Cuando pensamos en los aullidos, lo más normal es que nos imaginemos a lobo o, como mucho, a un perro que está tratando de llamar la atención. Pero lo cierto es que los gatos también pueden aullar, a su manera particular, claro .
¿Por qué lo hace un felino? Aunque pueda parecer sorprendente, el motivo de sus aullidos es muy parecido al de los cánidos: está tratando de expresar lo que siente y lo que necesita en ese momento. El aullido forma parte de su repertorio vocal, igual que el maullido, el ronroneo o el bufido, y es una señal que nunca deberíamos ignorar.
Antes de entrar en detalles, conviene recordar que los gatos pueden producir decenas de sonidos diferentes (maullidos, trinos, gruñidos, chillidos, cacareos, etc.) y que los aullidos son solo una de esas vocalizaciones. Se caracterizan por ser sonidos largos, intensos y a menudo agudos, que muchas veces se confunden con maullidos interminables. Suelen aparecer en contextos de amenaza, estrés, dolor o durante el celo, y pueden ir acompañados de otros sonidos como gruñidos o chillidos.
En este artículo nos centraremos en el significado del aullido de los gatos, pero integraremos también lo que se sabe sobre otros sonidos felinos para entender mejor cuándo un gato está simplemente llamando la atención y cuándo realmente está pidiendo ayuda.
Aburrimiento y necesidad de atención

Si el gato pasa mucho tiempo solo o sin nada que hacer, puede optar por quedarse tumbado todo el día, o bien por tratar de llamar la atención de su familia. Un gato con pocas oportunidades de juego, exploración o interacción social puede desarrollar conductas insistentes para conseguir respuesta de sus humanos.
¿Cómo lo hace? De varias formas: “atacando” sin razón aparente, haciendo sus necesidades donde no debe, rompiendo objetos delicados, rascando puertas o muebles, o maullando y aullando fuertemente, entre otras. En estos casos el sonido puede ser más bien un maullido largo, intenso y repetitivo, que algunas personas perciben como aullido, y cuya función es reclamar atención inmediata.
Algunos gatos han aprendido que, cuanto más fuerte y prolongado sea el sonido, más rápido reaccionan las personas. Esta asociación se construye poco a poco: el gato maúlla o aúlla, el humano responde (da comida, abre una puerta, acaricia, juega) y el animal comprende que esa vocalización es eficaz. Con el tiempo, el maullido corto puede transformarse en aullidos cada vez más largos y demandantes, sobre todo si se ignoran los primeros intentos suaves.
Para conseguir que deje de hacerlo, simplemente hay que dedicarle tiempo de calidad todos los días. No basta con compartir techo: el gato necesita juego interactivo, enriquecimiento ambiental (rascadores, torres, escondites, juguetes tipo pluma o caña, puntos altos para observar) y momentos de calma con su familia. Hay que tener siempre presente que hemos sido nosotros los que hemos decidido convivir con el gato, y que por lo tanto somos responsables de cubrir sus necesidades emocionales además de las físicas.
Cuando un gato está bien estimulado y se siente acompañado, es mucho menos probable que recurra a aullidos insistentes por aburrimiento o frustración. Aun así, cada individuo tiene su propio “diccionario de sonidos”, y algunos son naturalmente más vocales que otros, por lo que conviene observar el contexto: si el gato aúlla sobre todo cuando está solo, por la noche o antes de comer, es muy probable que esté reclamando atención o actividad.
Celo y llamadas sexuales

La gata que no está castrada, o una gata “entera”, durante el celo aullará sobre todo por las noches, que es cuando estos animales están más activos. El objetivo principal de estos aullidos es llamar la atención de un gato macho y anunciar que está receptiva para el apareamiento.
En este contexto los aullidos son muy intensos, prolongados y repetidos, y pueden acompañarse de posturas corporales típicas del celo: cola ladeada, espalda arqueada, rodar por el suelo y restregarse contra objetos o personas. No es raro que estos sonidos se confundan con gritos de dolor, ya que suenan como un lamento continuo.
Además, los machos también pueden aullar o chillar, especialmente cuando se enfrentan por una hembra o cuando perciben el olor de una gata en celo cerca. En ellos, el aullido puede cumplir dos funciones: atraer a la pareja y advertir a otros machos de su presencia, actuando como señal de amenaza para evitar la pelea física.
Para que no lo hagan, lo más aconsejable es castrarlos, tanto al macho como a la hembra. Al extirparles las glándulas reproductoras se elimina el comportamiento asociado al celo, y también se evita el nacimiento de gatitos no deseados. La castración reduce significativamente aullidos sexuales, marcaje con orina, escapadas y peleas, mejorando el bienestar del gato y la convivencia en casa.
Aun así, si tu gato o gata castrados presentan de repente aullidos intensos similares a los del celo, conviene consultar con el veterinario, ya que en algunos casos pueden estar relacionados con dolor, estrés o enfermedades hormonales y no con la reproducción.
Enfermedad, dolor y/o lesiones

Si el aullido es largo y especialmente intenso, es una señal de que el gato no se encuentra bien. En caso de enfermedad o lesión, hará sonidos fuertes por dos motivos: el primero y más importante es porque siente dolor o molestias, y el segundo para pedir ayuda o intentar alejar una posible amenaza.
Un ejemplo típico es el de un gato que tiene cristales urinarios o cistitis: puede aullar cuando está en el arenero, ya que le causa dolor expulsar la orina. También pueden emitirse aullidos o gritos agudos en el momento en que se produce una lesión (una caída, un golpe, una pelea con otro animal) o cuando el gato es manipulado en una zona dolorida.
Los aullidos asociados a dolor suelen ser sonidos muy agudos, repentinos y de volumen muy alto, parecidos a un chillido o grito. También pueden aparecer gruñidos largos, bufidos y maullidos guturales si el gato está molesto, estresado o recibiendo un manejo que percibe como amenazante, por ejemplo durante una visita veterinaria o un cepillado brusco.
De ocurrir algo así, hay que llevarlo urgentemente al veterinario para que le hagan una revisión completa. No hay que esperar a que se cure solo ni pensar que “solo se queja”, porque el aullido puede ser un síntoma de que la salud de nuestro querido amigo no es buena. Los gatos son expertos en ocultar el dolor, de modo que si llegan a aullar, el problema puede ser serio.
También es importante tener en cuenta que algunos gatos enfermos pueden ronronear en situaciones de dolor o estrés, lo que puede confundir al cuidador. Un gato que ronronea mientras aúlla, está rígido o se muestra apático podría estar usando el ronroneo como mecanismo de auto-calma, no como señal de bienestar. De nuevo, la clave está en observar el conjunto: postura, apetito, higiene, uso del arenero y cambios de comportamiento.
Vejez, desorientación y cambios cognitivos

Lamentablemente, los gatos tampoco se libran de las enfermedades y problemas típicos de la edad avanzada. Artrosis, artritis, desorientación, pérdida sensorial (vista y oído)… son solo algunos de los más comunes, pero hay otros, como el síndrome de disfunción cognitiva, que les puede hacer sentir realmente mal y provocar aullidos aparentemente “sin motivo”.
Se estima que el 50% de los peludos mayores de 15 años llegan a padecerlo, de modo que si empieza a aullar sin motivo aparente y se siente estresado o con ansiedad, probablemente lo tenga. Estos aullidos suelen producirse de noche, cuando el hogar está en silencio, y se acompañan de deambulación sin rumbo, choques con muebles, olvido de rutinas o uso inadecuado del arenero.
En los gatos senior también son frecuentes los aullidos por pérdida de audición. Al no oírse a sí mismos, pueden maullar y aullar con mucha más intensidad, sin ser conscientes del volumen. Además, un gato que no oye bien puede sentirse más inseguro y desorientado, lo que incrementa la vocalización nocturna.
Si bien el síndrome de disfunción cognitiva no tiene cura, hay algunas cosas que podremos hacer, como darle medicamentos o suplementos recomendados por el veterinario y hacer la casa mucho más cómoda para el gato mayor: colocarle su cama en el suelo para que no tenga que saltar, facilitar el acceso al arenero con bordes bajos, evitar mover muebles con frecuencia, usar luces suaves de noche y mantener unas rutinas muy predecibles.
También es fundamental ofrecerle más cariño, paciencia y mimos, respetar sus tiempos de descanso y evitar los cambios bruscos (mudanzas, obras, nuevos animales, etc.). En definitiva, se trata de adaptar el entorno para que viva como un rey en esta etapa, reduciendo al máximo las causas de estrés que podrían disparar aullidos por angustia o confusión.
Como ves, hay varios motivos por los que un gato puede aullar: aburrimiento, necesidad de atención, celo, dolor físico, miedo intenso o problemas relacionados con la edad. Además, su aullido puede mezclarse con otros sonidos felinos como maullidos, gruñidos, bufidos, trinos o ronroneos, por lo que prestar atención al contexto y al lenguaje corporal es tan importante como escuchar el propio sonido.
Comprender el significado del aullido de tu gato, observar cuándo aparece, cómo cambia su tono y qué otros signos lo acompañan te ayudará a reaccionar a tiempo, ofrecerle seguridad y acudir al veterinario cuando sea necesario, de modo que pueda seguir haciendo una vida lo más normal y feliz posible.
