Origen de la domesticación del gato: de cazador salvaje a compañero humano

  • Los gatos domĆ©sticos proceden principalmente del gato salvaje africano (Felis silvestris lybica), asociado a los primeros agricultores de Oriente Próximo.
  • La relación comenzó como comensalidad: los gatos cazaban roedores atraĆ­dos por el grano almacenado y los humanos toleraron y favorecieron su presencia.
  • Dos grandes linajes, el cercano-oriental y el egipcio, se difundieron por Europa y el MediterrĆ”neo mediante rutas agrĆ­colas y comerciales.
  • El gato actual conserva gran parte de su comportamiento salvaje, pero ha desarrollado mayor sociabilidad y tolerancia al contacto estrecho con las personas.

Origen de la domesticación del gato

Sarcófago del príncipe Thutmose

Hace ya muchos años que se quería saber dónde empezó la domesticación del gato, ese animal peludo que, a diferencia de cualquier otro felino, ha aceptado la compañía de una especie como el ser humano.

Pues bien, por fin podemos tener nuestra respuesta gracias al paleogeneticista Claudio Ottoni, quien utilizó el ADN de huesos, dientes, piel y pelo de mÔs de 200 gatos encontrados en sitios arqueológicos del Cercano Oriente, África y Europa.

Hoy en día se sabe que el Felis silvestris es el antecesor del gato doméstico (Felis silvestris catus). Según los resultados de Ottoni, los cuales han sido publicados en Nature Ecology and Evolution, los gatos domésticos descienden del Felis silvestris lybica o gato salvaje africano. Este peludito vive en el Cercano Oriente y el norte de África.

De los primeros felinos al nacimiento del gato domƩstico

Gatos domƩsticos y salvajes

Para entender el origen de la domesticación del gato conviene retroceder mucho mÔs atrÔs en el tiempo. El ancestro común de los felinos modernos y extintos, el Proailurus lemanensis, se considera uno de los primeros carnívoros con rasgos claramente felinos. A partir de estos antiguos depredadores aparecieron distintas ramas de félidos, entre ellas la que daría lugar al género Felis, al que pertenecen el gato salvaje y el gato doméstico.

En algunos trabajos paleontológicos se menciona al Pseudaelurus como posible origen de los felinos actuales, mientras que otros autores lo sitúan como antecesor de una línea paralela de felinos ya extintos. Esta disparidad de hipótesis se debe a que los registros fósiles de felinos son escasos, a que la evolución en este grupo fue muy rÔpida y a que coexistieron varias familias en periodos similares, lo que hace que los límites entre unas y otras no siempre sean claros.

Durante el tiempo geológico en que se diversifican los félidos, el grupo se reparte en ramas que incluyen a grandes depredadores de colmillos largos y a pequeños cazadores mÔs discretos. En esta última categoría encaja el gato montés, del que derivan las distintas subespecies de Felis silvestris, entre ellas F. s. lybica, el llamado gato salvaje africano o gato del desierto, considerado progenitor directo del gato doméstico.

Dónde empezó la domesticación del gato: Media Luna Fértil y Egipto

Gato salvaje africano y gato domƩstico

La mayoría de estudios coinciden en que la historia común de gatos y personas se remonta a los primeros asentamientos agrícolas de Oriente Próximo, en la zona conocida como Media Luna Fértil. Allí, cuando los humanos empezaron a cultivar y almacenar grano, se generó sin querer un paraíso para ratones y ratas. DetrÔs de esos roedores llegaron los gatos salvajes del Cercano Oriente, que encontraron en los graneros una fuente estable de alimento.

En este escenario surge una relación de comensalidad: los gatos se alimentaban de los roedores atraídos por el grano, y los humanos toleraban y favorecían su presencia porque protegían sus reservas de alimento. Esta relación no implicaba aún un control completo por parte del ser humano, pero sí el inicio de una convivencia beneficiosa para ambos.

Las investigaciones genéticas mÔs recientes, incluyendo el trabajo de Ottoni y otros equipos, muestran dos grandes linajes que alimentan al gato doméstico actual. Por un lado, un linaje procedente del suroeste de Asia que se expandió hacia Europa siguiendo la ruta de los primeros agricultores. Por otro, un linaje asociado a los gatos de Egipto, muy vinculado a las momias felinas y a los restos hallados en necrópolis, que se difundió por el MediterrÔneo a través de rutas comerciales y navíos.

En Egipto, los gatos se convirtieron en un símbolo religioso y protector. Allí se rendía culto a la diosa felina Bastet, ligada a la fertilidad, la protección del hogar y la maternidad. La importancia social y espiritual del gato fue tan grande que se desarrolló un complejo sistema de momificación y enterramiento de gatos, con sarcófagos ricamente decorados como el del príncipe Thutmose.

Diosa egipcia Bastet representada como gato

Chipre, Europa y los sinuosos caminos del gato domƩstico

El hallazgo de restos felinos en la isla de Chipre supuso una pista decisiva. Allí se encontró el esqueleto de un gato enterrado junto a un ser humano, en una tumba en la que todo indica que existía un vínculo especial entre ambos. Dado que la isla de Chipre no tenía gatos de forma natural, la presencia de este animal sugiere que fue trasladado por personas y que ya estaba, al menos, acostumbrado a la convivencia humana.

A partir de estos primeros contactos, los gatos asociados al ser humano se extendieron hacia Europa central y occidental. Investigaciones realizadas en yacimientos de Europa Central, como los de la meseta de Cracovia-Czestochowa, han analizado restos de gatos mediante isótopos estables para reconstruir su dieta. Estos anÔlisis muestran que los gatos de origen cercano-oriental aprovecharon tanto presas ligadas a la actividad humana (roedores de campos fertilizados y graneros) como fauna silvestre, lo que indica que, durante muchos siglos, mantuvieron buena parte de su independencia.

Los restos de gatos asociados a periodos romanos, en cambio, muestran dietas mÔs parecidas a las de perros y humanos, lo que sugiere un mayor grado de integración en los asentamientos, acceso a desperdicios de comida y quizÔ alimentación directa por parte de las personas. Es en este contexto cuando la domesticación, en el sentido de una relación mÔs estrecha y controlada, parece consolidarse en muchas regiones de Europa.

Gatos salvajes observando su entorno

¿Domesticación elegida por el gato o impuesta por el ser humano?

Existen dos grandes escenarios para explicar la domesticación del gato. El primero plantea que fue en gran medida una decisión del propio felino: los gatos salvajes se acercaron a los asentamientos atraídos por los roedores, y los individuos mÔs tolerantes, menos miedosos y con carÔcter mÔs flexible tuvieron mÔs éxito en convivir cerca de la gente. Con el tiempo, esos rasgos se transmitieron a su descendencia, dando lugar a gatos mÔs sociables.

El segundo escenario propone una domesticación mÔs forzada y dirigida, en la que los humanos habrían retenido gatos en templos, graneros o viviendas, ya fuera por motivos religiosos, por control de plagas o por simple gusto. En la prÔctica, la historia real probablemente combine elementos de ambos modelos, con una primera fase de comensalidad voluntaria seguida de selección progresiva por parte de las personas.

En todo caso, las evidencias genéticas indican que, durante mucho tiempo, los gatos domésticos y los salvajes presentaban pocas diferencias en su ADN. Una de las pocas variaciones claras identificadas en el registro histórico es la aparición y expansión de ciertos patrones de pelaje, como el famoso dibujo atigrado o tabby clÔsico, que se hizo mÔs común a partir de épocas relativamente recientes mientras que en los primeros gatos predominaban las rayas mÔs discretas.

El papel del gato en distintas culturas humanas

Gato observando en un entorno natural

A medida que los gatos acompañaban a comerciantes, campesinos y marineros, su presencia se extendió por gran parte del Viejo Mundo. En el MediterrÔneo se valoraba sobre todo su capacidad para controlar roedores en almacenes, barcos y casas. En algunos puertos, se llegó incluso a exigir la presencia de gatos en las embarcaciones como medida bÔsica de protección del cargamento.

En diferentes tradiciones religiosas y populares, el gato aparece como animal protector, ambivalente o misterioso. En Egipto se le asocia a deidades benéficas; en otros contextos históricos de Europa llegó a vincularse con supersticiones negativas, sobre todo cuando se mezclaron viejos cultos paganos con temores religiosos. Pese a ello, el valor prÔctico del gato como cazador de ratas y ratones favoreció que nunca desapareciera del todo de las granjas, almacenes y ciudades.

Con el paso del tiempo, especialmente en periodos en los que las plagas de roedores causaban graves problemas sanitarios y económicos, muchas comunidades redescubrieron la importancia higiénica de convivir con gatos. Al mismo tiempo, la vida doméstica permitió desarrollar un mayor apego emocional, y el gato fue ganando un lugar propio como animal de compañía, primero en círculos nobles y urbanos y mÔs tarde en hogares de todo tipo.

¿CuÔnto ha cambiado realmente el gato doméstico?

Gato con comportamiento similar al salvaje

Aunque hoy vemos al gato doméstico como un compañero cercano, su comportamiento sigue siendo muy similar al de su ancestro salvaje. Conserva una fuerte naturaleza territorial, un estilo de caza basado en múltiples pequeñas presas a lo largo del día y una notable independencia. Incluso un gato criado siempre en casa puede mostrar, en cuanto tiene oportunidad, una capacidad de caza muy eficaz.

Esto explica por qué muchos gatos establecen relaciones complejas con el entorno: necesitan explorar, acechar y controlar su territorio, ya sea una vivienda, un jardín o una granja. También ayuda a entender por qué, a diferencia de otros animales domésticos, los gatos pueden adaptarse con relativa facilidad a la vida en libertad y cruzarse con poblaciones de gatos salvajes, algo que hoy plantea retos de conservación en muchas regiones.

Los estudios actuales sobre cognición felina muestran, ademÔs, que los gatos son sensibles a las señales humanas y pueden establecer vínculos de apego profundos. Lejos de ser animales distantes sin interés por las personas, responden a nuestra voz, buscan seguridad en nuestras rutinas y ajustan sus conductas en función del clima emocional del hogar.

Así, la domesticación del gato no ha borrado sus antiguos instintos, pero sí ha favorecido rasgos como la tolerancia al contacto cercano, la capacidad de convivir con otros individuos de su especie en espacios reducidos y la disposición a interpretar a los humanos como parte relevante de su entorno social.

Mirar a un gato que duerme tranquilo en el sofÔ o acecha un juguete en el salón es asomarse a una historia compartida muy antigua: la de un pequeño depredador que, atraído por los roedores de nuestros graneros, terminó encontrando en nuestra especie un aliado, un refugio y, para muchos, una auténtica familia.

llegada de los gatos domƩsticos a Europa
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