
Imagen – Flickr/RikkisRefuge Other
Cuando adoptamos a un gato tenemos que ser conscientes de que nos llevamos a casa a un animal al que tendremos que proporcionar todos los cuidados básicos que necesite para que pueda llevar una buena vida. Entre ellos se incluye el enriquecimiento ambiental, la prevención de enfermedades, la higiene… pero, de todos, la alimentación suele ser el punto que más dudas genera. Aunque el gato es un animal carnívoro, en ocasiones nos puede dar la sensación de que no lo es tanto, sobre todo cuando muestra interés por alimentos humanos.
De hecho, nos podemos llegar a preguntar si los gatos pueden comer pasta, sobre todo cuando muestran un inesperado interés por los espaguetis o macarrones que nos acabamos de preparar. Para salir de dudas, te invitamos a seguir leyendo este artículo, en el que verás cuándo es seguro ofrecer pasta, qué riesgos tiene y cómo debe ser la dieta óptima de tu felino.
La alimentación óptima del gato
Antes de analizar la pasta, es importante recordar cómo debe ser la dieta ideal de un gato. Los felinos son carnívoros obligados, lo que significa que su organismo está adaptado para obtener la energía y los nutrientes principalmente de proteínas de origen animal. Necesitan aminoácidos como la taurina, ácidos grasos específicos, vitaminas del grupo B y otros nutrientes que se encuentran en alta concentración en la carne y el pescado.
Por ello, la base de su alimentación debe ser siempre un pienso completo de alta calidad o comida húmeda formulada para gatos, o bien dietas caseras o BARF equilibradas y diseñadas por un profesional. Los alimentos humanos, incluidas las sobras y los platos de pasta, solo deben considerarse premios muy puntuales y nunca formar parte de su ración diaria habitual.
La pasta no es mala… siempre que no se abuse
El gato es un animal carnívoro, es decir, que debe alimentarse principalmente de carne; de ahí que insistamos tanto en darle una comida de calidad, que cuide de él tanto por dentro como por fuera. No tiene ningún sentido darle grandes cantidades de cereales o harinas a un animal que no está diseñado para digerir correctamente los hidratos de carbono. Además, muchos piensos comerciales incluyen cereales entre sus ingredientes, por lo que ofrecerlos como base sin contrapesar con alimentos ricos en proteína animal puede aumentar la ingesta de carbohidratos por encima de lo recomendado para un felino.
Si hablamos de la pasta, no es un alimento tóxico para nuestro amigo siempre y cuando coma un poquito muy de vez en cuando y siempre bien cocida y sin salsas. Sin embargo, igual que ocurre con el pan o el arroz, está compuesta sobre todo por carbohidratos y, por consiguiente, contiene sustancias como el almidón o el gluten, que pueden llegar a causarle alergias alimentarias, diarrea, vómitos, flatulencias y/o sobrepeso si se ofrece con frecuencia.
Además, algunos gatos con enfermedades previas, como problemas hepáticos, renales o sobrepeso, pueden verse especialmente afectados por una dieta rica en carbohidratos. En estos casos, la pasta y otros alimentos similares deben evitarse por completo, limitándose exclusivamente a la dieta indicada por el veterinario.
Por otro lado, nunca hay que darle masa cruda: la levadura puede fermentar en el estómago del gato, provocando dolor abdominal, producción excesiva de gases, riesgo de torsión y, en casos graves, alteraciones metabólicas que podrían llegar a causar un coma. Siempre que se trate de pasta, debe estar bien cocida, sin sal añadida y sin condimentos.

¿Los gatos pueden comer pasta con tomate u otras salsas?
Muchas veces la duda no se centra solo en la pasta en sí, sino en las salsas y condimentos que la acompañan. El plato típico de pasta de las personas incluye tomate frito, aceite, sal, ajo, cebolla, quesos grasos y diferentes especias. Varios de estos ingredientes pueden resultar tóxicos o irritantes para los gatos.
La cebolla y el ajo, tanto crudos como cocinados, son especialmente peligrosos, ya que dañan los glóbulos rojos del animal y pueden provocar anemia hemolítica. Incluso pequeñas cantidades de manera repetida pueden generar problemas. La sal en exceso, ciertas especias y las grasas saturadas presentes en muchas salsas también pueden ocasionar trastornos digestivos y a largo plazo favorecer enfermedades.
Respecto al tomate, pequeñas cantidades de tomate maduro y bien cocinado, sin sal ni otros ingredientes, suelen ser menos problemáticas, pero la salsa de tomate comercial suele contener azúcar, sal, cebolla u otros añadidos poco recomendables. Por tanto, la opción más prudente es no ofrecer pasta con tomate ni con ninguna otra salsa preparada a tu gato.
Mézclasela con pescado o carne
Cada vez que queramos darle un plato especial a nuestro peludo podremos ofrecerle, como máximo, una pequeña porción de pasta, y siempre con pescado o carne ligeramente cocinados sin sal ni cebolla, ya que estos últimos son ingredientes que pueden causarle muchos problemas de salud. Una cantidad orientativa podría ser uno o dos pequeños fideos o un trocito de macarrón, y no más de una vez cada varias semanas.
En el caso de combinarla con alimentos proteicos, es preferible elegir carne magra o pescado aptos para gatos, bien cocinados (hervidos, al vapor o a la plancha sin grasa) y sin espinas. También podría mezclarse con una pequeña cantidad de huevo muy bien cocido, siempre que el gato lo tolere. El objetivo es que la pasta sea solo un acompañamiento mínimo y no la parte principal del premio.
Aun así, siempre va a ser mejor darle únicamente carne o alimento comercial completo, ya sea en pienso o en formato húmedo, o carne natural (como mínimo, cocida). Así evitaremos poner en riesgo su vida y mantendremos un buen equilibrio nutricional. Los gatos pueden vivir perfectamente sin probar nunca la pasta, mientras que una dieta pobre en proteínas animales sí puede generar deficiencias graves a medio y largo plazo.
Cómo saber si la pasta le ha sentado mal al gato
Si en alguna ocasión tu gato ha comido pasta, ya sea porque se la has ofrecido o porque la ha robado de la mesa, conviene observar su comportamiento en las horas posteriores. Los síntomas más habituales cuando un alimento le sienta mal son problemas digestivos como vómitos, diarrea, heces blandas, flatulencias excesivas, hinchazón abdominal o malestar general.
Algunos gatos también pueden mostrar apatía, quejarse al moverse, esconderse, dormir más de lo normal o incluso buscar comer hierba o pasto para intentar purgarse. Si estos signos son leves y desaparecen al cabo de poco tiempo, puede haber sido una simple indigestión puntual; pero si los síntomas son intensos, aparecen signos neurológicos o duran más de unas pocas horas, lo más prudente es acudir al veterinario sin demora.
¿Cuándo es mejor no dar pasta en absoluto?
Hay situaciones en las que es preferible evitar por completo ofrecer pasta, incluso en pequeñas cantidades. Por ejemplo, si tu gato padece obesidad o sobrepeso, la pasta supone un aporte extra de calorías vacías que dificultará el control de su peso. También debe eliminarse de la dieta en gatos con diabetes, enfermedades hepáticas, renales o alergias alimentarias diagnosticadas.
Tampoco está recomendada, aunque sea solo de manera ocasional, en gatos con problemas digestivos crónicos, como diarreas recurrentes, colitis o enfermedades inflamatorias intestinales, ya que los carbohidratos refinados pueden agravar la sintomatología. En estos casos, cualquier cambio en la dieta debe hacerse siempre con supervisión veterinaria.
En definitiva, la pasta no forma parte de la dieta natural del gato y no aporta beneficios reales que no se puedan obtener de otros alimentos más adecuados. Como premio muy ocasional y en cantidades mínimas, bien cocida y sin salsas, no debería causar problemas en un gato sano, pero siempre será mucho más seguro y saludable optar por alimentos específicamente formulados para felinos o por pequeñas raciones de carne o pescado aptos para ellos.



