El gato no es un gran bebedor de agua. Al haber evolucionado en los desiertos, prácticamente toda la hidratación que necesita la consigue a través de sus presas. Esto le puede causar muchos problemas en su tracto urinario, ya que los humanos le solemos dar pienso seco, el cual tan sólo contiene entre un 8% y un 10% de agua (y no entre un 30% y un 40%, como ocurre con algunos alimentos húmedos). Cuando un gato se alimenta casi exclusivamente de pienso, es muy fácil que no llegue a cubrir sus necesidades hídricas diarias.
Además de todo ello, tenemos que tener muy presente que un gato no puede estar más de dos días sin acceso al agua sin poner seriamente en riesgo su salud. Aunque es un animal resistente gracias a sus ancestros desérticos, su organismo sigue necesitando una cantidad mínima de líquido para mantener el riñón, el sistema urinario, la digestión y la circulación en buen estado. ¿Qué hacer cuando eso pasa? ¿Cómo dar de beber a un gato?
Antes de ver los casos concretos, conviene recordar que, de manera orientativa, un gato debería beber alrededor de 50-80 ml de agua por kilo de peso al día (sumando la que toma del bebedero y la que aporta la comida). Un gato de 4 kg, por ejemplo, debería llegar a unos 200-320 ml diarios entre agua y alimento. Cuanto más pienso seco consuma, más importante será estimular su ingesta de agua.
¿Por qué los gatos beben tan poca agua?

En la antigüedad, los gatos salvajes vivían en entornos áridos y podían pasar mucho tiempo sin encontrar agua líquida. Obtenían la mayor parte del agua de sus presas, formadas en su mayoría por más de un 60-70% de humedad. Esta adaptación les permitió desarrollar una gran resistencia a la deshidratación comparados con otros animales, y por eso hoy, incluso viviendo en casas cómodas, siguen bebiendo menos que un perro.
Aunque los gatos domésticos ya no dependen de la caza para alimentarse, han heredado esa escasa sensación de sed. El problema es que muchos se alimentan sobre todo de comida seca con muy poca agua. Esto hace que, si no se estimula el consumo de líquidos, puedan aparecer trastornos como estreñimiento, infecciones urinarias, cristales en la orina, cálculos urinarios o incluso insuficiencia renal a largo plazo.
Los motivos más frecuentes por los que un gato bebe todavía menos de lo normal suelen ser:
- Agua sucia o caliente: rechazan el agua con mal olor, sabor raro o demasiada temperatura.
- Localización del bebedero: si está cerca del arenero, de la comida o en una zona ruidosa, muchos gatos prefieren no acercarse.
- Bebedero inadecuado: algunos materiales, sobre todo ciertos plásticos, pueden dar sabor u olor al agua y provocar rechazo.
- Estrés y cambios en el hogar: nuevos animales, mudanzas o cambios de rutina pueden disminuir las ganas de comer y beber.
- Dolor en la boca o enfermedad: problemas dentales, infecciones, enfermedad renal, diabetes o hipertiroidismo pueden alterar su consumo de agua.
Conocer todas estas causas nos permite actuar antes de que el problema se convierta en algo grave. A continuación, vemos cómo dar de beber a un gato según su edad y su situación.
Gatitos recién nacidos huérfanos

Si hemos encontrado un gatito huérfano de menos de 1 mes de vida, es muy importante que le demos su biberón tal y como se ve en la imagen superior. El pequeñín tiene que estar sobre sus patas, con el cuerpo ligeramente levantado con nuestra mano. Esta es la posición más natural para él, pues es la que adoptaría si tuviera a su mamá. Nunca lo pongamos como si fuera un bebé humano, ya que el agua o la leche que le diéramos se le podría ir por las vías respiratorias, asfixiándole.
Durante estas primeras semanas, no se ofrece agua directamente, sino una leche maternizada específica para gatitos (nunca leche de vaca). Esta leche le aporta tanto los nutrientes como la hidratación que necesita. Es fundamental respetar las cantidades y la frecuencia de tomas indicadas por el fabricante o por el veterinario para evitar sobresaturar su pequeño estómago.
A partir de las cuatro semanas podremos empezar a darle agua. Al principio, se puede seguir usando el biberón, ofreciendo pequeñas cantidades de agua además de la leche. Más adelante, se puede mezclar el agua con comida húmeda (latas) para gatitos, aumentando poco a poco la proporción de alimento sólido.
Finalmente, iremos rellenando su bebedero con agua limpia y fresca, y animándole a probarla. Hay que ir poco a poco, sin forzar, dejando que el cachorro explore y lama el agua a su ritmo. Mi gatita Sasha, por ejemplo, hasta que no cumplió el mes y medio no bebió nada de agua de forma independiente. Mientras que coma comida húmeda adecuada a su edad, no habrá demasiado problema de hidratación.
Si el gatito tiene dificultades para coordinarse y se moja mucho intentando beber, podemos ayudarle acercando suavemente el borde del plato a su boca, o incluso mojándole ligeramente los labios para que note el sabor del agua y se anime. Poco a poco desarrollará la coordinación necesaria para lamer y tragar sin complicaciones.
Mi gatita Sasha tomando su biberón, el 3 de septiembre del 2016.
Gatos adultos que no beben agua

Cuando tenemos a un gato adulto que no bebe agua, lo primero que tenemos que comprobar es si el bebedero está limpio y en una habitación tranquila. A este peludo no le gusta nada la suciedad; y de hecho, si el agua tiene aunque sea una pequeña mota de polvo, puede que no la quiera probar. Lo mismo le pasará si le tenemos el bebedero cerca de su bandeja higiénica o en una habitación donde la familia hace mucha vida y hay ruidos constantes.
Por ello, lo ideal es limpiarle el bebedero cada día con una gota de lavavajillas y quitando luego con agua todo rastro de espuma. Después, lo rellenamos con agua potable, fresca y de buen sabor (agua del grifo si es de calidad o agua embotellada si la del grifo es muy dura o tiene mucho cloro) y se la ofrecemos siempre en una habitación tranquila y alejada del arenero y del comedero.

Si aún así no conseguimos que beba agua, podemos probar varias estrategias:
- Cambiar el tipo de bebedero: los de plástico suelen disgustar bastante; muchos gatos prefieren cuencos de acero inoxidable, cerámica o vidrio, anchos y poco profundos para no rozar en exceso sus bigotes.
- Colocar varios puntos de agua: poner varios bebederos repartidos por la casa, en zonas tranquilas y poco transitadas, aumenta las oportunidades de que el gato beba a lo largo del día.
- Usar fuentes de agua: a muchos gatos les atrae el agua en movimiento. Las fuentes para gatos mantienen el agua fresca y suelen incluir filtros que eliminan impurezas y mejoran el sabor.
- Jugar con el agua: algunos gatos disfrutan tocando el agua con la pata o bebiendo de un grifo que gotea suavemente, lo que puede animarles a ingerir más líquido.
Otra ayuda muy importante es ajustar su dieta. Incluir comida húmeda de calidad a diario aumenta mucho la cantidad de agua que ingiere sin que tenga que beberla toda del cuenco. También se puede añadir un poco de agua a la ración de pienso o mezclarla con caldo de pollo o pescado sin sal ni condimentos para darle algo de sabor (en pequeñas cantidades y siempre supervisando la reacción del gato).
Y si aún así no conseguimos que beba agua, o notamos que de repente bebe mucho más o mucho menos de lo habitual, tendremos que preocuparnos, pues podría tener la Enfermedad del Tracto Urinario Inferior Felina (FLUTD por sus siglas en inglés), la cual es muy frecuente en gatos que no beben suficiente agua o que tienen una dieta inadecuada.
FLUTD y otros problemas derivados de la falta de agua

Los problemas del tracto urinario y del riñón son de los más habituales en gatos que no beben suficiente. La FLUTD engloba varias enfermedades que afectan a la vejiga y a la uretra y que pueden poner en riesgo la vida del animal si no se tratan a tiempo. Los síntomas más frecuentes son los siguientes:
- Sangre en la orina o cambio de color en la arena.
- Lamerse en exceso la zona genital, mostrando incomodidad.
- Dificultad para orinar y dolor al hacerlo, maullando o quejándose.
- Intentos frecuentes y/o prolongados para orinar, con muy poca cantidad o sin conseguir nada.
- Orinar fuera de la bandeja, a veces buscando superficies frías o lisas.
Son varias las causas que la provocan, como la cistitis, la diabetes, el hipertiroidismo, la obstrucción uretral, la infección urinaria o los cálculos urinarios. También la deshidratación mantenida en el tiempo puede favorecer la aparición de insuficiencia renal crónica, una enfermedad muy común en gatos mayores.
Además de los problemas urinarios, un gato que no bebe suficiente puede presentar deshidratación (con piel poco elástica, mucosas secas, ojos hundidos, letargo o pérdida de apetito) y estreñimiento, ya que las heces se vuelven más secas y duras y cuesta más expulsarlas. Todos estos cuadros son dolorosos e incluso peligrosos, por lo que es conveniente consultar con un veterinario lo antes posible para que pueda diagnosticar a nuestro amigo y ponerle el tratamiento adecuado.
Sólo así podremos conseguir que recupere su salud. Al mismo tiempo, será fundamental mantener unas buenas rutinas de hidratación: agua siempre limpia y fresca, varios puntos de agua en casa, bebederos cómodos, dieta con una parte de alimento húmedo y, sobre todo, observación diaria de sus hábitos para detectar cualquier cambio cuanto antes.
Conociendo cómo son los gatos y adaptando el entorno a sus preferencias, es perfectamente posible lograr que beban la cantidad de agua que necesitan para mantenerse sanos durante muchos años.
