Adoptar un segundo gato o elegir un gatito para adoptar según su sexo es una decisión que parece sencilla, pero que en realidad tiene mucha más miga de lo que parece. No se trata solo de si es macho o hembra, sino de cómo va a encajar con el felino que ya vive contigo, con tu casa, tu tiempo y tu manera de convivir con los animales.
Además, en muchas ocasiones la duda empieza todavía antes: ¿cómo saber si ese gatito bebé es macho o hembra? Identificar el sexo de un gatito muy pequeño puede ser complicado incluso para profesionales. Por eso, en este artículo vas a encontrar, reunida y explicada con calma, toda la información clave sobre convivencia entre gatos según su sexo, cómo elegir compañero para tu minino y cómo diferenciar machos y hembras desde que son cachorros hasta la edad adulta.
¿Importa el sexo del gatito al adoptar un compañero para tu gato?
Cuando ya tienes un gato en casa y te planteas adoptar otro, es normal preguntarse si es mejor combinar macho con macho, hembra con hembra o macho con hembra. La respuesta corta es que casi cualquier combinación puede funcionar, pero hay matices importantes que conviene tener claros.
En los gatos, la relación social no es tan estructurada como en los perros: no hay jerarquías de manada tan claras, ni roles tan definidos. Eso hace que, de entrada, la compatibilidad no dependa tanto del sexo como de la personalidad de los gatos, la edad, la socialización previa y si están o no castrados. Aun así, el sexo influye, sobre todo cuando son adultos y, muy especialmente, si alguno no está esterilizado.
Una recomendación bastante extendida entre veterinarios y etólogos es que, si tienes un gato macho adulto castrado, suele funcionar bien adoptar otro macho joven también castrado o a punto de esterilizar. De este modo, cuando ambos sean adultos, su peso y tamaño serán similares, lo que reduce el riesgo de que uno intimide físicamente al otro en los juegos o pequeñas disputas.
Si en casa ya vive una gata adulta, la opción más sencilla a menudo es adoptar otra hembra, siempre que ambas estén esterilizadas. Sin embargo, en hembras con carácter difícil o poca sociabilidad con otros gatos, esta regla puede tener excepciones: a veces una combinación con un macho muy tranquilo y bien socializado funciona mejor que dos hembras territoriales chocando.
En cualquier caso, cuando hablamos de adoptar cachorros para convivir con un adulto, es importante recordar que el peque siempre va a tener más energía. Por eso, si tu gato adulto es muy mayor o muy calmado, quizás no sea buena idea meter en casa un torbellino de pocas semanas que quiera jugar las 24 horas del día.
Machos, hembras y castración: cómo cambia la convivencia
El factor que más peso tiene en la convivencia entre dos gatos no es tanto el sexo, sino si están esterilizados o no. La castración reduce esa montaña rusa de hormonas que dispara los comportamientos territoriales, las escapadas y muchas peleas entre felinos.
Los machos sin castrar tienden a ser más territoriales y a marcar con orina, sobre todo si perciben la presencia de otros machos o hembras en el ciclo reproductivo de los gatos alrededor. Ante la llegada de un nuevo gato, un macho entero puede reaccionar con bastante agresividad, bufidos, persecuciones y conflictos frecuentes, ya que siente una competencia directa.
Las hembras sin esterilizar pueden parecer más afectuosas y vocales cuando entran en celo, pero también pueden mostrarse irritables y nerviosas, especialmente si detectan machos o si sus necesidades reproductivas no se satisfacen. Además, dos hembras enteras pueden bajar bastante el nivel de tolerancia entre ellas con el tiempo.
Por experiencia clínica y de protectoras, las hembras esterilizadas suelen ser más complicadas de cara a introducir un gato adulto nuevo que los machos castrados. Algunas mantienen un fuerte sentido del territorio y puede que no vean con buenos ojos a una intrusa. Sin embargo, esto no es una ley absoluta: hay gatas sociables que disfrutan muchísimo con la compañía de otro felino.
La castración tanto de machos como de hembras evita camadas no deseadas, disminuye el marcaje con orina, reduce las peleas y hace que la mayoría de gatos sean mucho más tolerantes con otros de su especie. Por eso se recomienda que, antes de juntar dos gatos o poco después de adoptar al nuevo, ambos estén esterilizados o tengan programada la cirugía.
Edad ideal del segundo gato: ¿gatito, joven o adulto?
Además del sexo, la edad es clave para que la convivencia funcione. En general, se recomienda que la diferencia de edad entre los dos gatos sea lo más pequeña posible, especialmente si buscas que jueguen y se hagan compañía de verdad.
Los gatitos y jóvenes (hasta alrededor de 1-2 años) suelen ser muy juguetones, curiosos y flexibles. Están en una etapa en la que aceptan mejor a otros animales, se adaptan más rápido a cambios de entorno y se socializan con facilidad, siempre que el proceso de presentación se haga con calma.
Si ya tienes un gato joven muy activo, lo más habitual es que se lleve mejor con otro joven o con un cachorro de edad similar, porque sus necesidades de juego, exploración y energía serán parecidas. Así evitas que uno quiera pasar el día correteando y el otro solo quiera dormir la siesta al sol.
Los gatos adultos y mayores suelen preferir ritmos más tranquilos. Duermen muchas horas, tienen rutinas claras y les cuesta más aceptar cambios. Si a uno de estos veteranos le metes en casa un bebé hiperactivo que no para de acosarlo para jugar, es probable que el adulto no lo reciba con demasiado entusiasmo y que haya más bufidos que lametones.
Se pueden juntar dos gatos adultos, incluso de cierta edad, pero necesitas asumir que el periodo de adaptación será más largo y requerirá más paciencia. En estos casos, la compatibilidad de carácter y la socialización previa con otros gatos pesan muchísimo.
También hay situaciones especiales, como los gatos criados a biberón o separados de su madre antes de las 5 semanas sin apenas contacto con otros gatos. Estos mininos pueden tener carencias de socialización felina, dificultades para interpretar señales corporales de otros gatos y, a veces, conductas algo desajustadas. No siempre son malos compañeros, pero conviene tenerlo en cuenta y dejarse asesorar por un profesional cuando se introduce otro gato en la casa.
Carácter, espacio y recursos: más importantes que el sexo
Uno de los errores más habituales es centrarse solo en si el nuevo gatito es macho o hembra y olvidar otros factores fundamentales como el tamaño de la casa, los recursos disponibles y el temperamento de cada gato. Todo eso influye muchísimo en la convivencia.
En cuanto al espacio, una buena regla orientativa es que haya al menos una habitación por gato. No se trata tanto de los metros cuadrados totales como de las zonas separadas donde puedan aislarse cuando no quieran verse. Incluso los mejores amigos gatunos necesitan, de vez en cuando, dejar de mirarse el uno al otro.
Además del espacio, cada gato necesita sus propios recursos básicos: bandejas de arena suficientes (lo ideal es una por gato más una extra), comederos separados, varios puntos de agua, rascadores y lugares elevados para observar sin sentirse invadidos. Cuando los gatos se ven obligados a compartir a la fuerza estos recursos, los conflictos están casi garantizados.
También debes preguntarte si vas a tener tiempo y energía para dedicarles atención a los dos. Aunque se hagan muy amigos, seguirán necesitando juego, mimos y presencia humana. Dos gatos no significan la mitad de trabajo para ti; a menudo es justo lo contrario, al menos durante las primeras semanas de adaptación.
En lo que respecta al carácter, lo ideal es que el nuevo gato tenga un temperamento similar al que ya vive contigo. Si tu gato es muy tímido y se asusta de todo, meterle en casa un dominante que le avasalle puede generarle muchísimo estrés. Del mismo modo, un torbellino hiperactivo se frustrará si su compañero es extremadamente tranquilo y no quiere interactuar.
Antes de adoptar, haz una pequeña “ficha de personalidad” de tu gato: si es juguetón o pasota, si es curioso o miedoso, si busca mucho contacto físico o es más independiente. Luego intenta que la protectora o el refugio te recomienden un gato que encaje en ese perfil. Muchas veces ellos ya conocen el carácter de cada animal y pueden ayudarte a encontrar un buen compañero.
Cómo saber si un gatito es macho o hembra
Cuando los gatitos son muy pequeños, la diferencia entre machos y hembras es tan mínima que incluso profesionales experimentados pueden equivocarse al sexar. Por eso es importante saber qué buscar y, sobre todo, a partir de qué edad tiene sentido intentarlo en serio.
La forma más fiable de determinar el sexo de un gatito es mediante la observación visual de la zona genital. Para hacerlo, coloca al peque de forma suave y segura, de preferencia con el cuerpo en posición natural o ligeramente inclinado, evitando ponerlo boca arriba porque muchos se sienten muy inseguros así.
Con buena luz, separa con cuidado el pelito de la base de la cola para ver la zona debajo del ano. En los machos, la distancia entre el ano y la abertura genital es mayor, y en medio suele apreciarse una pequeña protuberancia redondeada: es la base del pene y el espacio donde se desarrollarán los testículos. En gatitos de unas 6-8 semanas ya se suele distinguir con cierta claridad.
En las hembras, el espacio entre el ano y la vulva es mucho más corto. La abertura genital tiene una forma más alargada y vertical, parecida a una pequeña rendija, y no hay abultamiento entre ambas estructuras. Esta diferencia en la distancia y en la forma es el dato principal para identificar el sexo.
En gatitos recién nacidos o de muy pocos días, los genitales son diminutos y poco desarrollados, de modo que la distinción es casi imposible a simple vista. Muchos expertos recomiendan esperar al menos hasta las 6 semanas para hacer una identificación razonablemente segura, y si puedes aguantar hasta las 8 semanas, mejor todavía.
Cómo examinar al gatito sin dañarlo ni estresarlo
El examen genital para sexar a un gatito debe hacerse siempre con muchísima suavidad y respeto. Aunque dure solo unos segundos, si lo manipulas de mala manera puedes causarle dolor, miedo o incluso lesiones.
Lo ideal es colocarlo en una superficie mullida y estable, como una manta o una camita, en un lugar tranquilo de la casa. Evita ruidos fuertes, prisas y movimientos bruscos. Sujétalo con una mano de manera firme pero delicada, sin apretar el abdomen ni la espalda.
Asegúrate de tener buena iluminación, ya sea luz natural o una lámpara suave que te permita ver bien sin acercar demasiado la cara al gatito. Levanta la cola con cuidado, lo justo para ver la zona del ano y los genitales, y observa la distancia entre ambos y la forma de la abertura genital.
Si el gatito se revuelve mucho, maúlla de forma insistente o notas que se tensa demasiado, lo mejor es detener el examen y dejarlo tranquilo. No merece la pena forzar la situación: puedes volver a intentarlo unos días o semanas después, cuando sea un poco mayor y esté más seguro en tu compañía.
Manipularlo con brusquedad, estirarle la cola demasiado o mantenerlo boca arriba cuando se resiste son errores muy habituales que solo consiguen que el animal asocie el contacto humano con algo desagradable. Además, en gatitos muy pequeños, apretar donde no toca puede resultar doloroso.
Errores frecuentes al sexar gatitos bebés
Uno de los fallos más comunes es intentar determinar el sexo en gatitos excesivamente jóvenes, de pocos días o un par de semanas, cuando los genitales aún no permiten una diferenciación clara. En esa fase, incluso muchos veterinarios prefieren no asegurarlo al 100 %.
Otro error muy habitual es confundir la distancia ano-genital o la forma de la vulva con la del pene en edades tempranas. Si no tienes experiencia, puede parecerte que lo que ves es un macho cuando en realidad es una hembra, o al revés, sobre todo en razas con mucho pelo o en mininos con poca pigmentación.
También hay quien se basa únicamente en rasgos físicos secundarios que todavía no han aparecido, como el tamaño de la cabeza, la robustez del cuerpo o la presencia de testículos evidentes. En cachorros muy pequeños esos rasgos aún no son fiables y pueden llevar a confusión.
Incluso si ya tienes cierta práctica, conviene recordar que, en muchos casos, la confirmación definitiva llega cuando el gatito alcanza unas semanas más de vida o cuando el veterinario lo revisa durante las primeras vacunas. La paciencia aquí es tu mejor aliada.
Resumiendo esta parte concreta: manipulación brusca, intentar sexar demasiado pronto y obsesionarse con detalles que todavía no son visibles son las causas principales de errores a la hora de determinar si un gatito es macho o hembra.
Diferencias entre machos y hembras en la edad adulta
A medida que los gatos crecen, las diferencias físicas y de comportamiento entre machos y hembras se vuelven mucho más evidentes, sobre todo si no están esterilizados. Estos rasgos pueden darte pistas adicionales cuando el animal ya no es un bebé.
Físicamente, los machos suelen tener un cuerpo más robusto, con una estructura ósea algo más ancha y musculatura más marcada. Muchos machos adultos no castrados desarrollan cabeza más grande y ancha, mejillas muy prominentes y, en algunos casos, una especie de “collarín” o abultamiento en la zona del cuello que les da un aspecto más contundente.
Las hembras tienden a ser algo más pequeñas y esbeltas, con rasgos faciales más finos y una constitución más ligera. En ellas no aparecen testículos, por lo que en gatos adultos el sexo suele ser fácil de distinguir simplemente echando un vistazo a la parte posterior.
Eso sí, hay que tener presente que no todos los gatos se ajustan al estándar. Un macho puede ser pequeño por una mala nutrición de cachorro o por genética, y una hembra puede ser bastante grande si sus padres lo eran. Por tanto, el tamaño y la forma del cuerpo ayudan, pero no son una regla infalible.
En comportamiento, los machos no castrados suelen ser más territoriales, con tendencia a marcar con orina fuerte y a vocalizar más, especialmente cuando detectan hembras en celo o la presencia de otros machos. También pueden mostrar más agresividad o dominancia en ciertas situaciones.
Las hembras en celo incrementan mucho la vocalización, se frotan contra muebles, personas y otros animales, adoptan posturas típicas de receptividad y se muestran muy insistentes en buscar atención. Algunas parecen más cariñosas, pero a la vez están sometidas a un fuerte estrés hormonal mientras dura el ciclo. Si quieres profundizar en si las gatas son más cariñosas, en ese artículo encontrarás más datos.
Este tipo de comportamientos, tanto en machos como en hembras, se reducen de forma muy notable tras la esterilización, lo que facilita la convivencia entre gatos del mismo sexo y de sexos diferentes en un mismo hogar.
El color del pelaje como pista del sexo
En algunos casos concretos, el color del pelo puede darte una pista bastante fiable sobre el sexo del gato, aunque nunca debería ser el único criterio. Los patrones carey y calicó (mezcla de tres colores, normalmente blanco, negro y naranja o variaciones) aparecen casi exclusivamente en hembras.
Esto se debe a la forma en la que se hereda la información del color del pelaje, que está ligada al cromosoma X. Para que se combinen determinados tonos, generalmente se necesitan dos cromosomas X funcionales, algo típico de las hembras. En machos, que suelen tener un solo X y un Y, este patrón es muy raro.
Aun así, existen excepciones, como algunos machos con un cariotipo XXY (síndrome similar al Klinefelter en humanos) que pueden mostrar pelaje tipo calicó o carey. Estos gatos suelen ser estériles y son muy poco frecuentes, pero demuestran que mirar solo el color del pelaje no basta para determinar el sexo con seguridad.
En resumen, si ves un gato con patrón carey o calicó, lo más probable es que estés ante una hembra, pero no conviene fiarse solo de esa pista. Siempre es mejor comprobar los genitales cuando el animal esté tranquilo y tenga la edad adecuada.
Para quien cuida colonias de gatos ferales, donde muchos animales no se dejan tocar, aprender a estimar el sexo observando pelaje, tamaño, forma de la cabeza y comportamiento puede ayudar, pero incluso en esos casos la certeza absoluta es complicada sin una revisión más cercana.
Después de todo lo visto, elegir el sexo de un gatito para adoptar pasa por conjugar varios factores: la personalidad y edad de tu gato actual, el espacio y recursos de tu hogar, si todos los animales van a estar castrados y tu capacidad para gestionar una adaptación gradual con paciencia. No hay una combinación mágica que garantice el éxito, pero cuando edad, carácter y entorno encajan razonablemente bien, las probabilidades de que acaben compartiendo juegos, siestas y lametones aumentan muchísimo.
- La convivencia entre dos gatos depende más de la edad, el carácter y la castración que del sexo concreto de cada uno.
- Para sexar gatitos, la distancia entre ano y genitales y la forma de la abertura son las claves, pero conviene esperar al menos hasta las 6-8 semanas.
- La esterilización reduce marcaje, agresividad y conflictos territoriales, facilitando que machos y hembras convivan en armonía.
- El color carey o calicó sugiere que es hembra, aunque siempre debe confirmarse con un examen de los genitales.