septicemia en gatos?
La septicemia en los gatos se puede prevenir en muchos casos si se actúa de forma responsable y se evitan que las infecciones iniciales se compliquen. Algunas medidas clave son:
- Poniéndole todas las vacunas que necesita, siguiendo el calendario recomendado por el veterinario, para prevenir enfermedades infecciosas graves.
- Asegurarnos de que recibe la atención veterinaria que precisa cuando lo necesita, por ejemplo, cuando está enfermo, tiene fiebre persistente, heridas profundas o un comportamiento anormal.
- Tratar de forma temprana cualquier infección (respiratoria, digestiva, urinaria, dental, cutánea), sin esperar a que se complique o se resuelva sola.
- Cuidar adecuadamente las heridas, limpiándolas y desinfectándolas, y acudiendo al veterinario si son profundas, están cerca de articulaciones o muestran signos de infección.
- Mantener una buena higiene dental con limpiezas periódicas, revisiones veterinarias y, si es posible, cepillado dental para reducir la carga bacteriana en la boca.
- Ofrecer una alimentación de calidad que favorezca un sistema inmune fuerte y un buen estado corporal.
- Evitar el contacto con otros gatos enfermos o de origen desconocido, especialmente si el nuestro tiene defensas bajas.
Y, por último, también ayudaremos mucho a prevenirla si lo llevamos a castrar, especialmente si le damos permiso para salir al exterior. Un gato castrado no tendrá la necesidad de ir en busca de pareja, de modo que disminuye el riesgo de peleas y mordeduras, así como de infecciones en el aparato reproductor como la piometra en el caso de las gatas.


Los gatos no son unos animales super-resistentes. Son de carne y hueso, como tú y como yo. También se ponen enfermos de vez en cuando y pueden desarrollar infecciones que, si no se tratan a tiempo, acaban produciendo septicemia. Estar atentos a cualquier cambio en su comportamiento, acudir al veterinario ante el menor signo de alarma y seguir todos los cuidados preventivos permite que nuestros felinos tengan muchas más probabilidades de superar una infección y evitar complicaciones tan graves como la sepsis. Ayudémosles a recuperarse antes de que sufran una septicemia.