El gato es un peludo que a veces tiene comportamientos que nos llaman mucho la atención, sobre todo cuando tenemos en cuenta que le damos todos los cuidados y atenciones que necesita. Quizás uno de los más curiosos sea el hecho de que beba, en más de una ocasión, del grifo y no de su bebedero.
Si el agua que sale del grifo es potable y de buena calidad, no supone un problema inmediato; sin embargo, cuando tiene mucha cal o una calidad dudosa, las probabilidades de que termine con alguna infección urinaria o con cálculos renales aumentan a largo plazo. Por ello, es importante saber por qué el gato bebe agua del grifo y, sobre todo, qué hacer para que no lo haga más de forma habitual, fomentando al mismo tiempo que se mantenga bien hidratado.
El gato, un animal felino

No siempre pensamos en ello, pero el gato es un felino, al igual que el león, el tigre o la pantera. Todos ellos son depredadores que cazan para poder alimentarse. Lo que pocas veces se deduce es que obtienen gran parte del agua que necesitan alimentándose de sus presas; estos peludos son muy poco bebedores en comparación con otros animales domésticos.
En la naturaleza, un felino como el antepasado del gato doméstico (Felis silvestris lybica) caza pequeñas presas cuya carne contiene una gran cantidad de agua. Gracias a esto, no necesita acercarse tantas veces a beber. Obviamente, se acerca a ríos, arroyos o charcos para hidratarse, pero lo hace con menos frecuencia de lo que podríamos imaginar.
Cuando el gato pasa a vivir con nosotros, su alimentación cambia: ya no podrá cazar y, de hecho, no tendrá necesidad de hacerlo. Nosotros le damos comida cada día, la cual puede tener todo lo que necesita pero que, a menudo, le falta lo más importante: agua en cantidad suficiente. Si basamos su dieta en pienso seco, estaremos ofreciéndole un alimento con muy poca humedad en comparación con su dieta natural.
Aunque le mantengamos limpio y lleno el bebedero, veremos que, a diferencia de por ejemplo el perro, no se acerca mucho a él, sino que muchas veces prefiere el agua de otras partes de la casa, como los grifos, un charco del patio, la bañera, la ducha, un vaso olvidado en la mesa o incluso un florero. Esto se debe tanto a su instinto de supervivencia como a su sensibilidad particular hacia el sabor, el olor y el movimiento del agua.
Por todo ello, entender que el gato es un felino con comportamientos heredados de sus antepasados salvajes es clave para interpretar por qué elige algunas fuentes de agua y rechaza otras, y cómo podemos adaptar nuestra casa para que beba con más seguridad.
¿Por qué bebe agua del grifo?

El principal motivo es porque es un agua que no está estancada. A diferencia de la que hay en el bebedero, la que sale del grifo es un líquido que el gato percibe como más limpio y fresco. El agua en movimiento, además, resulta más atractiva para muchos felinos, que asocian este tipo de agua con una fuente más segura en la naturaleza.
En libertad, los felinos tienden a evitar el agua estancada, ya que puede contener patógenos, restos de animales muertos o parásitos. Por el contrario, el agua que fluye en riachuelos o pequeñas corrientes suele ser más segura. Ese mismo instinto hace que el gato de casa vea el agua inmóvil del cuenco como menos confiable, mientras que el agua corriente del grifo le resulta más segura y apetecible.
Hay además una razón de higiene y olor. Si el cuenco del agua está situado cerca del comedero, o incluso se trata de un plato doble de comida y agua, el gato puede desconfiar de esa agua porque podría estar contaminada con restos de alimento. Los felinos salvajes evitan beber en lugares donde hay restos de presa en descomposición para no enfermar, y este comportamiento se mantiene en los gatos domésticos: prefieren que el agua esté lejos de la comida y de cualquier fuente de olor fuerte.
Otro factor importante es que el agua del grifo suele estar más fresca, sobre todo en épocas calurosas, cuando el agua del cuenco se templa o incluso se calienta con facilidad. Para un gato, esa diferencia de temperatura puede marcar la diferencia entre beber con ganas o apenas dar unos pocos sorbos.
También hay gatos que encuentran el momento del grifo abierto algo muy estimulante y divertido. El sonido del agua, el brillo, las gotas salpicando… todo ello despierta su curiosidad. Algunos incluso juegan con el chorro y aprenden rápidamente que, si maúllan o se suben al lavabo cuando su persona está en el baño o en la cocina, conseguirán que el grifo se abra y puedan beber.
Sin embargo, ésta no es la única causa. Un bebedero que está sucio, aunque tenga tan sólo una mota de polvo, será un bebedero que el gato no utilizará. Hay que tener en cuenta que este es un animal muy exigente con la limpieza, tanto con la suya como la de su vajilla y arenero, por lo que si no le mantenemos perfectamente limpio su bebedero, podemos olvidarnos de que beba de él y se irá a buscar alternativas: el grifo, el inodoro, la bañera o cualquier recipiente con agua que encuentre a su alcance.
Por último, hay gatos que, además de preferir el agua corriente, aumentan de forma marcada la cantidad de agua que beben. Esto, en algunos casos, puede ser un signo de problemas de salud como enfermedad renal, diabetes, hipertiroidismo o enfermedades del tracto urinario. Si, de repente, tu gato empieza a acudir al grifo mucho más de lo habitual y parece tener sed constantemente, es muy recomendable consultar con el veterinario para descartar patologías.
¿Por qué algunos gatos rechazan su bebedero o fuente de agua?

Además de la preferencia por el agua corriente del grifo, existen varios motivos concretos por los que un gato puede rechazar su bebedero o incluso una fuente de agua para mascotas. Comprender estos factores te ayudará a adaptar mejor el entorno de tu gato y a reducir su obsesión por el grifo.
El diseño del bebedero no es apropiado
Algunos bebederos son demasiado profundos o estrechos, de modo que los sensibles bigotes del gato chocan con los bordes cada vez que intenta beber. Esto les resulta muy molesto y acaba provocando que eviten el recipiente. Es lo que se conoce como estrés por los bigotes.
Los recipientes muy ligeros, que se mueven o se vuelcan con facilidad, o los que hacen ruido al deslizarse, también pueden generar rechazo. Los gatos suelen preferir bebederos anchos, bajos y estables, que les permitan meter la cabeza sin rozar los laterales y beber con comodidad.
El agua no está fresca o el bebedero guarda olores
Un problema frecuente es que el agua del bebedero no se cambia con la suficiente regularidad. El gato detecta cualquier olor extraño o pequeño sabor que para nosotros pasa desapercibido: restos de jabón mal aclarado, olores del entorno, partículas de comida o incluso el sabor del propio material del recipiente.
Si el bebedero es de plástico, además, puede retener olores y microorganismos con más facilidad que otros materiales. Muchos gatos aceptan mejor los recipientes de acero inoxidable, cerámica o vidrio, siempre que se laven a diario y se aclaren bien para eliminar cualquier resto de detergente.
El gato le tiene miedo a su bebedero
En ocasiones, el rechazo se debe a una mala experiencia previa. Un bebedero que se volcó encima del gato, una fuente que hacía mucho ruido o una caída desde la encimera mientras intentaba beber pueden hacer que el animal asocie esa zona o ese objeto con algo desagradable.
Las fuentes de agua que generan un ruido de motor intenso o vibraciones también pueden asustar a los gatos más sensibles. Aunque algunos disfrutan mucho de estas fuentes, otros las evitan por completo. Reducir el ruido, cambiar el modelo por uno más silencioso o permitir un periodo de adaptación en el que el gato pueda explorar la fuente sin presión puede marcar la diferencia.
El bebedero está ubicado en un lugar inadecuado
La ubicación es un punto clave. Muchos tutores colocan el bol de agua justo al lado del de la comida, o incluso utilizan un cuenco doble con comida y agua pegadas. Desde nuestra lógica humana puede parecer práctico, pero para un gato es algo bastante confuso.
En la naturaleza, los felinos prefieren separar los lugares donde comen y donde beben. Evitan beber cerca de los restos de la presa para no contaminar el agua con intestinos u otras partes en descomposición, que podrían provocar enfermedades. Por eso, cuando el agua está demasiado cerca del comedero o del arenero, muchos gatos la ven como poco fiable.
Además, si el bebedero se encuentra en una zona de paso constante, con ruidos, cerca de electrodomésticos ruidosos o donde el gato no se siente seguro, es probable que lo rechace. Los felinos prefieren beber en un lugar tranquilo, accesible y sin amenazas, donde puedan vigilar el entorno mientras se hidratan.
¿Cómo evitar que lo haga?

No se puede evitar al 100%, porque para muchos gatos beber del grifo es un comportamiento natural y hasta entretenido, pero sí que podremos hacer algunas cosas para que esté bien hidratado y, de paso, que su salud no se vea comprometida ni ahora ni en el futuro. Estas medidas ayudan a que el agua del bebedero sea más atractiva y segura:
- Darle comida húmeda en vez de seca: al tener alrededor de un 70% de humedad, mientras come ingerirá también agua y, por lo tanto, no tendrá tanta necesidad de beber. Incrementar el porcentaje de alimentos húmedos (latas, sobres, dietas caseras bien formuladas) es una de las medidas más eficaces para aumentar la ingesta total de agua y reducir el riesgo de problemas urinarios y renales.
- Limpiarle el bebedero a diario: con una gota de lavavajillas y una valleta (o con un estropajo si el agua que sale del grifo tiene cal), se limpia a conciencia. Luego se quita toda la espuma y se seca bien para, a continuación, volver a llenarlo. Además, es recomendable cambiar el agua al menos una vez al día y revisar que no haya pelos, polvo o restos de comida.
- Separar el agua de la comida y del arenero: coloca el bol del agua en una zona aparte, alejada del comedero y de la bandeja de arena. De esta forma, el gato percibirá el agua como más limpia y segura. Si tienes espacio, puedes ofrecer varios puntos de agua en diferentes habitaciones tranquilas.
- Elegir bien el tipo de bebedero: opta por cuencos amplios, de borde bajo y materiales poco porosos como el acero inoxidable, la cerámica o el vidrio. Evita los recipientes muy profundos o estrechos que puedan molestar los bigotes o facilitar que se concentren olores. Un cuenco pesado o con base antideslizante ayudará a que no se mueva mientras bebe.
- Comprobar la calidad del agua del grifo: si el agua de tu zona tiene mucha cal o un sabor fuerte, valora utilizar agua filtrada o embotellada para el bebedero y, si es posible, también para el grifo del que bebe el gato. Así reducirás el riesgo de que, a largo plazo, se favorezcan problemas urinarios.
- Comprar una fuente para gatos: las fuentes proporcionan agua en movimiento de forma continua, lo que resulta muy atractivo para los felinos. Elige un modelo silencioso, fácil de desmontar y de limpiar, y cambia sus filtros según recomiende el fabricante. Mantener la fuente impecable es fundamental para que el gato la utilice.
- Vigilar cuánta agua bebe: aunque a muchos gatos les gusta jugar con el agua del grifo, un aumento repentino y marcado de su sed puede ser un signo de alerta. Si sospechas que tu gato bebe mucho más de lo normal, puedes medir durante 24 horas la cantidad de agua que falta del bebedero (en gatos sanos, un consumo superior a unos 100 mililitros diarios por kilo de peso suele considerarse excesivo) y comentar los resultados con tu veterinario.
Con estos cambios es posible que tu compañero peludo siga disfrutando de un sorbo del grifo de vez en cuando, pero lo hará más como un juego ocasional que como única fuente de hidratación. Lo importante es que tenga siempre a su disposición agua limpia, fresca y apetecible en recipientes que le resulten cómodos y bien ubicados.
Esperamos que este artículo te sea de utilidad. Cuidar la hidratación de tu gato, entender por qué prefiere el agua del grifo y adaptar su entorno a sus necesidades felinas es una de las mejores formas de proteger su salud renal y urinaria y de disfrutar muchos años de su compañía.