Si tenemos en cuenta que una gata puede entrar en celo varias veces a lo largo del año y que con cada embarazo puede traer de uno a catorce gatitos, enseguida nos daremos cuenta de que la superpoblación felina es un problema real. Un problema que está muy lejos de solucionarse, ya que son muchas las personas que quieren hacer criar a sus gatas y que luego no saben qué hacer con los pequeños, los cuales acabarán o en un refugio o, más frecuentemente, viviendo en la calle.
Para tratar de solucionarlo podemos optar por la castración del animal, pero ¿cuándo castrar a un gato de forma responsable? Si acabas de adquirir uno y no sabes cuándo hacerle pasar por quirófano para extirparle sus glándulas reproductoras, aquí encontrarás una guía muy completa para elegir el mejor momento, conocer el procedimiento, los cuidados posteriores y los beneficios a corto y largo plazo.
¿Qué diferencia hay entre castrar y esterilizar a un gato?

Aunque en el lenguaje cotidiano se hable de castración y esterilización como si fueran lo mismo, en veterinaria no son exactamente iguales. Entender esta diferencia te ayudará a decidir mejor qué intervención es la más adecuada para tu compañero felino.
Cuando se habla de esterilizar de forma estricta, se hace referencia a técnicas que impiden la reproducción pero mantienen la producción de hormonas sexuales. En los machos esto se consigue con una vasectomía (se cortan o bloquean los conductos deferentes) y en las hembras con una ligadura de trompas. El gato o la gata no podrán tener crías, pero seguirán mostrando comportamientos de celo, como el marcaje con orina, la búsqueda de pareja o los maullidos insistentes.
La castración, en cambio, consiste en la extirpación de los órganos sexuales: los testículos en los machos y los ovarios (y a veces el útero) en las hembras. Al retirar estas gónadas se reduce de forma muy importante la producción de hormonas sexuales y, con ello, disminuyen o desaparecen muchos comportamientos ligados al celo, como el marcaje, las peleas entre machos o los maullidos intensos.
Ambos procedimientos cumplen el mismo objetivo principal, que es evitar camadas no deseadas, pero la castración ofrece ventajas adicionales para la salud y el comportamiento del gato, motivo por el cual es el método más recomendado en gatos domésticos.
¿En qué consiste la castración o esterilización quirúrgica?

La castración de un gato es una intervención quirúrgica sencilla que se realiza bajo anestesia general. En los machos, el procedimiento habitual es la orquiectomía, es decir, la extracción de los testículos. En las hembras se lleva a cabo una ovariectomía (solo se extraen los ovarios) o una ovariohisterectomía (se extraen ovarios y útero).
Antes de la operación, el veterinario suele realizar un estudio prequirúrgico adaptado a la edad, raza y estado de salud del gato. Esto puede incluir exploración física y, en algunos casos, analíticas de sangre para reducir al mínimo los riesgos anestésicos.
El día de la cirugía, es habitual que se pida que el gato acuda en ayunas de comida entre 8 y 12 horas y sin beber agua durante unas horas previas a la anestesia. Tras la intervención, el profesional administra analgésicos y antiinflamatorios para controlar el dolor, y en ocasiones antibióticos para prevenir infecciones.
En machos, la operación es rápida, con una incisión muy pequeña que en muchas ocasiones ni siquiera requiere puntos externos. La recuperación suele ser muy ágil y algunos gatos hacen vida casi normal al día siguiente. En hembras, la cirugía es algo más invasiva, ya que implica abrir el abdomen, por lo que el postoperatorio es algo más largo y requiere controlar bien la herida y limitar su actividad durante varios días.
Hoy en día algunos centros también ofrecen técnicas como la laparoscopia para gatas, que permite operar con incisiones más pequeñas, lo que se traduce en menos molestias y una recuperación potencialmente más rápida, siempre que el caso lo permita y el centro cuente con el equipamiento adecuado.
¿A qué edad se recomienda castrar a un gato?

Hay diversas opiniones sobre cuándo es mejor castrar a un gato. Hay quienes opinan que se debe hacer cuando ya ha tenido algún celo (hacia los 6-7 meses), o cuando ha terminado de crecer. Sin embargo, la recomendación más extendida entre veterinarios y protectoras es realizar la intervención antes de que el animal alcance plenamente la madurez sexual.
En la práctica, muchos profesionales recomiendan castrar a machos y hembras entre los cinco y los seis meses de vida. En este momento el gato es lo bastante fuerte para tolerar la anestesia con seguridad y aún no ha consolidado conductas de celo como el marcaje con orina o las escapadas frecuentes.
Hay quienes prefieren esperar un poco más en el caso de las gatas, dependiendo de su desarrollo y de la época del año, pero cada vez está más aceptada la castración entre los 4 y los 6 meses como una franja ideal para la gran mayoría de felinos domésticos.
En algunas protectoras y programas de control de colonias felinas también se practica la esterilización temprana a partir de los 2-3 meses de edad, bajo estricto control veterinario. Esta opción ayuda a evitar embarazos precoces en gatas jóvenes, especialmente en entornos donde el riesgo de reproducción descontrolada es muy alto.
Si lo tienes en el interior de casa sin poder salir, puedes valorar junto con tu veterinario si es posible esperar un poco más, siempre vigilando que no muestre signos de celo. Pero si tu gato tiene acceso al exterior, a partir de los 5-6 meses puede convertirse en padre o madre, e incluso existe el riesgo de que no vuelva a casa por peleas, accidentes o porque se pierde.
Teniendo todo esto en cuenta, se recomienda mucho llevarlo a castrar a los cinco o seis meses, antes de que tenga el primer celo. Es una manera de evitar que el gato macho se acostumbre a marcar con orina la casa, y de que la gata maúlle desesperada por las noches. Además, si salen a la calle no se alejarán tanto de su hogar (los míos nunca se alejan más de una-dos calles), por lo que podrás tenerlo cerca siempre.
¿Se puede castrar o esterilizar a un gato a cualquier edad?

Aunque la edad recomendada para aprovechar todos los beneficios preventivos es la juventud, se puede castrar a un gato prácticamente a cualquier edad, siempre que su estado de salud lo permita. Los gatos adultos que no han sido castrados también pueden beneficiarse de la intervención, ya que se reducen las peleas, el riesgo de enfermedades de transmisión y la probabilidad de que se alejen del hogar.
En gatos de edad avanzada, a partir de cierta etapa de la vida, es especialmente importante realizar una revisión veterinaria completa (incluyendo, si procede, análisis de sangre y pruebas complementarias) para valorar el riesgo anestésico. Si el profesional lo considera adecuado, la castración puede mejorar la calidad de vida del animal incluso en la vejez, por ejemplo reduciendo problemas de próstata en machos o riesgos de infecciones uterinas en hembras no esterilizadas previamente.
No es cierto que las hembras deban tener al menos una camada para estar sanas. No es necesario que las gatas pasen un primer celo antes de ser esterilizadas, ni que tengan descendencia para evitar problemas de salud; de hecho, esterilizarlas antes del primer celo disminuye de forma drástica el riesgo de tumores mamarios y otras patologías hormonodependientes.
Beneficios de la castración en la salud y el comportamiento del gato

La castración de un gato es una manera de cuidarle. Es una operación de la cual se recupera rápido y vale mucho la pena, ya no sólo porque evitas que traiga gatitos al mundo que vete a saber dónde acabarían, sino también porque al no tener el celo no va a necesitar alejarse de casa ni para defender su territorio ni para buscar pareja.
A nivel de salud, la castración ayuda a prevenir problemas muy serios. En hembras disminuye el riesgo de tumores mamarios, de infecciones uterinas como la piometra y de otras alteraciones hormonales (celos persistentes, quistes ováricos, embarazos psicológicos). En machos reduce la probabilidad de tumores testiculares y de problemas de próstata, así como el contagio de enfermedades infecciosas asociadas a peleas y contactos sexuales, como la leucemia felina o el virus de la inmunodeficiencia felina.
A nivel de comportamiento, la castración suele traducirse en gatos más tranquilos y equilibrados. En machos disminuyen la agresividad, las peleas con otros gatos y el impulso de marcar con orina dentro y fuera de casa. En hembras desaparecen los maullidos insistentes, la inquietud y la ansiedad asociadas al celo, que incluso pueden provocar pérdida de apetito durante esos periodos.
También contribuye a reducir el deseo de escapar o alejarse del hogar, algo muy importante para los gatos con acceso al exterior. Al no estar guiados por la búsqueda de pareja o la defensa del territorio, se exponen menos a atropellos, caídas, envenenamientos o agresiones.
Desde un punto de vista social, castrar a los gatos domésticos es un acto de responsabilidad que ayuda a controlar la superpoblación felina, a reducir el abandono de camadas no deseadas y a mejorar el bienestar de colonias callejeras, donde suelen llevarse a cabo campañas específicas de captura, esterilización y suelta.
Posibles inconvenientes y cuidados especiales tras la castración
Como cualquier intervención quirúrgica, la castración no está exenta de posibles efectos secundarios o complicaciones, aunque en general son poco frecuentes cuando se realiza en una clínica con experiencia y se siguen las indicaciones del veterinario.
Uno de los puntos a vigilar es el aumento de peso. Tras la esterilización, el metabolismo del gato suele volverse algo más lento y su apetito puede aumentar. Si no se ajusta la alimentación y no se fomenta el ejercicio, el animal puede ganar peso con facilidad y desarrollar problemas como obesidad, diabetes o alteraciones articulares.
Para evitarlo, es recomendable ofrecer un pienso específico para gatos esterilizados, con menos calorías, más fibra y un control adecuado del pH urinario. Marcas como Royal Canin, Ownat, Brekkies, Gosbi, Purina One u otras gamas para gatos esterilizados del mercado han formulado productos pensados para estas nuevas necesidades nutricionales. Lo importante es elegir una alimentación de buena calidad y adaptar la cantidad a la actividad real del gato.
En algunos casos también puede existir una mayor predisposición a problemas urinarios, especialmente en machos con tendencia a formar cristales o cálculos. Por eso es tan importante que la dieta controle el pH de la orina, que el gato beba suficiente agua (se pueden usar fuentes o combinar pienso con comida húmeda) y que se vigilen conductas como orinar con dificultad, hacerlo fuera del arenero o presencia de sangre en la orina.
En el postoperatorio inmediato las complicaciones posibles incluyen infecciones de la herida, inflamación excesiva o apertura de puntos. Para prevenirlo se debe mantener al gato en un lugar tranquilo, limitar sus saltos y juegos intensos y, en el caso de las hembras, usar un collar isabelino o una faja protectora para impedir que se lama o muerda la zona intervenida.
Cuidados básicos del postoperatorio en casa
Pasadas unas horas tras la cirugía, lo normal es que tanto los machos como las hembras puedan volver a sus hogares. Como la cirugía es más invasiva para las gatitas, es posible que el veterinario recomiende que tu mascota pase un día completo en observación, sobre todo si se trata de una intervención más compleja.
En casa es importante que el gato disponga de un ambiente tranquilo, cómodo y a una temperatura agradable. El arenero, la comida y el agua deben estar cerca para que no tenga que hacer esfuerzos. La recuperación suele ser rápida, pero conviene restringir su actividad los primeros días para no forzar la herida.
Tu veterinario te explicará cómo revisar la zona de la incisión y con qué frecuencia. Hay que fijarse en que la herida esté limpia, sin supuración, sin olor fuerte y con una inflamación moderada. Cualquier signo de enrojecimiento excesivo, secreción purulenta, sangrado persistente, fiebre, apatía intensa o falta total de apetito debe ser motivo para consultar de inmediato con la clínica.
En el caso de que se hayan utilizado puntos no reabsorbibles, será necesario acudir de nuevo para retirarlos pasado un periodo aproximado de 10 a 12 días. Durante todo este tiempo se recomienda evitar baños y permitir que el gato se recupere a su ritmo, sin presionarle ni forzar el contacto si se muestra algo molesto o más reservado.
Con una buena analgesia, una correcta higiene de la herida y un entorno sin estrés, la mayoría de los gatos se recuperan por completo en pocos días y pueden retomar su rutina normal sin mayores problemas.
La castración de un gato es una decisión que influye de forma muy positiva en su salud física y emocional, mejora la convivencia en casa y contribuye a reducir la superpoblación felina; elegir bien el momento, informarse de los cuidados y seguir las pautas del veterinario hará que todo el proceso sea mucho más sencillo y seguro para tu compañero peludo.