El gatito es un animal que se caracteriza por no parar quieto. Desde que se despierta hasta que se vuelve a echar una siesta corre, juega, explora todo lo que hay a su alrededor. Por eso, cuando no lo hace, nos preocupamos, porque no es normal que esté sin hacer absolutamente nada durante todo el día, a no ser, claro está, que sea muy bebé. Pero a partir de las dos semanas tiene que empezar a comportarse como un cachorro activo y curioso. Si notas apatía, desinterés por el juego o cambios repentinos en su comportamiento, es lógico que te preguntes qué le está ocurriendo y cómo puedes ayudarle. ¿Cómo tenemos que actuar si no lo hace?
Si tu gatito está triste y no sabes por qué, en este artículo te voy a hablar de las posibles causas de su malestar y cuáles son las medidas que debes de tomar para que mejore, teniendo en cuenta tanto motivos físicos como emocionales, cambios en el entorno, procesos de duelo y situaciones de estrés o ansiedad.
Ha sido abandonado
Cuando nos encontramos a un gatito en la calle, que parece muy dócil y que busca mimos, podemos estar casi seguros de que hasta hace poco estaba o viviendo con una familia humana, o con su madre. Al estar y sentirse solo, el peludito lo puede llegar a pasar terriblemente mal, pues tiene que aprender lo más rápido posible a sobrevivir en un mundo que es demasiado grande para él, lo cual muchas veces le resulta imposible sin ayuda.
Un abandono, un cambio brusco de familia o incluso un traslado repentino de hogar pueden provocar en el gatito desorientación, inseguridad y una profunda tristeza. Los felinos son muy sensibles a los cambios de entorno: pierden sus referencias, sus olores conocidos y sus rutinas, y eso puede traducirse en apatía, falta de juego o incluso comportamientos de miedo y huida.
Si tiene la suerte de que alguien lo encuentra y decide quedárselo, su hogar pasa a ser la vivienda de esta persona. Mucho más pequeño que la calle, mucho más fácil de controlar, y desde luego, muchísimo más seguro. Aun así, durante unos días es normal que se sienta triste, pues puede echar de menos a su madre y hermanos. También puede mostrarse retraído, esconderse a menudo o maullar buscando a su familia anterior, e incluso comer menos por el estrés de la situación.
Pero esto con mimos, paciencia y golosinas para gatitos poco a poco se irá solucionando . Es fundamental ofrecerle una rutina estable, hablarle con voz suave, no forzar el contacto y dejarle zonas donde esconderse para que se sienta seguro. Una cama acogedora, una manta con olor constante y un rinconcito tranquilo pueden marcar una gran diferencia en su adaptación.
También ayuda mucho proporcionarle juguetes sencillos (bolas, ratoncitos de tela, una caja de cartón) para mantener su mente ocupada y canalizar su energía de forma positiva. Aunque al principio no juegue demasiado, ese enriquecimiento ambiental será clave en cuanto se sienta un poco más confiado.
Está enfermo

Si decidimos convivir con un gatito, una de las cosas que tenemos que tener siempre presente es que, en cualquier momento, puede enfermar. Aunque podemos hacer muchas cosas para fortalecer su sistema inmunológico, como darle una alimentación de excelente calidad (sin cereales ni subproductos), proporcionarle un hogar limpio, dedicarle tiempo y quererlo mucho, lamentablemente más tarde o más temprano enfermará, como cualquier otro ser vivo.
La depresión o la tristeza en los gatos no siempre tienen un origen emocional. Muchas enfermedades físicas cursan con apatía, somnolencia, menor interacción y cambios de carácter, lo que fácilmente podemos confundir con tristeza. Dolor, náuseas, malestar digestivo o infecciones pueden provocar que el gatito deje de jugar, se esconda más o duerma muchas horas seguidas.
Para que mejore lo antes posible, es muy importante llevarlo al veterinario para vacunarlo cada vez que sea necesario y de nuevo cada vez que sospechemos que no se encuentra bien. Los síntomas que nos tienen que preocupar son: pérdida de apetito y/o de peso, apatía marcada, vómitos, diarreas, convulsiones, náuseas, cambios en sus hábitos higiénicos, dificultad para moverse o cualquier cambio de comportamiento repentino.
También conviene prestar atención a otros signos menos evidentes pero importantes: deja de acicalarse, su pelaje se ve más apagado, se aísla del resto de la familia, maúlla de forma insistente sin motivo claro, utiliza mal el arenero o hace sus necesidades en lugares inusuales. Todo ello puede indicar tanto una enfermedad física como un problema de origen emocional que requiera evaluación profesional.
En el supuesto de que el veterinario descarte una patología y se incline por motivos de carácter psicológico, podrá orientarte sobre pautas de manejo, enriquecimiento ambiental o incluso la necesidad de acudir a un especialista en comportamiento felino. No intentes medicar nunca por tu cuenta al gatito, ya que muchos fármacos de uso humano son tóxicos para los gatos.
Recuerda que una depresión verdadera en gatos se considera una enfermedad mental que siempre debe diagnosticar un profesional. Tu papel será observar, anotar cambios y acudir al centro veterinario cuanto antes para que tu pequeño reciba la ayuda adecuada.
Pasa por la fase de duelo

El gatito, cuando hablamos de la pérdida de un ser querido, siente más o menos lo mismo que un niño pequeño. Si bien todavía no puede comprender qué es lo que ha pasado, enseguida se dará cuenta de que su compañero humano o peludo con el que antes jugaba y se lo pasaba tan bien, ya no está. Su estado de ánimo empeorará bastante si ve que su familia está triste, de modo que lo mejor será, aunque cueste mucho, tratar de seguir con la rutina diaria y mantener ciertas costumbres.
Los gatos son animales muy perceptivos y captan con gran facilidad emociones como la alegría, el enfado o el decaimiento. Cuando hay un duelo en casa, no solo perciben la ausencia física de la persona o animal que ha fallecido, también sienten el ambiente más silencioso, los cambios en las actividades diarias y la tristeza de sus cuidadores. Todo ese conjunto puede provocar que el gatito se muestre más apagado y vulnerable.
El pequeño tiene que seguir haciendo vida normal, pero si vemos que está triste, es decir, que no tiene muchas ganas de juegos, que prefiere estar en su cama, o que se pasa algún rato en una esquina sin hacer nada, no hay que obligarle a ello. Eso sí, es sumamente importante que nos cercioremos de que come y que sigue bebiendo agua. En el caso de que haya perdido el apetito, le daremos comida húmeda para gatitos, pues al tener un olor más intenso lo más probable es que le encante al pequeño. Si pasa más de un día y no come, lo llevaremos al veterinario de urgencia.
En estos momentos tan delicados, resulta muy útil mantener o crear pequeños rituales positivos: una sesión de caricias suave, un rato de juego adaptado a su energía, permitirle tumbarse al sol en su rincón favorito, cepillarlo con delicadeza si le gusta… Todas estas acciones refuerzan vuestro vínculo y le aportan seguridad.
Si la pérdida ha sido de otro animal con el que tenía una relación muy estrecha, puede aparecer también mayor apego hacia ti, maullidos cuando te vas o búsqueda constante de tu presencia. No le regañes por estar más demandante; respóndele con afecto, pero sin sobreprotegerlo, para que poco a poco recupere su equilibrio emocional.
Siente dolor físico

El gatito puede ser bastante activo y curioso, tanto es así que a veces puede tener algún que otro accidente. Una mala caída, o un objeto que se le cae encima de una patita, o un humano que, sin querer, le pisa. Estas cosas pasan cuando se convive con un pequeño felino. Por eso, aunque hagamos lo imposible para evitarlo, no podremos eliminar el riesgo al cien por cien de que ocurra algo.
El problema es que el cuerpo de un gatito es muy frágil. Los huesos se pueden romper con mucha facilidad, de modo que si sufre un accidente y vemos que no quiere apoyar alguna pata en el suelo, o que tiene problemas para levantarse, hay que llevarlo al veterinario lo antes posible. Otros signos de dolor son los quejidos al moverlo, respiración agitada, cambios bruscos de carácter, evitar que lo toques en una zona concreta o permanecer encorvado y tenso.
El dolor físico no siempre es evidente. A veces solo se manifiesta como menor actividad, menos juego, rechazo al contacto, falta de apetito o cambios en el sueño. Estos síntomas pueden confundirse con tristeza o depresión, de modo que siempre que detectes algo fuera de lo habitual conviene consultar con el profesional.
Para prevenir al máximo accidentes en casa, revisa que no haya huecos por donde pueda caerse, ventanas sin protección, objetos pesados inestables o juguetes peligrosos. Un entorno seguro reduce mucho las posibilidades de traumatismos y, con ello, el riesgo de que tu gatito se entristezca por dolor.

Tristeza, estrés o depresión: cómo diferenciarlos

Los gatos son vulnerables y pueden sufrir tristeza, estrés o incluso depresión en determinados momentos de su vida. Sin embargo, esta situación puede pasarnos inadvertida a menos que estemos muy pendientes de sus rutinas. Para cuidar bien de tu gatito es útil entender qué puede estar pasando.
La tristeza suele ser una reacción puntual ante un cambio o una pérdida, mientras que el estrés se produce cuando el animal se siente sobrecargado por cambios en su entorno, ruidos, soledad excesiva o conflictos con otros animales. La depresión, en cambio, se considera un trastorno más profundo y prolongado, que afecta a su comportamiento global y a su bienestar.
Algunas de las causas más frecuentes de este tipo de problemas emocionales en gatos jóvenes y adultos son:
- Cambios de domicilio que alteran por completo sus referencias y espacios favoritos.
- Nueva familia o separación de su tribu humana, con sensación de pérdida y desarraigo.
- Ampliación de la familia (llegada de un bebé, nueva pareja) que reduce el tiempo de atención que recibe.
- Entrada de otra mascota en casa con la que debe compartir territorio, recursos y afecto.
- Demasiada soledad o falta de interacción diaria, pese al mito de que el gato es totalmente independiente.
- Mal ambiente familiar con gritos, castigos o tensiones constantes.
- Enfermedades o dolores crónicos que repercuten en su energía y en su carácter.
Conocer el carácter de tu gatito te ayudará mucho a identificar los cambios. Si era juguetón y de repente se muestra apático, si antes se relacionaba bien y ahora se esconde, si dormía lo normal y ahora pasa casi todo el día durmiendo, es posible que algo importante esté afectando a su estado emocional.
Síntomas que pueden indicar que tu gatito está deprimido
Conocer qué ha desencadenado un torrente emocional en el gato y ha provocado que se deprima no siempre es sencillo. A no ser que sean unos síntomas muy evidentes, localizar el origen de esta tristeza requerirá de una buena observación. Aun así, hay señales bastante frecuentes que te pueden poner sobre aviso:
- Cambios en el carácter o en su actitud habitual: se vuelve más apagado, miedoso o irritable.
- Desinterés por el entorno: no reacciona casi al juego, a los ruidos o a tu presencia.
- Aumento de las horas de sueño sin que parezca descansar de forma relajada.
- Actitud apática y con menos ganas de jugar incluso con sus juguetes favoritos.
- Cambios en su relación con los humanos: evita caricias o, al contrario, se muestra excesivamente dependiente.
- Cambios en sus hábitos higiénicos, dejando de acicalarse o descuidando su pelaje.
- Pérdida o aumento de apetito sin causa aparente.
- Maullidos insistentes que no cesan o, por el contrario, desaparición casi total de su vocalización normal.
- Problemas con el arenero: deja de usarlo o hace sus necesidades en otros lugares.
- Se esconde con frecuencia y durante periodos largos, evitando el contacto.
- Signos de estrés o ansiedad como lamido excesivo, agresividad o comportamientos destructivos.
Recuerda que estos síntomas también pueden corresponder a otras enfermedades o dolencias físicas. No siempre aparecerán todos juntos, ni con la misma intensidad en cada animal. Por eso es tan importante que sea un veterinario o un especialista en comportamiento felino quien valore cada caso y descarte causas médicas antes de hablar de depresión.
Cómo ayudar a un gatito triste o deprimido
Una vez descartadas enfermedades físicas o mientras se tratan, tu papel en casa es clave. Compañía, atención, paciencia y mucho cariño son las herramientas esenciales para ayudar a tu gatito a recuperar su bienestar. Algunas pautas útiles son:
- No le castigues ni le grites, aunque cambie su comportamiento o haga sus necesidades fuera del arenero.
- Háblale con tono suave, muévete despacio y acércate con gestos calmados.
- Aumenta el contacto físico solo si él lo busca; respeta cuando necesite espacio.
- Juega con él a diario, aunque sean sesiones cortas adaptadas a su energía.
- Enriquece su entorno con rascadores, estanterías, cajas, túneles y juguetes que despierten su curiosidad.
- Permite que disfrute del sol y de vistas al exterior desde una ventana segura.
- Ofrécele escondites seguros como cajas o el fondo de un armario donde pueda refugiarse.
- Mantén una rutina estable de horarios de comida, juego y descanso para darle seguridad.
Si, a pesar de todas estas medidas, tu gatito no evoluciona favorablemente, deberás acudir a un veterinario especialista en comportamiento animal (etólogo) para que pueda estudiar sus conductas y tratarlas debidamente. Su experiencia, unida a la información que tú le facilites sobre el día a día del gato, te ayudará a que tu mascota recupere su actitud habitual.
Espero que con toda esta información puedas entender mejor qué le ocurre a tu peludito, qué señales debes observar y qué pasos dar para acompañarlo. Un gatito que recibe comprensión, cuidados veterinarios cuando hacen falta y un hogar estable y lleno de afecto tiene muchísimas más posibilidades de superar los momentos de tristeza y volver a mostrar ese carácter juguetón y curioso que tanto le caracteriza.


