El gato, en su más tierna infancia, utiliza su boca para explorar su territorio. A esa edad, todo es nuevo para él, por lo que dedica gran parte de su tiempo a investigar cada esquina de su hogar. Sin embargo, también usa sus dientes para mordernos cuando juega, y al hacerlo nos puede hacer mucho daño aunque tenga tan sólo dos meses de edad. ¿Cómo actuar en estos casos?
A menudo, y si es la primera vez que convivimos con un felino, es probable que nos asalte la duda de qué hago si mi gato me muerde. Pues bien, hasta hace poco, y aún hoy, se optaba por gritarle o incluso pegarle, prácticas que solo infunden miedo y confusión y no corrigen la conducta. Pero hay otras maneras de conseguir que deje de mordernos, respetando al animal que nosotros decidimos llevar a casa.
Tan sólo vamos a necesitar paciencia y un juguete. Nada más. El gatito puede llegar a ser muy insistente, va a ponernos a prueba a diario, pero nosotros tenemos que ser aún más tercos que él, y no dejar que nos muerda, porque de dejarle lo que va a ocurrir es que cuando sea adulto continuará haciéndolo. Y entonces los mordiscos serán mucho más fuertes y dolorosos.
Así que, ¿cómo enseñar al gatito o gato a no morder? De la siguiente forma:
- Cada vez que tenga intención de mordernos, empezaremos a jugar con él con su juguete favorito (un peluche, una pelota, una cuerda…).
- En el caso de que consiga mordernos, detendremos el juego y lo ignoraremos hasta que se tranquilice. Si está en el sofá o en la cama, lo bajaremos.
Si nos muerde la mano mientras le acariciamos la barriga, la cerraremos y no la moveremos. El gato enseguida la soltará, que será el momento de sacarla tranquilamente, sin hacer movimientos bruscos.

Insisto: hay que tener mucha paciencia. Pero al final conseguiremos que deje de mordernos.
Por qué muerde un gato: juego, miedo, dolor o sobreestimulación
Los felinos son cazadores natos y morder forma parte de su repertorio de juego y defensa. Las causas más habituales son: juego y caza (ensayan presas con manos o pies si se lo permitimos), defensa por miedo (si se sienten acorralados), sobreestimulación durante las caricias (cada gato tiene un umbral distinto) y dolor o patología subyacente (cambios bruscos de conducta requieren revisión veterinaria). También hay gatos que muerden suave para llamar la atención o por aburrimiento.
Aprende a leer su lenguaje corporal: cola azotando, orejas hacia atrás, pupilas dilatadas, gruñidos o bufidos indican que necesita distancia. Respetar sus señales evita conflictos y reduce la probabilidad de mordiscos.
Qué hacer al instante si te muerde un gato (primeros auxilios básicos)

Las mordeduras de gato, aunque parezcan pequeñas, pueden ser profundas y difíciles de limpiar, lo que favorece infecciones. Actúa así:
- Lava la herida bajo el grifo con agua y jabón suave durante varios minutos. No frotes con fuerza para no dañar el tejido.
- Deja sangrar ligeramente unos instantes si es superficial; ayuda a arrastrar bacterias.
- Aplica un antiséptico (clorhexidina o povidona yodada si no hay contraindicaciones) y cubre con un vendaje limpio. No cierres la herida con cinta adhesiva.
- Vigila la evolución durante 24-48 horas y evita automedicación antibiótica.
Algunas fuentes populares mencionan productos caseros como el ajo por sus supuestas propiedades; sin embargo, no se recomienda aplicar alimentos o remedios no estériles sobre una herida por el riesgo de irritación e infección. Prioriza higiene y antiséptico y consulta con un profesional.
Cuándo acudir al médico y posibles complicaciones

Acude a un centro sanitario de forma prioritaria si la mordedura es profunda, afecta a manos, cara, articulaciones o tendones, sangra en exceso, proviene de un gato desconocido, o si perteneces a grupos de riesgo (embarazo, inmunosupresión, diabetes). Señales de infección: enrojecimiento extensivo, calor local, dolor punzante, pus, fiebre, malestar, dificultad para mover la zona o líneas rojas que ascienden por la piel. La progresión rápida puede derivar en sepsis o shock séptico en casos graves, aunque no es lo habitual con atención temprana.
Las infecciones se relacionan con bacterias de la saliva felina (p. ej., Pasteurella) y con la llamada enfermedad por arañazo de gato, asociada a Bartonella henselae, que puede causar ganglios inflamados, fiebre y cansancio. Además, si no están al día, existen riesgos como tétanos o rabia. El personal médico valorará profilaxis antirrábica y, según el contexto epidemiológico, profilaxis antirrábica.
Tratamiento médico habitual

En función de la localización, la profundidad y los síntomas, el profesional puede indicar antibióticos de amplio espectro (con frecuencia se elige amoxicilina con clavulánico; existen alternativas como ciertas cefalosporinas o doxiciclina en casos concretos) y medidas adicionales si hay afectación de tendones, nervios o vasos. La elección y la pauta siempre debe prescribirla un sanitario, evitando la automedicación.
Prevención y educación: cómo evitar que muerda

- Canaliza su energía con sesiones diarias de juego interactivo (cañas, plumas, pelotas) y enriquecimiento ambiental (rascadores, alturas, escondites).
- No uses tus manos ni pies como juguetes. Enseña desde cachorro que la piel humana no se muerde.
- Redirige cualquier intento de morder hacia un juguete y, si muerde, interrumpe e ignora hasta que se calme.
- Detecta señales de sobreestimulación y detén caricias antes de que llegue el mordisco.
- Si hay agresividad persistente o miedos/traumas, consulta con tu veterinario y un etólogo.
Casos frecuentes
Muerde jugando a los pies: incrementa el juego estructurado y ofrece objetivos móviles (varitas), evitando caminar descalzo durante el período de reeducación. Mordisco durante caricias: limita la duración, alterna zonas toleradas y observa la cola, orejas y postura. Conducta destructiva: más enriquecimiento y rutinas; valora compañía felina si encaja con tu hogar.

Cuidar la higiene de la herida y actuar con calma, junto con una educación respetuosa basada en redirección, juego y lectura del lenguaje corporal, es la forma más segura de proteger tu salud y fortalecer el vínculo con tu gato sin castigos ni miedo.
