El gato, siempre que se trate con respeto, paciencia y cariño, es un peludo que poco a poco va a sentirse muy bien con la compañía de su familia humana, ya que se va a dar cuenta enseguida de que su espacio personal está protegido y que tan sólo tiene que acercarse a ella para conseguir lo que quiere. Sin embargo, pueden haber determinados momentos en los que no reciba el trato adecuado o en los que viva cambios que no entiende y eso afecte a la relación.
Cuando esto ocurre, es normal que te preguntes por qué mi gato no me quiere, o por qué parece ignorarte, evitarte o mostrarse arisco sólo contigo. Para encontrar la respuesta a esa pregunta, tenemos que buscar el origen de su comportamiento: cómo se siente, qué ha cambiado en su entorno y qué mensajes está intentando transmitir. Una vez entendido esto, será mucho más fácil recuperar y fortalecer el vínculo con tu felino.
Acaba de conocerte

Si acabas de adoptar al gato, es normal que desconfíe de ti y que, por supuesto, no te dé ninguna muestra de cariño, e incluso que te bufe y/o se aleje cada vez que intentas acercarte. Has de pensar que hasta hace muy poco quizás estaba con su madre y hermanos, o con unas personas que se encargaban de cuidarlo, o incluso que ha pasado por experiencias negativas antes de llegar a tu casa.
En esta fase inicial, tu gato necesita tiempo para adaptarse a su nuevo hogar, a los sonidos, olores, rutinas y, por supuesto, a ti. Hay gatos muy sociables que se integran enseguida, y otros más tímidos o inseguros que requieren semanas —o incluso meses— para sentirse realmente tranquilos. Ninguna de estas formas de ser significa que el gato no te vaya a querer; sólo indica un ritmo de adaptación diferente.
Tan sólo tienes que darle tiempo y demostrarle que ahora tú eres su familia. Una familia que lo quiere y que hará lo que sea para que sea feliz. Para ello, obsérvalo y comienza a entender su lenguaje corporal. Un gato que mantiene la cola baja, las orejas hacia atrás o el cuerpo encorvado te está diciendo que se siente inseguro; si la cola está en alto y las orejas relajadas, es una señal de confianza.

Invítale a jugar con un juguete para gatos o una cuerda todos los días, pero sin agobiarlo. El juego es una forma muy potente de crear vínculo positivo porque asocia tu presencia con algo divertido. Al mismo tiempo, evita forzar el contacto físico: deja que sea él quien se acerque, olisquee tu mano y decida cuándo quiere una caricia.
Además, no hagas ruidos fuertes ni movimientos bruscos que puedan asustarlo, y procura que su primera etapa en casa sea lo más predecible posible: horarios regulares de comida, rincones seguros y escondites donde pueda refugiarse cuando lo necesite. Por supuesto, y aunque sea obvio, debes de darle agua y comida a diario, y dejarlo tranquilo mientras está comiendo, durmiendo o haciendo sus necesidades. Respetar estos momentos refuerza en él la sensación de seguridad.
Ha sucedido un cambio importante o has hecho algo mal

A menudo el humano echa la culpa a los demás de algo que él ha hecho, o pasa por alto cambios que para el gato son enormes. En lo que se refiere a los gatos, si su peludo orina en la cama (por ejemplo) la persona tenderá a pensar que lo ha hecho para castigarlo. Si además en los próximos días comienza a tratar al felino de mala manera, ya sea ignorándole, gritándole o pegándole (algo que, por cierto, es un delito de maltrato animal), el gato no sólo se orinará más veces fuera de la bandeja, sino que además dejará de confiar en esa persona.
Los gatos son muy sensibles a los cambios en su entorno: mudanzas, reformas en casa, la llegada de un bebé, la adopción de otro animal, ausencias prolongadas del tutor (por ejemplo, vacaciones largas), visitas constantes o ruidos intensos. Algo tan simple como cambiar de sitio la bandeja de arena o su comedero puede hacer que tu gato se sienta inseguro y estresado, y ese estrés puede traducirse en que se esconda, parezca distante o incluso te evite a ti en particular.
No es raro escuchar cosas como “me fui unos días y ahora mi gato ya no me quiere” o “desde que llegó otro animal a casa mi gato me rechaza”. Lo que suele ocurrir es que el felino ha vivido esa ausencia o ese cambio como algo desestabilizador, se ha sentido solo o incluso abandonado, y necesita tiempo y experiencias positivas para volver a verte como una figura totalmente segura.
Para evitar esto, hay que tratarlo con respeto y paciencia, desde el primer día, y preguntarse por qué ha hecho eso o por qué ha cambiado su actitud. Siguiendo con el ejemplo de la bandeja, cuando un gato no la utiliza puede ser por varias cosas: la arena está sucia, la bandeja está en una habitación ruidosa o cerca de la comida, ha habido cambios en su marca de arena que no le gustan, o, lo que es más serio, tiene algún problema de salud (cistitis, por ejemplo).
También pueden influir pequeñas experiencias negativas: un tirón de cola sin querer, cogerlo de forma incómoda, perseguirlo cuando no quiere jugar, o castigarlo por arañar o maullar. El gato puede asociar tu presencia con malestar o miedo y empezar a evitarte, aun cuando tú sientas que sólo has intentado educarlo. En estos casos, es clave cambiar totalmente el enfoque y basar la convivencia en refuerzo positivo (premios, caricias, palabras suaves) en lugar de castigos.

En situaciones de cambio o estrés, y en realidad, siempre, tenemos que actuar como lo que somos: sus cuidadores, y llevarlo al veterinario cada vez que sea necesario. Si tu gato ha pasado de ser muy cariñoso a mostrarse distante sólo contigo, o si además observas señales como pérdida de apetito, letargo, cambios en su rutina de aseo o en el uso del arenero, puede haber un problema físico que aumente su irritabilidad o su necesidad de estar solo.
No recibe los cuidados que necesita (o no como él los necesita)

Cuando tenemos un gato en casa pero no lo cuidamos como se merece, tenderá a sentirse muy triste y solo. Cuanto más se prolongue la situación, menos cariño nos tendrá y más tenderá a “vivir en su mundo”, ignorando a las personas. Por eso, antes de siquiera adoptarlo tenemos que tener muy presente que un gato es un ser vivo, que nos pedirá atención casi constantemente (excepto cuando duerma), y que debemos de responsabilizarnos de él en todos los aspectos de su bienestar. Si no tenemos esto claro, lo mejor será no adoptarlo.
Ese bienestar incluye no sólo comida y agua, sino también seguridad emocional, juego, estimulación mental, lugares para escalar, rascadores y un ambiente tranquilo donde pueda descansar. Un gato que se aburre, que pasa largas horas solo sin estímulos o que vive en un entorno caótico puede mostrarse apático, huidizo o irritable. Muchas veces, lo que interpretamos como “mi gato no me quiere” es en realidad un gato que está estresado o subestimulado.
Un gato no es un objeto decorativo. Ni siquiera un objeto. Es un animal al que, si no se le hace compañía y se le da comida y agua cada día, no vivirá ni feliz ni mucho tiempo. Además, su carácter puede volverse más desconfiado si sus necesidades básicas y emocionales no están bien cubiertas. Si tu gato se esconde constantemente, evita el contacto o responde con arañazos y mordiscos a las caricias, es importante revisar si estás respetando sus límites y ofreciéndole lo que necesita.

Las muestras de cariño desmesuradas también pueden invadir sus límites. Algunos gatos disfrutan mucho de los mimos largos y de que los cojan en brazos, mientras que otros prefieren caricias breves en la cabeza o el lomo y se agobian si los tocas demasiado tiempo. Si tu gato se aleja, salta de tus brazos, te muerde suave o mueve la cola con brusquedad, te está diciendo que ya ha tenido suficiente contacto. Forzarlo sólo hará que empiece a desconfiar o a enfadarse.
Debemos entender que hay contextos en los cuales no podemos molestarlo. Por ejemplo, ¿te gustaría que mientras duermes plácidamente alguien te levantara sin previo aviso? Seguramente no te haría ninguna gracia, y a tu gato tampoco. Lo mismo ocurre cuando está usando el arenero, comiendo o escondido en un rincón tranquilo: interrumpir esos momentos puede incrementar su estrés y empeorar el vínculo.
Si el bienestar de la mascota no está bien cubierto, puede mostrarse arisco. Como tutor, puedes asegurarte de que tenga alimento adecuado, seguridad, entretenimiento y juego diario, para que no se sienta estresado y, como consecuencia, se muestre hostil. También hay que preocuparse por la salud del gato, ya que en ocasiones surgen reacciones agresivas porque el peludo está sufriendo algún dolor o patología clínica que no es evidente a simple vista.
Cuídalo como se merece y disfrutarás de una amistad maravillosa Un gato que se siente comprendido, respetado en su espacio, estimulado y atendido en su salud puede parecer a veces independiente, pero te demostrará su afecto con pequeños gestos: frotarse contra ti, dormir cerca, seguirte por la casa o regalarte un parpadeo lento desde el otro lado del sofá. Aunque a veces tengas la sensación de que tu gato no te quiere, lo más habitual es que sólo esté comunicando sus necesidades y emociones a su manera felina.