
A lo largo del año hay momentos y días en los que el gato puede pasarlo un poco mal. Ya sea porque están tirando cohetes o petardos, o porque a nosotros mismos se nos cae algo al suelo haciendo mucho ruido, el peludo puede sentirse muy asustado y necesitar ayuda para tranquilizarse.
Además de los ruidos, también pueden alterarlo cambios en la rutina, visitas, mudanzas, viajes, la llegada de otra mascota o incluso nuestro propio estrés. Todo eso, que a veces pasa desapercibido para las personas, puede provocar en el gato ansiedad, nerviosismo y comportamientos extraños que conviene comprender para poder ayudarle.
Pero no debemos hacerlo de cualquier manera, ya que si lo hacemos mal podríamos empeorar la situación. Es por eso por lo que es importante saber cómo calmar a un gato con respeto, paciencia y creando un entorno en el que se sienta realmente seguro.
¿Cómo se comporta un gato asustado o con miedo?

Un gato es un animal que tiene el sentido del oído mucho más desarrollado que el nuestro, hasta tal punto de que puede escuchar el sonido de un roedor a 7 metros de distancia. Esto significa que cualquier sonido fuerte, como los gritos, los fuegos artificiales o los truenos, pueden hacerle sentir muy tenso y asustado, incluso aunque a nosotros no nos parezca tan intenso.
Cuando eso ocurra, va a buscar un escondite seguro: debajo de los muebles o de nuestras piernas, tras los cojines, dentro del transportín, en el armario o en una habitación lo más alejada posible de donde se haya producido el ruido. A muchos gatos les tranquiliza especialmente estar en lugares altos o resguardados, desde donde puedan observar sin sentirse expuestos.
Además del escondite, se va a mostrar nervioso e inquieto, puede tener las orejas hacia atrás, los ojos muy abiertos con las pupilas dilatadas, el pelo erizado y la cola rígida o muy pegada al cuerpo. En situaciones de miedo intenso incluso puede llegar a temblar, jadear o maullar de forma insistente.
También pueden aparecer comportamientos agresivos por miedo, como bufidos, zarpazos, golpes con la pata o mordiscos si tratamos de acariciarlo o cogerlo cuando no quiere contacto. No es un gato “malo”, es un gato que se siente acorralado y que no sabe cómo escapar de lo que percibe como un peligro.
En otros casos el miedo y el estrés se expresan de forma más sutil: el gato se esconde más de lo normal, deja de jugar, come menos o demasiado rápido, hace sus necesidades fuera del arenero o se acicala en exceso hasta hacerse pequeñas calvas. Todas estas son señales de que no se siente tranquilo y necesita que revisemos qué está pasando a su alrededor.
Causas habituales de miedo y estrés en gatos

Para saber cómo calmar a un gato es fundamental entender primero qué puede estar provocando su nerviosismo. Algunas de las causas más frecuentes son:
- Ruidos intensos y repentinos: petardos, tormentas, obras, aspiradora o gritos. Su oído es muy sensible y no entiende el origen de esos sonidos.
- Cambios en la rutina: mudanzas, reformas, muebles nuevos, cambios de horarios, vacaciones o la llegada de visitas frecuentes.
- Nuevas personas o animales: bebés, pareja, compañeros de piso, otro gato o un perro pueden hacer que el gato sienta que su territorio ha cambiado.
- Falta de actividad y aburrimiento: pasar muchas horas solo, sin juego ni estimulación, puede generar frustración y comportamientos exagerados.
- Viajes y visitas al veterinario: el transportín, el coche, olores nuevos, el manejo y la manipulación pueden ser muy estresantes si el gato no está habituado.
- Nuestro propio estrés: los gatos perciben muy bien nuestro estado emocional; un ambiente tenso, con prisas y discusiones, aumenta su inseguridad.
- Problemas de salud: dolor, molestias digestivas, picores de piel o enfermedades hormonales pueden traducirse en nerviosismo o agresividad.
Cuantas más de estas situaciones se junten, mayor será la probabilidad de que el gato se muestre asustado, irritable o hiperactivo. Identificar qué está pasando es el primer paso para poder actuar de manera adecuada.
¿Qué hacer para calmarlo?

Para calmar a un gato que no está pasando por su mejor momento tenemos que hacer lo siguiente, combinando las pautas clásicas con otras técnicas que ayudan a reducir el estrés de manera natural:
- Tratar de mantener la calma: es lo más importante. Consciente o inconscientemente, nosotros le transmitimos nuestros sentimientos y emociones, de modo que para ayudarle debemos de estar tranquilos. Habla con voz suave y movimientos lentos, sin gritar ni perseguirlo por la casa.
- Seguir con la rutina: como si no pasara nada. No tenemos que darle importancia al ruido ni a la situación estresante, siempre que ya estemos seguros de que el gato está a salvo. Mantener horarios estables de comida, juego y descanso le da mucha seguridad.
- Poner música relajante: las melodías de piano, sonidos suaves o listas específicas para gatos le pueden ayudar a sobreponerse del susto. El volumen debe de estar bajo, creando un ruido de fondo agradable que enmascare los sonidos molestos del exterior.
- Ofrecerle su comida favorita: siempre viene bien tener su alimento favorito, ya sea para premiarlo de vez en cuando, o para ayudarle a superar una situación tensa. Muchos gatos se relajan cuando siguen el ciclo natural de juego, comida y descanso, así que podemos jugar un poco con él y después darle de comer.
- No sacarlo a la fuerza de su escondite: al hacerlo podríamos acabar con más de un arañazo y/o mordisco y, además, aumentaríamos su miedo. Es mejor dejarle un refugio tranquilo (caja, cama tipo cueva, transportín abierto) y permitir que salga cuando se sienta preparado.
Además de estas pautas básicas, es muy útil crear en casa un ambiente relajante: una habitación o rincón en el que tenga su cama, su arenero, agua fresca y algún rascador o juguete. Bajar un poco las luces, reducir los ruidos y limitar el paso de personas por esa zona ayudará a que se sienta protegido.
Los juguetes que imitan la caza, como cañas con plumas o pelotas, son una herramienta excelente para que el gato pueda liberar tensión de manera positiva. Varias sesiones cortas de juego repartidas a lo largo del día ayudan a que no acumule tanta energía y llegue a la noche más tranquilo.
En algunos casos pueden ser de gran ayuda las feromonas sintéticas felinas en difusor o spray, que imitan el olor de seguridad que los gatos dejan cuando se frotan con los muebles. No son un sedante, pero contribuyen a que el entorno le resulte más familiar y seguro, especialmente en épocas de ruidos fuertes, cambios en casa o convivencia con otros animales.
El contacto físico suave y respetuoso también puede ayudar mucho: masajes ligeros en la cabeza, detrás de las orejas o a lo largo del lomo, siempre que el gato lo acepte y no muestre señales de incomodidad. Si en algún momento tensa el cuerpo, mueve la cola bruscamente o se gira para morder, es mejor parar y darle espacio.
Cuándo pedir ayuda profesional para calmar a tu gato
En el caso de que nuestro gato lo pase realmente mal, por ejemplo con los fuegos artificiales o con cualquier otro estímulo, es decir, si cada vez que los hay se pone muy nervioso, temblando, jadeando, escondiéndose durante muchas horas y/o si pierde el apetito, lo más recomendable será consultar con un terapeuta felino o un veterinario con experiencia en comportamiento.
También conviene pedir ayuda cuando el gato muestra de forma repetida agresividad por miedo, cuando se hace daño a sí mismo al lamerse en exceso, si maúlla sin parar, si deja de usar el arenero o si observamos un cambio brusco en su carácter sin una causa evidente. En estos casos es importante descartar primero problemas físicos que puedan estar generando dolor o malestar.
Un profesional podrá valorar la situación, identificar los desencadenantes principales del estrés, proponer modificaciones en el entorno y en las rutinas y, si es necesario, recomendar feromonas, suplementos calmantes o medicación específica siempre bajo control veterinario.
No debemos sentirnos culpables por buscar apoyo: algunos gatos son especialmente sensibles y, con la combinación adecuada de entorno seguro, manejo respetuoso y pautas profesionales, pueden mejorar mucho su calidad de vida y recuperar su equilibrio emocional.
Conocer cómo se expresa el miedo en los gatos, cuáles son las situaciones que más les afectan y de qué manera podemos ofrecerles calma permite que nuestra convivencia sea más armoniosa. Con paciencia, cariño y pequeñas adaptaciones en casa es posible ayudar a que nuestro compañero felino vuelva a sentirse tranquilo y confiado.
Espero que estos consejos te hayan sido de utilidad.
