Por qué mi gato no me quiere

El gato, siempre que se trate con respeto, paciencia y cariño, es un peludo que poco a poco va a sentirse muy bien con la compañía de su familia humana, ya que se va a dar cuenta enseguida de que su espacio personal está protegido, y que tan sólo tiene que acercarse a ella para conseguir lo que quiere. Pero pueden haber determinados momentos en los que no reciba el trato adecuado.

Si eso llegara a ocurrir, seguramente habrá quien se pregunte por qué mi gato no me quiere. Para encontrar la respuesta a esa pregunta, tendremos que buscar el origen de este comportamiento. Luego, nos será más fácil recuperar el cariño del felino.

Acaba de conocerte

Si acabas de adoptar al gato, es normal que desconfíe de ti y que, por supuesto, no te dé ninguna muestra de cariño, y que incluso te bufe y/o se aleje cada vez que intentas acercarte. Has de pensar que hasta hace muy poco quizás estaba con su madre y hermanos, o con unas personas que se encargaban de cuidarlo.

Tan sólo tienes que darle tiempo, y demostrarle que ahora tú eres su familia. Una familia que lo quiere y que hará lo que sea para que sea feliz. Para ello, obsérvalo y comienza a entender su lenguaje corporal. Invítale a jugar con un juguete para gatos o una cuerda todos los días, y no hagas ruidos fuertes para no asustarlo. Por supuesto, y aunque sea obvio, debes de darle agua y comida a diario, y dejarlo tranquilo mientras está comiendo, durmiendo o haciendo sus necesidades.

Has hecho algo mal

A menudo el humano echa la culpa a los demás de algo que él ha hecho. En lo que se refiere a los gatos, si su peludo orina en la cama (por ejemplo) la persona tenderá a pensar que lo ha hecho para castigarlo. Si además en los próximos días comienza a tratar al felino de mala manera, ya sea ignorándole, gritándole o pegándole (algo que, por cierto, es un delito de maltrato animal), el gato no sólo se orinará más veces fuera de la bandeja, sino que además dejará de confiar en esa persona.

Para evitar esto, hay que tratarlo con respeto y paciencia, desde el primer día. Y preguntarse por qué ha hecho eso. Siguiendo con el ejemplo, cuando un gato no utiliza su bandeja puede ser por varias cosas: la arena está sucia, la bandeja está en una habitación ruidosa o cerca de la comida, o, lo que es más serio, tiene algún problema de salud (cistitis, por ejemplo). En estas situaciones, y en realidad, siempre, tenemos que actuar como lo que somos: sus cuidadores, y llevarlo al veterinario cada vez que sea necesario.

No recibe los cuidados que necesita

Cuando tenemos un gato en casa pero no lo cuidamos como se merece, tenderá a sentirse muy triste y solo. Cuanto más se prolongue la situación, menos cariño nos tendrá. Por eso, antes de siquiera adoptarlo tenemos que tener muy presente que un gato es un ser vivo, que nos pedirá atención casi constantemente (excepto cuando duerma), y que debemos de responsabilizarnos de él.

Un gato no es un objeto decorativo. Ni siquiera un objeto. Es un animal al que, si no se le hace compañía y se le da comida y agua cada día, no vivirá ni feliz ni mucho tiempo. Si no tenemos esto claro, lo mejor será no adoptarlo.

Cuídalo como se merece y disfrutarás de una amistad maravillosa 😉 .

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2 comentarios, deja el tuyo

  1.   Loli dijo

    Me encontré al gatito muy débil y sucio delgadito.. Lo lleve al veterinario.. Le hicieron todo por q no muriese y de hecho era un valiente,, yo enpiezo a trabajar y mi hijo lo cuidaba y es un rey de la casa, el problema esq quiere a todos de la casa menos a mi,, lo intento mimar le doy comida y nada,, no consigo q se hacer que lo cojo y me muerde y no consigo nada, solo se hacercar si le doy algo de camer, me sigue a todos los sitios pero nada…

    1.    Monica Sanchez dijo

      Hola Loli.
      Te recomiendo dejarle su espacio 🙂 (Ojo, esto no va con malos rollos, sino que es algo que me ha enseñado la propia experiencia). No vayas a por el gato, deja que él vaya a por ti.

      Sigue dándole comida, y premiálo de vez en cuando con algo que le guste especialmente (comida húmeda por ejemplo). Invítale a jugar moviendo una cuerda o tirando una pelotita.

      Cuando lo mires, abre y cierra los ojos de forma lenta. Así le estarás diciendo en su idioma que lo quieres y que puede confiar en ti.

      Pero no lo sostengas en brazos si no quiere. Es mejor que sea él el que salte encima de ti. 😉

      Mucho ánimo, y ¡paciencia! Poco a poco irás viendo resultados.

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