El gato es un felino al que le encanta subirse allá donde puede: a la mesa, a la silla, al sofá… Si tiene oportunidad de salir al exterior, no dudará en trepar por un árbol, ya sea por diversión o para sentirse seguro. Esa necesidad de buscar lugares altos forma parte de su naturaleza: desde ahí puede observarlo todo, descansar tranquilo y escapar de posibles peligros.
El problema es que puede subir fácilmente, pero bajar… Bajar es otra historia, sobre todo si es un gatito joven, un gato inexperto o si se ha asustado en mitad de la subida. Entonces, ¿qué hacer si mi gato se sube a un árbol? Saber cómo actuar con calma y seguridad puede marcar la diferencia para que la experiencia quede en una simple anécdota y no en una situación de riesgo.

Mantén la calma y confía en él

Es lo más importante. Si el peludo te ve tranquilo (o más o menos tranquilo ) él también se sentirá así. Si estás nervioso lo más probable es que suba aún más arriba al percibir tu tensión como una señal de peligro. Por lo tanto, respira profundo todas las veces que consideres necesario, habla en un tono suave y mantén la mente fría para poder empezar a solucionar la situación confiando en él.
Es muy normal pensar que tiene miedo y que necesita urgentemente tu ayuda; puede ser así de hecho, pero hay que tener en cuenta que si ha podido subir sin la ayuda de nadie tan sólo necesita confiar en sí mismo para bajar. Muchos gatos son capaces de ir descendiendo poco a poco de rama en rama en cuanto se tranquilizan. Para ayudarle, consulta cómo relajar a un gato. Esto es lo que hará más fácilmente si tú le demuestras, con tu actitud serena, que puede hacerlo y que el entorno es seguro.
Recuerda además que los gatos son excelentes escaladores: sus garras retráctiles les permiten engancharse al tronco con firmeza, sus patas traseras les dan impulso para subir y su cola actúa como timón de equilibrio. El descenso, sin embargo, les resulta menos natural porque su cuerpo está diseñado para impulsarse hacia arriba o para saltar desde alturas moderadas, no tanto para bajar de frente por un tronco muy vertical. Por eso, a veces se bloquean y necesitan un poco de tiempo para reorganizarse y encontrar el camino hacia abajo.
Mientras esperas, observa si se mueve con normalidad, si cambia de postura o si intentan alcanzarlo otros animales (como perros). Si parece relajado y se acomoda en una rama, es muy probable que solo necesite un poco de tiempo antes de atreverse a descender por sí mismo.
Llámale y ofrécele una lata para gatos

Prácticamente ningún gato se puede resistir a una deliciosa lata, a no ser que esté realmente muy asustado. Por lo tanto, debes llamarlo con un tono de voz muy alegre y enseñarle la lata abierta. Llámalo como si llamaras a un niño pequeño al que le quieres enseñar algo que sabes que le va a encantar, usando un lenguaje cariñoso y familiar.
Utiliza palabras que uses habitualmente para dirigirte a él/ella, como «princesa», «peludito», «cariño», «bombón», etc. Así le transmitirás tu cariño pero también confianza y seguridad. Si sueles asociar su nombre a momentos positivos (juego, comida, caricias), escuchar cómo le llamas de forma alegre puede ayudarle a relajarse y a empezar a moverse hacia ti.
Acerca el cuenco o la lata a la base del árbol, de manera que el olor suba y le resulte más tentador; ten en cuenta qué olores les gustan a los gatos para que el estímulo sea más efectivo. Si el árbol tiene ramas bajas, puedes colocar la comida sobre una superficie estable cercana (un muro, una silla fuerte o una mesa resistente) para que el gato vea una ruta de descenso con «premio». El objetivo es que vaya bajando por sus propios medios sintiéndose atraído por algo muy positivo.
También puedes combinar la comida con otros estímulos que sepas que le encantan: un juguete con plumas, una bolita que suene o incluso su rascador portátil si es manejable. Cuanto más asocie el suelo con algo agradable, más fácil le resultará decidirse a bajar. Si necesitas más ideas, consulta cómo divertir a un gato.
Dale espacio y no lo asustes
No trates de estar pegado al tronco del árbol pues es posible que se sienta un poco incómodo o acorralado. Lo mejor es estar cerca, a una distancia de al menos un metro del tronco. De esta manera, el animal te podrá tener localizado en todo momento, y además verá que le dejas sitio para que pueda bajar, saltar a otra rama o moverse sin obstáculos.
Asimismo, es muy importante no tirarle cosas para asustarle ni hacer ruido. Golpear el tronco, agitar ramas o lanzar objetos al gato solo logrará que suba más arriba, que asocie tu presencia con algo negativo y que aumente su nivel de estrés. Con este tipo de actuaciones, además, corres el riesgo de que vuestra relación de amistad se rompa o que sufra un accidente al intentar huir. Estas son algunas de las cosas que no se le puede hacer a un gato.
Evita también que otros animales o personas se congreguen debajo del árbol. Para muchos gatos, ver mucho movimiento bajo ellos es motivo de alarma. Si es posible, mantén alejados a perros curiosos (consulta consejos para mejorar la convivencia perros y gatos), niños que quieran llamar su atención o vecinos que griten. Un entorno silencioso y predecible facilita que el gato se concentre en buscar cómo bajar.
En algunos casos, el árbol puede convertirse para él en un refugio temporal frente a algo que le ha asustado (un ruido fuerte, un coche, otro gato o un perro). Dejarle un poco de tiempo para que se sienta seguro y comprobar que ese peligro ya no está puede ser suficiente para que se anime a descender poco a poco.
Considera la opción de subir por una escalera
Si ves que está herido o que puede estarlo y ya llevas un buen rato (pongamos, unos 30-60 minutos) tratando de que baje siguiendo los consejos anteriores, es momento de considerar ir a por una escalera. También es aconsejable si está a mucha altura, si maúlla de forma insistente y desesperada, o si el clima empeora (frío intenso, lluvia, viento fuerte).
Tendrás que colocarla suavemente en el tronco, sin hacer demasiado ruido, y atraer al gato con una lata o con golosinas mientras él observa qué estás haciendo. A veces, el simple hecho de ver la escalera le da una ruta clara para bajar por sí mismo, usando los peldaños como si fueran ramas estables.
Eso sí, antes de subir, no olvides ponerte unos guantes gruesos y una camiseta o chaqueta de tela gruesa pues el animal estará en alerta y, por mucho que te quiera, puede arañarte y/o morderte por puro miedo. Un gato asustado actúa por instinto de supervivencia y puede engancharse a lo primero que tenga cerca, incluida tu piel.
Sube despacio, sin mirarle fijamente a los ojos (para muchos gatos, la mirada directa es una señal de reto) y habla con voz suave. Si llegas a su altura, intenta ofrecerle primero la mano cerrada para que la huela. Si se muestra muy tenso, es preferible no forzar el agarre y valorar si es mejor quedarse a una distancia prudente, animándole a acercarse a ti con comida o con su transportín colocado en un peldaño seguro.
En árboles muy altos, en zonas de difícil acceso o si no te sientes seguro subiendo, lo más recomendable es valorar pedir ayuda a servicios especializados de rescate de animales o a profesionales acostumbrados a trabajar en altura, siempre que en tu zona exista este tipo de servicio. Lo esencial es que tu seguridad y la del gato estén garantizadas.
¿Y si nada funciona?
Cuando nada funciona, entonces lo que hay que hacer es desistir durante un tiempo prudencial y dejar que la propia situación se resuelva de manera natural, siempre que el gato no esté herido ni el entorno suponga un peligro inmediato. Cuando tenga hambre, frío o simplemente se canse, bajará por sí solo, casi con total seguridad. A veces la mejor enseñanza es la no enseñanza: el felino puede necesitar aprender a bajar del árbol por sí solo, sin la ayuda de nadie, sólo siguiendo sus propios instintos.
Muchos gatos se quedan «atascados» más por bloqueo emocional que por incapacidad física. Al cabo de unas horas, cuando el miedo inicial disminuye, empiezan a calcular distancias, a moverse de rama en rama y encuentran una ruta de descento que antes no veían. Observar desde cierta distancia y asegurarte de que el entorno sigue siendo seguro (sin coches, sin perros sueltos, sin ramas peligrosas) es, en estos casos, la mejor contribución que puedes hacer.
Aunque una vez que esté abajo de la planta no dudes en echarle un vistazo a ver si tiene alguna herida que necesite ser revisada por un veterinario. Comprueba si cojea, si tiene alguna zona del cuerpo sensible al tacto, si respira con dificultad o si presenta cortes visibles. Cualquier signo de dolor, apatía o conducta extraña justifica una visita veterinaria para descartar lesiones internas o golpes que no se aprecian a simple vista.
De cara al futuro, si tu gato tiene acceso a un jardín, puede ser de ayuda ofrecerle alternativas seguras para trepar, como rascadores altos, estanterías adaptadas para gatos o plataformas junto a las ventanas. De este modo, satisface su necesidad natural de altura y ejercicio sin depender tanto de los árboles del exterior. También existen protectores específicos para troncos que impiden que los gatos trepen, muy útiles si hay árboles peligrosamente altos o cercanos a carreteras.
¡Mucho ánimo!, y paciencia Tu gato está usando sus garras, su equilibrio y su instinto felino para salir de una situación que, aunque te preocupe, forma parte de su naturaleza exploradora. Acompañarle con calma, ofrecerle seguridad desde el suelo y revisar su estado cuando baje es la mejor forma de cuidar de él sin impedirle disfrutar de esas aventuras que tanto le gustan.
