
¿Es posible tener dos gatos viviendo en la misma casa? ¡Por supuesto!, pero sólo se tienen en cuenta una serie de cosas, tales como el carácter y las necesidades que tiene cada uno de ellos, ya que de lo contrario más que mejorar la convivencia se conseguirá el efecto contrario: empeorarla y aumentar el estrés… y mucho.
El felino es un animal muy territorial, lo cual significa que si se siente amenazado o incómodo con la presencia de otro peludo se mostrará agresivo con él. Nosotros lo que tenemos que hacer es disminuir esa sensación de malestar para que, poco a poco, vaya aceptándole y pueda compartir el espacio sin miedo. Pero, ¿cómo hacerlo de forma segura y respetuosa para ambos? Para eso te invito leer este artículo en el que te ofreceré muchos consejos para tener dos gatos viviendo bajo el mismo techo, explicándote paso a paso qué tener en cuenta antes, durante y después de la presentación.
Conoce a los gatos

Para que todo vaya bien es muy importante conocer de forma individual a cada gato. ¿Por qué? Porque son muchas veces las que llevamos a un segundo felino a casa sin ni siquiera habernos presentado correctamente, o sin haber dedicado tiempo a entender al gato que teníamos. Por ejemplo, esto es lo que hacen/hacemos mucho aquellas personas que encuentran a un gatito abandonado o callejero y, sin más ni menos, deciden quedárselo sin pensar en que, tal vez, esa decisión no es la preferida de su compañero peludo.
Eso es algo que puedo entender: yo misma lo he hecho como dos o tres veces. He tenido la suerte de que al final la cosa ha ido bien y se han hecho amigos, pero los comienzos no fueron nada fáciles. Y precisamente por eso quiero ayudarte para que no cometas los mismos errores que yo cometí en su día. Así pues, antes de hacer nada, debes de dedicar tiempo a conocer a los felinos, tanto al que ya tienes como al que te gustaría tener.
Descubre si es sociable, es decir, si es de los que disfruta con la compañía de los humanos o si por el contrario es un gato tímido. Observa también cómo reacciona ante otros gatos cuando los ve por la ventana, en el veterinario o en casa de familiares: si se muestra curioso, relajado, o si bufa, se esconde o se tensa mucho.
Además del carácter, es clave fijarse en la edad y el nivel de energía. Los estudios sobre comportamiento felino muestran que un gato adulto suele aceptar mejor a un gatito joven que a otro adulto desconocido, porque un adulto «intruso» se percibe como un rival territorial, mientras que un cachorro genera menos amenaza. También es importante que el estilo de juego y la actividad de ambos sean parecidos: un gato muy tranquilo puede agobiarse mucho con un torbellino hiperactivo que no deja de buscar juego físico.
También conviene valorar si tu gato actual tiene algún problema de salud o de comportamiento (miedo, agresividad, marcaje con orina, estrés, etc.). Añadir un segundo gato en un contexto de conflicto sin resolver puede empeorar la situación. En esos casos, es recomendable consultar primero con el veterinario o un etólogo felino y asegurarse de que ambos gatos reciben las revisiones, vacunas y desparasitaciones necesarias.
Saber cómo es cada uno de ellos te servirá para tomar una decisión mucho más acertada y realista sobre si es buen momento para ampliar la familia felina, qué tipo de gato encaja mejor y qué ritmo de introducción te conviene seguir.
¿Es buena idea tener dos gatos en tu casa?

Antes de traer un segundo gato, además de conocerlos a ellos, necesitas analizar si tu hogar y tu situación son adecuados para una convivencia multisfelina. No todas las casas ni todas las rutinas humanas son compatibles con dos gatos, por muy buena intención que tengamos.
Un criterio muy práctico que recomiendan muchos especialistas es que haya al menos una habitación por gato. Esto no significa que cada gato vaya a vivir encerrado en una habitación, sino que la casa tiene suficientes estancias para que, si en algún momento se quieren evitar, puedan hacerlo. En un estudio sobre gatos de interior se vio que disponer de espacios separados reduce la probabilidad de conflicto y de estrés crónico.
También hay que pensar en los recursos disponibles: areneros, comederos, bebederos, rascadores, escondites, perchas altas y lugares de descanso. Una regla muy utilizada es la de «un recurso por gato, más uno extra». Es decir, para dos gatos: tres areneros, tres puntos de agua y, como mínimo, dos o tres rascadores bien repartidos. Si tienen que competir por ellos, la bronca está casi garantizada.
Por otro lado, tener dos gatos supone el doble de gastos en comida, arena, revisiones veterinarias, vacunaciones y posibles tratamientos. Es fundamental ser honesto con tu presupuesto y prever que, si uno enferma, quizá necesite pruebas y medicación adicionales.
También debes valorar tu tiempo y nivel de implicación. Aunque un segundo gato puede ser un gran compañero de juegos para el primero, eso no sustituye el vínculo contigo. Ambos seguirán necesitando atención, juego interactivo, cepillados y supervisión inicial hasta que la convivencia esté totalmente estabilizada. Si pasas muchísimas horas fuera, quizá dos gatos bien socializados puedan acompañarse, pero conviene que el entorno esté especialmente enriquecido.
Cómo elegir al segundo gato adecuado

A la hora de elegir un segundo gato, el género suele importar menos que otros factores. Lo que más influye en el éxito de la convivencia es la combinación entre edad, personalidad y nivel de actividad de ambos.
Algunos puntos clave a tener en cuenta:
- Edad: los gatos adultos suelen tolerar mejor a un gatito que a otro adulto desconocido, porque el pequeño no supone una amenaza territorial directa. Sin embargo, si tu gato es mayor y muy tranquilo, un cachorrito hiperactivo podría agotarlo; en ese caso, tal vez convenga un adulto joven pero moderado.
- Personalidad: intenta que ambos gatos tengan un temperamento compatible. Un gato muy tímido puede sentirse intimidado por un gato extremadamente dominante, mientras que dos gatos muy inseguros pueden reforzar sus miedos. Lo ideal es que sus niveles de confianza e intensidad no sean extremos en sentidos opuestos.
- Socialización previa: muchos estudios señalan que los gatos que han crecido o convivido con otros gatos desde pequeños se adaptan mejor a nuevas incorporaciones. Pregunta en el refugio o al criador si el gato ha convivido con más felinos y cómo se comportaba.
- Estado reproductivo: es muy aconsejable que ambos estén esterilizados o que tengas previsto hacerlo cuanto antes, para evitar camadas no deseadas y reducir la agresividad relacionada con hormonas y el marcaje con orina.
Si tienes ocasión de elegir entre varios gatitos, evita al que se muestre excesivamente pendenciero con sus hermanos (erizado, bufando y atacando constantemente) y apuesta por uno que, aun siendo juguetón, sepa regularse. En refugios y protectoras suelen conocer bien el carácter de cada gato y pueden orientarte hacia el más compatible con el tuyo.
En el caso de querer adoptar dos hermanos, es habitual que se lleven muy bien entre ellos si han crecido juntos, y muchos refugios recomiendan no separarlos. Si uno es macho y la otra hembra, de nuevo, la esterilización es esencial para evitar crías con posibles problemas de salud por consanguinidad.
Haz las presentaciones poco a poco

Del mismo modo que a nadie le gustaría que cualquier persona desconocida le empezara a dar muchos abrazos -al menos el primer día- presentar a un gato a otro de manera brusca podría acabar en gruñidos, arañazos y/o mordiscos. Si presentas demasiado rápido a dos gatos y esto acaba en pelea, es posible que nunca lleguen a confiar del todo el uno en el otro. Por eso, la socialización debe ser controlada y gradual.
Para evitar problemas, es muy recomendable primero acariciar al »nuevo» cuando estemos todavía en el criadero o en el refugio de animales. Así, lo que haremos será impregnar su pelaje con nuestro olor corporal, algo que le ayudará al gato »viejo» a estar más tranquilo, ya que asociará ese olor a algo conocido y seguro.
Después, lo meteremos en el transportín y lo llevaremos a casa, donde lo dejaremos en una habitación con su cama, bebedero y comedero, arenero y juguetes. Además, cubriremos la cama con una manta -o tela fina suave si es verano o hace mucha calor-, y haremos lo mismo con la cama del gato »viejo». A partir del día siguiente, intercambiaremos las mantas o telas durante 2 o 3 días para que vayan reconociendo y aceptando el olor del otro. Si vemos que bufan o gruñen, es normal, pero a medida que vaya pasando el tiempo se irán sintiendo más cómodos.
Durante esta fase inicial es fundamental que el nuevo gato disponga de una habitación segura que funcione como «base». Allí debe tener todo lo necesario y no debe ser invadida por el gato residente. En gatos sensibles, esta etapa puede prolongarse más días o incluso semanas, según su nivel de confianza y la intensidad de las reacciones.
Si quieres reforzar aún más la presentación, puedes utilizar feromonas sintéticas felinas en difusor o spray en las zonas comunes y alrededor de las puertas. Estas feromonas imitan las señales faciales que los gatos dejan al frotarse y numerosos estudios han observado que ayudan a reducir el estrés y la agresividad entre gatos.
El cuarto o quinto día sacaremos al gato »nuevo» de la habitación y dejaremos que vea al »viejo» a través de una barrera a través de la cual ambos puedan olerse y tocarse. Esta barrera puede ser una puerta entreabierta, un panel tipo mosquitera, una reja ligera o incluso el transportín colocado de forma que se vean. Lo mismo: si gruñen o bufan, o incluso si se les eriza el pelo, es completamente normal. Los dejaremos así, «juntos pero no revueltos» hasta que ambos comiencen a sentirse cómodos.
Al principio, las sesiones de contacto visual deben ser cortas y controladas. Si alguno se estresa mucho (maullidos agudos, intentos de ataque directo, golpes fuertes contra la barrera), terminamos la sesión con calma y volvemos a intentarlo al día siguiente. Si las tensiones son muy intensas y se repiten, es recomendable pedir ayuda profesional.
Cuando veamos que, al verse, empiezan a mostrar señales más relajadas (mirar hacia otro lado, acicalarse, tumbarse de lado, comer cerca de la barrera sin tensión), podemos introducir refuerzo positivo: premios, un poco de comida húmeda o juego suave en los momentos en los que están tranquilos con la presencia del otro.
Luego, sólo será cuestión de quitar la barrera y de empezar a cuidarlos como seguro que estábamos deseando hacer desde el primer día: dándoles mucho cariño a los dos al mismo tiempo. La primera vez que estén libres en el mismo espacio es posible que haya alguna persecución leve, bufidos o marcaje con el cuerpo; mientras no haya agresiones serias, déjales gestionar su distancia, interviniendo sólo para cortar situaciones muy escaladas con un ruido suave o colocando algo entre ellos, pero sin agarrarlos directamente para evitar agresividad redirigida hacia ti.
No desatiendas al gato »viejo» en favor del »nuevo»

El gato »viejo» es el que lleva más tiempo con nosotros, el que ha compartido pocos o muchos momentos muy buenos. La llegada de un segundo gato a la familia no debería significar jamás el »abandono» del gato que ya vivía en la casa. De hecho, si queremos que la convivencia sea buena para todos, lo que tenemos que hacer es darles mucho cariño a todos por igual y procurar que sean felices, teniendo todas sus necesidades cubiertas.
Muchos conflictos entre gatos surgen cuando el residente percibe que pierde recursos valiosos: tu atención, las mejores zonas de descanso, la cama favorita, el lugar en el sofá… Para evitarlo, es esencial que durante las primeras semanas refuerces aún más el vínculo con él: momentos exclusivos de juego, caricias, palabras suaves y rutinas que ya conocía.
Si hay niños, es muy importante hacerles entender esto, puesto que ellos suelen prestar mucha más atención al gato »nuevo» que al »viejo» ya que para ellos es la novedad; y si el gato »viejo» es muy sensible podría costarle mucho más aceptar al gato »nuevo». Explícales que el gato residente necesita sentirse seguro y que los mimos deben repartirse, enseñándoles a respetar el espacio de ambos cuando quieran descansar.
También ayuda mucho no cambiar bruscamente las rutinas del gato que ya tenías. Mantén sus horarios de comida, sus lugares habituales de descanso y sus juegos favoritos. Cuanta más previsibilidad haya en su día a día, más fácil será que pueda adaptarse al nuevo compañero sin asociarlo a una pérdida de bienestar.
Prepara la casa para dos gatos sin conflictos

Tener dos gatos en casa significa que hay dos animales a los que les encanta subirse a las superficies altas, que van a marcar con sus uñas su territorio, que les apetecerá hacer travesuras y, por supuesto, dormir con la familia. Para reducir tensiones, la vivienda debe estar pensada para que ambos puedan compartir sin competir.
Algunos puntos importantes:
- Areneros: coloca al menos un arenero por gato más uno extra, repartidos en distintas zonas de la casa. Evita ponerlos todos juntos, porque eso puede generar bloqueos y conflictos.
- Comederos y bebederos: ofrece varios puntos de agua y comida, separados entre sí, para que un gato no pueda controlar el acceso del otro. Muchos gatos se sienten más cómodos con comedero y bebedero alejados y con fuentes de agua en diferentes lugares.
- Rascadores y zonas verticales: los rascadores son imprescindibles para que marquen con sus uñas sin destrozar muebles. Coloca más de uno, de distintos tipos (de suelo, de torre, de esquina) y combina con estanterías o árboles para gatos que permitan que cada uno encuentre su lugar en altura.
- Escondites y refugios: cajas, cuevas, camas tipo iglú o incluso espacios debajo de muebles donde puedan resguardarse. Los escondites reducen el estrés, porque ofrecen vías de escape visual cuando no quieren contacto.
- Juguetes y enriquecimiento: pelotas, cañas, juguetes interactivos, túneles y circuitos de comida o premios. La actividad física y mental compartida hace que los gatos se cansen y bajen su nivel de tensión.
Si tu vivienda es pequeña o de una sola estancia grande, puedes usar barreras ligeras, paneles o jaulones grandes durante las primeras semanas para crear zonas diferenciadas sin cerrar puertas permanentemente. Esto es útil, por ejemplo, cuando hay puertas correderas que los gatos pueden abrir o cuando no hay una habitación independiente con buena ventilación.
Deja que sean gatos

Tener dos gatos en casa significa que hay dos animales a los que les encanta subirse a las superficies altas, que van a marcar con sus uñas su territorio, que les apetecerá hacer travesuras y, por supuesto, dormir con la familia. Por eso, necesitarán rascadores, camas, bebederos, comederos y juguetes sí, pero también un hogar donde puedan ser y comportarse como lo que son: gatos, única y exclusivamente gatos.
Entre ellos aprenderán a regular la intensidad del juego, a medir sus mordiscos y zarpazos y a interpretar mejor el lenguaje felino. Muchas veces, la compañía de otro gato reduce comportamientos problemáticos derivados del aburrimiento, como arañar muebles en exceso, maullar insistentemente por las noches o perseguirte sin descanso para jugar.
Aun así, es importante respetar sus tiempos y no forzar la relación. Algunos pares de gatos se convierten en inseparables, duermen juntos y se acicalan mutuamente; otros simplemente se toleran y conviven en paz, pero prefieren mantener cierta distancia. Ambos escenarios pueden considerarse convivencias exitosas si no hay miedo ni agresiones.
Si observas que uno de los gatos parece constantemente acosado, bloqueado en recursos o muestra signos de estrés (lamido excesivo, marcaje con orina nuevo, aislamiento extremo, pérdida de apetito), es señal de que algo no va bien y puede ser necesario replantear la gestión del espacio o pedir ayuda a un profesional del comportamiento.
Así que no dudes en aprovechar al máximo cada momento que pases con ellos, porque convivir con estos animales es una de las más bonitas experiencias que podemos tener como seres humanos. Acompañar su adaptación, observar cómo se van aceptando y creando su propio vínculo, y ofrecerles un entorno estable y respetuoso hace que la vida en casa sea más rica para ellos… y también para ti.