Nuestro querido gato puede tener parásitos externos, especialmente durante los meses más calurosos del año o cuando tiene acceso al exterior. Pulgas, garrapatas y ácaros harán lo posible por encontrar la mejor zona donde posarse y picarle, lo cual puede causarle muchos problemas de salud al animal, desde picores intensos hasta alergias o transmisión de enfermedades. ¿Qué se puede hacer para evitarlo?
La respuesta es muy sencilla: ponerle una pipeta. Las pipetas para gatos son relativamente fáciles de poner, y además suelen tener una eficacia aproximada de un mes; es decir, que durante varias semanas no tendremos que volver a preocuparnos por los parásitos si seguimos el calendario de aplicación recomendado. Pero, ¿qué son exactamente y cómo funcionan?
¿Qué son?
Las pipetas para gatos son como botellitas planas de plástico muy ligero que se venden en cajitas de cartón tanto en las clínicas veterinarias como en las tiendas de animales (sean físicas u online). Contienen una solución líquida antiparasitaria que se aplica directamente sobre la piel del gato, normalmente en la zona de la nuca donde no puede lamerse.
Esta solución incluye distintos principios activos que se distribuyen por la piel y el pelaje. Algunas pipetas actúan por difusión cutánea a través del sebo, mientras que otras presentan una cierta absorción sistémica, lo que permite que el producto circule parcialmente por el organismo y elimine o repela a los parásitos cuando pican al animal. Gracias a este mecanismo, las pipetas pueden prevenir infestaciones nuevas y, en muchos casos, eliminar los parásitos que ya están presentes.
La protección suele durar alrededor de cuatro semanas, aunque el tiempo exacto depende del producto, de su concentración y del tipo de parásitos frente a los que actúa. Hay pipetas diseñadas solo contra pulgas, otras que protegen también frente a garrapatas, ácaros o piojos, e incluso formulaciones que ayudan a controlar ciertos parásitos internos como algunos gusanos. Por eso es muy importante revisar siempre el prospecto y comprobar qué cubre cada referencia concreta.
Su precio varía bastante dependiendo de su acción antiparasitaria, de su tiempo de efectividad y de la marca. Así, mientras que las más baratas, que son las que protegen únicamente contra las pulgas, pueden costar unos 5 euros cada una y duran aproximadamente un mes, las más completas (que protegen contra pulgas, garrapatas y ácaros, además de contra determinados gusanos) pueden costar entre los 15 y los 20 euros cada una. En cualquier caso, se trata de una inversión muy rentable si la comparamos con el coste económico y de salud que supone tratar una infestación grave.
Antes de elegir una pipeta es recomendable valorar el peso y la edad del gato, los parásitos que queremos combatir, la frecuencia de aplicación y el estilo de vida del felino. No todas las pipetas sirven para todos los gatos, de modo que siempre hay que escoger un producto específicamente formulado para felinos y respetar la dosis indicada por el fabricante. También conviene comprobar la fecha de caducidad y conservar las pipetas en su envase original en un lugar seco y fuera del alcance de niños y otros animales.
¿Cómo se ponen?

Una vez que hemos comprado pipetas, tenemos que coger una y romper o cortar el extremo más estrecho siguiendo las indicaciones del envase. Luego, la dejamos en un sitio seguro y vamos a por el gato en una actitud tranquila y alegre para que no se asuste. Lo cogemos en brazos y lo ponemos sobre una mesa -o sobre el suelo si intuimos que se va a poner muy nervioso-, y nos situamos sobre él sin hacerle daño mientras con una mano sostenemos la pipeta.
Después, solo quedará ponérsela en la parte posterior del cuello, justo en el centro ya que así no podrá lamerse ni, por lo tanto, tener contacto alguno con el producto. Es importante separar bien el pelo con los dedos hasta ver la piel y vaciar el contenido directamente sobre ella, evitando que quede en el pelaje. En gatos muy grandes o según recomiende el fabricante, se puede repartir el contenido en uno o varios puntos de la línea del cuello para facilitar la absorción.
Durante las primeras horas se debe evitar acariciar la zona de aplicación y no se aconseja bañar al gato hasta pasadas al menos 48 horas, para que el producto pueda distribuirse correctamente. Si convive con otros gatos o perros, hay que procurar que no se laman entre ellos en la zona tratada. Al terminar, lo dejamos tranquilo en un lugar cómodo y le ofrecemos una golosina para gatos o un rato de juego para que asocie el momento con algo positivo.
Si tu gato tiene la piel sensible, alguna enfermedad previa, está en gestación, lactancia o es muy joven, conviene consultar primero con el veterinario cuál es la pipeta más adecuada y cada cuánto tiempo debe aplicarse. Y algo fundamental: nunca se deben usar productos con permetrina ni antiparasitarios formulados para perros en gatos, ya que pueden resultar muy tóxicos para ellos.

Con un uso correcto y regular de las pipetas, combinado con una buena higiene del entorno y revisiones periódicas del pelaje, es posible mantener a raya a la mayoría de parásitos externos y ofrecer a nuestro felino una protección continua y adaptada a sus necesidades, mejorando de forma notable su bienestar diario.
