
A lo largo de la vida de un gato va a caer enfermo alguna que otra vez. Por mucho que le proporcionemos todos los cuidados que necesita, lamentablemente nunca podremos protegerlo del todo contra los microorganismos que causan enfermedades ni contra todos los factores ambientales irritantes que pueden afectar a su nariz.
Por eso, seguramente alguna que otra vez nos preguntemos por qué mi gato estornuda mucho. Si sospechas que tu peludo no se encuentra bien, a continuación te explicaremos cuáles son las posibles causas, qué otros síntomas deben ponerte en alerta y cuándo es imprescindible acudir al veterinario.
Antes de entrar en materia, es importante saber que los gatos, al igual que los humanos, estornudan de vez en cuando para expulsar partículas o agentes irritantes de la nariz que les están provocando molestias (en otras palabras, para descargar la materia de la nariz). Un estornudo aislado, sin otros signos, suele ser algo puntual. Pero si además de este síntoma tiene secreciones acuosas o espesas en los ojos y nariz, se ve triste y/o está perdiendo el apetito, será el momento de llevarlo al veterinario. Sepamos cuáles son los motivos por los que un gato puede estornudar mucho.
Principales causas de que un gato estornude mucho

Cuando un gato estornuda de forma repetida, especialmente varias veces al día durante varios días, puede deberse a irritantes ambientales inofensivos o a problemas de salud que requieren tratamiento. Las causas más importantes que debes conocer son las siguientes.
Alergias
Si tu gato tiene alergia a algo, ya sea polen, polvo, u otros alérgenos, estornudará para tratar de librarse de aquello que le causa el picor. Los alérgenos ambientales más habituales son el polen de plantas, los ácaros del polvo, el humo del tabaco, ciertas arenas perfumadas para el arenero y algunos productos químicos de limpieza.
En los cuadros alérgicos también es frecuente notar ojos llorosos, lagrimeo constante, prurito facial o que el gato se frote la cara con las patas o contra los muebles. A diferencia de una infección vírica, estos síntomas suelen ser más crónicos y empeoran cuando el gato está en contacto con el desencadenante.
Para saber con seguridad si la padece o no, lo más aconsejable es llevarlo al veterinario. Allí podrán valorar si se trata de una alergia ambiental, alimentaria u otra causa. Si finalmente se confirma tu sospecha, con medicamentos antihistamínicos recetados por un profesional el peludo podrá hacer vida normal y, además, el veterinario te orientará sobre qué cambios introducir en casa para reducir la exposición a alérgenos.
Bacterias
Por lo general, las infecciones respiratorias están causadas por virus, pero a veces pueden estarlo por bacterias, como la clamidia o la Bordetella. Estas bacterias suelen aprovechar una mucosa nasal ya irritada por un virus o alergia y provocar mocos espesos de color verde o amarillento, estornudos frecuentes y, en ocasiones, tos.
Son muy contagiosas, y se transmiten a través del contacto físico cercano, el aseo mutuo entre gatos o el uso compartido de comederos y bebederos. Si no se tratan, pueden derivar en una rinitis crónica o desarrollar una neumonía, la cual puede ser mortal y comprometer gravemente la respiración del animal.
En estos casos, el gato puede presentar también fiebre, decaimiento evidente, pérdida de apetito y dificultad para respirar, sobre todo si la infección progresa hacia pulmones. El veterinario recetará antibióticos y te aconsejará mantener aislado al gato enfermo hasta que mejore para evitar contagios a otros felinos de la casa.
Virus
Hay varios virus, como el herpes felino y el calicivirus, que pueden causar estornudos. Éstos se transmiten de un gato a otro por contacto directo a través del aseo, por el intercambio de alimentos y por los estornudos. Son enfermedades muy comunes en gatos que viven en el exterior, en colonias felinas o en lugares con alta densidad de animales, como refugios.
Cuando el origen es vírico, además de los estornudos pueden aparecer secreción nasal acuosa o espesa, ojos llorosos, conjuntivitis, úlceras en la boca, fiebre y apatía. En gatitos jóvenes o gatos con defensas bajas, el cuadro puede ser especialmente grave y derivar en una auténtica gripe felina con afectación general del organismo.
Muchos gatos que superan la infección quedan como portadores crónicos: aparentemente están bien, pero pueden sufrir brotes de estornudos, mocos y lagrimeo en épocas de estrés, cambios de rutina o enfermedades concurrentes. Por eso es tan importante reducir el estrés en casa y mantener una buena prevención.
Son enfermedades muy frecuentes, pero afortunadamente se pueden prevenir con una vacuna incluida dentro del calendario vacunal felino habitual. Aunque la vacuna no siempre evita por completo la infección, sí reduce mucho la gravedad de los síntomas y las complicaciones asociadas.

Otras causas importantes de estornudos en gatos
Además de alergias, virus y bacterias, existen otras causas menos conocidas que también pueden explicar por qué un gato estornuda tanto. Es fundamental tenerlas en cuenta, sobre todo cuando el problema se vuelve crónico o no mejora con los tratamientos iniciales.
Una de las causas frecuentes son los cuerpos extraños nasales, como briznas de hierba, pequeñas semillas o partículas que quedan alojadas en la cavidad nasal. En estos casos, el gato suele estornudar de forma muy repetida, a veces con sacudidas intensas de la cabeza, y el problema no remite hasta que el cuerpo extraño se elimina o se extrae bajo sedación en la clínica.
También hay que considerar las infecciones fúngicas (por hongos) y determinadas malformaciones congénitas de las vías respiratorias superiores, que pueden predisponer a estornudos crónicos, secreción nasal persistente o respiración ruidosa. Aunque son menos comunes, requieren un diagnóstico veterinario preciso mediante pruebas de imagen y análisis específicos.
En gatos de edad avanzada o con estornudos persistentes por una sola fosa nasal, los veterinarios también valoran la presencia de bultos o tumores en la cavidad nasal. Estos procesos pueden provocar estornudos, dificultad para respirar por la nariz, secreciones con sangre y, en ocasiones, deformación facial leve.
Cuándo debes preocuparte y acudir al veterinario

Un estornudo aislado, sin mocos ni cambios en el comportamiento, suele ser un reflejo normal y no reviste gravedad. Sin embargo, es importante vigilar si con el paso de las horas aparecen síntomas asociados que indiquen un problema respiratorio o sistémico.
Debes acudir al veterinario cuanto antes si observas en tu gato alguno de estos signos junto a los estornudos: mucosidad abundante (clara, amarilla, verde o con sangre), ojos llorosos, legañas, dificultad para respirar, respiración ruidosa, tos, fiebre, apatía o pérdida de apetito. En gatitos, gatos mayores o con otras enfermedades previas, la visita no debe demorarse.
El veterinario realizará un examen clínico completo y, si lo considera necesario, podrá solicitar radiografías, análisis de sangre, pruebas de laboratorio para detectar virus o bacterias concretos e incluso estudiar la cavidad nasal con técnicas avanzadas. Detectar la causa de los estornudos en fases tempranas mejora mucho el pronóstico y permite instaurar el tratamiento adecuado lo antes posible.
Si sospechas que tu gato no se encuentra bien, si ha empezado a hacer cosas que no hacía, o si ha cambiado su rutina, no dudes en llevarlo al veterinario. Un gato que respira bien, come con normalidad y no presenta estornudos persistentes tendrá muchas más opciones de mantenerse sano y disfrutar durante años de una buena calidad de vida a tu lado.