
Mi gata Sasha
El gato es un peludo muy distinto al perro. Su forma de relacionarse con nosotros no tiene nada que ver con la de un can. Él no va a querer complacerte en todo momento; de hecho, va a esperar que seas tú quien cumpla con sus deseos y respete sus tiempos. La relación que puedes tener con un felino nada tiene que ver con la que vas a tener con un can: mientras que el primero va a hacer lo que quiere y cuando quiere, el otro va a preferir que le digas qué es lo que debe de hacer.
Es muy importante tener esto en cuenta antes de adoptar a un felino, pues cuando nos preguntamos qué puedo hacer para que mi gato me quiera, a menudo nos olvidamos de que su carácter es muy especial. Pero, tranquilo/a, conseguir su cariño no es difícil . Lo fundamental es entender que tu gato es un verdadero felino, con necesidades, límites y gustos propios, y que si lo tratas con respeto, cariño y paciencia, terminará confiando en ti.
Entiende su lenguaje corporal

Es lo más básico. Del mismo modo que dedicamos tiempo a conocer a un futuro nuevo amigo humano, tenemos que hacer lo mismo con el gato. Debemos de entender sus gestos, sus maullidos, sus posiciones corporales para saber qué es lo que quiere decirnos en todo momento.
Al principio puede ser complicado, pero a medida que pasen las semanas nos iremos dando cuenta de que, en realidad, no lo era tanto. Presta atención a señales como una cola levantada y en forma de interrogación (suele indicar que está contento y confiado), orejas hacia delante (curiosidad o relajación) o un ronroneo suave cuando está a tu lado. Por el contrario, una cola erizada, orejas hacia atrás o la mirada muy fija con pupilas dilatadas indican estrés o miedo y es mejor darle espacio.
También es clave que aprendas a diferenciar entre un gato que solo está tolerando tus caricias y uno que realmente las disfruta. Si ves que mueve la cola con fuerza, tensa el cuerpo o gira la cabeza para mirarte con insistencia, probablemente te está pidiendo que pares. Respetar estas pequeñas señales hará que tu felino te vea como alguien de confianza y no como una fuente de incomodidad.
Ten presente que cada gato es un mundo: algunos son naturalmente más cariñosos y otros prefieren relaciones más discretas. Observar sin forzar y actuar en consecuencia es la base para que se sienta seguro a tu lado.
Respeta su espacio

No hay que obligarle nunca a hacer nada que no quiera. Si vemos que prefiere que dejemos de acariciarle, dejaremos de hacerlo; si no quiere comer en ese momento, no le pondremos el comedero cerca; y así con todo. Forzar interacciones, sacarlo a la fuerza de su escondite o retenerlo en brazos cuando intenta irse puede generar desconfianza y miedo, algo que luego cuesta mucho reparar.
Ahora bien, si se sube en nuestro regazo, le daremos mucho cariño en forma de caricias, y entrecerrando los ojos (así le diremos que le queremos en lenguaje gatuno). Muchos gatos responden muy bien a que nos sentemos tranquilos cerca de ellos, sin mirarlos fijamente, dejando que sean ellos quienes den el primer paso. Solo con compartir espacio en calma, el gato empieza a asociar tu presencia con algo positivo y predecible.
Respeta también sus refugios favoritos: debajo de la cama, dentro de un transportín abierto, en una caja o en una estantería alta. Esos lugares son su zona segura, así que evita meter la mano para sacarlo o perseguirlo por la casa. Si tu gato acaba de llegar al hogar o ha vivido experiencias negativas, necesitará aún más tiempo y un entorno muy tranquilo para atreverse a salir y socializar.
Un buen truco para mejorar el vínculo es responder a sus “invitaciones”. Si se acerca, se frota contra tus piernas, maúlla suave o da pequeños cabezazos, puedes ofrecerle caricias breves y suaves y luego parar, dejando que él decida si quiere más. Esto refuerza la idea de que tú respetas sus decisiones, algo fundamental para que te vea como alguien fiable.
Deja que sea un gato

No hay que humanizarlo, pero tampoco hay que prohibirle ser y comportarse como gato. ¿Qué significa esto? Pues que hay que darle permiso para que se suba a los muebles, dejar que duerma con nosotros (a menos que tengamos alergia, claro está), y además será muy importante proporcionarle uno o varios rascadores para que pueda afilar sus uñas.
Los gatos necesitan trepar, rascar, esconderse y observar desde las alturas. Si vives en un piso, esto es especialmente importante, porque no pueden salir al exterior a satisfacer estos instintos. Colocar estanterías, torres para gatos, camas en alto o incluso cajas de cartón estratégicamente repartidas hará que tu compañero se sienta estimulado y relajado en casa.
Un entorno enriquecido también reduce muchísimo la ansiedad y las conductas que no te gustan, como arañar el sofá o morderte los pies. Ofrecer rascadores estables, zonas de descanso cómodas, juguetes de caza y lugares tranquilos para comer y usar el arenero ayuda a que el gato se sienta cómodo y feliz conviviendo con la familia. Un gato equilibrado es un gato que confía más y se muestra más cariñoso.
Si tu felino está desungulado (sin uñas) o ha pasado por malas experiencias, es todavía más importante que le proporciones una casa predecible, sin sobresaltos, y que nunca lo fuerces a interactuar. Estos gatos pueden ser más sensibles al estrés y a los cambios, por lo que necesitarán rutinas suaves, acceso a escondites y una manipulación muy delicada.
Juega con él

Un gato no es un objeto de decoración. Es un animal que necesita agua y comida, pero también que su familia le dedique tiempo. Hay que jugar cada día con él, ya sea con una cuerda, una pelota, un peluche o una caja de cartón. Como mínimo, hay que dedicar tres sesiones de unos 10 minutos cada una cada día. El juego es la forma más sencilla de reforzar vuestro vínculo, ayudarle a liberar energía y evitar problemas de conducta derivados del aburrimiento.
Utiliza juguetes que imiten el comportamiento de una presa: plumas que se mueven como un pájaro, cuerdas que se arrastran como un pequeño animal o pelotas que pueda perseguir. Los juguetes tipo caña de pescar permiten mantener una distancia respetuosa mientras jugáis, algo ideal para gatos tímidos o recién adoptados. También puedes usar juguetes interactivos que escondan comida y le obliguen a pensar cómo conseguirla.
Aprovecha también los momentos en los que el gato se muestra más receptivo: cuando se acerca a ti, cuando maúlla pidiendo atención o cuando te mira con curiosidad. Responder a estas “llamadas” con juego o caricias suaves hará que te perciba como alguien con quien pasan cosas buenas.
Recuerda que el juego no solo es correr detrás de algo. Muchos gatos disfrutan simplemente acompañándote mientras lees o ves la televisión, tumbándose cerca. Esos ratos de calma compartida también cuentan como tiempo de calidad, y son perfectos para introducir sesiones cortas de cepillado suave o mimos si el gato lo permite.
No lo maltrates ni le grites
Aunque puede sonar obvio, a veces los seres humanos podemos perder la paciencia y reaccionar de forma inesperada. Si somos impacientes, lo más recomendable será no tener gato pues probablemente querremos que todo esté perfecto en poco tiempo, y eso no sucederá nunca con un felino (ni, en realidad, con ningún animal). Para que pueda haber verdadero cariño, tiene que haber respeto. Los gritos, la tensión, los malos tratos, los sustos, etc. sobran.
El castigo no es un buen método de aprendizaje para las mascotas y en los gatos es especialmente ineficaz. Decir un “NO” o gritar cuando hace algo que no te gusta no hará que aprenda; al contrario, puede asociarte con algo negativo y volverse más miedoso o incluso agresivo. Muchos comportamientos que nos molestan (rascar muebles, subirse a la encimera, morder jugando) se pueden reconducir mediante el refuerzo positivo, es decir, premiando lo que sí quieres que haga.
En lugar de reñir, podemos reorientar su comportamiento distrayéndolo con algo, como un juguete, un sonido suave o un rascador cerca de donde estaba arañando. Cuando utilice el objeto adecuado, es buena idea ofrecerle una golosina, una caricia o unas palabras amables. Con el tiempo, el gato aprende qué conductas le traen cosas agradables y las repetirá más a menudo.
Si alguna vez has reaccionado mal (un grito, un empujón, una persecución), no está todo perdido. Lo importante es que a partir de ahora tu gato solo reciba de ti interacciones calmadas y predecibles. Habla en voz baja, muévete despacio a su alrededor y evita miradas fijas durante mucho tiempo, ya que pueden interpretarse como un desafío. Así irás reconstruyendo la confianza poco a poco.
Cuida su bienestar para que pueda quererte

Para que un gato muestre cariño, primero debe sentirse seguro, sano y sin dolor. Muchos cambios de comportamiento (deja de acercarse, se esconde, ya no quiere mimos, se muestra irritable) pueden deberse a molestias físicas, a un entorno estresante o a cambios bruscos en su rutina.
Asegúrate de que come un alimento de calidad adaptado a su edad y estado, que siempre tiene agua limpia disponible y que su arenero es grande, estable, descubierto y está en un lugar tranquilo, alejado de la zona de comida y descanso. Un arenero sucio, pequeño o mal colocado puede generar rechazo y estrés, lo que afecta también a su forma de relacionarse contigo.
Su entorno debe estar enriquecido con rascadores, plataformas, escondites, ventanas seguras para mirar al exterior y juguetes variados. Así puede satisfacer sus necesidades de cazar, trepar y explorar sin frustración. Un gato que puede expresar sus instintos suele ser más equilibrado, y por tanto más receptivo a los mimos.
No olvides las revisiones veterinarias periódicas, las vacunas y la desparasitación. Cualquier cambio repentino en su conducta cariñosa (pasa de ser muy mimoso a evitarte, o empieza a atacar sin motivo aparente) debe hacerte pensar en un posible problema de salud. Solo un profesional puede descartar enfermedades que provoquen dolor o malestar y que el gato manifiesta cambiando su comportamiento.
Si a todo esto le sumas paciencia, respeto a su personalidad (más o menos cariñosa de nacimiento) y muchas experiencias positivas a tu lado, tu gato irá forjando una relación profunda contigo. Puede que nunca sea un “gato faldero” de estar siempre en tu regazo, o quizá sí; lo importante es que se sienta libre de elegir y que tú seas, siempre, su lugar seguro.
Patitas de mi gata Keisha.
Espero que con estos consejos puedas conseguir la amistad de tu gato . Con tiempo, comprensión y un entorno adecuado, incluso los felinos más independientes pueden llegar a mostrar su lado más tierno y confiar plenamente en ti.
