Cómo abrazar a un gato correctamente: señales, técnica y errores a evitar

  • Respeta siempre el lenguaje corporal del gato y deja que sea él quien inicie la mayoría de contactos.
  • Sostén al gato con suavidad, dando buen apoyo a patas delanteras y traseras, sin atraparlo con los brazos.
  • Caricias centradas en cabeza y mejillas suelen ser agradables; evita barriga, patas y cola durante el abrazo.
  • No fuerces nunca el contacto ni ignores señales de incomodidad si quieres mantener su confianza a largo plazo.

Gato siendo abrazado correctamente

Gato común con una mujer

Llegas a casa, y nada más abrir la puerta te encuentras a tu gato que ya te estaba esperando. ¿Qué haces? ¿Lo saludas y ya está; o lo coges y te lo comes a besos? Es probable que optes por la segunda opción, pero… ¿cómo sabes si realmente a él le apetece que le abraces?

Con el paso de los días, y sobre todo de las semanas, las personas vamos entendiendo los gestos de nuestro peludo, pero a veces podemos equivocarnos. Entonces, ¿cómo abrazar a un gato en el momento más adecuado?

Antes de lanzarte a abrazar a tu minino, es importante entender que los gatos no viven el contacto físico como los humanos. Para nosotros, un abrazo es una muestra de cercanía y amor; para ellos, puede ser algo agradable, algo tolerable o algo muy incómodo según su carácter, su historia y la forma en la que lo hagamos. Un gato sigue teniendo, en gran medida, el cerebro y los instintos de un felino salvaje, por lo que sentirse atrapado entre unos brazos puede activar su instinto de defensa.

Por eso, si quieres que tu gato se sienta a gusto contigo y que los abrazos se conviertan en algo positivo, necesitas aprender a leer su lenguaje corporal, respetar sus límites y ofrecerle siempre la opción de elegir si quiere o no ese contacto.

Observa su lenguaje corporal

Esto es lo más importante. Un gato que no quiere mimos no te los pedirá. Aunque sea obvio, a veces creemos (o queremos creer) que nuestro peludo quiere que le demos cariño a cada rato, y eso no tiene por qué ser verdad. Hasta el felino más sociable, amigable y afectuoso del mundo necesita estar un tiempo un poco «apartado» de la familia. Por ejemplo, cuando vemos que se echa una siesta al otro extremo del sofá, es porque le apetece estar ahí y no junto a nosotros. Ello no significa que no nos quiera, simplemente que en ese instante le apetece dormir allí.

Además, hay que tener en cuenta que no todos los gatos tienen el mismo grado de tolerancia al contacto físico. Algunos disfrutan mucho de las caricias y buscan constantemente el roce; otros las aceptan solo en momentos concretos; y algunos, por carácter o por experiencias pasadas, prefieren mantener más distancia. Ninguna de estas opciones significa que tu gato te quiera más o menos, simplemente expresa su forma particular de relacionarse.

Pero, ¿cómo saber cuándo sí quiere mimos? Para eso tendremos que fijarnos en varias cosas muy concretas de su postura y actitud. Es fundamental que el acercamiento lo marque él siempre que sea posible.

En general, un gato preparado para el contacto físico suele mostrar signos claros de relajación y confianza. Si ignoramos estas señales y lo cogemos porque sí, puede que aguante el abrazo por pura tolerancia, pero no lo disfrutará y, con el tiempo, puede asociar nuestros brazos con algo desagradable.

Cuando tu gato se acerque a ti, posa su cuerpo cerca o encima tuyo y muestre calma, tendrás más probabilidades de que acepte un abrazo suave o, al menos, una buena sesión de caricias.

Algunas señales que indican que el gato está receptivo al contacto son:

  • Su mirada será muy dulce, incluso puede abrir y cerrar los ojos lentamente como muestra de aprecio hacia nosotros. Este parpadeo lento es una señal de confianza muy clara.
  • Si está de pie, tendrá la cola levantada y, o no la moverá, o la moverá poco a poco; en el caso de estar sentado, no nos perderá de vista y mantendrá una expresión relajada.
  • Su pelo se mantendrá en posición normal; es decir, que no lo tendrá erizado ni mostrará la espalda arqueada.
  • Puede que se suba a nuestro regazo al menor gesto (voluntario o involuntario) que hagamos, o que se frote contra nuestras piernas, indicando que busca interacción.
  • Ronronea de forma suave, se «amasan» nuestras piernas con las patas delanteras o apoya la cabeza en nuestra mano o pecho, señales de bienestar emocional.

En cambio, conviene reconocer también las señales de incomodidad o tensión para no insistir cuando el abrazo no es buena idea. Algunos indicios de que tu gato no quiere contacto en ese momento son:

  • Cola que se mueve de forma brusca o da pequeños golpes contra el suelo, indicando irritación o nerviosismo.
  • Orejas giradas hacia los lados o hacia atrás, signos de que no se siente del todo seguro con lo que está pasando.
  • Se aparta de tu mano, gira la cabeza en dirección contraria o intenta saltar lejos, mostrando rechazo al acercamiento.
  • Se lame la nariz, se acicala de forma repentina y rápida o se tensa, pequeñas señales de estrés leve que conviene respetar.
  • Mordisquitos, zarpazos o bufidos si persistes, que ya son una expresión clara de que el gato se siente superado por la situación.

Respetar estas señales es fundamental para que tu gato confíe en ti. Si cada vez que se siente incómodo lo sueltas y le devuelves su espacio, aprenderá que tú no eres una amenaza y que el contacto contigo es algo que puede controlar.

Cógelo en brazos correctamente

Gato viejo con su humano

Ahora ya sabemos cuándo un gato quiere mimos, pero ¿cómo se sostiene en brazos? En muchos sitios podremos leer que hay que cogerlo del pellejo entre los hombros y su cabeza, del mismo modo que hacía su madre con él, pero yo no estoy muy a favor de eso, por la sencilla razón de que los humanos no somos gatos (o en este caso, gatas). Es verdad que con nuestras manos podemos ser muy delicados, pero también muy brutos aunque no sea esa nuestra intención. Además, no se debe coger a un gato adulto del pellejo, porque le haríamos daño y le generaríamos una gran inseguridad.

Los gatos, por su instinto de supervivencia, se sienten vulnerables cuando están inmovilizados. Un abrazo demasiado apretado, o que bloquee por completo sus movimientos, puede ser interpretado como una situación de peligro. Para que un gato se relaje en tus brazos, debe sentir que tiene vías de escape y que, si lo desea, puede marcharse en cualquier momento.

La mejor forma de abrazar a un gato es hacerlo sin rodearlo completamente con los brazos ni aprisionar su cuerpo. Debe percibir que está sujeto, pero no atrapado: tú lo sostienes, pero no lo inmovilizas. Así, su cuerpo puede mantenerse relativamente libre y su sensación de control aumenta.

También es importante tener en cuenta que no todos los gatos disfrutarán de ser alzados, aunque sí acepten caricias. Muchos prefieren apoyarse en tu regazo, tumbarse a tu lado o recostarse sobre tu pecho cuando tú estás estirado, en lugar de ser cogidos en el aire. Si ese es el caso de tu minino, respeta esa preferencia y ofrece el contacto de la forma que él elige.

Partiendo de esto, aconsejo coger en brazos, tanto a gatitos como a gatos adultos, de esta forma:

  1. Lo primero es levantarlo del suelo con suavidad. Para ello hay que poner las dos manos por debajo de sus patas delanteras, en sus axilas, sin clavar los dedos ni tirar de la piel.
  2. Después, se apoya en nuestro pecho, poniendo sus patas delanteras a la altura de nuestros hombros, para que se sienta estable y pueda apoyar parte de su peso en nuestro cuerpo.
  3. A continuación, bajamos una mano para sostener sus patas traseras y su cadera, mientras que con la otra lo mantenemos sujeto con suavidad en la parte delantera. Así evitamos que cuelgue incómodo y repartimos bien el peso.
  4. Finalmente, podemos ofrecerle unos cuantos besos suaves y caricias delicadas, siempre atentos a sus reacciones. Si se tensa, intenta soltarse o mueve la cola de manera brusca, es mejor bajarlo despacio y dejarlo ir.

Si quieres que tu gato acepte mejor este tipo de contacto, es recomendable que lo acostumbres desde pequeño de manera gradual, asociando siempre el hecho de cogerlo en brazos con experiencias positivas: voz suave, premios, caricias en sus zonas favoritas y sesiones cortas que terminan antes de que se agobie. No se trata de forzar, sino de que el gato aprenda que estar contigo en alto no supone una amenaza.

También conviene evitar cogerlo en brazos en momentos en los que está muy excitado o concentrado en otra actividad, como jugar intensamente, cazar un juguete o comer. En esas situaciones, su tolerancia al manejo es menor y es más probable que reaccione con mordiscos o arañazos, aunque normalmente no sean un ataque, sino una forma de escapar.

Zonas que les gusta y no les gusta que toques al abrazarlos

Cuando abrazas a tu gato, inevitablemente vas a tocar distintas partes de su cuerpo. Conocer qué zonas suelen disfrutar más y cuáles prefieren proteger te ayudará a que el momento sea más agradable para ambos.

Las áreas donde la mayoría de gatos sienten más placer al ser acariciados son:

  • Cabeza y mejillas: alrededor de las orejas, sobre la frente y a los lados del hocico, donde tienen muchas glándulas faciales que usan para marcar su entorno.
  • Debajo del mentón: muchos gatos inclinan la cabeza hacia tu mano y cierran los ojos cuando acaricias con suavidad esta zona.
  • Cuello y parte alta del pecho: siempre con movimientos suaves y respetando si aparta la cabeza o se retira.

En cambio, hay zonas donde es mejor tener más cuidado, especialmente mientras lo sostienes en brazos:

  • Barriga: aunque algunos gatos permiten que les acaricien la panza, la mayoría no lo soporta. Es una zona muy vulnerable, donde se encuentran sus órganos vitales, y su instinto los hace reaccionar con defensividad.
  • Patas y almohadillas: son extremadamente sensibles y muchos gatos no toleran que se las toquen, sobre todo si se sienten ya algo inseguros en el abrazo.
  • Cola: aunque algunos disfrutan que les acaricien la base de la cola, la mayor parte de la cola es mejor dejarla en paz, ya que es un área muy sensible que usan para comunicarse.

Mientras lo tienes en brazos, céntrate en acariciar sus zonas favoritas y evita invadir aquellas que normalmente protegen. Así, tu gato asociará ese contacto cercano con sensaciones mucho más agradables.

Errores frecuentes al abrazar a un gato

Aunque tengamos buena intención, es fácil cometer algunos errores que pueden hacer que el gato termine odiando los abrazos o, como mínimo, tratándolos con desconfianza. Evitar estos fallos marcará la diferencia en vuestra relación.

  • No observar su lenguaje corporal: insistir en abrazar cuando ves cola agitada, orejas hacia atrás, cuerpo rígido o intentos de huida rompe la confianza.
  • Interrumpir su descanso o su comida para cogerlo: si está dormido o comiendo, es mejor esperar a que él busque el contacto por iniciativa propia.
  • Apretarlo demasiado o inmovilizarlo por completo: rodear todo su cuerpo con fuerza provoca una sensación de estar atrapado que activa su instinto de defensa.
  • Acariciar en dirección contraria al pelo: a la mayoría de los gatos no les gusta que les pasen la mano en contra de la dirección natural de su pelaje, especialmente cuando ya están algo tensos.
  • Forzarlo a socializar: intentar que «aguante» los abrazos de visitas o niños cuando no quiere solo generará miedo y rechazo hacia las personas.

Recuerda que, en las relaciones con gatos, menos es más: es mejor quedarse corto y que el gato pida más, que pasarse y conseguir que empiece a evitarte cada vez que te ve acercarte con los brazos abiertos.

¿Te ha sido de utilidad?

Al final, aprender cómo y cuándo abrazar a un gato correctamente te permite disfrutar de momentos de auténtico cariño sin perjudicar su bienestar. Si observas sus señales, respetas su espacio y adaptas tus muestras de afecto a lo que él entiende como agradable, tu compañero felino te lo hará saber con ronroneos, miradas suaves y ganas de estar cerca de ti, incluso si los abrazos clásicos no son su forma favorita de cariño.


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