Las garrapatas son unos de los parásitos que menos queremos ver en el hogar, y mucho menos en nuestros queridos gatos. Enseguida que llega el buen tiempo se multiplican con una asombrosa rapidez mientras se alimentan de la sangre de los animales. Además, aunque no salgan nunca de casa los humanos podemos traer algunas enganchadas en la ropa, por lo que es importante revisarse antes de entrar en la vivienda, por si acaso.
Aun así, hay que saber que nunca se puede estar prevenido al 100% únicamente con revisar la ropa o el entorno. Siempre es mejor ponerles antiparasitarios a los peludos para tenerlos protegidos de forma continua. En el caso de que se le haya enganchado alguna, tenemos que saber cómo quitar garrapatas a un gato correctamente y qué hacer después para reducir el riesgo de infecciones o enfermedades.
¿Qué es una garrapata y por qué se engancha a los gatos?

La garrapata es un ectoparásito perteneciente a la familia de los arácnidos que se alimenta exclusivamente de sangre. Cuando es pequeña suele ser de color marrón oscuro o negro y mide unos pocos milímetros, pero a medida que chupa sangre aumenta mucho de tamaño, pudiendo llegar a parecer un pequeño grano o una semilla abultada. Cuando ha ingerido una gran cantidad de sangre, se ve más redondeada y puede adquirir un tono grisáceo o blanquecino.
Cuando se adhiere a la piel del animal, lo primero que hace es buscar un sitio por donde pueda alimentarse durante el mayor tiempo posible; es decir, que se esconderá en aquellas zonas donde el gato tenga difícil acceso, como detrás de las orejas, entre los dedos de los pies, en las axilas, el cuello, la cara interna de los muslos o el vientre. Prefiere áreas con menos pelo y una piel más fina, ya que le resulta más fácil clavar su aparato bucal.
Las garrapatas no vuelan ni saltan, simplemente esperan en la vegetación (hierba alta, arbustos, jardines o parques) a que pase un huésped adecuado. Cuando el gato roza esa vegetación, el parásito se engancha al pelaje y comienza a desplazarse hasta encontrar el punto ideal para morder y empezar a alimentarse.
Incluso los gatos que viven en interiores pueden verse afectados, ya que las garrapatas pueden entrar en casa adheridas a la ropa o al calzado de las personas, o al pelaje de otros animales. Por eso, la prevención y la revisión periódica del gato son claves.
Cómo detectar garrapatas en tu gato

Independientemente de si sale o no al exterior, deberemos revisarle bien las zonas de riesgo, además del resto del cuerpo, ya que puede que el parásito se haya escondido en otra parte. Lo ideal es convertir esta revisión en un hábito diario o muy frecuente, sobre todo en épocas de clima suave o cálido.
Para buscar garrapatas, combina la vista y el tacto:
- Pasa lentamente la mano por todo el cuerpo del gato, notando si hay bultitos duros del tamaño de una lenteja o mayor.
- Separa el pelo en el cuello, la cabeza, detrás de las orejas, axilas, ingles y vientre, que son las zonas preferidas de estos parásitos.
- Observa si hay áreas con enrojecimiento, costras, pequeñas heridas o inflamación, que pueden corresponder a una picadura reciente.
Algunos signos que pueden hacer sospechar de la presencia de garrapatas o de una reacción a su picadura son: rascado constante, molestias al tocar ciertas zonas, pérdida de apetito, apatía ligera o unas décimas de fiebre. Estos síntomas no siempre aparecen, pero conviene conocerlos para reaccionar a tiempo.
Riesgos y posibles enfermedades que transmiten las garrapatas

Las garrapatas no solo producen picor, irritación e inflamación local en la zona donde se enganchan; también son capaces de transmitir distintos patógenos a través de su saliva mientras se alimentan. Aunque en los gatos la incidencia de estas enfermedades suele ser menor que en los perros, el riesgo existe y puede ser grave, sobre todo en gatos con el sistema inmunitario debilitado o en casos de infestaciones intensas.
Entre las enfermedades que pueden transmitir se incluyen:
- Enfermedad de Lyme o borreliosis: causada por bacterias, puede provocar cojera, fiebre y pérdida de apetito, y derivar en problemas crónicos si no se trata.
- Babesiosis o piroplasmosis: producida por parásitos que destruyen los glóbulos rojos, con síntomas como anemia, ictericia y orina oscura. Se considera muy grave y potencialmente mortal.
- Ehrlichiosis y anaplasmosis: infecciones bacterianas que afectan a las células sanguíneas, con signos como fiebre, pérdida de peso o dolor articular, y que pueden causar hemorragias o cuadros crónicos.
- Otras enfermedades menos frecuentes, como tularemia o determinadas parasitosis sanguíneas, también se han relacionado con las garrapatas en felinos.
La probabilidad de contagio aumenta con el tiempo de adhesión del parásito. En general, la garrapata necesita estar unida al gato al menos entre 24 y 48 horas para transmitir muchos de estos patógenos, de modo que una detección y extracción rápidas reducen considerablemente el riesgo.
Cómo quitar garrapatas a un gato correctamente paso a paso
Una vez que la hayamos encontrado, necesitaremos unas pinzas, gasas o algodón y antiséptico para sacarla entera, pues a menudo tiramos de golpe y dejamos la cabeza dentro, lo que podría provocar una infección local y complicaciones.
Ahora, tenemos que coger al parásito con las pinzas, lo más cerca posible de la cabeza, y hacer un movimiento giratorio hacia adelante y hacia arriba. Nunca hay que hacerlo hacia atrás ni aplastar el cuerpo de la garrapata, ya que podría expulsar más saliva o contenido intestinal dentro de la herida. Es importante tirar con firmeza pero de forma constante, evitando sacudidas bruscas.
Cuando la garrapata salga, comprueba visualmente que el cuerpo y la parte bucal están completos. Después, deshazte del parásito de forma segura (por ejemplo, sumergiéndolo en alcohol o depositándolo en un recipiente bien cerrado) para evitar que vuelva a engancharse a otro huésped.
Inmediatamente después de la extracción, limpia bien la zona con el antiséptico apto para uso en animales. Durante los días siguientes, revisa esa pequeña herida para asegurarte de que no se enrojece en exceso, no se inflama ni supura. Si observas cualquier signo anormal o si tu gato parece decaído, con fiebre o sin apetito, lo más prudente es acudir al veterinario.
Por último, es muy recomendable ponerle a nuestro querido amigo un antiparasitario, como puede ser un collar o una pipeta, indicado específicamente para gatos. Así, las garrapatas tendrán muchas menos posibilidades de volver a acercársele.
Adoptar una combinación de revisiones frecuentes, extracción correcta y prevención antiparasitaria es la mejor estrategia para mantener a tu gato protegido frente a las garrapatas y las enfermedades que pueden transmitir.