Cuando llevamos a un gato a casa tenemos que cuidarlo lo mejor que sepamos, no solo dándole agua, comida y un buen lugar donde vivir, sino también llevándolo al veterinario cada vez que lo necesite. Y es que este animal, al igual que nosotros mismos, puede enfermar en cualquier momento si no recibe una buena prevención veterinaria.
Para retrasar lo máximo posible la aparición de problemas, una de las cosas que hay que hacer es llevarlo a vacunar, siendo una de las más importantes la vacuna tetravalente para gatos. Esta vacuna forma parte de las llamadas vacunas esenciales o muy recomendadas dentro de la medicina felina y se integra en el calendario vacunal de la mayoría de clínicas. ¿Por qué es así y qué papel tiene en la salud de tu felino?

¿Qué es?
La vacuna tetravalente es la primera -o a veces la segunda- que se le pone al gato con 8-12 semanas de edad y es, por tanto, la más importante de su calendario vacunal básico cuando el veterinario la incluye en la pauta. Desde que nace hasta, más o menos, el mes y medio, el calostro -la primera leche que bebe de su madre- lo ha mantenido protegido gracias a los anticuerpos maternos, pero a partir de las siete u ocho semanas la situación cambia y esas defensas empiezan a disminuir.
Su sistema inmunológico es muy vulnerable a ataques de microorganismos que causan enfermedades, por eso hay que reforzarlo con una vacuna, que es la tetravalente. Esta vacuna se considera una vacuna polivalente, porque en una sola inyección se incluyen antígenos frente a varios virus (y, en algunos protocolos, también frente a ciertas bacterias), reduciendo el número de pinchazos y ofreciendo una protección más amplia.
En muchos calendarios se administra primero una vacuna trivalente (panleucopenia, rinotraqueitis, calicivirus) y, a continuación, una dosis de tetravalente que añade una protección extra, normalmente frente a leucemia felina o frente a clamidiosis, según la combinación que use la clínica. El veterinario decidirá si tu gato necesita trivalente, tetravalente u otras combinaciones en función de su estilo de vida, si vive con otros gatos y del riesgo de exposición a enfermedades.
Antes de vacunar, es fundamental que el gatito esté correctamente desparasitado por dentro y por fuera, ya que una carga alta de parásitos puede debilitar su sistema inmune y hacer que la vacuna no sea tan eficaz. Además, siempre se realiza una revisión general para comprobar que el animal está sano, sin fiebre ni signos de enfermedad activa.

¿De qué protege?
Esta es una vacuna que ofrece inmunidad contra las siguientes enfermedades: panleucopenia felina, rinotraqueitis, calicivirosis y leucemia felina (en la mayoría de combinaciones comerciales) o, en algunos preparados, contra clamidiosis felina. Se trata de enfermedades muy contagiosas y potencialmente mortales, especialmente en gatitos y en gatos no vacunados.
- Panleucopenia felina: es un parvovirus muy contagioso que provoca una bajada drástica de defensas, fiebre, vómitos, diarrea intensa y deshidratación. Los gatitos sin vacunar son extremadamente vulnerables y la enfermedad puede ser mortal en poco tiempo.
- Rinotraqueitis felina (herpesvirus felino): afecta principalmente al aparato respiratorio superior. Produce estornudos, secreción nasal y ocular, fiebre y apatía. Muchos gatos pueden quedar como portadores crónicos y presentar brotes en momentos de estrés.
- Calicivirus felino: también afecta al sistema respiratorio y suele causar úlceras en la boca, dolor, salivación y dificultad para comer, además de síntomas similares a un catarro. Es muy contagioso entre gatos que conviven juntos.
- Leucemia felina (FeLV): es un retrovirus que se transmite por saliva, lágrimas, orina o de madre a hijos. Debilita el sistema inmunitario, favorece la aparición de tumores y enfermedades crónicas y no tiene tratamiento curativo. La vacunación se recomienda especialmente en gatos que salen al exterior o conviven con otros felinos.
De todas maneras, no bastará con una dosis, sino que hay que darle otra de refuerzo a las cuatro semanas siguientes y además ponerle una al año junto con la de la rabia, según el criterio del veterinario y el riesgo al que esté expuesto el animal. En algunos casos, y siempre bajo supervisión profesional, se puede espaciar la revacunación cada más tiempo si se realizan tests serológicos (como Vaccicheck) para comprobar si el gato mantiene defensas suficientes y así evitar sobrevacunar.
Cuando se adopta un gato y no se conoce su historial de vacunación, lo habitual es que el veterinario recomiende reiniciar el protocolo: desparasitación, revisión, test de leucemia e inmunodeficiencia (especialmente antes de vacunar de FeLV) y dos dosis de vacuna polivalente separadas por 3-4 semanas. Esto permite poner al día a gatos jóvenes y adultos de forma segura.

¿Es obligatoria?
Obligatoria como lo es la de la rabia no es, pero sí que es muy aconsejable, sobre todo si es un gatito que va a tener acceso al exterior o si el día de mañana queremos traer a un segundo gato ya que en cualquiera de estos dos casos podría correr el riesgo de contraer alguna de las enfermedades mencionadas anteriormente, las cuales son muy contagiosas y potencialmente mortales si no recibe el tratamiento a tiempo.
A nivel legal, en muchos lugares solo se exige como obligatoria la vacuna de la rabia (y en algunas regiones ni siquiera para todos los gatos), pero las asociaciones veterinarias internacionales consideran esenciales las vacunas que protegen frente a panleucopenia, rinotraqueitis y calicivirus, y muy recomendables las que protegen frente a leucemia felina en gatos con riesgo. La tetravalente se utiliza precisamente para cumplir con estas recomendaciones de forma cómoda.
Incluso en gatos que viven siempre dentro de casa, la vacunación se considera una medida de prevención responsable, porque los virus pueden llegar a través de zapatos, ropa, visitas que tengan otros gatos o en una eventual estancia en residencias, refugios o clínicas. También es importante si en algún momento hay que viajar con el gato o si existe la posibilidad de que se escape.

Antes de vacunar, conviene tener a mano la cartilla o pasaporte veterinario, donde se registran las fechas de cada dosis, el tipo de vacuna y el número de lote. Si se pierde la cartilla, el veterinario puede emitir una nueva a partir del historial de la clínica. Tras la vacunación, el gato puede notar un ligero malestar durante unas horas: algo de apatía, sensibilidad en la zona del pinchazo o una leve disminución del apetito, pero lo normal es que estos efectos desaparezcan pronto.
Si después de la vacuna observas signos como vómitos repetidos, dificultad para respirar, hinchazón marcada o un bulto que no desaparece con el tiempo en la zona de inyección, es importante consultar de inmediato con el veterinario. Las reacciones graves son poco frecuentes, pero conviene vigilarlas para actuar rápido en caso necesario.

¿Te ha sido de utilidad? La vacuna tetravalente, combinada con una buena desparasitación, una alimentación adecuada y revisiones periódicas, se convierte en una herramienta clave para que tu gato disfrute de una vida larga y sana, tanto si es un aventurero de exterior como si es un felino casero que apenas sale de tu salón.