La relación que tenemos con nuestros compañeros peludos es muy especial. Cada mañana al despertarnos nuestras miradas se cruzan, y al hacerlo, justo en ese instante, el cariño que les tenemos continúa creciendo. Los gestos, las travesuras que hacen, ese comportamiento gatuno que tanto nos gusta, les hacen merecedores del mejor lugar dentro de nuestra familia.
Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué piensa tu gato de ti? Sin duda, es un animal muy enigmático, del que poco a poco vamos aprendiendo más, pero ¿hasta qué punto sabemos lo que se le pasa por su cerebro? Entenderlo mejor te ayudará a cuidarlo, a respetar su naturaleza y a construir una convivencia más tranquila y feliz para ambos.
¿Cómo nos ven los gatos?

Estos compañeros felinos son muy inteligentes y pueden ser amables, distantes, hostiles o muy cariñosos dependiendo de cómo se les trate y de las experiencias que hayan tenido a lo largo de su vida. Por este motivo, a menudo me leerás que la relación que tienen los gatos con los humanos (y viceversa) es una relación entre iguales, ¿por qué? Porque nosotros, al igual que los gatos, a menudo damos lo que recibimos: si hay respeto, calma y paciencia, el gato se mostrará más confiado; si hay gritos, castigos y estrés, tenderá a defenderse o a esconderse.
Además, hay que tener en cuenta que, aunque se les conozca por ‘gatos domésticos’, en realidad ellos no se sienten así. Ellos simplemente evolucionaron y se adaptaron al ambiente humano, acercándose a las personas para obtener beneficios como comida, refugio y seguridad. No piensan en términos de ‘mascota’ o ‘propietario’, sino en individuos con los que conviven y con los que establecen vínculos.
Hoy día, como viven con nosotros dentro de las casas, pasan mucho tiempo con nuestra compañía. Observan nuestros horarios, nuestros movimientos y hasta nuestros cambios de humor. A veces se acercan buscando mimos o juego, y otras por el contrario prefieren estar un rato solos en un lugar alto o apartado. Esa alternancia forma parte de su necesidad de control y seguridad.
Para ellos, los humanos somos gatos gigantes. No humanos, ni mucho menos una especie superior, sino simple y únicamente una versión gigante de un gato dentro de su grupo social. Pueden vernos como compañeros, como figuras de referencia y como fuente de recursos. Podemos ser amigos, pero nunca sus propietarios ni líderes. De hecho, muchos de sus gestos hacia nosotros son los mismos que utilizarían con otros gatos con los que conviven en armonía.
También son capaces de reconocer quién es su persona de referencia por el olor, la voz, la forma de moverse y las rutinas diarias. Aunque se relacionen con varios miembros de la familia, suelen mostrar más confianza hacia quien les cuida más, les alimenta y respeta sus tiempos, algo muy parecido a lo que harían con un gato con el que se sientan muy unidos.
¿Qué quiere decirme mi gato?
Los gatos tienen un lenguaje corporal y oral muy amplio. Dependiendo de su postura corporal y del tipo de maullido, pueden expresar cómo se sienten y qué piensan en cada momento. Por ejemplo, si te pone una patita sobre tu brazo, o incluso si dejas de acariciarlo y te da mordisquitos suaves en la mano, lo que te está diciendo es que continúes dándole mimos… o que cambies la forma de hacerlo porque algo ya le está incomodando.
Cuando se frotan contra nosotros, lo hacen de la misma manera que lo harían con su madre u otros gatos amigos. Al rozarse con tu pierna, tu mano o tu cara, dejan feromonas faciales que indican seguridad, pertenencia y confianza. Este es un gesto muy bonito, que nos convierte en sus compañeros de grupo. Para agradecérselo, podemos hacer lo mismo con nuestra cabeza, tocándole con nuestra nariz por ejemplo, o respondiendo con caricias suaves en mejillas y cabeza.
Otra muestra muy clara de lo que piensa tu gato de ti es cuando te mira y parpadea lentamente. Ese parpadeo lento es el equivalente felino a una sonrisa relajada: está cómodo a tu lado y no te percibe como un peligro. Si tú también parpadeas despacio, refuerzas ese vínculo y le devuelves el mensaje de confianza.
Si tu gato se tumba cerca de ti, o incluso encima de tu pecho o tus piernas, especialmente cuando duerme profundamente, te está mostrando un grado muy alto de confianza. Dormir es uno de sus momentos más vulnerables, así que elegir tu cuerpo como colchón significa que se siente seguro contigo y que te considera un lugar protegido dentro de su territorio.
También es frecuente que ‘amasen’ con las patas sobre tu regazo, una manta o tu barriga. Ese amasado, heredado del comportamiento de cachorro al mamar, indica que se siente relajado y vinculado emocionalmente. Además, al hacerlo liberan feromonas de las almohadillas, de modo que te están marcando como algo que les pertenece de forma positiva.

Lo que tu gato sabe de ti (y cómo lo usa)

Convivir contigo día tras día permite que tu minino aprenda muchísimas cosas sobre ti y tu entorno. Su olfato, oído y capacidad de observación hacen que sea un experto en tu rutina, en tu estado de ánimo y en los cambios que se producen en casa.
Tu gato te reconoce como parte de su grupo porque asocia tu olor con seguridad, comida y protección. Sabe que lo quieres cuando cuidas de su bandeja de arena, renuevas su agua, respetas sus escondites y le ofreces momentos de juego. Puede notar si estás enfermo o si algo no va bien, percibiendo cambios sutiles en tu olor, en la forma de moverte o en tu energía general.
También es capaz de percibir tus estados de ánimo mediante tu expresión facial y el tono de tu voz. Muchos gatos se acercan más cuando te notan triste o apagado, y se alejan un poco cuando estás muy nervioso o enfadado. Con el tiempo aprenden a anticipar cómo reaccionarás ante determinadas situaciones del hogar: cuándo vas a salir, cuándo es la hora de comer, cuándo suena el despertador o cuándo te preparas para irte a dormir.
Su memoria espacial es excelente, por lo que conocen a la perfección la distribución de la casa y dónde escondes las cosas que les interesan: sus juguetes favoritos, los premios, la bolsa del pienso o incluso la transportín que anuncia visitas al veterinario. Del mismo modo, recuerdan si un lugar ha sido escenario de algo que les dio miedo y lo evitarán o se mostrarán más cautos.
Cómo mejorar la amistad humano-gato

Para conseguir que la amistad humano-gato sea buena, es importante respetar al animal en todo momento. No hay que obligarles a hacer nada, sino dejar que sean y se comporten como lo que son: gatos. Esto implica permitirles escoger cuándo acercarse, ofrecerles escondites seguros y no forzar caricias o juegos cuando claramente no les apetecen.
Establecer una rutina relativamente predecible les ayuda a sentirse seguros: horarios más o menos fijos de comida, momentos diarios de juego, una casa en la que los ruidos fuertes sean la excepción y no la norma. Cuanto más predecible seas tú, menos estrés tendrá tu gato y más fácil le resultará confiar en ti.
También es fundamental que aprendas a leer su lenguaje corporal. Observar la posición de la cola, las orejas, los bigotes y la tensión del cuerpo te dirá si tu gato está relajado, alerta, asustado o molesto. Así sabrás cuándo seguir acariciándolo, cuándo parar o cuándo simplemente darle espacio. Cada interacción positiva que respete sus límites fortalece el vínculo de confianza.
Ofrecerle opciones es otra forma excelente de demostrarle respeto: varios comederos o bebederos, diferentes rascadores, lugares altos para observar, camas en distintas zonas y juguetes variados. Cuantas más posibilidades de elección tenga, más control sentirá sobre su entorno, algo clave para un animal tan sensible a los cambios.
Así, poco a poco, iremos averiguando qué es lo que pasa por sus cabecitas y qué papel jugamos nosotros en su pequeño gran mundo. Comprender que nos ven como compañeros felinos gigantes, que captan nuestro estado de ánimo y que ajustan su conducta según cómo los tratamos, nos permite construir con ellos una relación más consciente, respetuosa y llena de momentos compartidos que ambos disfrutamos.
