Los gatos son unos animales que soportan tan bien el dolor, que sólo se quejarán cuando ya no puedan más. Es, por lo tanto, muy necesario prestar atención a cualquier cambio que se produzca en su comportamiento para poder identificar más rápidamente el malestar de nuestro amigo, y actuar en consecuencia.
Uno de los síntomas que más puede llamar la atención es la salivación excesiva. A veces puede no significar nada grave y estar asociado a placer o relajación, pero en otras sí que habrá que acudir al veterinario pues su vida podría correr peligro. Dicho esto, si te estás preguntando por qué mi gato babea mucho, aquí encontrarás una explicación detallada de todas las causas posibles, desde las más leves hasta las más graves, y qué hacer en cada caso.
Origen de la salivación excesiva o ptialismo

La salivación excesiva, también conocida por el nombre de ptialismo o hipersalivación, puede tener orígenes muy diferentes. Algunas causas son relativamente inocuas y otras pueden comprometer seriamente la salud del gato. Además, la hipersalivación no siempre se debe a un problema localizado en la boca; también puede ser consecuencia de alteraciones neurológicas, metabólicas, gastrointestinales o infecciosas.
Antes de alarmarse, conviene hacerse dos preguntas clave:
- ¿Tu gato siempre ha babeado un poco? Hay ejemplares que, por carácter o constitución, salivan algo más cuando están relajados o disfrutan de una caricia. En estos casos el babeo suele ser leve, transparente y puntual.
- ¿La salivación ha aparecido de forma repentina o es mucho mayor que antes? Cuando el babeo es intenso, constante, aparece de repente o se acompaña de otros signos (apatía, vómitos, mal aliento, dificultad para comer, sangre en la boca…), suele indicar un problema que debe valorarse con un veterinario.
Vamos a ver, una por una, las causas más frecuentes por las que un gato puede babear mucho.
Envenenamiento e intoxicaciones

Si tu peludo ha ingerido algo en mal estado, o si sale al exterior y se ha comido hierba tratada con insecticida, uno de los primeros síntomas será el babeo. Pero no será un poco de saliva y ya está, sino que puede actuar como la espuma, es decir, que se puede llegar a expandir y cubrir toda la boca. También puede ocurrir si le has puesto una pipeta o lo has pulverizado con spray para las pulgas y las garrapatas y se ha lamido, ingiriendo así el producto.
Las intoxicaciones más habituales que provocan hipersalivación son:
- Productos de limpieza y sustancias cáusticas o corrosivas: lejía, limpiadores del hogar, desinfectantes, algunos desengrasantes o detergentes. Pueden quemar la mucosa oral y provocar un babeo muy abundante, a menudo acompañado de dolor, arcadas y dificultad para tragar.
- Plantas tóxicas: muchas plantas ornamentales son peligrosas para los gatos. Algunas, como ciertos lirios, flores de Pascua u otras especies tóxicas, pueden causar hipersalivación, vómitos y daño renal si se ingieren.
- Insecticidas organofosforados y carbamatos (antiguos pulguicidas o productos agrícolas): además de salivación intensa, pueden provocar diarrea, vómitos, pupilas muy contraídas, debilidad muscular, bradicardia y temblores.
- Medicamentos de uso humano o veterinario mal dosificados: algunos fármacos, como la mirtazapina o la ciclosporina en ciertos gatos, pueden desencadenar hipersalivación como efecto secundario.
Es muy peligroso, por lo que si ves a tu amigo babear de esta manera, quítale cualquier resto de producto visible con un trapo seco rápidamente y evita que siga lamiéndose. No le provoques el vómito si sospechas que ha ingerido sustancias corrosivas. Si crees que tu gato puede haber sido envenenado, estos son los síntomas de envenenamiento en gatos y la mejor opción es acudir de urgencia al veterinario con toda la información posible sobre el tóxico.
Dolor de boca y problemas bucodentales
Si ha sufrido un traumatismo, si tiene alguna infección en los dientes, sarro, y/o las encías inflamadas, va a tener problemas para tragarse la saliva producida, por lo que tenderá a “sacarla” y la verás acumularse en la comisura de la boca o caer en forma de hilos.
Dentro de las enfermedades bucodentales más frecuentes que provocan babeo destacan:
- Gingivitis y estomatitis: inflamación de encías y mucosa oral, que estimula la producción de saliva y dificulta su deglución. Suele ir acompañada de mal aliento y dolor.
- Sarro y enfermedad periodontal: la acumulación de placa bacteriana causa infecciones y pérdida de piezas dentales. Es típico que el gato mastique de un solo lado, deje comida en el comedero o rechace el pienso seco.
- Abscesos dentales o fracturas de dientes: provocan mucho dolor local y, a menudo, una saliva espesa y con mal olor. El gato puede quejarse al masticar o incluso evitar que le toquen la cara.
- Úlceras y tumores en la boca: tanto lesiones benignas como procesos tumorales en lengua, encías o paladar pueden originar hipersalivación, sangre en la saliva y rechazo al alimento.
Estos problemas ocurren sobre todo en gatos de edad avanzada, cuando ya empiezan a tener artrosis y otros desgastes, pero aunque tu peludo sea más joven, no se debe bajar la guardia: una boca sana es clave para su bienestar general. Además, ciertas enfermedades infecciosas felinas (como el calicivirus, el herpesvirus felino, la inmunodeficiencia o la leucemia felina) pueden causar úlceras dolorosas en la boca que desencadenan salivación abundante.
Si notas mal aliento intenso, sangrado, dificultad para masticar, que deja comida sin comer o que se toca mucho la cara con la pata, es momento de pedir una revisión dental veterinaria. Un diagnóstico precoz evita complicaciones más serias.
Estrés, miedo, ansiedad y emociones intensas

Los humanos cuando estamos estresados o tenemos miedo sentimos cómo nuestro pulso se acelera, se dilatan las pupilas, y nuestro cuerpo se prepara para luchar o huir. En el caso de los gatos ocurre algo similar, pero además a este conjunto de síntomas se les suma el babeo en algunos individuos.
Los gatos son animales muy sensibles a los cambios, por lo que situaciones como:
- Viajes en transportín o en coche, especialmente al veterinario.
- Mudanzas y cambios bruscos en la casa, como obras, muebles nuevos o reordenaciones.
- Llegada de nuevos animales o personas al hogar.
- Ruidos fuertes (fuegos artificiales, fiestas, electrodomésticos potentes…).
pueden provocarles un pico de estrés que se manifiesta con hipersalivación, jadeo, maullidos insistentes, pupilas muy dilatadas y ganas de esconderse. Una de las situaciones en que más comúnmente veremos que babea será cuando tengamos que llevarlo al veterinario. A prácticamente ningún animal le gusta ir allí, por lo que hay muchos que, como no pueden controlar la situación, producen más saliva de la necesaria.
En estos casos, si el babeo aparece sólo durante el episodio estresante y desaparece cuando el gato se calma, suele tratarse de una respuesta emocional, no de una enfermedad física grave. Aun así, es recomendable reducir al máximo las fuentes de estrés mediante rutinas estables, enriquecimiento ambiental (rascadores, escondites, zonas altas), uso de feromonas sintéticas y, si es necesario, asesoramiento profesional en comportamiento felino.
Náuseas, vómitos y problemas digestivos
Un gato que tiene náuseas y/o que vomita suele babear mucho. Suele preocuparnos bastante, pero si el vómito es esporádico y el animal se encuentra bien, quizás simplemente se haya tragado algún pelo y trate de expulsarlo. El reflejo de náusea estimula las glándulas salivales y produce hilos de saliva transparente antes de vomitar.
Además de las bolas de pelo, otras causas digestivas que pueden provocar babeo son:
- Gastritis y úlceras gástricas: el dolor de estómago y la irritación de la mucosa generan náuseas persistentes.
- Reflujo gastroesofágico o esofagitis: al irritarse el esófago, el gato puede tragar raro, hacer arcadas y producir más saliva para intentar aliviar la molestia.
- Obstrucciones esofágicas: por ejemplo, por tricobezoares (bloques compactos de pelo) u otros cuerpos extraños que impiden que la comida baje bien.
- Infecciones por parásitos internos y enfermedades inflamatorias del tracto digestivo.
Ahora bien, si la salivación va acompañada de otros síntomas o si empieza a vomitar varios días seguidos, entonces sí que habría que acudir al veterinario ya que podría tener bolas de pelo impactadas, una infección intestinal o una enfermedad grave del tracto digestivo que requiera tratamiento específico.
Cuerpo extraño en la boca o en el esófago

Si le das a tu gato restos de tu comida, especialmente si le das pescado o pollo, es conveniente que quites tanto las espinas como los huesos ya que podrían clavarse en la boca o en el cuello de tu gato, produciéndole mucho dolor y, por supuesto, también salivación excesiva.
No sólo huesos o espinas pueden ser un problema. También pueden atascarse en la boca o entre los dientes:
- Retazos de tela o hilos procedentes de juguetes o ropa.
- Trozos de plástico o goma de juguetes dañados.
- Pelos compactados en forma de pequeñas bolitas.
Cuando el cuerpo extraño está en la boca, es frecuente que el gato intente frotarse la cara, sacudir la cabeza, rascarse con la pata y no pueda cerrar bien la boca. La saliva suele ser clara pero abundante. Si el objeto ha bajado al esófago, es posible que veas arcadas, intentos fallidos de tragar, tos o incluso regurgitaciones.
Le puedes dar sin problema pescado y carnes, pero limpiando bien antes el pescado. Los huesos siempre han de estar crudos, ya que de lo contrario se podrían astillar. Es muy importante también darles aquellos que sean más grandes que su boca para que se vea obligado a masticarlo y no pueda tragarlos enteros. Así podrá disfrutar de una deliciosa y natural comida, y tú no tendrás que preocuparte.
Si sospechas que hay algo clavado o atascado y ves un hilo, una espina o cualquier objeto sobresaliendo, no intentes tirar de él a la fuerza, porque podría estar enganchado más abajo y causar daños graves. En estas situaciones, lo más seguro es acudir al veterinario para que lo retire con las herramientas adecuadas.
Golpe de calor y calor excesivo
El exceso de calor es otra causa de hipersalivación en gatos, sobre todo en épocas calurosas o en ambientes mal ventilados. La hipersalivación es uno de los síntomas típicos de un golpe de calor, junto con:
- Aletargamiento y debilidad, el gato se muestra muy apático.
- Jadeo intenso con la boca entreabierta, algo poco habitual en felinos.
- Mucosas azuladas o moradas (cianosis) en encías y lengua.
- Temblores musculares, descoordinación o colapso.
El golpe de calor es un problema serio que puede ser mortal. Si crees que tu gato puede estar sufriéndolo, contacta con el veterinario de urgencia más cercano y, mientras tanto, intenta que su temperatura corporal descienda de forma gradual: llévalo a un lugar fresco y ventilado, humedece ligeramente su cuerpo con agua a temperatura ambiente y ofrécele agua fresca si puede beber por sí mismo. Nunca lo sumerjas de golpe en agua helada ni apliques cambios bruscos de temperatura.
Enfermedades sistémicas, neurológicas y metabólicas
Además de las causas locales (boca, garganta, esófago), hay enfermedades internas que pueden manifestarse con salivación excesiva. Entre las más relevantes se encuentran:
- Trastornos neurológicos: la rabia, algunos procesos que afectan al nervio facial, trastornos que provocan convulsiones o ciertas alteraciones del sistema vestibular pueden producir pérdida de control de los músculos de la boca y náuseas intensas, y con ello hipersalivación.
- Enfermedades infecciosas sistémicas: además de las ya mencionadas que causan úlceras bucales, algunas infecciones generales pueden debilitar al gato y desencadenar náuseas, fiebre y babeo.
- Enfermedades metabólicas: la insuficiencia renal o la hepatoencefalopatía (cuando el hígado no elimina bien toxinas) hacen que ciertas sustancias nocivas se acumulen en la sangre, afecten al cerebro y provoquen síntomas como desorientación, náuseas, mal aliento urémico y salivación excesiva. También algunos trastornos endocrinos, como la diabetes, pueden asociarse a cambios en la ingesta de agua, apetito y comportamiento que, indirectamente, se relacionan con episodios de babeo.
Cuando hay una enfermedad sistémica detrás, casi siempre verás otros signos añadidos: pérdida de peso, cambios marcados en el apetito, aumento o disminución en la cantidad de orina, apatía, falta de ganas de jugar, pelaje descuidado o respiración alterada. En estos casos, el babeo es sólo una pista más dentro de un cuadro clínico más complejo.
Por placer, relajación y otras causas benignas

No es frecuente, pero hay gatos que cuando están muy relajados babean mucho, simplemente porque se sienten muy a gusto. Suele suceder cuando están profundamente dormidos sobre su humano, ronroneando, amasando con las patas o disfrutando de una sesión de mimos intensa. También pueden hacerlo cuando huelen su comida favorita y saben que se la vas a dar de un momento a otro, o cuando entran en contacto con hierba gatera (catnip) u otros estímulos muy placenteros para ellos.
Este comportamiento tiene su origen en la etapa de cachorro: al mamar, los gatitos amasan la zona de las mamas de su madre y, en ese momento de máxima seguridad y confort, producen más saliva. Algunos adultos conservan este reflejo asociado al bienestar.
Yo, si te digo la verdad, este comportamiento no lo he visto en mis felinos, pero sí en una de mis perras. Es impresionante la cantidad de saliva que puede llegar a “expulsar” cuando se siente feliz, o cuando está nerviosa porque sabe que vamos a ir a algún sitio que le encanta.
¿Qué hacer en estos casos? Nada especial, mientras no haya otros signos de enfermedad: sólo disfrutar de ver a tu peludito feliz. ¿Qué mejor regalo que ese? Eso sí, conviene acostumbrarse a observarlo siempre que babea, para asegurarnos de que el contexto es de calma y placer, y no de dolor o malestar.
Espero que este especial te haya resuelto tu duda sobre por qué mi gato babea mucho. Si al final tiene algún problema, mucho ánimo y tranquilo/a: la recuperación normalmente es rápida y pronto volverá a ser el mismo de siempre.
La salivación excesiva o ptialismo es, en esencia, una reacción del cuerpo ante algo que le está afectando: puede ser un estímulo positivo (relajación, comida deliciosa) o, con más frecuencia, una señal de que hay dolor, náuseas, estrés o una enfermedad detrás. Dependerá del origen ir o no al veterinario, pero lo que sí que debemos saber es que, siempre que el gato no se encuentre bien, hacerle una visita no está de más pues, como hemos visto, el babeo puede ser un indicador temprano de problemas importantes. Si al final se confirma que tu compañero tiene algún trastorno, suele haber margen de tratamiento y, en muchos casos, la recuperación es rápida cuando se actúa a tiempo, de modo que pronto podrá volver a ser el mismo de siempre.
