
El gato, por lo general, suele ser un animal tranquilo, pero cuando se separa antes de las doce semanas de edad, o si ha vivido en un mal ambiente donde recibió gritos y/o donde se le maltrataba, puede acabar siendo hiperactivo especialmente si no recibe la adecuada atención a nivel afectivo y emocional. Además, los cambios bruscos en la rutina, el aburrimiento o ciertas condiciones médicas pueden intensificar esa inquietud.
Así pues, si tu peludo no para quieto ni un momento, a continuación te explicamos cómo calmar a un gato hiperactivo con pautas prácticas avaladas por la experiencia y el sentido felino.
¿Qué es la hiperactividad en el gato?
Antes de actuar, conviene diferenciar lo normal de lo preocupante. Los gatos sanos alternan largas horas de descanso (a menudo entre 12 y 16 diarias) con picos de juego y exploración. Hablamos de hiperactividad cuando la actividad es excesiva y persistente, interfiere con el descanso, se acompaña de vocalizaciones frecuentes o de comportamientos impulsivos que no remiten con el juego habitual.

Señales de que tu gato está hiperactivo
- Carreras descontroladas y saltos constantes por la casa, a menudo al anochecer.
- Juego excesivamente intenso, con persecuciones a sombras o luces y dificultad para parar.
- Exploración compulsiva de cajones, armarios y zonas altas, intentando abrir puertas.
- Vocalización frecuente (maullidos) para llamar la atención o por frustración.
- Coste emocional: le cuesta relajarse, araña o muerde en exceso durante el juego y puede tirar objetos.
Causas habituales de la hiperactividad
- Edad y temperamento: gatitos y jóvenes son naturalmente más activos; algunas razas (p. ej., siameses, bengala) destacan por su energía.
- Aburrimiento y falta de estimulación: pocos juegos, ausencia de retos y escaso enriquecimiento ambiental.
- Estrés y ansiedad: mudanzas, nuevas mascotas, visitas, ruidos o falta de rutinas predecibles.
- Refuerzo involuntario: atender al gato cuando exige atención puede perpetuar la conducta.
- Falta de descanso por ambientes ruidosos o sin zonas seguras de refugio.
- Alimentación inadecuada con exceso de carbohidratos que favorece picos de energía.
- Motivos de salud: parásitos intestinales, hipertiroidismo, dolor crónico o problemas neurológicos.
- Ciclo reproductivo: el celo en hembras puede aumentar la inquietud y la vocalización.
Dale cariño
Es lo más importante. El gato necesita sentirse querido por su familia humana, todos los días. Es cierto que puede ser un poco independiente y tener un carácter solitario, pero cuando tiene un hogar en el que vivir, llega a cogerle mucho cariño y afecto a sus cuidadores, hasta el punto de que puede no querer separarse de ellos ni un momento.
Por este motivo, siempre que tengas oportunidad acaríciale, abrázale y dale masajes para que se sienta relajado y tranquilo. Hazlo con voz suave, evita los gritos y respeta sus tiempos: si se aparta, dale espacio y vuelve a intentar el contacto con un acercamiento progresivo.

Juega con él
Para calmar a un gato hiperactivo hay que jugar con él. Sesiones de 10 minutos unas tres-cuatro veces al día suelen ser suficientes para que el peludo duerma durante toda la noche. Prioriza juegos que imiten la caza (cañas, pelotas, ratones) y finaliza con una recompensa calmada para cerrar el ciclo de predación.
En las tiendas de animales encontrarás una gran variedad de juguetes para gatos con los cuales podréis pasároslo estupendamente. Alterna juguetes, incluye puzles o comederos interactivos y programa la última sesión al atardecer; ofrecer una pequeña ración de comida tras el juego ayuda a favorecer el descanso nocturno.
Habilítale un espacio
Los destrozos que puede causar en tu ausencia se pueden evitar si se le habilita un espacio exclusivamente para él, siempre que sea posible claro. En esta habitación tiene que tener una cama, comida, agua y algunos juguetes para que pueda entretenerse mientras espera a que regreses.
Completa ese entorno con rascadores verticales y horizontales, zonas altas para trepar, escondites y, si lo necesitas, feromonas felinas en difusor para reducir el estrés ambiental.
Desparasítalo
Las lombrices y parásitos intestinales pueden ser una causa de hiperactividad en los gatos, por lo que es conveniente llevarlo al veterinario para que le dé un medicamento -jarabe o pastilla antiparasitaria- que los elimine.
Si tu amigo tiene la barriga hinchada pero hace vida normal, o si nunca lo has desparasitado, es probable que tras el tratamiento se tranquilice. Pide al profesional una pauta preventiva y descarta otras causas como hipertiroidismo o dolor.
Otras claves prácticas
- Recompensa la calma con atención o premios cuando esté tranquilo; ignora las demandas insistentes.
- Rutina estable: horarios predecibles de comida, juego y descanso reducen la ansiedad.
- Música suave a volumen bajo por la noche puede acompañar y disminuir la inquietud.
- Acercamiento en miedo: usa comida o su juguete favorito, habla despacio y acaricia la cara con suavidad cuando se acerque.
¿Cuándo consultar a profesionales?
Si pese a los cambios persisten las conductas, consulta con tu veterinario para evaluar salud general y, si procede, con un etólogo o educador felino para diseñar un plan de modificación de conducta. En algunos casos, el uso de feromonas sintéticas o suplementos puede ser recomendable bajo supervisión.
Con cariño diario, juego estructurado, un entorno enriquecido y seguimiento veterinario cuando haga falta, la gran mayoría de gatos reducen su inquietud y disfrutan de una vida más equilibrada. Espero que estos consejos te sirvan para calmar a tu gato