Síntomas de cáncer en gatos: cómo detectarlo a tiempo y cuidar a tu felino

  • El cáncer felino aparece por el crecimiento descontrolado de células anormales que forman tumores benignos o malignos, capaces en estos últimos de invadir tejidos y producir metástasis.
  • Signos como pérdida de peso, apatía, bultos, heridas que no cicatrizan, problemas digestivos o respiratorios y cambios de comportamiento deben hacer sospechar y motivar una visita rápida al veterinario.
  • La exploración completa, los análisis, las pruebas de imagen y la biopsia permiten confirmar el tipo de tumor y decidir el tratamiento más adecuado para cada gato.
  • La cirugía, la quimioterapia, la radioterapia y los cuidados paliativos, combinados con una detección temprana, pueden ofrecer al gato una buena calidad de vida durante más tiempo.

Síntomas de cáncer en gatos

El cáncer es una de las principales causas de muerte de los animales, incluyendo humanos y lamentablemente también gatos. Llevar una dieta sana y equilibrada, además de una vida tranquila y feliz, puede ayudar mucho a retrasar su aparición y a mantener fuerte el sistema inmunitario del felino, pero nunca hay que confiarse, pues de lo contrario podríamos no prestar la debida atención a cualquier pequeño cambio en su comportamiento o en su cuerpo.

Los felinos son expertos en ocultar el dolor y el malestar; forma parte de su instinto de supervivencia. Por ello es muy importante observarlos a diario y aprovechar mientras los cepillamos y/o los acariciamos para inspeccionarlos con calma. Así, si aparece algo que antes no estaba, podremos acudir lo antes posible al veterinario. En las siguientes líneas vamos a explicarte con detalle cuáles son los síntomas de cáncer en el gato, qué tipos de tumores son más frecuentes, cómo se diagnostican y qué opciones de tratamiento existen.

¿Qué es el cáncer?

Gato con síntomas de cáncer

El cáncer es la enfermedad causada por un tumor, que es un conjunto de células atípicas del cuerpo que crecen y se dividen sin control. Estas células pierden los mecanismos normales que mantienen ordenado el crecimiento de los tejidos y comienzan a multiplicarse sin freno. Como consecuencia de este crecimiento descontrolado, aparecen masas o bultos los cuales pueden ser benignos o malignos:

  • Tumores benignos: son aquellos que, aunque crecen, no invaden los tejidos vecinos ni se diseminan a otras partes del cuerpo. Pueden causar molestias locales, pero en muchos casos se pueden extirpar con cirugía y no vuelven a aparecer.
  • Tumores malignos: son los que comúnmente llamamos cáncer. Invaden los tejidos cercanos y, además, pueden diseminarse por la sangre o la linfa a otros órganos, proceso conocido como metástasis. Son los más peligrosos y requieren un abordaje veterinario rápido y especializado.

Hay varios tipos de cáncer, dependiendo del origen del tipo de célula atípica que contienen. Entre los principales se encuentran:

  • Carcinomas: son tumores sólidos que crecen a partir de diferentes tejidos epiteliales, como la piel, la boca, el intestino o las glándulas mamarias. En gatos, los carcinomas de piel y de mama y los carcinomas orales pueden ser especialmente agresivos.
  • Leucemias: son tumores que afectan a la médula ósea y a las células sanguíneas. En los gatos, una de las más conocidas es la leucemia felina causada por el virus FeLV, una enfermedad altamente contagiosa entre gatos que debilita el sistema inmunitario y puede derivar en distintos tipos de cáncer.
  • Linfomas: son tumores sólidos que se originan a partir del crecimiento de linfocitos anormales. Los linfocitos son células que forman parte del sistema inmunológico. En felinos, el linfoma digestivo o alimentario es uno de los cánceres más frecuentes y afecta sobre todo al tubo digestivo, provocando desnutrición, vómitos y diarreas persistentes.
  • Mielomas: son tumores que se originan en las células de plasma de la médula ósea. Las células plasmáticas producen anticuerpos que defienden al cuerpo de infecciones, y cuando se vuelven cancerosas pueden afectar gravemente a los huesos y a la producción normal de células sanguíneas.

Además de estos grandes grupos, en gatos son relativamente habituales otros tumores como los sarcomas de tejidos blandos (incluidos los sarcomas asociados a puntos de inyección), los tumores de tiroides (relacionados con el hipertiroidismo) y el cáncer de mama en gatas. Algunos de ellos pueden tratarse con éxito si se detectan pronto, mientras que otros solo permiten controlar los síntomas y ofrecer una mejor calidad de vida durante el mayor tiempo posible.

¿Cómo saber si mi gato lo padece?

Signos de cáncer en gatos

Detectar un cáncer en un gato, especialmente en las fases iniciales, puede ser complicado porque el animal tiende a disimular sus dolencias. Proceden de un antepasado solitario y cazador y, por instinto, evitan mostrar debilidad. Por eso muchas veces los síntomas aparecen cuando la enfermedad ya está avanzada. Aun así, hay una serie de signos de alarma que pueden hacerte sospechar:

  • Pérdida de apetito y de peso: puede dejar de comer sin un motivo evidente, o comer menos cantidad de lo habitual. Como consecuencia, pierde peso de forma progresiva. También puede ocurrir lo contrario: que siga comiendo con normalidad (incluso más de lo habitual) pero adelgace igualmente, algo frecuente en algunos tumores de tiroides o linfomas digestivos.
  • Depresión y/o apatía: si se le ve triste, sin energía, duerme mucho más de lo normal o no muestra interés por jugar, por la comida o por su entorno, es un síntoma que tiene que preocuparte, sobre todo si antes era un gato activo.
  • Pérdida de actividad y cambios de comportamiento: pasar demasiado tiempo en la cama, esconderse, evitar el contacto, irritarse con facilidad o rechazar las caricias pueden indicar que siente dolor o malestar. Los estornudos frecuentes en gatos mayores, la voz cambiada, la dificultad para tragar o el babeo también pueden estar relacionados con tumores orales o nasales.
  • Problemas respiratorios: si tiene dificultad para respirar, respira con la boca abierta, jadea sin esfuerzo previo o tose de manera repetida, debes llevarlo al veterinario. Estos signos pueden relacionarse con tumores en pulmones, tórax o metástasis.
  • Pérdida de interés en la higiene personal: cuando la enfermedad está avanzada, el gato puede dejar de limpiarse. El pelaje se vuelve opaco, enmarañado y sucio. Esta falta de acicalamiento suele indicar dolor, debilidad o una bajada general de su estado de salud.
  • Protuberancias y bultos: si ves que tiene bultos en alguna parte de su cuerpo (piel, abdomen, zona de las mamas, cuello, cola, etc.), es importante que lo examinen para saber qué es realmente. En gatos, a diferencia de los perros, muchos bultitos cutáneos tienen más probabilidad de ser malignos, por lo que no conviene esperar a que crezcan.
  • Heridas que no se curan: en un gato sano, las heridas superficiales se curan por sí solas (a excepción, claro está, de aquellas que sean profundas). Pero si está enfermo pueden pasar las semanas e incluso los meses y no cicatrizar, o incluso empeorar y ulcerarse.
  • Halitosis o mal olor: puede tener mal aliento persistente o desprender un olor muy fuerte debido a infecciones secundarias, tumores orales o heridas ulceradas que no sanan.
  • Problemas gastrointestinales: los vómitos recurrentes, las diarreas que duran varios días, el estreñimiento persistente o las dificultades para hacer sus necesidades deben de hacerte sospechar, sobre todo si se acompañan de adelgazamiento y apatía. El linfoma digestivo suele manifestarse así.
  • Sangre en heces u orina: la presencia de sangre fresca o digerida en la bandeja de arena, ya sea en las heces o en la orina, puede indicar desde problemas inflamatorios hasta tumores en intestino, vejiga o riñones y siempre requiere una revisión.

Además de estos signos generales, existen síntomas más específicos según el tipo de tumor:

  • Cáncer de piel: pequeñas costras o heridas en orejas, nariz u otras zonas expuestas al sol que no curan, zonas sin pelo y enrojecidas, bultos firmes bajo la piel o masas que crecen de forma lenta pero constante.
  • Leucemia y linfoma: debilidad, infecciones frecuentes, mucosas pálidas, fiebre recurrente, ganglios linfáticos inflamados, pérdida de peso marcada y anemia.
  • Tumores de mama: en gatas enteras o esterilizadas tarde pueden aparecer bultitos duros en la cadena mamaria que, con el tiempo, aumentan de tamaño, se multiplican o se ulceran. Aunque en menor medida, también pueden verse en machos.
  • Tumores de tiroides (hipertiroidismo): gato muy activo o nervioso, adelgazamiento a pesar de comer bien, aumento de la sed, vómitos ocasionales, taquicardia y, en algunos casos, caída del pelo.
  • Sarcomas asociados a inyecciones: aparición de un bulto firme y persistente en el lugar donde se administró una vacuna u otra inyección, que no desaparece en pocas semanas o que aumenta de tamaño.

Si ves que tu gato presenta algunos de estos síntomas no dudes en llevarlo al veterinario para que lo examine. No necesariamente tiene que tener cáncer, ya que muchas enfermedades comparten signos similares, pero cuando un peludo está mal debe verlo un profesional para poder descartar o confirmar un tumor y pautar el tratamiento adecuado.

Gato joven revisado por cáncer

Diagnóstico y tratamiento del cáncer en gatos

Revisión veterinaria de cáncer en gatos

Cuando se sospecha de un cáncer felino, la rapidez y la observación en casa se combinan con las pruebas diagnósticas del veterinario. En la clínica se pueden realizar:

  • Exploración física completa: palpación de todo el cuerpo en busca de bultos, revisión de mucosas, piel, boca, ganglios linfáticos y abdomen, auscultación del corazón y pulmones.
  • Análisis de sangre y orina: permiten valorar el estado general del gato, detectar anemia, alteraciones hepáticas o renales y cambios compatibles con leucemias, linfomas u otros procesos tumorales.
  • Pruebas de imagen: radiografías, ecografías e incluso TAC o resonancia en algunos casos. Con ellas se pueden localizar masas internas, metástasis o afectación de órganos profundos que no son palpables desde fuera.
  • Citología y biopsia: extracción de una pequeña muestra del tumor mediante aguja fina o cirugía para analizar las células al microscopio. Es la mejor forma de confirmar el tipo de tumor y su agresividad.

Según el tipo de cáncer, la edad del gato, su estado general y la extensión del tumor, el veterinario propondrá uno o varios tratamientos posibles:

  • Cirugía: suele ser la opción preferida cuando el tumor está localizado y no se ha extendido. Extirpar la masa con un margen de seguridad adecuado puede permitir una recuperación completa del animal en relativamente poco tiempo, especialmente en tumores de piel, sarcomas localizados o tumores de mama operados pronto.
  • Quimioterapia: se utiliza sobre todo en linfomas, leucemias y algunos tumores con metástasis. Los protocolos en gatos están pensados para mantener la mejor calidad de vida posible, ajustando dosis y frecuencia para minimizar efectos secundarios.
  • Radioterapia: disponible en centros especializados, es útil para ciertos tumores localizados (por ejemplo, algunos de cabeza y cuello) o como complemento a la cirugía.
  • Cuidados paliativos: cuando no es posible curar el cáncer, se puede trabajar en reducir el dolor, mejorar el confort y prolongar la calidad de vida del gato con analgésicos, antiinflamatorios, dieta específica y apoyo en casa.

El cáncer en gatos no siempre significa un final inmediato. Según el tipo de tumor y la rapidez con la que se detecte, muchos gatos pueden vivir años con buena calidad de vida tras una cirugía o un tratamiento bien planificado. Por eso, ante la mínima sospecha, nunca conviene esperar a ver si el bulto desaparece o si el gato mejora solo.

Conocer los síntomas de cáncer en los gatos, revisar a tu compañero peludo de forma habitual y acudir al veterinario ante cualquier cambio de peso, comportamiento, respiración, piel o hábitos de higiene son las mejores herramientas para darle la oportunidad de recibir ayuda a tiempo y seguir compartiendo contigo una vida lo más larga y saludable posible.

Artículo relacionado:
El cáncer en gatos: tipos, síntomas y cómo cuidarlos