Cuando hablamos con nuestro querido amigo, a veces mueve su cabeza para tratar de decirnos algo. Puede que no quiera más caricias, o que le gustaría que le diéramos esa lata cuanto antes. Entender estas señales es clave para una buena convivencia. ¿Cómo saberlo?
Desde el primer día que llega a casa es muy recomendable estar atentos a su lenguaje corporal, ya que así poco a poco iremos entendiéndole. Los gatos no solo se comunican con maullidos, también lo hacen con su cola, orejas, ojos, postura general y, por supuesto, con la posición y los movimientos de la cabeza. Para que nos resulte menos complicado, te voy a explicar qué nos dice el gato con su cabeza y cómo encaja dentro del lenguaje corporal felino completo.
Está tenso

En momentos de tensión, como cuando está a punto de atacar, levantará su cabeza y pondrá sus orejas bien rectas. Sus ojos mirarán fijamente a su oponente, y podría tener el pelo erizado. Además, bufará y gruñirá. En estas situaciones, la cola suele estar erizada y puede moverse de forma rápida y brusca de lado a lado, indicando irritación intensa o disposición a la defensa.
Si tu gato se ha puesto así, trata de alejar la fuente de su malestar de él. Por ejemplo, si es un gatito que le está molestando, trata de llevar éste a otro lugar atrayendo su atención con un juguete o con comida. Nunca cojas en brazos a un gato tenso, y menos si es adulto, porque seguramente acabarás con más de un arañazo. En lugar de sujetarlo, es mejor ofrecerle una vía de escape y reducir ruidos, movimientos bruscos y estímulos que le estén generando estrés.
Un gato tenso también puede lamerse las patas con rapidez o mover el lomo como si tuviera pequeños calambres. Estos gestos, acompañados de pupilas muy dilatadas y bigotes orientados hacia adelante, refuerzan la idea de que está ansioso o molesto y que necesita espacio.
Siente miedo

El gato que se siente amenazado tendrá su cabeza agachada, al igual que el resto de su cuerpo. También mirará fijamente a su oponente, al que le bufará y gruñirá con el objetivo de que se aleje. Ese oponente puede ser otro gato, perro, otro peludo o persona. En esta situación, las orejas se repliegan hacia atrás, la cola puede estar baja o escondida entre las patas y el cuerpo se agacha cerca del suelo, preparado para huir o defenderse.
Entre los síntomas claros de miedo también se encuentran las pupilas muy dilatadas, un movimiento de cola rápido e inquieto y, a veces, quedarse completamente inmóvil en posición agachada. Puede salir corriendo o, si no es posible, permanecer muy quieto en cuclillas.
En estos casos, lo que hay que hacer es darle una vía de escape, dejándole una puerta abierta (sin que pueda salir de casa, pero con la posibilidad de que pueda irse a otra habitación). Además, hay que solucionar el problema de raíz: si ha sido una persona quien ha incordiado al gato, se debe hablar con ella explicándole que hay que tratarlo con respeto; y si ha sido un animal de cuatro patas, debes procurar hacerles el mismo caso y estar con ellos para que ambos consigan llevarse bien.
Si tu gato muestra este comportamiento con frecuencia, será conveniente que consultes al veterinario para descartar problemas de salud o derivarlo a un especialista en comportamiento felino que te ayude a reducir su ansiedad y mejorar su bienestar.
Quiere/no quiere mimos

Un gato que quiere atención y cariño te va a dar toques con la cabeza; también puede alzarla mostrando su cuello para que se lo acaricies. Asimismo, si por un momento dejas de tocarle, es capaz de darte pequeños mordisquitos en la mano para que continúes dándole mimos. Este gesto suele ir acompañado de cola erguida, a veces con la punta ligeramente curvada en forma de interrogación, y un ronroneo suave que indica que se siente cómodo y confiado.
Cuando busca afecto, también puede rozarse con tus piernas, frotar sus mejillas en tu mano o muebles y seguirte por la casa. Al hacerlo, deja feromonas faciales que marcan su entorno como seguro y familiar, y a ti como parte importante de su grupo social.
Por el contrario, si ya se ha cansado de ser tu centro de atención, quitará su cabeza. Si continúas, se alejará. Es frecuente que, antes de irse, empiece a mover la cola de forma rápida o a tensar ligeramente el cuerpo, señales de que ha tenido suficiente contacto. Respetar ese límite es fundamental para mantener una relación de confianza.
En ocasiones, puede emitir un maullido breve y más agudo para pedir atención, o un maullido más largo y quejumbroso si reclama algo concreto, como comida o acceso a otra habitación. Observar el tono del maullido y el resto de su cuerpo te ayudará a interpretar mejor lo que necesita.
Te está saludando
Si acaba de verte y te ha dado suaves toques con su cabeza, te está saludando. Después de eso, lo más probable es que quiera recibir caricias . Muchas veces este saludo se acompaña de un maullido corto o un trino suave, y de una cola en alto, que es una de las señales más claras de alegría y confianza hacia ti.
Además del cabezazo, hay otros gestos típicos de saludo felino: parpadear lentamente mientras te mira, acercarse caminando en línea recta con el cuerpo relajado o incluso rodar sobre su espalda mostrando la barriga por un momento. Enseñar el vientre indica que se siente muy seguro, aunque no siempre significa que quiera que le acaricies esa zona, ya que para muchos gatos sigue siendo una parte muy sensible.

¿Sabías qué nos dicen los gatos con su cabeza? Entender estos gestos dentro del conjunto de su lenguaje corporal —posición de la cola, orejas, ojos, bigotes, cuerpo, maullidos y ronroneos— te ayudará a reconocer si tu gato está relajado, miedoso, estresado o cariñoso, y a responder de forma adecuada: ofreciéndole más juego, más espacio o más tranquilidad según lo que necesite. Con el tiempo, observarás cambios graduales en su comportamiento y aprenderás a anticipar sus reacciones, reforzando así un vínculo más profundo y respetuoso entre los dos.