Por lo general, una gata embarazada bien cuidada (con buena alimentación, agua fresca siempre disponible, revisiones veterinarias y, por supuesto, mucho cariño y compañía) suele dar a luz sin grandes problemas. Aun así, el parto es un momento delicado y siempre existe un riesgo de complicaciones que pueden poner en peligro la vida de la madre y de los gatitos si no se actúa a tiempo.
Por este motivo, a continuación verás cuáles son las posibles complicaciones en el parto de una gata, qué señales deben ponerte en alerta, cómo prepararte antes del nacimiento y en qué situaciones es imprescindible acudir al veterinario sin demora.
Aborto espontáneo
Tanto durante el embarazo como durante el parto, existe la posibilidad de que la gata sufra un aborto espontáneo de alguna o de todas las crías. En ocasiones, el cuerpo de la madre expulsa de forma natural a los fetos que no se han desarrollado correctamente y el proceso pasa casi desapercibido.
Sin embargo, si el feto no es expulsado por completo o queda retenido en el útero, puede provocar una grave infección uterina que comprometa la salud de la gata. Algunos signos de alarma son apatía, fiebre, secreción maloliente por la vulva o dolor abdominal evidente cuando la tocas.
En estos casos, es muy importante realizar un seguimiento veterinario del embarazo. Mediante ecografías o radiografías se puede comprobar el número de fetos y valorar si todos han sido expulsados después del parto, reduciendo así el riesgo de que quede alguno muerto en el útero.
Distocia o dificultad para expulsar a los gatitos
La distocia es la dificultad que encuentran las crías para atravesar el canal del parto de la madre o la incapacidad del útero para contraerse con suficiente fuerza como para expulsarlas. Es la complicación más habitual durante el nacimiento en gatos.
Suele ocurrir cuando la camada es muy grande, cuando la pelvis de la gata es estrecha, o cuando la cabeza de los peluditos es de gran tamaño, como por ejemplo en razas braquicéfalas (persas, exóticos, etc.). También puede deberse a que los gatitos adoptan una postura inadecuada (por ejemplo, mal posicionados en el canal o saliendo dos a la vez), lo que provoca una auténtica obstrucción del canal del parto.
Otra causa frecuente es la llamada inercia uterina, que puede ser primaria (el útero no responde a los estímulos de los fetos y apenas se contrae) o secundaria (el útero se agota después de un esfuerzo prolongado). En ambos casos, la gata realiza esfuerzos durante mucho tiempo sin conseguir expulsar a los gatitos.
Debes acudir al veterinario con urgencia si observas que tu gata lleva más de 30 minutos con contracciones intensas sin que nazca ningún gatito, si ves parte del cachorro asomando y no avanza, o si el parto se alarga durante muchas horas sin progresar. En estas situaciones, el profesional puede valorar la administración de medicación para estimular las contracciones o la realización de una cesárea de emergencia.
Fiebre y signos de infección

Cuando un cuerpo está luchando contra alguna enfermedad aumenta su temperatura corporal. Por eso, podemos saber, o al menos intuir, que el parto no va como debería si la gata tiene fiebre, si presenta temblores o si la notas especialmente decaída.
Justo antes del parto la temperatura corporal de la gata suele descender ligeramente (es habitual una caída de 1–2 ºC en las 12–24 horas previas). Después del parto la temperatura vuelve a sus valores normales. Como referencia general, una temperatura sostenida por encima de unos 39 ºC, acompañada de apatía, respiración acelerada, mal olor en las secreciones o falta de interés por los gatitos, puede indicar una infección uterina o sistémica.
Además, cuando se produce un aborto espontáneo y quedan restos placentarios o fetos muertos en el útero, es frecuente que aparezca fiebre. Ante cualquier sospecha, es fundamental acudir al veterinario para que valore la administración de antibióticos, fluidoterapia o incluso cirugía si hubiera contenido retenido que no pueda expulsarse de forma natural.
Hemorragias y sangrado anormal
Durante el parto, las gatas expulsan líquido placentario de color rosáceo o algo sanguinolento, lo cual entra dentro de la normalidad. Sin embargo, si la gata embarazada sangra en abundancia, si la sangre es muy oscura o si la hemorragia se prolonga más allá de unos minutos, entonces debemos sospechar que ha surgido alguna complicación seria.
En esos casos, la sangre de color rojo intenso y abundante puede indicar una rotura del útero o una lesión importante en el canal del parto. También puede tratarse de una placenta retenida que esté provocando daños internos. Cualquiera de estos escenarios requiere atención veterinaria inmediata, ya que la gata puede entrar en shock en muy poco tiempo.
Tras el parto, es normal que haya una pequeña secreción vaginal durante algunos días, pero esta debe ir disminuyendo y no presentar olor putrefacto ni aspecto muy oscuro. Si notas un flujo marrón, verdoso o negruzco con mal olor que no remite, es probable que exista infección uterina o restos retenidos que deben ser tratados.
Interrupción del parto y tiempos de espera
Normalmente, las crías salen en un intervalo de tiempo que suele ser de 20 a 60 minutos entre gatito y gatito, aunque algunas gatas pueden realizar pequeñas pausas para descansar y atender a sus bebés recién nacidos.
Si este periodo dura cuatro horas o más entre el nacimiento de un cachorro y el siguiente, o si la gata sigue haciendo esfuerzos claros sin que aparezca ningún gatito, entonces tanto la vida de la madre como la de los pequeños pueden estar en peligro. También es una señal preocupante que el parto en su conjunto se prolongue por encima de las 24 horas sin progresar.
Antes del alumbramiento, es recomendable que el veterinario haya realizado una ecografía o radiografía para estimar cuántos gatitos lleva la gata. De este modo, podrás detectar si no han salido todos los cachorros o si queda alguno retenido en el útero.
Líquido oscuro y maloliente
Cuando la gata está en la fase de expulsión de sus cachorros, si comienza a expulsar un líquido oscuro y viscoso con olor muy desagradable, puede ser porque hay alguna cría muerta en su vientre o porque tiene una infección uterina importante.
La expulsión, después del parto, de un flujo marrón, verdoso o negruzco y con olor putrefacto no debe confundirse con las secreciones normales postparto. Si la cantidad no disminuye con los días o la gata se muestra decaída, con fiebre o sin interés por sus pequeños, es imprescindible acudir al veterinario para evaluar el estado del útero y descartar la presencia de placentas retenidas o fetos sin vida.
Otros signos de alarma durante y después del parto
Además de los problemas descritos, existen otros signos que indican que el parto de tu gata podría no ir bien:
- Inactividad extrema durante el parto: la gata se muestra muy adormilada, no responde al entorno o parece desorientada.
- Dolor intenso al tocar el abdomen, que podría sugerir hemorragia interna o inflamación grave.
- Temblor, dificultad para mantenerse en pie o convulsiones tras el parto, que pueden relacionarse con problemas metabólicos como la eclampsia.
- Gatitos muy débiles, que no maman, no lloran con fuerza o no ganan peso en las primeras horas y días.
También es importante vigilar el estado de las mamas de la madre. Si notas que están muy rojas, duras o calientes, o que sale una secreción anormal, puede tratarse de mastitis, una infección que debe tratarse con rapidez para evitar que los gatitos ingieran leche contaminada.
Cómo preparar el entorno y cuándo acudir al veterinario
Para reducir el riesgo de complicaciones, conviene que la gata tenga desde días antes un lugar tranquilo y cálido donde parir: una caja o cama con mantas limpias, lejos de ruidos, corrientes de aire y otros animales. Mantenerla dentro de casa y sin estrés favorece que el parto se desarrolle con normalidad.
Antes del alumbramiento, ten siempre a mano el teléfono de tu veterinario, toallas pequeñas limpias, una báscula para pesar a los gatitos y, si es posible, leche maternizada y biberones especiales por si algún cachorro necesita ayuda extra. Observa el proceso a cierta distancia, sin agobiar a la madre, pero preparado por si algo deja de ir bien.
Debes contactar con el veterinario de inmediato si:
- La gata lleva más de 30 minutos con contracciones fuertes sin que nazca ningún gatito.
- Ves parte de un gatito en el canal del parto y no avanza pese a los esfuerzos.
- Transcurren más de cuatro horas entre un nacimiento y otro.
- Hay secreciones verdosas o muy sanguinolentas antes de nacer el primer gatito.
- La madre presenta fiebre, está muy débil, respira con dificultad o se desentiende de los cachorros.

Si sospechas que tu gata y/o sus crías no está/n bien, no dudes en llevarla al veterinario lo antes posible. Una valoración rápida, acompañada de pruebas como radiografías o ecografías, puede marcar la diferencia entre un parto complicado con buen resultado y una urgencia grave que ponga en riesgo la vida de la familia felina.
