El comportamiento del gato es muy distinto al que tiene cualquier otro animal doméstico, especialmente al del perro. Hace lo que quiere y cuando quiere, y lo único que pide es que se le preste atención cuando lo necesite. ¿Es egoísta? Tal vez, pero lo cierto es que lo adoramos. Nos encanta ese carácter de despreocupación que tiene, y cuando se acerca a nosotros pidiendo mimos… ¿quién se puede resistir?
Si tenemos la suerte de tener un gato rebelde además nos podemos llegar a reír mucho. Aunque, eso sí, hay que saber cómo actuar si hace alguna travesura.
Ten mucha paciencia

Cuando decidimos traer un gato a casa debemos de saber que tenemos que tener mucha paciencia. Pero si además ha salido rebelde… más pacientes tenemos que ser. De hecho, hay que tener en cuenta que, cuanto más tranquilos/as estemos, más calmado/a estará él.
Así pues, si hace alguna travesura, no hay que gritarle ni castigarle, sino simplemente respirar cuantas veces sea necesario, y evitar que vuelva a ocurrir. Por ejemplo: si muerde el cable del teclado y lo rompe, no tiene sentido que le gritemos ni le peguemos, puesto que no lo entendería. Lo que tenemos que hacer en este caso es comprar un teclado nuevo, y utilizar repelentes para gatos para evitar que se acerque, o guardarlo dentro de un cajón cuando no lo estemos utilizando.
Además, la corrección debe ser inmediata y siempre en positivo: redirige su atención hacia un juguete y refuerza con premios cuando haga lo adecuado. Evita regañarle minutos después porque ya no asociará el gesto con la conducta. Nunca fuerces conductas de sumisión ni jerarquías, los gatos no funcionan así; aprenden por beneficio mutuo y por asociaciones agradables.

Anticípate

Para anticiparse es necesario saber qué necesidades tiene un gato, que son: beber, comer, hacer sus necesidades, afilarse sus uñas, llamar la atención pidiendo comida o cariño, jugar y dormir. Por lo tanto, para cubrirlas todas tendremos que comprar una serie de cosas para que sea feliz, a saber: comedero, bebedero, rascador, juguetes y cama.
Pero no es suficiente con comprárselo todo y hacérselo ver, sino que además es fundamental utilizar sus juguetes para jugar con él, dejar que se acerque y/o se suba en nuestro regazo para descansar, darle cariño cada vez que lo veamos,… en definitiva, hay que hacer vida con él. Sólo así podremos evitar en gran medida que haga algo que no nos guste.
Incluye normas claras y coherentes desde el principio: dónde come, dónde duerme, dónde rasca y qué zonas están permitidas. Si un día permites algo y al siguiente no, le confundes. Mantener la consistencia evita una reacción en cadena de pequeñas desobediencias.

Evita errores comunes
- Gritar o perder los nervios: solo genera miedo y empeora la conducta. Emplea refuerzo positivo y calma.
- Corregir demasiado tarde: intervén al instante redirigiendo al rascador o al juguete, sin castigos.
- Forzar a oler orina o heces: no entiende ese “castigo”. Revisa areneros (uno por gato + uno extra), limpieza diaria y ubicación tranquila.
- Castigar conductas naturales (rascar, trepar): ofrece rascadores estables, superficies variadas y zonas altas.
- Falta de disciplina familiar: todos en casa deben aplicar las mismas reglas y recompensas.
Descarta dolor y pide ayuda profesional
Un cambio brusco hacia la “rebeldía” puede tener origen médico. Los gatos tienden a ocultar el dolor y volverse ariscos para evitar manipulación. Señales de alerta: actitudes temerosas, se esconde, azota la cola con frecuencia, se frota la cabeza en exceso o adopta posturas defensivas. Consulta a tu veterinario para descartar patologías. Si todo está bien, un etólogo felino puede ayudarte a identificar estresores y a reeducar con un plan personalizado.
Refuerzo positivo, juego y enriquecimiento
Recompensa lo que te gusta con chuches, caricias o juego. Puedes marcar límites con un “¡ay!” o un “no” neutro y redirigir de inmediato. Evita usar las manos como juguete: prioriza cañas, plumas y pelotas. Programa sesiones cortas de juego a diario y termina con comida o descanso para bajar la excitación.
El aburrimiento alimenta muchas conductas problemáticas. Crea enriquecimiento ambiental: rascadores en varias estancias, estanterías o árboles para trepar, escondites, rotación de juguetes y puntos de observación a ventanas. Esto mejora la socialización, reduce la tensión y canaliza el instinto de caza.
Contacto y límites: respeta su carácter
No todos los gatos son igual de sociables. Aprende sus preferencias y no fuerces el contacto. Evita: acariciarle si no quiere, tocar zonas que no tolera, levantarle bruscamente, acercar la cara si se intimida o manipularle mientras come. Observa sus señales (orejas atrás, cola agitada, pupilas dilatadas) y ofrece una salida segura. Tu gato no “te castiga”, expresa estrés o incomodidad; tu papel es comprender y ayudar.
Con paciencia, anticipación, coherencia y mucho refuerzo positivo, la supuesta “rebeldía” se transforma en convivencia armoniosa. Tu gato aprende lo que le compensa y tú aprendes su idioma: así ambos ganáis.