
¿Qué es un gato? Todos sabemos lo que es. Quien más quien menos lo ha visto alguna vez, e incluso puede que haya convivido o esté conviviendo con uno. Tiene características propias que lo hacen ser único e irrepetible, un animal que tan sólo con verlo ya se reconoce, pero no quiero hablarte de esto, sino de lo que es un gato para una persona que quiere este felino.
En los libros de veterinaria, incluso en este mismo blog, encontrarás toda la información sobre su evolución, su modo de vida, su alimentación y mucho más, pero en este artículo vas a descubrir cómo vemos al gato aquellos que sentimos respeto y cariño hacia él.
Un gato es un animal mamífero y carnívoro capaz de cambiar la vida de una familia entera desde el minuto uno en el que está en casa. Es un peludo que se muestra respetuoso en la medida en la que su humano le respeta. En este sentido, se podría decir que tenemos mucho en común, pues recibiremos lo que damos. Hay una frase que refleja muy bien esto, dice así:
Es una labor muy difícil ganar el afecto de un gato; será tu amigo si siente que eres digno de su amistad, pero no tu esclavo.
No se puede obligarle a hacer nada que no quiera. Ni se debería, de hecho. Si quieres la amistad de tu gato, tienes que mentalizarte de que vas a necesitar dedicar una parte de tu tiempo a entender su lenguaje corporal y su forma de ser.

El gato siempre te verá como un «gato grande». Es por eso por lo que, si está muy a gusto contigo, te puede traer regalos (ya sean objetos «robados» de casa o animales que ha cazado fuera) y te tratará como a un igual.
No puedes esperar que te quiera si no lo cuidas como se merece. Si no estás con él todos los días, si no le das cariño, y si no te preocupas de darle comida, agua y atención veterinaria, no será feliz.
¿Que qué es un gato? Un gato es esto…:
Qué es un gato desde la biología: clasificación y rasgos físicos básicos

El gato doméstico pertenece a la especie Felis catus y es un mamífero carnívoro de la familia Felidae. Comparte grupo con otros felinos como el león, el tigre o el leopardo, aunque su tamaño es mucho menor. Dentro de la clasificación biológica se sitúa en el dominio Eukaryota, reino Animalia, filo Chordata, clase Mammalia y orden Carnivora, en el suborden Feliformia, lo que refleja su naturaleza de depredador especializado.
Su cuerpo es flexible, ligero y musculoso, preparado para la caza silenciosa. Mide alrededor de 46 cm de longitud desde la cabeza hasta la base de la cola, con una altura de unos 23-25 cm a la cruz, aunque puede haber variaciones según la raza y el individuo. Generalmente pesa entre 2,5 y 7 kg, si bien algunas razas grandes como el Maine Coon pueden superar con facilidad ese peso cuando están sanas.
Las patas delanteras tienen cinco dedos (uno no apoya en el suelo) y las traseras cuatro. Sus garras son retráctiles, largas y muy curvadas, lo que les permite caminar sin hacer ruido, trepar, defenderse y sujetar a la presa cuando cazan. Además, cuentan con almohadillas blandas y sensibles que amortiguan el impacto y les ayudan a moverse de forma sigilosa.
La cabeza es relativamente redondeada y corta, con orejas triangulares y normalmente erguidas. Las pupilas de sus ojos se contraen en una hendidura vertical, adaptándose a diferentes niveles de luz y permitiendo que el gato vea bien incluso con muy poca iluminación. Posee un tercer párpado o membrana nictitante que ayuda a proteger el ojo.
La lengua del gato está cubierta por papilas córneas en forma de pequeños ganchos, hechas de queratina. Estas estructuras le sirven tanto para arrancar restos de carne de las presas como para acicalarse y mantener su pelaje limpio, lo que explica la frecuencia con la que un gato se lava a lo largo del día.
Sentidos y forma de percibir el mundo
Si algo define al gato como depredador es la finura de sus sentidos. La vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto trabajan juntos para convertirlo en un cazador extremadamente eficiente, incluso cuando vive como animal de compañía y parece llevar una vida tranquila en casa.
En cuanto a la visión, el gato está adaptado para ver especialmente bien en condiciones de luz tenue. Sus ojos poseen una estructura llamada tapetum lucidum, una capa reflectante que devuelve la luz hacia la retina y mejora la capacidad de detección en la oscuridad. Además, su campo visual es amplio, alrededor de 200 grados, con una gran percepción de la profundidad, algo crucial para calcular saltos y distancias.
El oído del gato es otro de sus grandes aliados. Cada oreja posee alrededor de 32 músculos, lo que le permite orientarlas de forma independiente y localizar con precisión la procedencia de un sonido. Puede percibir frecuencias mucho más agudas que las que alcanza el oído humano, lo que le ayuda a detectar pequeños roedores o insectos incluso cuando nosotros no percibimos nada.
El olfato, aunque menos especializado que el del perro, está muy bien desarrollado. Dispone de un órgano vomeronasal u órgano de Jacobson, situado en el paladar, que le sirve para analizar feromonas y otra información química fundamental en su comunicación social. El gesto de levantar ligeramente el labio superior, conocido como reflejo de Flehmen, está relacionado precisamente con el uso de este órgano.
En la boca tiene muchas menos papilas gustativas que el ser humano, y además presenta una mutación en los receptores del sabor dulce que hace que no pueda percibirlo. Sus papilas están adaptadas para reconocer proteínas, aminoácidos y sabores amargos, lo que encaja con su dieta de carnívoro estricto.
Las famosas vibrisas, o bigotes, son pelos muy rígidos y profundamente insertados en la piel, conectados a terminaciones nerviosas. Funcionan como un sofisticado sensor táctil, ayudando al gato a percibir corrientes de aire, medir espacios reducidos y orientarse incluso en completa oscuridad.
Comportamiento, comunicación y forma de relacionarse
El gato se comunica de maneras muy sutiles y variadas. Emite vocalizaciones como maullidos, ronroneos, gruñidos, bufidos o chillidos, pero también utiliza el lenguaje corporal: la posición de la cola, de las orejas, la postura general del cuerpo y la mirada dicen muchísimo sobre cómo se siente en cada momento.
El maullido es una vocalización que los gatos usan sobre todo con los humanos; entre ellos suelen comunicarse más por posturas y olores. Pueden maullar para pedir comida, para saludar, para expresar incomodidad o simplemente para llamar tu atención. Algunos gatos son muy “habladores” y otros apenas emiten sonidos, pero todos aprenden qué tipo de maullido funciona mejor con su persona de referencia.
El ronroneo suele asociarse a relajación y bienestar, aunque también puede aparecer en situaciones de dolor o estrés, como forma de autorregulación. Su vibración, producida por la laringe y la caja torácica, tiene frecuencias que se han relacionado incluso con efectos beneficiosos sobre la regeneración ósea y la relajación muscular.
Para comunicarse con su entorno, el gato utiliza también el marcado con feromonas. Tiene glándulas en las mejillas, en la frente, alrededor de la cola y en las almohadillas de las patas. Cuando se frota contra tus piernas, contra un mueble o contra la esquina de una puerta, está dejando señales químicas que indican que ese lugar, o esa persona, forman parte de su zona segura.
A nivel social, el gato no es el animal solitario que muchas veces se cree. En libertad puede formar colonias organizadas, especialmente alrededor de fuentes de alimento, donde las hembras suelen cooperar y los machos mantienen jerarquías y territorios. En casa, cada gato necesita sus recursos básicos (arenero, comederos, lugares de descanso) y un espacio en el que pueda sentirse tranquilo y sin presiones.
Reproducción, ciclos de vida y salud básica del gato doméstico
Desde el punto de vista biológico, los gatos son animales con una alta capacidad reproductiva. Las hembras pueden entrar en celo varias veces al año y la gestación dura unos 65 días, con camadas que pueden ir de una a diez crías. Este potencial explica por qué, si no se controla, la población felina puede crecer rápidamente, especialmente en colonias de gatos callejeros.
La esterilización temprana de machos y hembras no sólo ayuda a frenar la sobrepoblación, sino que aporta beneficios importantes para la salud, como la reducción del riesgo de tumores mamarios en las gatas o de problemas de comportamiento relacionados con la marcación y las peleas territoriales en los machos.
Un gato bien cuidado, con revisiones veterinarias periódicas, vacunaciones al día y una alimentación adecuada, puede vivir con buena calidad de vida durante muchos años. Debido a su metabolismo específico de carnívoro, necesita proteínas de origen animal en proporciones altas, y no tolera bien algunos medicamentos y alimentos que los humanos consumimos sin problema, por lo que nunca debe medicarse sin supervisión profesional.
Entre los cuidados básicos de salud destacan el control del peso para evitar la obesidad, la prevención de parásitos internos y externos, la revisión dental, el enriquecimiento ambiental y la atención a cualquier cambio en su conducta, ya que los gatos tienden a ocultar el dolor y muchas enfermedades se manifiestan de forma muy sutil al principio.
Un gato, en definitiva, es mucho más que un animal bonito o independiente: es un pequeño felino con un cuerpo afinado por la evolución para la caza, con sentidos extraordinarios, una vida emocional rica y una manera muy propia de crear vínculos profundos con las personas que le rodean. Cuando se le respeta y se le comprende, puede convertirse en un compañero de vida tan discreto como intenso, capaz de transformar la rutina diaria en algo mucho más especial.
