Cómo educar y reñir a un gato cachorro correctamente paso a paso

  • La educación del gatito debe basarse en refuerzo positivo, coherencia y en ofrecer alternativas a sus instintos, nunca en castigos físicos ni gritos.
  • Para evitar arañazos y destrozos, proporciona rascadores adecuados, juega a diario con él y redirige siempre su energía hacia juguetes y superficies permitidas.
  • Una buena alimentación, rutinas claras y un arenero limpio y bien ubicado reducen mucho los maullidos, el estrés y la eliminación fuera de lugar.
  • Respetar su lenguaje corporal y sus límites es clave para construir un vínculo de confianza y conseguir un gato sociable y equilibrado.

Gatito cachorro siendo educado

Tener un gatito en casa es una experiencia que puede cambiar por completo la visión que tienes de los gatos. Es una pequeña bola de pelo que se pasa el día jugando, corriendo, explorando todo, y cuando ya está muy cansado se echa a dormir en su camita o a tu lado y es entonces cuando te dan ganas de llenarlo de besos, cosa que no sueles hacer para no molestarle.

Convivir con este pequeño felino te asegurará muchos momentos de alegría, pero desde el primer momento en que llega a casa tendrás que tener presente una cosa muy importante: tu gatito no sabe todavía cuáles son las normas de tu hogar. A veces se comportará de una manera que no debe, no porque sea “malo”, sino porque está explorando, aprendiendo y reaccionando por instinto.

Entender cómo piensa un gato y cómo aprende te ayudará a saber cómo reñir a un gato cachorro de forma correcta, es decir, cómo marcar límites sin gritos, sin castigos físicos y sin dañar vuestro vínculo. La clave está en combinar refuerzo positivo, coherencia y un entorno bien preparado para sus necesidades felinas.

Proporciónale un rascador y redirige sus instintos

Gatito usando rascador para educarse

El gatito es un felino que dedica mucho tiempo a perfeccionar sus técnicas de cazador. Es natural para él arañar y morder, ya que son comportamientos que todos los felinos aprenden para poder sobrevivir. Son conductas instintivas y no se pueden eliminar, ni es sano intentarlo. Esto es algo que hay que saber desde el principio: no se trata de enseñarle a no arañar o morder, sino de que lo haga en un lugar adecuado donde no pueda causar daño ni a sí mismo ni a los demás.

Para ello, es importante que le proporciones un rascador, o mejor, un árbol rascador completo, donde pueda afilarse sus garras, trepar y observar. Un buen rascador debe ser estable, alto y estar forrado con un material atractivo para él, como sisal. Si tu gato suele arañar sofás o cortinas, elige un rascador con zonas verticales; si prefiere las alfombras, ofrécele también rascadores horizontales.

Además del rascador principal, puedes colocar varios puntos de rascado en las zonas donde tu gatito pasa más tiempo. Los gatos marcan con las uñas para dejar olor y señales visuales, así que si colocas un buen rascador cerca de sofás, esquinas o marcos de puertas, le estarás ofreciendo una alternativa atractiva justo donde tiene más ganas de arañar.

Allí tendrás que llevarlo cada vez que lo veas que araña los muebles, pero siempre cogiéndolo con firmeza pero sin violencia. Cuando lo acerques al rascador, mueve suavemente sus patitas delanteras sobre la superficie para que note la textura y, si lo usa, premia al momento con caricias, palabras suaves o una pequeña golosina felina. Así aprenderá que rascar ahí tiene consecuencias agradables.

En el caso de que te arañe durante el juego, aléjate de él con tranquilidad para que aprenda que, si te araña, se acaba el juego. Esa retirada inmediata es un método de aprendizaje por experiencia: entiende que los arañazos fuertes tienen un resultado aburrido (se termina la diversión) y tenderá a moderar la fuerza de sus garras.

También puedes reforzar este aprendizaje creando una asociación positiva con el rascador: juega con él cerca del rascador, lanza juguetes para que los “cace” justo al lado y utiliza hierba gatera si le gusta. Cuanto más interesante sea ese objeto, menos atención prestará a tus muebles. Si hay zonas de la casa que quieres proteger, puedes recurrir a barreras ambientales suaves como cinta de doble cara o papel de aluminio en los muebles más tentadores, de forma temporal, para que le resulten incómodos y prefiera el rascador.

Dale de comer correctamente y establece rutinas

Gatito comiendo y aprendiendo rutinas

Puede parecer obvio, pero si a un gatito no le das la cantidad adecuada de comida, no sólo puede enfermar rápidamente sino que además se mostrará irritable contigo. El hambre, el dolor de estómago o una mala nutrición se traducen con facilidad en maullidos, mal humor, mordiscos o apatía. Si no vas a poder atenderle debidamente, no tengas gato; el gatito necesita comer varias veces al día para poder crecer sano.

Dale una comida especial para gatos, formulada para cachorros, que sea rica en proteínas de origen animal (mínimo un 70% de ingredientes animales de calidad) y que no contenga cereales (maíz, trigo, cebada, avena, etc.) ni subproductos de baja calidad. Los beneficios los verás pronto: el pelo recuperará su brillo natural, los dientes estarán más fuertes y blancos, y tendrá un mejor ánimo y más estabilidad en su comportamiento.

Además de la calidad, cuida la frecuencia de las comidas. Un gatito pequeño necesita varias raciones al día, repartidas siempre a horas similares. Estas rutinas le aportan seguridad y ayudan a que esté más tranquilo, lo que se traduce en menos ansiedad, menos maullidos y menos conductas problemáticas para llamar tu atención. Mantener un horario previsible para la comida y el juego hace que el gatito pueda anticipar lo que va a ocurrir y reduzca comportamientos como maullar insistentemente o subirse a la encimera en busca de comida.

Pero si tienes un gato bebé de pocas semanas, tendrás que darle leche de sustitución específica para gatitos cada 3 horas, siguiendo siempre las indicaciones del envase y del veterinario. Nunca utilices leche de vaca, ya que puede provocar diarreas y problemas digestivos. Tienes más información detallada sobre este tipo de cuidados.

Recuerda que la comida también es una herramienta de refuerzo positivo. Puedes aprovechar algunos premios o trocitos de su pienso para recompensar conductas que quieras fomentar: usar el arenero, acudir cuando lo llamas suavemente, acercarse al rascador o jugar con sus juguetes en lugar de con tus manos. Eso sí, controla la cantidad de premios diarios para no desequilibrar su dieta y mantener un peso saludable.

Si tu gatito maúlla mucho por la noche pidiendo comida, evita darle de comer cada vez que se queje. De lo contrario, asociará que maullar fuerte abre la nevera. Es mejor ajustar su última ración del día a una hora algo más tardía y ofrecerle antes una sesión intensa de juego, de forma que llegue a la noche más cansado y con el estómago saciado.

Enséñale a usar el arenero paso a paso

Gatito aprendiendo a usar el arenero

Por lo general, el gatito aprenderá por sí solo a hacer sus necesidades, porque es un comportamiento muy instintivo. Sin embargo, a veces puede necesitar un poco de ayuda, sobre todo si fue separado pronto de su madre o si ha tenido experiencias negativas con otros areneros.

Cada vez que termine de comer tienes que llevarlo al arenero, colocándolo suavemente dentro. Este tiene que ser lo suficientemente grande para que pueda caber bien de adulto, y estar rellenado con arena para gatos que le resulte cómoda a las patitas. Muchas veces prefieren arenas de grano fino y sin perfumes intensos, ya que los olores fuertes pueden resultarles molestos.

Es muy importante que el arenero esté ubicado en un lugar tranquilo, alejado de su comida y agua, donde tenga cierta privacidad y al que pueda acceder fácilmente en todo momento. Si lo colocas en una zona ruidosa o de mucho paso, el gatito podría sentirse inseguro y buscar otros rincones de la casa. Si tu hogar es grande, valora la opción de tener más de un arenero, sobre todo al principio, para facilitarle el acceso.

Cada día tienes que retirar sus deposiciones, y una vez por semana debes de limpiar a conciencia la bandeja y cambiar la arena (o con la frecuencia que recomiende el tipo de arena que uses). De esta manera, se sentirá cómodo cuando vaya a orinar y/o evacuar y no dejará “sorpresas” por la casa. Un arenero sucio es una causa muy frecuente de y no es un “desafío” que debas reñir, sino una señal de que algo en su entorno no está bien.

Si alguna vez hace sus necesidades fuera, evita completamente los castigos a destiempo. No sirve de nada reñirle minutos después, y mucho menos llevarlo hasta el lugar y gritarle. Lo único que aprendería es que tu presencia o que acudir cuando le llamas puede ser algo desagradable. En su lugar, limpia la zona con productos enzimáticos para eliminar olores y refuerza el uso correcto del arenero con premios y caricias cada vez que lo veas usarlo bien.

Si repite varias veces la eliminación fuera del arenero, revisa si hay factores de estrés (cambios en casa, falta de privacidad, castigos) o posibles molestias físicas. En esos casos, además de mejorar el entorno del arenero, conviene consultar con el veterinario para descartar problemas de salud como infecciones urinarias o dolor.

Controla el juego, las mordidas y los arañazos

Gatito cachorro que muerde jugando

El juego es la forma principal que tiene un gatito de aprender, desarrollar su coordinación y practicar sus habilidades de caza. Por eso, es normal que durante el juego muerda, salte, persiga y use las uñas. Tu papel no es eliminar ese juego, sino redirigirlo para que no cause daño.

Si el gato muerde durante el tiempo de juego con demasiada fuerza, debes parar el juego inmediatamente. Puedes emitir un pequeño “¡ay!” o un sonido de sorpresa moderado, retirar la mano y quedarte quieto o marcharte unos minutos. El mensaje es claro: si muerde fuerte, se acaba lo divertido. Con la repetición, aprenderá a controlar la fuerza de su mordida.

Siempre que quieras que juegue, utiliza juguetes adecuados: cañas con plumas, pelotas, ratoncitos, túneles, juguetes de inteligencia o juguetes interactivos que pueda perseguir y cazar. De esta forma, tus manos y pies dejarán de ser un “objetivo de caza” y se reservarán para las caricias y el contacto tranquilo.

Dedícale al menos dos sesiones diarias de juego de unos minutos, especialmente al final de la tarde y un rato antes de irte a dormir. Esto le permite liberar energía, reduce los comportamientos destructivos por aburrimiento y favorece que esté más relajado durante la noche. Un gatito cansado y estimulado suele dormir mejor y maullar menos durante la madrugada.

Si lo sorprendes arañando un mueble o trepando por las cortinas, no te precipites a gritar. Emplea un “no” firme pero tranquilo, siempre con el mismo tono, y acto seguido redirígelo al rascador o a un juguete. La corrección eficaz se basa en esa combinación: marcar el límite con calma y ofrecer una alternativa aceptable justo después. Puedes complementar este trabajo colocando superficies poco agradables para él (como protectores adhesivos específicos para muebles) en las zonas críticas, de manera que pierdan atractivo por sí mismas.

Cuando el gatito juega de forma demasiado brusca, recuerda que en muchos casos sólo está descargando energía acumulada. Asegúrate de que tiene oportunidades suficientes de juego activo, de exploración y de trepar, y evita reforzar tú mismo los ataques a manos o pies, aunque al principio te parezcan graciosos. Lo que hoy es un juego simpático, mañana puede convertirse en un hábito doloroso difícil de cambiar.

Quiérele, respeta su lenguaje y evita los castigos

Persona acariciando a un gato cachorro educado

Terminamos el artículo dándote lo que consideramos es el consejo más importante: quererlo de forma respetuosa. Durante demasiado tiempo se nos ha dicho que el gato es un animal independiente y solitario, pero eso no es verdad. Basta ver los gatos que viven en colonias: están constantemente acompañados por otros de su especie, se dan cariño y se acicalan entre ellos. Un gato, y más un gatito, necesita precisamente eso: compañía y cariño, todos los días, incluso el último.

Aprovecha todo el tiempo que puedas para estar con él, para jugar con él y para ofrecerle caricias cuando las pide. Observa su lenguaje corporal: orejas relajadas, cola en alto y ronroneos son señales de bienestar; si aparta la cabeza, mueve la cola bruscamente o endurece el cuerpo, es mejor darle espacio. Respetar sus límites es parte esencial de una buena educación.

Si hace algo mal, no le grites, ni le pegues ni le rocíes con agua ya que con eso sólo conseguirás que te tenga miedo y que pierda confianza en ti. Los castigos físicos, los gritos o los sustos intensos son completamente contraproducentes y pueden provocar problemas de ansiedad, estrés crónico y conductas agresivas o de huida.

La forma más eficaz de “reñir” a un gatito es combinar un no firme en el momento exacto de la conducta indeseada con la retirada de tu atención o del juego, y, siempre que sea posible, con la redirección hacia una conducta apropiada (rascador, juguetes, arenero). Esa coherencia entre lo que haces y lo que permites es mucho más poderosa que cualquier bronca.

Piensa que tiene una esperanza de vida mucho más corta que la que tenemos los humanos, y dale la oportunidad de sentirse bien desde el principio hasta el final. Tu coherencia, tu paciencia y tu forma de reaccionar ante sus errores son lo que realmente define cómo “educado” llegará a ser tu gato.

Construir una relación de amistad fuerte y duradera con tu gatito pasa por comprender que educar no es dominar, sino acompañar su desarrollo, ofrecerle alternativas a sus instintos y reforzar todo aquello que hace bien. Con un entorno adaptado, rutinas claras, juego diario y mucho cariño, ese pequeño felino inquieto se convertirá en uno de los mejores amigos peludos que cualquier ser humano puede tener a lo largo de su vida.

Educar y reñir correctamente a un gato cachorro no se basa en castigos, sino en entender qué necesita, adelantarse a sus comportamientos naturales y enseñarle, con paciencia y refuerzos positivos, qué opciones son seguras y aceptables dentro de tu hogar; así, conseguirás un gato equilibrado, confiado y con una convivencia mucho más fácil para todos.

Gato prestando atención
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