El glaucoma es una enfermedad que puede afectar a una gran variedad de animales, incluyendo personas, perros y, lamentablemente, también gatos. Si no es tratada a tiempo, el peludo puede acabar por perder la visión del ojo afectado e incluso sufrir un dolor ocular intenso que disminuye de forma importante su calidad de vida.
Si tenemos en cuenta que esta parte del cuerpo es una de las más importantes para el felino, debemos prestar atención a cualquier cambio en sus ojos o en su forma de moverse y comportarse, para tomar las medidas necesarias cuanto antes. Por ello, te voy a decir cuáles son los síntomas del glaucoma en gatos, cómo se produce, qué tipos existen y qué opciones de tratamiento y prevención hay.
¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es, de forma sencilla, un exceso de líquido dentro del ojo. Normalmente, las estructuras internas oculares sintetizan de manera continua un fluido llamado humor acuoso. Este líquido se produce en los cuerpos ciliares, pasa desde la cámara posterior a la cámara anterior del ojo a través de la pupila y después se elimina por unos canales de drenaje situados en el ángulo entre la córnea y el iris (ángulo iridocorneal).
En un ojo sano, la producción y el drenaje del humor acuoso se mantienen en equilibrio, de modo que la presión dentro del ojo (presión intraocular o PIO) se mantiene en valores normales. Sin embargo, cuando se produce demasiado líquido o cuando ese líquido no puede salir correctamente, el exceso se va acumulando en el interior del globo ocular, causando una presión intraocular elevada.
Este aumento de presión comprime estructuras muy delicadas como la retina y el nervio óptico (el “cable” que lleva la información visual al cerebro). Con el tiempo, la presión elevada daña de forma irreversible estas estructuras y puede conducir a una pérdida progresiva de visión e incluso ceguera completa.
El glaucoma en gatos se considera un grupo de enfermedades de carácter neurodegenerativo, ya que afecta a las células ganglionares de la retina y al nervio óptico. Aunque la enfermedad es compleja, el aumento de la presión intraocular es el principal factor de riesgo que hay que controlar para intentar frenar la progresión del daño.
Es una enfermedad que puede ser hereditaria (glaucoma primario) o aparecer como consecuencia de otra patología ocular o sistémica (glaucoma secundario), como por ejemplo una uveítis crónica, tumores intraoculares, luxación del cristalino o traumatismos en el ojo. Además, puede ser agudo (se desarrolla en pocas horas o días) o crónico (evoluciona lentamente), y esta velocidad de aparición condiciona tanto los síntomas como el pronóstico.
Tipos de glaucoma en gatos
En los gatos se describen varios tipos de glaucoma según su origen y el estado del ojo:
- Glaucoma primario felino: aparece sin que exista otra enfermedad ocular previa que lo explique. Puede ser de ángulo abierto o estrecho y afecta sobre todo a gatos adultos o geriátricos. Suele tener una presentación asimétrica (un ojo se afecta antes que el otro) y, en general, se considera poco frecuente. En algunas líneas de gatos siameses se ha demostrado un componente hereditario.
- Glaucoma congénito: se manifiesta desde edades tempranas por un defecto de desarrollo de las estructuras oculares. Es raro, pero se ha descrito un modo de herencia autosómico recesivo en colonias de gatos siameses, con un glaucoma bilateral de progresión lenta.
- Glaucoma secundario: es la forma más frecuente de glaucoma en el gato. Suele diagnosticarse en gatos adultos y, en más de la mitad de los casos, se asocia a neoplasias intraoculares (principalmente melanoma uveal anterior o linfoma) o a uveítis crónica. También puede deberse a traumatismos, hemorragias intraoculares (sobre todo en gatos hipertensos), luxación de cristalino o síndrome de desviación del humor acuoso.
Aunque puede afectar a gatos de cualquier edad o raza, se ha descrito una mayor predisposición en siamés, persa, himalayo y birmano, así como en felinos de edad avanzada. No obstante, cualquier gato puede desarrollar glaucoma a lo largo de su vida.
¿Cuáles son los síntomas del glaucoma en gatos?
La gran dificultad del glaucoma felino es que, en sus fases iniciales, la elevación de la presión intraocular no siempre produce signos muy evidentes. Muchos gatos se adaptan a la pérdida gradual de visión y continúan con un comportamiento aparentemente normal, por lo que el tutor puede no darse cuenta hasta que la enfermedad está avanzada.
Un gato cuyo ojo tenga o empiece a tener una acumulación de líquidos puede presentar cambios tanto en el aspecto del ojo como en su conducta diaria. Según la velocidad de instauración, los signos pueden ser más o menos llamativos:
- Glaucoma agudo: cambio brusco de aspecto en el ojo, con córnea opaca o blanquecina, cambio de color en la córnea, pupila muy dilatada y fija que no responde bien a la luz, enrojecimiento del ojo (esclerótica y conjuntiva) y, a menudo, pérdida de visión repentina. El globo ocular puede notarse duro al tacto y el gato suele sentir dolor intenso.
- Glaucoma subagudo o crónico: la córnea puede verse azulada o enturbiada, hay deterioro visual progresivo, deformidad y dilatación de las pupilas, enrojecimiento moderado y, a largo plazo, aumento de tamaño del ojo (buftalmia). Estos cambios pueden avanzar de forma lenta y pasar desapercibidos durante semanas o meses.
Además de estos signos, hay otros síntomas oculares frecuentes en el glaucoma felino:
- Ojo o conjuntivas enrojecidos y más vascularizados de lo normal.
- Pupilas dilatadas o de tamaño desigual entre un ojo y otro (anisocoria).
- Fotofobia (molestia intensa a la luz) y tendencia a cerrar mucho los párpados o guiñar el ojo (blefaroespasmo).
- Ojo enturbiado, con aspecto opaco o presencia de un halo gris-azulado alrededor del iris.
- En fases avanzadas, ensanchamiento del globo ocular (buftalmia) y desplazamiento del cristalino.
La pérdida de visión puede ser parcial o total. Cuando el daño es severo, el gato ya no se orienta bien en su entorno habitual, puede tropezar con muebles u objetos, mostrar inseguridad al caminar o tener dificultades para encontrar el comedero y el bebedero.
Pero no sólo habrá cambios en el ojo, sino también en el comportamiento del felino. La apatía, la pérdida de apetito, la depresión, la irritabilidad, un posible comportamiento agresivo por dolor, la oposición al contacto en la zona de la frente y los pómulos, así como náuseas y vómitos, son signos a los que hay que prestar mucha atención.
Es importante recordar que, en el gato, los signos de dolor ocular agudo pueden ser menos evidentes que en el perro. Muchos siguen comiendo y manteniendo un nivel de actividad aceptable a pesar del glaucoma. Por eso, cualquier cambio en los ojos o en la orientación espacial del gato debe considerarse una señal de alarma.
¿Cuándo hay que ir al veterinario y cómo se diagnostica?
En caso de que sospechemos que tiene glaucoma, debemos llevarlo lo antes posible al veterinario, preferiblemente a un centro con servicio de oftalmología veterinaria. No hay que esperar a que “se le pase solo”, porque el daño en el nervio óptico avanza con cada hora de presión elevada.
El diagnóstico se basa en una exploración oftalmológica completa y en la medición de la presión intraocular:
- Exploración externa del ojo: el veterinario valora el tamaño del globo ocular, el estado de la córnea, la transparencia, la forma y reacción de la pupila, así como el estado de la conjuntiva y la esclerótica.
- Tonometría: se realiza con un instrumento llamado tonómetro, que mide la presión interna del ojo apoyándose suavemente en la superficie corneal. Normalmente la PIO en gatos se sitúa en torno a 10-25 mmHg. Valores por encima de ese rango sugieren glaucoma, especialmente si hay signos clínicos compatibles.
- Anestesia local en gotas: aunque la tonometría no es dolorosa, se suelen aplicar gotas anestésicas para que el gato parpadee menos y la medición sea más precisa.
- Oftalmoscopia: permite examinar el fondo de ojo, la retina y el nervio óptico para valorar si ya hay daños degenerativos.
- Gonioscopia: mediante lentes especiales, se observa el ángulo iridocorneal para ver si está cerrado, si hay neoplasias o neovascularización que dificulten el drenaje del humor acuoso.
En muchos casos se realizan además pruebas complementarias como ecografía ocular (para detectar masas intraoculares o luxación de cristalino), analíticas y serologías de enfermedades infecciosas que puedan causar uveítis (como toxoplasmosis, leucemia felina o inmunodeficiencia felina) y, en determinadas situaciones, citología del humor acuoso cuando se sospecha linfoma uveal.
El diagnóstico de glaucoma se establece al demostrar una presión intraocular elevada en un gato con signos compatibles, junto con los hallazgos de estas pruebas. A veces una única medición alta no es suficiente, por las variaciones normales de la PIO, por lo que el veterinario puede repetir las mediciones y apoyarse en todos los datos disponibles.
Tratamiento del glaucoma en gatos
El objetivo del tratamiento del glaucoma felino es reducir la presión intraocular lo más rápido posible, aliviar el dolor, preservar la visión cuando aún es viable y controlar o eliminar la causa subyacente en los casos secundarios. El enfoque terapéutico dependerá del tipo de glaucoma, del grado de daño ocular, de la edad del gato y de su estado general de salud.
En la consulta, si se confirma la enfermedad, el veterinario puede pautar diferentes medidas conservadoras (médicas) y, cuando no son suficientes, tratamientos quirúrgicos:
- Colirios hipotensores oculares: se utilizan fármacos como inhibidores de la anhidrasa carbónica tópicos (por ejemplo, dorzolamida o brinzolamida) que reducen la producción de humor acuoso y ayudan a bajar la PIO. Suelen ser la base del tratamiento médico en gatos.
- Medicamentos sistémicos: en determinadas situaciones se emplean fármacos por vía oral o inyectable para reducir la PIO o tratar enfermedades de base (por ejemplo, uveítis o neoplasias). También se pueden usar analgésicos y antiinflamatorios para controlar el dolor y la inflamación.
- Otros colirios: los beta-bloqueantes o los análogos de prostaglandinas han mostrado eficacia limitada y con posibles efectos secundarios en gatos, por lo que su uso se valora caso por caso. Algunos colinérgicos (como la pilocarpina) están contraindicados en ciertos tipos de glaucoma y en presencia de uveítis.
Cuando el tratamiento médico no logra controlar de forma adecuada la presión ocular o cuando el daño ya es muy avanzado, se consideran diversas técnicas quirúrgicas:
- Cirugía láser o crioterapia: se emplean para destruir parcialmente los cuerpos ciliares, reduciendo así la producción de humor acuoso. En gatos su eficacia puede ser menor que en perros y no son recomendables en glaucoma secundario a uveítis o neoplasia.
- Ciclofotocoagulación endoscópica: técnica más avanzada que permite visualizar y tratar directamente los cuerpos ciliares desde el interior del ojo. Ha mostrado un alto porcentaje de éxito en el control de la PIO y en la preservación de la visión en determinados casos de glaucoma felino.
- Enucleación (extirpación del ojo): cuando el ojo está permanentemente ciego, muy dañado o doloroso y no hay posibilidad de recuperar la visión, el veterinario puede recomendar la extirpación del globo ocular para eliminar el dolor y prevenir infecciones o complicaciones graves. En algunos casos se puede colocar una prótesis con fines estéticos.
En los casos de glaucoma secundario, además de reducir la PIO, es fundamental tratar la causa de base: controlar la uveítis, manejar las neoplasias intraoculares, tratar enfermedades sistémicas asociadas o corregir problemas como la luxación de cristalino.
El glaucoma en gatos suele requerir un tratamiento a largo plazo y revisiones periódicas. Es importante tener en cuenta que la administración de colirios varias veces al día puede ser complicada y generar estrés en el gato, por lo que el veterinario buscará el protocolo que mejor se adapte al animal y a su familia.
Pronóstico y prevención del glaucoma felino
El glaucoma felino es una enfermedad ocular grave. Por desgracia, muchos gatos son diagnosticados cuando la enfermedad ya está en una fase avanzada y una gran parte de ellos han perdido parte o toda la visión del ojo afectado en el momento de la primera consulta.
La capacidad del gato para mejorar y mantener la vista depende en gran medida de si el glaucoma se detecta y trata a tiempo, de la rapidez con la que ha aumentado la PIO y de la causa subyacente. En algunos casos, incluso después de la cirugía y del tratamiento médico, pueden aparecer complicaciones y la probabilidad de conservar la visión es limitada.
Aun así, muchos gatos pueden disfrutar de una buena calidad de vida con un tratamiento medicamentoso continuado, con control periódico de la presión intraocular y un manejo adecuado del dolor. Los gatos que quedan ciegos, si viven en un entorno seguro y estable, se adaptan sorprendentemente bien utilizando otros sentidos como el olfato y el oído.
En cuanto a la prevención, el glaucoma en gatos no siempre se puede evitar, especialmente en los casos de origen hereditario o congénito. Sin embargo, hay medidas que ayudan a reducir riesgos y a detectar el problema lo antes posible:
- Realizar revisiones oftalmológicas periódicas, sobre todo en gatos mayores o de razas predispuestas.
- Acudir al veterinario sin demora ante cualquier cambio en el aspecto de los ojos, en la orientación espacial o en la conducta.
- Controlar y tratar enfermedades oculares previas (uveítis, cataratas, traumatismos) y enfermedades sistémicas que puedan afectar a los ojos.
- Seguir rigurosamente las indicaciones del veterinario respecto a colirios y medicación, sin interrumpir el tratamiento por cuenta propia.
No hay que dejar pasar el tiempo. Por el bien del propio gato, hay que llevarlo a que lo examinen al menor signo de enfermedad. El glaucoma no se cura por sí solo y la visión perdida no se recupera, pero una detección temprana y un tratamiento adecuado pueden marcar una gran diferencia en el confort y bienestar del felino a lo largo de su vida.