
Lamentablemente cuando llega la primavera y, sobre todo, el verano, es relativamente fácil encontrarse con gatitos recién nacidos huérfanos. Pero, ¿qué cuidados necesita siendo tan pequeño? ¿Cómo conseguir sacarlo adelante sin la ayuda de su madre? Hasta que no cumpla los dos meses, su salud y su vida van a depender por completo del humano que se haga cargo de él. Un humano que debe asumir el papel de mamá gata para que el pequeñín pueda cumplir las tan esperadas y deseadas ocho semanas de edad.
Como no es una tarea fácil, hemos elaborado esta guía de cuidados para gatitos recién nacidos huérfanos muy completa, en la que encontrarás desde cómo evaluar su estado al encontrarlos, hasta qué darles de comer, cómo proporcionarles calor, cómo ayudarles a hacer sus necesidades y qué pasos seguir cuando crecen.
¿Qué hacer cuando encuentro gatitos recién nacidos huérfanos?
Antes de coger a los gatitos y llevártelos a casa, es importante valorar bien la situación. Un error frecuente es pensar que todo gatito solo está abandonado, cuando en realidad la madre puede estar cerca buscando comida o escondida por miedo.
Confirma si realmente están abandonados
La madre gata suele pasar ratos fuera del nido para alimentarse y puede tardar algo en regresar. Para no separar a los pequeños de su madre sin necesidad, es recomendable que tengas en cuenta estos puntos:
- Observa durante un tiempo prudencial: mantente a cierta distancia (para no asustar a la madre) y vigila durante varias horas. Si la gata no aparece, la probabilidad de que estén huérfanos aumenta.
- Valora el aspecto físico: gatitos muy sucios, con el pelaje pegado, muy delgados o con la piel arrugada pueden estar desnutridos o deshidratados.
- Escucha su llanto: si lloran continuamente, sin pausa, puede ser síntoma de hambre o frío intenso.
- Revisa el entorno: si están en un lugar muy expuesto, peligroso o con tráfico, aunque la madre exista, el riesgo es elevado y puede ser mejor intervenir.
Si tras esta observación sigues sin ver a la madre, o la ves pero claramente no atiende a las crías (por enfermedad, rechazo o muerte), entonces sí debemos actuar y hacernos cargo de los pequeños lo antes posible.
Evaluación inicial del estado del gatito
Una vez que has decidido intervenir, es útil realizar una evaluación rápida y sencilla del estado de los gatitos para priorizar los cuidados:
- Temperatura corporal: si notas que están muy fríos al tacto, rígidos o apenas se mueven, la prioridad absoluta es calentarlos poco a poco.
- Respuesta al estímulo: acaricia levemente su lomo o su frente. Un gatito relativamente estable se moverá o intentará buscar el calor.
- Estado de hidratación: la piel muy arrugada, la boca seca y el llanto débil suelen indicar deshidratación.
- Presencia de parásitos: revisa el pelaje y las orejas para valorar si tiene pulgas u otros parásitos externos, algo muy habitual en crías nacidas en la calle.
Si los ves extremadamente débiles, con dificultades para respirar, con heridas visibles o con un estado de desnutrición avanzado, es fundamental que un veterinario los valore cuanto antes.
Consulta veterinaria y ayuda de protectoras
Llevar al gatito al veterinario en cuanto te sea posible es uno de los pasos más importantes. Una revisión temprana permite detectar parásitos internos y externos, infecciones, malformaciones o problemas de desarrollo que no siempre se ven a simple vista.
- El veterinario puede realizar un examen físico completo y orientarte sobre las necesidades específicas de ese gatito según su edad aproximada y su estado de salud.
- También te indicará la mejor pauta de alimentación, qué cantidad de leche maternizada usar y con qué frecuencia ofrecérsela.
- En caso de que tengas presupuesto limitado, puedes consultar con protectoras, asociaciones o centros de salud municipales que a veces cuentan con programas de ayuda o consultas a bajo coste.
Aunque esta guía es muy completa, no sustituye el criterio profesional; ante cualquier duda grave o síntomas extraños, el veterinario debe ser tu referencia.
¿Qué edad tiene mi gatito?
Antes de empezar a hablar de los cuidados concretos, seguramente estés deseando saber qué edad tiene, ¿verdad? Aunque al 100% seguro no se puede saber sin un veterinario que lo valore, esta guía práctica te puede servir de referencia observando ojos, orejas, dientes, movilidad y comportamiento.
- 0 a 1 semana: durante estos primeros días de vida el gatito tendrá los ojos y las orejas cerradas. Apenas se mueve, duerme casi todo el tiempo y depende por completo del calor externo.
- 1 a 2 semanas: a partir de unos 8 días empezará a abrir los ojos, y terminará de abrirlos hacia los 14-17 días. Al principio los tendrá de un color azul grisáceo, pero no será hasta los 4 meses cuando adquieran su color definitivo. Las orejas comienzan a despegarse de la cabeza.
- 2 a 3 semanas: el gatito comenzará a caminar tambaleándose y esquivando pequeños obstáculos. Más o menos a los 21 días ya habrá aprendido a hacer sus necesidades solo (si ha sido correctamente estimulado hasta entonces) y podrá regular su temperatura corporal de forma más eficiente.
- 3 a 4 semanas: a esta edad le empiezan a salir los dientes de leche, por lo que puede empezar a probar alimentos sólidos en forma de papilla o comida húmeda adaptada.
- 4 a 8 semanas: durante el segundo mes de vida el gatito bebé aprende a caminar mejor, correr y dar pequeños saltos. Sus sentidos están a pleno rendimiento, pero el animal tendrá que perfeccionarlos a medida que vayan pasando las semanas. Con dos meses, en la mayoría de los casos, ya se les debe de dejar de dar leche y centrarse en alimentación sólida para gatitos.
Además de estos hitos, el peso también ayuda a estimar la edad. Un gatito sano suele pesar entre 60 y 100 gramos al nacer y, aproximadamente, aumenta unos 100 gramos por semana, aunque puede variar según la camada y la genética. Un control del peso semanal te ayudará a saber si crece al ritmo adecuado.
¿Qué leche pueden tomar los gatos recién nacidos?
La mejor leche para un gatito recién nacido es siempre la leche materna de su propia madre. Sin embargo, cuando esto no es posible, debemos recurrir a una alternativa segura y adecuada para su digestión.
La opción más recomendable es utilizar leche maternizada formulada para gatitos, que se vende en tiendas de animales y clínicas veterinarias. Este tipo de leche contiene los nutrientes exactos que el gatito necesita para crecer, con la proporción adecuada de proteínas, grasas, vitaminas y minerales.
Es fundamental evitar la leche de vaca, ya que su composición no es óptima para el sistema digestivo del gatito y suele provocar diarreas, gases y molestias intestinales. Aunque la leche sin lactosa puede ser algo mejor tolerada, tampoco es lo ideal como alimento principal en estas primeras semanas.
Leche de emergencia casera (solo para imprevistos)
Si te encuentras un gatito de forma inesperada y no puedes conseguir leche maternizada de inmediato, puedes usar de forma temporal una mezcla casera orientativa, mientras consigues la fórmula específica. Un ejemplo de receta de emergencia podría ser:
- 90 ml de leche entera condensada.
- 90 ml de agua.
- 120 ml de yogur natural entero (no desnatado, sin azúcar).
- 3 yemas de huevo (sin claras).
Se mezclan bien todos los ingredientes hasta obtener una preparación homogénea. Es muy importante guardar la mezcla en el refrigerador y preparar solo la cantidad justa para uno o dos días, para que siempre esté lo más fresca posible.
Aun así, esta preparación casera solo debe ser una solución puntual. En cuanto puedas, sustituye esta mezcla por leche formulada para gatitos, que es la opción que de verdad asegura un buen desarrollo y reduce riesgos digestivos.
Temperatura y conservación de la leche
Cada toma debe ofrecerse a una temperatura similar a la corporal, en torno a 37-38ºC. No debe estar ni fría ni demasiado caliente. Puedes calentar la cantidad que vayas a usar al baño maría o con un calentador específico, y comprobar la temperatura dejando caer unas gotas en el dorso de tu muñeca.
Es preferible preparar pequeñas cantidades de leche maternizada, suficientes para 24 horas, y conservar el resto en el frigorífico. Antes de cada toma, agita el biberón para repartir bien los nutrientes.
¿Cómo cuidar a los gatos recién nacidos?
Los cuidados que requiere un gatito cambian rápidamente durante sus primeras semanas. A continuación, verás qué necesita de forma detallada en dos grandes etapas: de 0 a 3 semanas y de 3 a 8 semanas.
De 0 a 3 semanas: cuidados intensivos
Desde el nacimiento hasta que cumplan las 3 semanas, los gatitos bebés van a depender más que nunca de un humano: van a necesitar recibir calor las 24h del día, comer cada pocas horas y que se les estimule para que hagan sus necesidades. Es, pues, un trabajo arduo, pero vale mucho la pena, sobre todo cuando van pasando los días y ves que los gatitos bebés van creciendo y ganando fuerza.
Dales calor de forma segura
Los gatitos recién nacidos no pueden regular su temperatura corporal por sí mismos. En la naturaleza dependen del calor de la madre y de sus hermanos. Si te acabas de encontrar a unos gatitos recién nacidos, te recomiendo ponerlos en una caja de cartón alta (de unos 40cm) y ancha, ya que aunque ahora sean pequeños, no van a tardar en empezar a gatear.
Dentro de la caja coloca:
- Una manta o toalla suave como base.
- Una botella térmica que habrás rellenado con agua caliente (a unos 40ºC), bien envuelta en una toalla para evitar quemaduras.
- Otra manta ligera para taparlos sin oprimirlos, de forma que queden bien protegidos de las corrientes de aire.
Si los encuentras en otoño o invierno, es especialmente importante reforzar este calor. También puedes usar una almohadilla térmica en la posición más baja, siempre cubierta por varias capas de tela y controlando que la superficie no queme al tacto.
Método de calentador casero
Si no dispones de una almohadilla, puedes improvisar un calentador casero muy sencillo:
- Utiliza una botella de plástico con tapa.
- Llénala con agua caliente (aproximadamente a 40ºC) y ciérrala bien.
- Envuélvela con una toalla o manta fina.
- Coloca la botella en uno de los lados de la caja, para que los gatitos puedan acercarse o alejarse según necesiten más o menos calor.
Es importante revisar periódicamente la temperatura del ambiente y de los pequeños para que no pasen ni frío extremo ni calor excesivo. Un gatito demasiado caliente puede jadear, mostrarse inquieto y separarse del foco de calor.
Aliméntalos de la mejor manera
Mi gatita Sasha tomando su leche.
Durante este tiempo los gatitos bebés van a necesitar alimentarse con leche para gatitos de venta en tiendas de animales o clínicas veterinarias (nunca con leche de vaca convencional) cada 2 o 3 horas. Es importante que la leche esté tibia, a unos 37ºC, y que el gatito tenga su cuerpo en posición horizontal, boca abajo, como si estuviera mamando de su madre.
Si se les alimenta en posición vertical (como a un bebé humano), existe riesgo de que la leche se vaya a los pulmones en lugar de al estómago, lo que podría causar neumonía por aspiración y la muerte en pocas horas.
Puedes darles leche con una jeringa sin aguja (para que puedan chupar sin problemas) o con un biberón para gatitos, que encontrarás a la venta en tiendas de animales. El orificio de la tetina debe ser lo bastante pequeño como para que la leche caiga en gotas, no en chorro, cuando aprietas suavemente.
Cantidades y frecuencia de las tomas
La cantidad de leche puede variar según la marca de la leche maternizada, ya que cada una indica su pauta de dilución y dosis orientativa. Por ejemplo, con la leche que yo le estoy dando a Sasha, la pequeñaja de la familia, la dosis es:
- Primera y segunda semana: 15 ml de agua y una cuchara (que se encuentra en el interior del bote) de leche en 10 tomas al día.
- Tercera y cuarta semana: 45 ml de agua y tres cucharas en 8 tomas al día.
En términos generales, la frecuencia aproximada es:
- Menos de una semana: cada 2-3 horas, incluyendo la noche.
- Alrededor de dos semanas: cada 3-4 horas.
- Hacia las tres semanas: cada 4-6 horas, si el gatito está sano y gana peso adecuadamente.
Las cantidades siempre son orientativas. Si el gatito está satisfecho, enseguida que lo pongas en su camita se dormirá tranquilo. Si sigue inquieto, llora o busca desesperadamente el biberón, probablemente necesite algo más. Por el contrario, forzarlo a beber demasiado podría causarle molestias digestivas o regurgitaciones.
Si están bien, ganan peso y duermen toda la noche, no es imprescindible despertarlos para darles la toma, sobre todo a partir de la segunda semana, aunque conviene supervisar que no pasen muchas horas sin alimentarse.
Higiene del biberón y de la leche
Para evitar infecciones digestivas es muy importante que mantengas una higiene esmerada de todos los utensilios:
- Lava y desinfecta el biberón y las tetinas después de cada uso con agua caliente y un detergente suave apto para utensilios de bebé.
- Aclara muy bien para que no queden restos de jabón.
- Desecha cualquier leche sobrante que haya quedado templada a temperatura ambiente más de una hora.
Un entorno limpio reduce el riesgo de diarreas y otras complicaciones que pueden ser graves en animales tan pequeños.
Ayúdales a hacer sus necesidades
Los gatitos nacen ciegos, sordos y sin saber hacer sus necesidades por sí solos. Dependen completamente de la madre para absolutamente todo. Pero no siempre la gata puede cumplir con su papel de mamá, ya sea porque le ocurre algo malo, o porque se siente tan estresada que rechaza a las crías. Así que, por el propio bien de los peluditos, alguien tiene que hacerse cargo de ellos. Esto significa que si te acabas de encontrar a unos gatitos bebés tendrás que ayudarles, también, a hacer sus necesidades.
Los pequeños tienen que orinar después de cada comida, y defecar como mínimo 2 veces al día (lo ideal sería que lo hicieran tras cada toma de leche, o casi). Para ello, después de que se hayan quedado satisfechos, dejaremos pasar unos 10-15 minutos durante los cuales tenemos que hacerles masajes suaves en la barriga, haciendo círculos en el sentido de las agujas del reloj para activar sus intestinos.
Normalmente, en el transcurso de muy pocos minutos (2 o 3) notaremos que orina, pero defecar les puede costar más. Con unas toallitas húmedas para animales o con algodón humedecido en agua tibia hay que dejarlos bien limpios, usando unas toallitas para la orina y otras nuevas para las heces.
También puedes utilizar una bolita de algodón humedecida en agua templada para frotar suavemente la zona genital y anal, simulando el lamido de la madre. Este método suele funcionar muy bien para estimular tanto la micción como la defecación.
Si vemos que pasa el tiempo y no lo logramos, los pondremos de tal manera que su zona anal quede delante de nosotros y, poniendo nuestro dedo índice y medio en sus barriguitas, haremos masajes suaves sólo hacia abajo, es decir, hacia la zona genital. Al cabo de un par de minutos, con el dedo pulgar e índice masajearemos el ano durante 60 segundos. Tras ello, o antes de que termine ese tiempo, lo más probable es que el gatito ya haya defecado, pero si no ha hecho nada, lo intentaremos en la siguiente toma.
En cualquier caso, no hay que dejar que pasen más de 2 días sin que defequen, pues podría resultar fatal. Si están estreñidos, algo que es muy común cuando se alimentan con leche para gatitos y no con leche materna, lo que podemos hacer es coger un bastoncillo de las orejas, humedecer el algodón con agua templada, y luego ponerle unas gotas de aceite de oliva para luego pasárselo con mucha delicadeza por el ano.
Si, aun así, no hacen nada, si están muy hinchados, doloridos o dejan de comer, hay que llevarlos urgentemente al veterinario.
De 3 a 8 semanas: transición y aprendizaje
A partir de la tercera semana, los gatitos recién nacidos empiezan a abrirse al mundo: tienen más energía, comienzan a caminar con más seguridad y empiezan a interactuar con su entorno. Durante esta edad los gatitos tienen que empezar a probar alimentos sólidos y a hacer sus necesidades solos. Pero necesitarán ayuda, ya que de lo contrario será muy difícil que lo aprendan por sí mismos si no tienen el ejemplo de una madre gata.
Probando su primer alimento sólido
A partir de la tercera semana se les puede ir introduciendo poco a poco alimentos sólidos adecuados para su edad. Hay que tener presente que son aún muy pequeños, y que todo se ha de hacer sin prisas y con paciencia.
Como guía general:
- 3 a 4 semanas: se les tiene que dar unas 8 tomas de leche (en el bote de la misma te lo especificará), y se puede aprovechar para ofrecerles 2 o 3 veces pequeñas cantidades de latas de comida húmeda para gatitos, mezcladas con leche maternizada para crear una papilla fácil de lamer.
- 4 a 5 semanas: con unos 30-37 días de vida, los gatos recién nacidos tienen que ser alimentados con leche cada 4 a 6 horas. Puedes ir aumentando poco a poco la proporción de alimento húmedo y reduciendo la leche. Aquí puedes descubrir también qué come un gato de un mes.
- 5 a 6 semanas: cumplida esta edad, los peluditos ya podrán comenzar a comer alimentos sólidos, como el pienso húmedo para gatitos. También se les puede dar pienso seco remojado con leche maternizada o con agua templada. En la bolsa te vendrá indicada la cantidad orientativa según su peso.
- 7 a 8 semanas: los gatos bebés ya dejan de ser tan dependientes para convertirse en cachorritos más autónomos, es decir, unos animales que tienen todo lo que necesitan para ser, en tan sólo unos meses, unos señores gatos adultos; sólo necesitan perfeccionarlo alimentándose con pienso para gatitos o con comida natural equilibrada y supervisada por un profesional.
Durante esta transición es importante observar sus heces y su estado general para asegurarnos de que toleran bien el alimento sólido y no aparecen diarreas, vómitos o rechazo del alimento.
Control del crecimiento y peso
En esta etapa, el crecimiento sigue siendo muy rápido. Lo ideal es pesar al gatito cada semana con una báscula de cocina para comprobar que gana peso de forma constante. Un gatito sano suele ir incrementando alrededor de 100 gramos por semana, aunque puede haber pequeñas variaciones individuales.
Si observas que no gana peso o lo pierde, si come pero no crece o si muestra decaimiento, es hora de consultar con el veterinario para descartar enfermedades, parásitos internos u otros problemas.
El descubrimiento del juego
Con cuatro semanas verás que se mueven mucho, que empiezan a caminar con más soltura y a querer explorar. Será entonces cuando empiecen a jugar e investigar todo lo que les rodea. Durante este tiempo es cuando tendrás que ir adquiriendo un rascador y sus primeros juguetes: una pelota, un peluche, una caña con plumas, túneles de tela… lo que prefieras, siempre que sea seguro y adecuado para su tamaño.
Ahora es cuando descubrirán el juego y cuando, sin darse cuenta, comenzarán a perfeccionar sus técnicas de caza y coordinación. Tirar juguetes suaves que puedan perseguir, mover una cuerda lentamente por el suelo o usar cañas con plumas son actividades que les ayudan a desarrollar reflejos, fuerza y habilidades motoras.
Asegúrate de que estén en un lugar seguro, sin huecos donde puedan quedar atrapados, sin cables sueltos ni objetos pequeños que puedan tragar. Supervisa siempre los juegos si aún son muy pequeños.
Aprendiendo a hacer sus necesidades en la bandeja
A partir de las 5 semanas, a los gatos bebés hay que enseñarles a usar la bandeja higiénica; aunque hay que decir que estos animales son muy limpios y que, por lo general, lo aprenderán prácticamente solos si tienen acceso fácil a la arena.
En algunas ocasiones nos podemos encontrar con gatitos que necesitan que alguien les enseñe, en cuyo caso haremos lo siguiente:
- Compraremos una bandeja ancha y baja, para que puedan entrar y salir sin dificultad.
- La rellenaremos con materiales naturales, como viruta de madera, arena aglomerante sin perfume o arena vegetal, que sean suaves para sus patitas.
- Pulverizaremos, si lo consideramos necesario, con un atrayente de micciones específico para gatos, que facilita que identifiquen la zona como lugar de baño.
- Tras 15-30 minutos después de que el gatito coma, lo llevaremos a la bandeja, lo colocaremos dentro y esperaremos a ver si investiga y cava.
- Si se sale sin haber hecho nada y luego hace sus necesidades en cualquier otra parte, cogeremos un poco de papel higiénico y lo pasaremos por sus heces u orina. Después, lo volvemos a pasar, esta vez por la viruta o arena de la bandeja, para que asocie el olor.
- Si las ha hecho en la bandeja, le daremos una pequeña golosina para gatitos (si ya puede tomarla) o muchos mimos y palabras suaves.
- Repetiremos estos pasos cada vez que coma, hasta que lo tenga integrado.
La constancia y la paciencia son claves. Pronto verás que el gatito acude solo a la bandeja cuando siente ganas.
La socialización con personas y otros animales
Al ser unos gatitos bebés huérfanos y al estar en constante contacto con los humanos, es muy probable que no vayan a tener problemas de socialización con las personas. Aun así, hay que tener en cuenta que es muy importante tratarlos siempre con respeto y cariño, ya que si se les asusta, se les zarandea o se les trata mal, podrían crecer con miedo e inseguridad.
La etapa de socialización abarca aproximadamente desde las 2 hasta las 12 semanas de vida. Durante este periodo, el gatito está especialmente receptivo para aprender qué es seguro, quién forma parte de su familia y cómo relacionarse con otros seres vivos. Es una ventana de tiempo crucial para moldear su carácter.
Algunas recomendaciones durante esta etapa:
- Permite que conozca diferentes personas de forma gradual, siempre con suavidad y sin forzar el contacto.
- Si van a convivir con otros animales (gatos adultos, perros tranquilos, etc.), introduce el contacto de manera progresiva y controlada, premiando las interacciones calmadas.
- Acostúmbralo a sonidos cotidianos (aspiradora a lo lejos, televisión, timbre) para que no se asuste tanto en el futuro.
- Habla con él con voz suave y pasa tiempo acariciándolo y jugando, para fomentar un vínculo positivo.
Una buena socialización en estas semanas ayuda a que el gatito se convierta en un adulto seguro, cariñoso y equilibrado.
Mi gatito bebé tiene pulgas, ¿qué hago?
Las pulgas son un problema frecuente en gatitos nacidos en la calle o en ambientes poco higiénicos. Sin embargo, los productos antiparasitarios habituales para gatos adultos pueden ser muy peligrosos en animales tan jóvenes, por lo que debemos extremar las precauciones.
Si el gatito no tiene muchas pulgas y está sano, puedes:
- No aplicar ningún producto químico y esperar hasta que cumpla al menos las tres semanas, que será cuando regule mejor su temperatura corporal, mientras las retiras manualmente con un peine para pulgas.
- En algunos casos, se puede pasar un poco de vinagre diluido en agua (mitad y mitad) con una toalla bien escurrida y después secarlo muy bien, evitando que coja frío. El olor suele molestar a las pulgas y facilita que se desprendan, pero hay que usarlo con moderación.
Por otra parte, si tiene muchas pulgas, hay veterinarios que aconsejan echarle spray antiparasitario específico para gatitos (según el producto y la edad) siempre bajo indicación profesional.
Si el gatito tiene menos de un mes, una opción más suave es bañarlo con champú para gatitos muy jóvenes, que sea apto para esa edad. Es menos peligroso que muchos antiparasitarios tópicos, pero siempre hay que seguir las instrucciones del producto y, si es posible, consultar antes con el veterinario.
Eso sí, hazlo en una habitación con calefacción o bien resguardada de corrientes de aire, y cuando termines, sécalo bien con una toalla, presionando y frotando con suavidad. No se recomienda usar el secador de pelo directamente sobre un gatito tan pequeño, ya que podrías quemarlo o asustarlo mucho.
¿Cómo debe ser el lugar donde situar al gatito?
Hacerse cargo de un gatito recién nacido no es tarea fácil: no puedes dejarlo solo como haríamos con un gato joven o adulto. Necesita cuidados y vigilancia constante, sobre todo durante las primeras semanas. Aun así, una vez que estés en casa y que se inicie una dinámica más estable, puedes dejar al gatito situado en un cesto o caja amplia con una pequeña manta.
Ese espacio debe ser:
- Acotado: que no pueda escaparse ni quedar atrapado en huecos pequeños.
- Tranquilo: lejos de ruidos fuertes, puertas que se abren y cierran constantemente o zonas de paso.
- Seguro: sin cables, objetos pequeños que pueda tragar o superficies desde las que pueda caerse.
- Cálido: sin corrientes de aire, con temperatura agradable y la fuente de calor que necesite según su edad.
Si tu familia es extensa y está siempre en pleno movimiento, busca un dormitorio tranquilo, alejado del salón y de las zonas de paso. Así reducirás el estrés del gatito y facilitarás que duerma y crezca sin interrupciones.
Acudir al veterinario: por qué es tan importante
Si el gato es todavía muy pequeño, acudir al veterinario para que realice un primer reconocimiento y estime cuál es su estado de salud puede marcar la diferencia. En estos primeros días toda ayuda es necesaria y, acudiendo a un profesional, podremos saber de primera mano qué necesidades concretas tiene el animal, específicamente en cuestiones de desarrollo, alimentación y desparasitación.
El veterinario puede:
- Valorar si presenta signos de deshidratación o desnutrición.
- Revisar la presencia de parásitos internos y externos y pautar el tratamiento más seguro según su edad.
- Comprobar si hay problemas respiratorios, malformaciones o infecciones que requieran medicación.
- Orientarte sobre el calendario de vacunas y desparasitaciones que deberá seguir a partir de las 8 semanas.
Incluso aunque el gatito parezca sano, una revisión temprana aporta tranquilidad y te ayuda a ofrecerle los mejores cuidados desde el principio.
¿Cómo se alimenta a los gatitos huérfanos paso a paso?
Un gato recién nacido buscará leche materna porque, como todo mamífero, la leche será el alimento primordial durante las primeras semanas de vida. Faltando su madre, la única leche adecuada es la leche de fórmula especialmente producida para su etapa de crecimiento.
Esta leche maternizada es la única apropiada para su estómago y está formulada en relación con las enzimas de su aparato digestivo, capaces de digerirla correctamente. No es un producto que podamos encontrar en cualquier lugar, pero en clínicas veterinarias y tiendas especializadas la hallarás con relativa facilidad.
Qué hacer mientras consigues la leche maternizada
Mientras logras contactar con el veterinario y conseguir la leche maternizada, el objetivo primordial es evitar la deshidratación, ya que la leche cumple esa doble función: nutrir e hidratar. Durante los primeros días de vida ambos objetivos son importantes, pero la deshidratación puede provocar su muerte de forma muy rápida.
Para evitarla, puedes administrar gotas de agua tibia con un cuentagotas o jeringuilla sin aguja, posando suavemente la punta sobre su boca. Pronto el gato, instintivamente, tomará el agua y la ingerirá. Este método solo es de apoyo hasta que dispongas de una fórmula completa.
Frecuencia y técnica de alimentación
Una vez que dispongas de la leche de fórmula maternizada, debes administrársela con una frecuencia de tomas de dos horas durante sus primeros quince días de vida, y luego ir espaciándolas hasta las tres o cuatro horas, según la recomendación del producto y la valoración veterinaria.
La leche debe tener una temperatura similar a la del gato, en ningún caso debe estar fría. Para darle esta leche tibia utiliza un biberón pequeño para gatitos. Igual que haríamos con un bebé humano, ofréceselo como si fuera el pecho de su madre, de manera que el gatito quede boca abajo, en posición horizontal, y el biberón arriba.
Para estimular su apetito puedes acariciar suavemente su frente y su lomo mientras succiona, simulando la lengua de la madre. Esto suele tranquilizarlos y favorecer que se alimenten mejor.
¿Y qué ocurre a partir de los dos meses?
Con ocho semanas de vida tienes que llevar a tu gatito al veterinario para que lo examinen, y de paso, para que le haga el primer tratamiento para los parásitos intestinales y le ponga su primera vacuna, según el protocolo recomendado en tu zona.
Es también un buen momento para empezar a hablar con el profesional sobre:
- La alimentación definitiva para gatitos que seguirá en los próximos meses.
- El mejor momento para esterilizarlo (muchos veterinarios recomiendan hacerlo antes de los seis meses para prevenir problemas de comportamiento y camadas no deseadas).
- Consejos sobre convivencia, enriquecimiento ambiental y prevención de enfermedades.
A partir de esta edad, tu pequeño habrá dejado atrás la fase más crítica y podrás disfrutar de un travieso cachorro de gato en casa, con mucha energía y ganas de jugar, pero con la seguridad de haberle dado las mejores bases para crecer sano.
Acompañar a un gatito huérfano desde sus primeros días de vida hasta que se convierte en un joven explorador es una experiencia intensa y exigente, pero también enormemente gratificante. Con calor constante, una alimentación adecuada, higiene, estimulación y revisiones veterinarias, las probabilidades de que ese pequeño salga adelante y tenga una vida larga y feliz aumentan de forma extraordinaria.