Los gatos son animales que no suelen beber mucha agua, algo que tiene mucha lógica cuando piensas que necesitan ingerir prácticamente toda la que necesitan de su comida. Esta característica es una herencia de sus ancestros del desierto, quienes evolucionaron para obtener la mayor parte de su hidratación de sus presas (pequeños mamíferos o aves), que contienen entre un 70% y 75% de agua.
Al pasar a vivir con los humanos, sus hábitos cambian. Tienen la posibilidad de beber más, pero surge una duda fundamental: ¿puede beber mi gato cualquier tipo de agua? No todos los líquidos son seguros y es vital conocer cuáles son los riesgos para evitar problemas renales o sistémicos.
La importancia vital del agua en los felinos

El agua es imprescindible para la vida. De hecho, el 60% al 70% del cuerpo de un gato está compuesto por agua, presente en cada célula, en la sangre y en la saliva. Sus funciones son críticas: regula la temperatura corporal, facilita la digestión, transporta nutrientes y oxígeno, y permite que los riñones eliminen los desechos a través de la orina.
Si un gato pasa tres días sin beber, empezaría a tener serios problemas de salud que podrían causarle la muerte a menos que se trataran a tiempo. La deshidratación puede derivar en insuficiencia renal crónica, problemas hepáticos, estreñimiento y problemas cutáneos. Por el contrario, un consumo excesivo y repentino de agua (polidipsia) también puede ser una señal de alerta sobre enfermedades como la diabetes mellitus o el hipertiroidismo.
¿Cuánta agua debe beber un gato al día?
Aunque no haya una medida exacta, la guía general indica que un gato debe ingerir entre 50 y 100 ml de agua por kilogramo de peso corporal al día. Por ejemplo, un gato de 4 kg debería consumir entre 200 y 400 ml diarios.
Sin embargo, esta cantidad varía drásticamente según varios factores:
- La dieta: El pienso seco contiene menos del 10% de humedad, obligando al gato a beber más. En cambio, la comida húmeda (latas o sobres) aporta hasta un 80% de agua, reduciendo la necesidad de beber del cuenco.
- La época del año: En verano, debido al calor y al jadeo (que provoca pérdida de agua por evaporación), la ingesta debe aumentar.
- Edad y actividad: Los gatitos en crecimiento y los gatos ancianos suelen tener necesidades distintas. Además, los gatos de exterior suelen ser más activos, aunque compensen la hidratación cazando.

¿Qué tipo de agua es la mejor y cuáles evitar?
La mejor agua para beber para un gato es la mineral, ya sea embotellada o agua de lluvia recolectada en zonas limpias. No obstante, existen opciones que debemos evitar o limitar:
- Agua del grifo (calcárea): Muy común en regiones mediterráneas. Aunque muchos gatos la beben, el exceso de cal puede provocar la formación de cálculos en los riñones o la vesícula.
- Agua de la piscina: El cloro y otros químicos son altamente perjudiciales para el sistema renal del gato. Nunca debe beberla.
- Agua de té: Contiene metilxantinas (como la teína), que actúan como estimulantes y pueden alterar gravemente su sistema nervioso.

Consejos para fomentar la hidratación de tu gato
Dado que los gatos son selectivos y tienen un instinto de sed menos desarrollado que los perros, a veces debemos ingeniárnoslas para que beban lo suficiente:
- Uso de fuentes de agua: A muchos felinos les atrae el agua en movimiento, ya que instintivamente la asocian con agua más fresca y limpia.
- Multiplicar los puntos de bebida: Colocar varios bebederos en diferentes habitaciones aumenta la probabilidad de ingesta. Se recomienda separarlos del área de comida y del arenero.
- Higiene rigurosa: Limpiar el recipiente 2 o 3 veces al día es fundamental. El sentido del olfato y el gusto del gato es muy agudo; si el agua sabe a plástico o está estancada, no beberá.
- Materiales adecuados: Evita el plástico, que puede soltar sabores. Lo ideal son bebederos de acero inoxidable o cerámica, que mantienen el agua más fresca.
- Combinar dietas: La introducción de comida húmeda es la estrategia más efectiva para evitar la deshidratación en gatos que rechazan el agua.

Mantener una vigilancia constante sobre los hábitos de bebida de tu mascota es la mejor forma de prevenir enfermedades graves. Si notas que tu gato bebe más de 100 ml por kilo de forma persistente, o si presenta letargo y pérdida de apetito, es fundamental acudir al veterinario para realizar análisis de sangre u orina y descartar patologías renales o endocrinas.