Llevas a tu gato al veterinario para que lo castren. Ya llevabas unas cuantas horas, quizás días, que habías utilizado para mentalizarte de que, sí, el peludito necesitaría mucha tranquilidad y mimos tras la operación; pero como te habían dicho o habías leído tantas veces que se recuperaría rápido, estabas más o menos tranquilo/a. Sin embargo, la situación se complica cuando el veterinario examina al animal y se da cuenta de que uno o ambos testículos no ha/n descendido al escroto.
Este trastorno, conocido como criptorquidia (o criptorquirdia, como a veces se escribe de forma coloquial), será el motivo por el que la intervención no será como debería de haberlo sido en una castración convencional. Aun así, se trata de un problema frecuente en la clínica diaria y con un tratamiento bien establecido, por lo que con la información y el apoyo adecuados no tiene por qué convertirse en una pesadilla para ti ni para tu gato.
Pero, ¿qué es exactamente esta alteración, qué riesgos tiene y cómo se trata la criptorquidia en gatos?
¿Qué es la criptorquidia en gatos?

En un gato macho sano, los testículos se desarrollan en el abdomen durante la gestación y, antes o poco después del nacimiento, descienden a través del canal inguinal hasta el escroto. A la edad de unos dos meses, ambos testículos deberían estar ya en su posición definitiva y ser palpables, aunque a veces pueden tardar un poco más en hacerse evidentes.
A veces, uno o ambos testículos no bajan y se quedan retenidos en algún punto de su recorrido, habitualmente en la ingle (canal inguinal) o en la cavidad abdominal. Cuando esto ocurre, hablamos de criptorquidia. Esta situación hace que una castración convencional se convierta en una operación algo más compleja, pero no debe preocuparnos en exceso, ya que en la práctica se asemeja a la esterilización de una gata, donde también es necesario abrir el abdomen o la zona inguinal.
Según el número de testículos afectados se distingue entre:
- Criptorquidia unilateral: solo un testículo queda retenido mientras el otro desciende con normalidad. Es la presentación más habitual.
- Criptorquidia bilateral: ninguno de los dos testículos llega al escroto. Es menos frecuente, pero tiene implicaciones reproductivas y de comportamiento importantes.
Lo que sí que tenemos que saber es que, si a los 9 meses de edad el testículo no ha descendido, es muy poco probable que lo haga más adelante. Aun así, es muy recomendable operarlo, incluso si tiene únicamente un testículo en el escroto, ya que puede reproducirse con ese testículo funcional. Solo en el caso de que tuviera ambos dentro del abdomen, sería un gato muy probablemente estéril, pero seguiría produciendo testosterona y tendría marcado instinto sexual, además de mostrar el típico comportamiento de celo (aullidos, luchas, marcaje con orina, escapadas).
Se cree que la criptorquidia tiene un componente hereditario, por lo que no se aconseja criar con gatos que la padecen, ya que podrían transmitir esta alteración a su descendencia. Aun así, puede aparecer en cualquier raza o gato mestizo, por lo que ningún macho está completamente exento de riesgo.
Riesgos y problemas asociados a la criptorquidia

Muchos gatos con criptorquidia no muestran signos evidentes en casa más allá de que solo se vea un testículo en el escroto. Sin embargo, mantener un testículo retenido supone riesgos de salud a medio y largo plazo que conviene tener muy presentes.
Entre los problemas más importantes destacan:
- Torsión testicular: el testículo retenido puede retorcerse sobre su propio cordón espermático, cortando el aporte de sangre. Esto causa un dolor muy intenso y repentino y se considera una urgencia quirúrgica que requiere intervención inmediata.
- Tumores testiculares: el tejido testicular que permanece dentro del abdomen o en la ingle está sometido a temperaturas más altas de lo normal, lo que puede favorecer con el tiempo la aparición de neoplasias testiculares. Aunque esta complicación es más descrita en perros, en gatos también se considera un riesgo relevante.
- Alteraciones hormonales y de comportamiento: aunque el testículo retenido produzca poco o ningún esperma, suele seguir secretando testosterona. Esto hace que el gato presente conductas típicas de macho entero: marcaje urinario, olor fuerte de la orina, agresividad hacia otros machos y fuerte interés por las hembras en celo.
- Problemas de fertilidad: en criptorquidia unilateral, el gato puede seguir siendo fértil, lo que supone un riesgo de camadas no deseadas. En la bilateral, lo habitual es una infertilidad marcada, aunque el comportamiento sexual se mantiene.
Por todo ello, la criptorquidia no debe considerarse solo una curiosidad anatómica; es una condición que se recomienda tratar de forma proactiva mediante cirugía, incluso si el gato parece encontrarse bien.
¿Cómo se diagnostica la criptorquidia en gatos?

El diagnóstico comienza siempre con una exploración física completa por parte del veterinario. En esta revisión, el profesional palpa cuidadosamente el escroto para detectar la presencia o ausencia de los testículos y comprueba si alguno de ellos se encuentra en la ingle.
Cuando no se palpa el testículo retenido, o se sospecha que está dentro del abdomen, el veterinario puede complementar el examen con distintas pruebas:
- Ecografía abdominal: permite localizar el testículo retenido y saber con precisión por dónde deberá abrir durante la cirugía. En algunos gatos, debido al estrés o a la manipulación necesaria, puede requerirse una sedación ligera para realizarla con seguridad.
- Pruebas de imagen adicionales: en casos poco frecuentes, se pueden utilizar radiografías o técnicas más avanzadas para localizar testículos muy difíciles de detectar.
- Análisis de sangre: a veces se miden los niveles de testosterona u otros parámetros hormonales para confirmar la presencia de tejido testicular funcional, además de evaluar el estado general de salud del gato antes de la anestesia.
Si el veterinario detecta que el gato tiene un testículo descendido, lo extirpará por castración convencional, mientras que el testículo retenido requerirá una cirugía adicional en la zona inguinal o abdominal, según dónde se encuentre.
¿Cómo es la cirugía de la criptorquidia?
El tipo de cirugía que se realiza dependerá de la localización exacta del testículo y de si hay uno o ambos retenidos. En cualquier caso, se trata de una intervención planificada, que se realiza bajo anestesia general y con monitorización continua del paciente para mantenerlo estable y seguro en todo momento.
De forma general, las posibilidades quirúrgicas son:
- Testículo en la ingle: cuando el testículo se encuentra en el canal inguinal o en la zona de la ingle, el veterinario realiza un pequeño corte sobre el área, localiza el testículo y lo extirpa. La incisión es normalmente similar o algo mayor que la de una castración estándar.
- Testículo en el abdomen: si el testículo está dentro del abdomen, será necesaria una cirugía abdominal (laparotomía) para localizarlo y extraerlo. Es una intervención muy parecida a la esterilización de una gata y, aunque algo más invasiva, suele tener una buena recuperación con los cuidados adecuados.
- Castración del testículo descendido: en criptorquidia unilateral, además del testículo retenido se extirpa también el testículo normal mediante castración convencional, para evitar futuras camadas y eliminar la producción de hormonas sexuales.
En algunos centros, cuando el testículo está completamente intraabdominal, se puede recurrir a cirugía laparoscópica (mínimamente invasiva), que permite incisiones más pequeñas y recuperación más rápida, aunque no está disponible en todos los hospitales veterinarios.
Afortunadamente, la mayoría de las veces los testículos retenidos no llegan más lejos de la ingle, de modo que la intervención no suele complicarse en exceso. En manos experimentadas, la cirugía de criptorquidia es un procedimiento rutinario y con un pronóstico muy favorable.
¿Qué cuidados post-operatorios necesita un gato con criptorquidia?

Tras la operación, es normal que veamos al gato muy adormilado y algo tristón. Mientras se le pasa la anestesia, va a necesitar que estemos a su lado, vigilando que respira bien y que se mantiene cómodo.
Como no podrá regular bien su temperatura corporal durante las primeras horas, es fundamental evitar que coja frío. Incluso aunque haga calor, hay que envolverlo con mantas o toallas y mantenerlo en un lugar tranquilo, sin corrientes de aire. También es frecuente que tiemble un poco mientras elimina los fármacos anestésicos, algo que mejora con una temperatura ambiental adecuada y tranquilidad.
Durante ese día, no le obligaremos a beber ni comer; dejaremos que él decida cuándo le apetece acercarse al comedero. Muchos gatos empiezan a interesarse por el agua a las pocas horas, y por la comida al cabo de un tiempo algo mayor, siempre con raciones pequeñas y fáciles de digerir.
A partir del segundo día, es posible que esté más espabilado, que camine y juegue, aunque todavía pueda estar algo más tranquilo de lo habitual. En esta fase hay que ir vigilando muy de cerca la zona de la herida, sobre todo para que no se lama ni muerda los puntos. En el caso de que lo haga, será necesario ponerle un collar isabelino o un sistema alternativo que impida que llegue a la incisión.
En todo momento, hay que mantener la calma y procurar que el peludo esté cómodo. Los ruidos fuertes, la música a todo volumen, las visitas excesivas o la tensión en casa pueden generar estrés y retrasar su recuperación. Lo ideal es ofrecerle un espacio tranquilo, limpio y con acceso fácil a bandeja de arena, agua y comida. También es importante proporcionarle mimos, tranquilidad y limitación de la actividad física para evitar que se abran los puntos.
No tenemos que olvidar que, si bien al poco tiempo puede volver a su rutina, puede que tenga que mantener los puntos entre 7 y 10 días, hasta que el veterinario los revise y retire. Durante ese tiempo, además del collar isabelino si fuera necesario, conviene:
- Revisar la zona de la cirugía a diario para detectar enrojecimiento, inflamación excesiva o secreciones.
- Limitar saltos altos y juegos muy bruscos para evitar que se abran los puntos.
- Administrar los analgésicos y antibióticos (si los hubiera) siguiendo estrictamente las indicaciones del veterinario.
Debemos acudir de nuevo a la clínica si observamos que la herida se abre, sangra, supura, huele mal y/o pasan más de dos días y el gato no ha comido absolutamente nada. También si notamos apatía extrema, fiebre, vómitos repetidos o cualquier otro signo que nos preocupe. Si se le abre la herida, huele mal, y/o pasan más de dos días y no ha comido nada, será muy conveniente llevarlo para que lo revisen.
Mi gato Bicho tras la intervención
Como unas imágenes y vídeos a menudo valen más que mil palabras, os dejo estos que le hice a mi gatito Bicho tras haber sido intervenido. Como veis, se recuperó muy rápido, con muchas ganas de moverse y hacer vida normal en muy poco tiempo, algo que es lo más habitual cuando la cirugía y los cuidados posteriores se realizan correctamente. Lo más probable es que vuestro gato también se recupere igual de bien.
En definitiva, la criptorquidia en gatos es una alteración del desarrollo testicular relativamente frecuente y con tratamiento claro: la cirugía para extraer los testículos retenidos y, en la mayoría de los casos, castrar también el testículo descendido. Detectarla a tiempo mediante revisiones veterinarias tempranas, asumir la cirugía sin grandes demoras y ofrecer después un entorno tranquilo y cuidados básicos es la mejor forma de garantizar que tu gato disfrute de una vida larga, cómoda y libre de los riesgos asociados a los testículos retenidos.