Visión nocturna de los gatos: cómo ven en la oscuridad y por qué es tan especial

  • Los gatos tienen muchas más células bastón que conos y un tapetum lucidum que refleja más del 50 % de la luz disponible, lo que potencia al máximo su visión nocturna.
  • Su pupila vertical puede dilatarse y contraerse de manera extrema, permitiendo aprovechar cantidades mínimas de luz y adaptarse a una amplia gama de niveles de luminosidad.
  • Poseen un campo visual de unos 200 grados, gran sensibilidad al movimiento y una nitidez óptima entre 3 y 6 metros, lo que los hace excelentes cazadores crepusculares.
  • Su visión del color es dicromática y menos nítida con mucha luz, pero está perfectamente ajustada para detectar contrastes, sombras y movimientos sutiles en la penumbra.

Gato con buena visión nocturna

Los gatos son animales que tienen unos ojos únicos y muy especiales. Si bien de día ven todo borroso, como si alguien hubiera perdido las gafas, al anochecer saben perfectamente dónde están y cómo moverse sin tropezar ni perder de vista lo que ocurre a su alrededor. Pero, ¿por qué es así?, ¿qué tienen de distinto sus ojos respecto a los nuestros?

La respuesta está en su instinto cazador y en la forma en la que ha evolucionado su sistema visual. Las presas que en estado natural cazaría un felino son más vulnerables cuando el sol se pone o en las primeras horas del amanecer, de modo que la visión nocturna de los gatos es muy diferente a la del ser humano y está optimizada para aprovechar al máximo la poca luz disponible, detectar movimientos sutiles y vigilar un campo visual muy amplio.

Cómo se adapta el ojo del gato a la oscuridad

Ojo de gato y visión nocturna

En condiciones de poca luz el ojo humano necesita unos segundos para poder adaptarse y ver “algo”, pero cuando la oscuridad es total no somos capaces de ver absolutamente nada sin la ayuda de unas gafas de visión nocturna o de una cámara de infrarrojos. A diferencia del gato, nosotros somos animales diurnos, por lo que nuestra visión nocturna no ha cambiado mucho desde que comenzamos nuestra evolución y dependemos más de la luz solar y del color.

Si miramos a un gato, enseguida nos daremos cuenta de que sus ojos son distintos a los nuestros. Las pupilas felinas tienen forma elíptica y están orientadas de manera vertical, lo cual les permite cerrarse en una finísima línea con mucha luz y abrirse enormemente cuando hay penumbra. De este modo pueden regular de forma muy precisa cuánta luz entra en el ojo y, cuando lo necesitan, abrir más sus pupilas para captar una mayor cantidad de luz que los humanos.

Esta capacidad de dilatación es impresionante: las pupilas de un gato pueden cambiar de tamaño entre unas 135 y más de 200 veces, mientras que las nuestras solo lo hacen unas 15 veces. Gracias a ello, el felino es capaz de adaptar sus ojos a una gama muy amplia de niveles de luz, desde interiores poco iluminados hasta atardeceres muy oscuros, lo que refuerza al máximo su visión nocturna y crepuscular.

La forma vertical de la pupila también les ayuda a mejorar el enfoque a diferentes distancias y a controlar cómo entra la luz por diferentes zonas del ojo. Por eso, durante el día podemos ver a nuestro gato con una pupila casi en forma de línea recta y, por la noche o cuando juega y se excita, con unos ojos muy abiertos y completamente negros.

Tapetum lucidum: el “espejo” interno que multiplica la luz

Gato viendo en la oscuridad

Sus ojos contienen una membrana que se llama tapetum lucidum. Se trata de un tejido que se encuentra en la parte posterior de los globos oculares, justo detrás de la retina, y que se encarga de reflejar los rayos de luz para que puedan atravesar de nuevo la capa de fotorreceptores. Esta especie de “espejo” interno devuelve hacia la retina más del 50 % de la luz que habría pasado de largo, permitiendo reutilizarla y aumentando todavía más la sensibilidad en entornos oscuros.

El tapetum lucidum es también la razón por la que los ojos de los gatos parecen brillar cuando les haces una foto con flash o cuando los iluminas con una linterna en plena noche. Lo que vemos no es un brillo mágico, sino la luz que ha entrado en el ojo, ha rebotado en esa capa reflectante y ha vuelto a salir. Para la caza, este mecanismo es una ventaja enorme, ya que con muy poca iluminación el gato puede distinguir formas, obstáculos y posibles presas.

Conviene aclarar que, a pesar de todas estas adaptaciones, los gatos no pueden ver en oscuridad absoluta. Siempre necesitan una mínima cantidad de luz ambiental (luz de la luna, de la calle, de aparatos electrónicos, etc.) para que sus bastones y el tapetum lucidum puedan trabajar. Lo que ocurre es que, con cantidades de luz en las que nosotros no veríamos absolutamente nada, ellos todavía pueden orientarse y percibir movimiento.

Fotorreceptores felinos: bastones para la noche y conos para el color

Detalle de la retina del gato

Dicha retina, al estar compuesta por más bastones (absorben la luz) que conos (absorben los colores), está diseñada para ver en condiciones de oscuridad. En el caso del gato, la proporción de bastones es muy superior a la del ojo humano, lo que significa que su sensibilidad a la luz tenue y al movimiento es extraordinaria, pero su percepción del color y la nitidez en alta luminosidad son más limitadas.

Los bastones son las células encargadas de la visión nocturna, la visión periférica y la detección de movimiento. En los gatos, además, muchos de estos bastones se conectan entre sí formando pequeños nodos antes de llegar al nervio óptico. Esa organización hace que su sistema visual sea especialmente eficaz detectando cambios rápidos y sombras que se mueven, incluso cuando el nivel de luz es muy bajo.

En cuanto a los conos, los gatos tienen menos y además disponen de un pigmento menos que nosotros, por lo que su visión es dicromática. Esto explica por qué estos felinos no distinguen bien otros colores que no sean los tonos azules o violetas y parte de los verdes. Los rojos, naranjas y algunos amarillos se les presentan como colores apagados o tonos grisáceos, algo parecido a lo que percibe una persona con daltonismo a los tonos rojos.

La consecuencia práctica es que su mundo visual es algo menos rico en color y en detalle fino, pero mucho más eficaz para lo que un depredador necesita: detectar un pequeño movimiento entre la hierba, seguir con la vista una presa que corre muy rápido o vigilar su territorio sin necesidad de iluminarlo.

Campo visual, nitidez y capacidad para detectar movimiento

Hábitos nocturnos de los gatos

Gracias a todas estas cualidades, los ojos de los gatos son capaces de ver hasta 8 veces mejor que los humanos cuando empieza a anochecer. Además, su campo de visión es de unos 200 grados frente a los 180 grados aproximadamente de una persona, lo que les ofrece una visión periférica ligeramente más amplia. Esto les permite controlar mejor lo que ocurre a su alrededor sin necesidad de girar tanto la cabeza.

Pese a que la visión nocturna de los gatos es claramente superior a la nuestra, también son animales ligeramente miopes. No pueden enfocar con tanta precisión objetos muy lejanos y tienen una zona de máxima nitidez entre los 3 y los 6 metros. Por debajo de los 3 metros pueden experimentar cierta hipermetropía (cuesta enfocar de muy cerca) y por encima de los 6 metros la imagen comienza a ser más borrosa.

En situaciones con mucha luz, sus bastones se saturan y les cuesta discriminar exactamente qué células están siendo estimuladas. Como resultado, la nitidez de la visión felina durante el día es menor, y las imágenes pueden verse algo borrosas para ellos. Es uno de los motivos por los que un gato puede confiar más en su oído, olfato y bigotes para explorar, incluso cuando parece que hay suficiente luz.

Donde realmente destacan es en la detección de movimientos sutiles y rápidos. Su retina, dominada por bastones, está muy especializada en captar cambios de luz, sombras que se desplazan y pequeños temblores de hojas o pelaje. Son capaces de percibir el movimiento casi “a cámara lenta” cuando algo se mueve muy deprisa, mientras que, por el contrario, los movimientos extremadamente lentos pueden pasar más desapercibidos para ellos y parecer casi estáticos.

Además, los gatos cuentan con un tercer párpado interno que ayuda a mantener lubricados los ojos y protegida la superficie ocular. Al hidratar mejor el globo ocular, necesitan parpadear menos veces, algo que contribuye a que puedan mantener la mirada fija y concentrada durante más tiempo cuando observan una posible presa o vigilan su entorno en plena oscuridad.

Todo este conjunto de adaptaciones convierte a los gatos en auténticos especialistas de la penumbra: su visión no busca tanto el color o el detalle exacto como la utilidad, la supervivencia y el sigilo, permitiéndoles moverse por la noche con una seguridad que para nosotros parece casi mágica. Interesante, ¿no crees?