Los ojos de un gato son, sin duda, una de las partes del cuerpo del felino que más llama la atención. Además de ser muy expresivos, le permiten ver con muy poca luz, algo que ningún ser humano puede hacer si no es con un dispositivo de visión nocturna.
Cuando no están sanos es fácil preocuparse; de hecho, esto es lo que todo cuidador responsable debería de hacer. Por eso, si te estás preguntando por qué a mi gato le lloran los ojos, a continuación te diremos cuáles son las posibles causas, cómo reconocerlas y qué puedes hacer en cada caso para proteger su salud ocular.
¿Es normal que a mi gato le lloren los ojos?

Un ligero brillo en los ojos o una pequeña cantidad de secreción al despertarse puede ser algo puntual y fisiológico. Las lágrimas sirven para hidratar, lubricar y limpiar el ojo, eliminando polvo y pequeñas partículas del ambiente.
Sin embargo, no es normal que el gato tenga un lagrimeo constante, que el pelo de alrededor del ojo esté siempre mojado o manchado, o que aparezcan lágrimas de color amarillento o verdoso. Cuando esto ocurre, suele existir una irritación, una obstrucción del lagrimal o una enfermedad ocular que conviene valorar con rapidez.
También es importante fijarse en si lagrimea un solo ojo o los dos. Cuando solo se ve afectado uno, muchas veces el problema es localizado (un cuerpo extraño, un arañazo leve). Si los dos ojos presentan secreción o enrojecimiento, suele tratarse de infecciones, alergias o problemas sistémicos que requieren atención veterinaria.
Alergias
Nuestro amigo peludo puede tener alergia a cualquier cosa del entorno: polen, polvo, humo de tabaco, productos de limpieza, perfumes o incluso su arena. Cuando eso pasa, el cuerpo reacciona con estornudos, tos, picor y lagrimeo. A veces también se observa enrojecimiento de los ojos y el gato se frota con las patas o contra los muebles.
En muchos gatos alérgicos, las lágrimas son claras y acuosas, sin color verdoso ni amarillento, pero el lagrimeo puede ser persistente. También es habitual que se agraven los síntomas en ciertas épocas o al usar una arena muy polvorienta o con perfumes.
Para saber con exactitud si se trata de alergia hay que llevarlo al veterinario para que le haga las pruebas necesarias y descarte otras patologías. Mientras tanto, es recomendable reducir al máximo el polvo, el humo y los aerosoles en casa, así como cambiar a arenas poco polvorientas y sin fragancias.
Infección
El gato, al igual que los seres humanos, puede caer enfermo alguna que otra vez a lo largo de su vida. La vacunación, la comida de alta calidad (sin cereales ni subproductos) y un ambiente seguro donde sea cuidado con cariño puede reducir considerablemente el riesgo de que esto pase. Pero es un ser vivo y los virus y bacterias pueden infectarle en cualquier momento.
Entre las infecciones más frecuentes se encuentran la conjuntivitis y las infecciones respiratorias víricas (como herpesvirus y calicivirus felino), que a menudo cursan con ojos rojos, lagrimeo abundante y secreciones densas. Cuando las lágrimas son amarillas o verdosas, o presentan mal olor, suele existir una infección bacteriana que requiere tratamiento específico.
En estos casos también pueden aparecer otros signos como mocos, estornudos, fiebre, apatía o falta de apetito. Es importante llevarlo al veterinario para que averigüe el origen de la infección y pueda empezar a tratarlo, si es necesario, con antibióticos, antivirales, antiinflamatorios u otros fármacos, siempre prescritos por el profesional.
No conviene utilizar colirios para humanos ni remedios caseros sin indicación veterinaria, ya que algunos productos pueden irritar todavía más el ojo o enmascarar un problema grave como una úlcera corneal.
Lagrimal bloqueado

El felino tiene un conducto lagrimal que es un tubito que está en un extremo del ojo por donde las lágrimas salen hacia la nariz. Si se bloquea, independientemente de si es por una infección, arañazo, inflamación crónica o por pestañas que crecen hacia dentro, se produce un exceso de lágrimas que quedan alrededor del ojo. Con el tiempo, la piel se irrita y aparece una zona húmeda, a veces con manchas de color marrón rojizo en el pelo.
Si no se limpia ni se trata, termina apareciendo una costra y la piel de alrededor puede inflamarse. Algunos gatos, sobre todo los de cara achatada como los persas o exóticos, tienen predisposición genética al lagrimeo constante por la forma de su cráneo y por conductos lagrimales más estrechos.
Si sospechamos que tiene el conducto lagrimal bloqueado deberemos de llevarlo al veterinario. En algunos casos, puede que no requiera tratamiento más allá de limpiezas periódicas y vigilancia, pero si está perdiendo visión, si hay inflamación importante o si una pestaña le está creciendo hacia dentro, puede ser necesario enjuagar el conducto con instrumentos especiales o recurrir a cirugía.
El profesional valorará si es preciso suministrarle antibióticos, antiinflamatorios o, en el último caso, quitar la pestaña o corregir el defecto del párpado mediante una operación quirúrgica.
Objeto extraño

Si el gato hace vida completamente normal y tiene los ojos sanos, es decir, que no están enrojecidos ni parece que tengan una infección, lo más probable es que simplemente tenga algo dentro, como un pelo, una pequeña astilla, una mota de polvo o un grano de arena. El ojo reacciona produciendo más lágrimas para deshacerse de este objeto, del mismo modo que los nuestros tienen más secreciones oculares cuando, por ejemplo, se nos cae dentro una pestaña.
En estos casos, las lágrimas suelen ser claras y poco abundantes, aunque al principio se puede ver el ojo algo más cerrado por la molestia. El gato puede parpadear más de lo normal o frotarse de forma ocasional con la pata, pero sin otros síntomas generales.
En estos casos no hay que hacer nada aparte de observar. En cuestión de minutos a pocas horas el animal habrá conseguido quitarse esa molestia gracias al parpadeo y al propio lagrimeo. Como apoyo, se puede limpiar suavemente la zona externa del ojo con una gasa empapada en suero fisiológico, siempre de dentro hacia fuera y usando una gasa distinta para cada ojo.
Aún así, si vemos que el problema persiste más de un día, el ojo se enrojece, el gato mantiene el ojo cerrado o aparece secreción de color, habrá que llevarlo al veterinario para descartar úlcera corneal, lesión interna o infección secundaria.
Otros problemas oculares que pueden causar lagrimeo
Además de las causas anteriores, existen otros trastornos que pueden hacer que a tu gato le lloren los ojos de forma continua. Reconocer algunos signos te ayudará a acudir al veterinario a tiempo y evitar complicaciones.
- Conjuntivitis: la inflamación de la conjuntiva produce enrojecimiento, hinchazón de los párpados, lagrimeo y legañas. Puede tener origen vírico, bacteriano, alérgico o irritativo.
- Úlceras corneales: un arañazo o golpe en la córnea provoca dolor intenso, ojo medio cerrado, sensibilidad a la luz y lagrimeo abundante.
- Glaucoma o uveítis: enfermedades más serias que causan dolor, cambios en la pupila, ojos turbios o agrandados y, en muchos casos, secreción y lagrimeo.
- Alteraciones de los párpados: como el entropión (párpado que se dobla hacia dentro) o pestañas mal colocadas que rozan la córnea, generando irritación constante y lágrimas.
Cómo limpiar los ojos de tu gato en casa

Siempre que el veterinario no indique lo contrario, puedes ayudar a tu gato realizando una limpieza suave de la zona ocular, sobre todo si se acumulan legañas o las lágrimas manchan el pelaje.
Para hacerlo de forma segura, utiliza gasas estériles y suero fisiológico o agua hervida y templada. Evita el algodón y los papeles que sueltan pelusa, ya que pueden dejar fibras que irriten aún más el ojo.
La gasa no debe estar empapada, solo ligeramente humedecida, para que el líquido no entre en exceso dentro del ojo. Limpia desde el lagrimal hacia el exterior, con movimientos suaves, y no uses la misma gasa para los dos ojos por si hubiera infección en uno de ellos.
Estos cuidados domésticos sirven para aliviar pequeñas irritaciones y mantener la higiene, pero no sustituyen al diagnóstico ni al tratamiento veterinario cuando hay dolor, secreción de color, inflamación marcada o lagrimeo persistente durante varios días.
Como vemos, son varias las causas por las que nuestro amigo puede tener más secreciones oculares de lo normal. Estar atentos a si las lágrimas son claras o coloreadas, si afecta a uno o a los dos ojos y si se acompaña de otros síntomas es clave para saber cuándo basta con observar y limpiar en casa y cuándo hay que acudir al veterinario sin demora; de este modo se consigue que se diagnostique pronto y se inicie el tratamiento adecuado cuanto antes, protegiendo así la visión y el bienestar de nuestro gato.
