
Para muchos hogares en España y en toda Europa, los gatos se han convertido en compañeros habituales de piso, casi como un miembro más de la familia. Sin embargo, su forma de comunicarse con nosotros sigue guardando más de un misterio, y uno de los que más curiosidad despierta es por qué parecen maullar más a los hombres que a las mujeres.
Puede que, si vives en pareja, te haya ocurrido: tu gato se lanza a maullar cada vez que entra él por la puerta, mientras que con ella se muestra más silencioso, aunque igual de cariñoso. Lejos de ser una simple sensación, la ciencia ha puesto números a este fenómeno y ha empezado a descifrar qué hay detrás de esta diferencia.
Un estudio pionero para entender los saludos de los gatos
La clave de todo está en una investigación reciente publicada en la revista Ethology, que analizó cómo se comportan los gatos cuando sus cuidadores humanos regresan a casa. El trabajo, realizado por especialistas de la Universidad de Ankara y la Universidad Bilkent (Turquía), se centró en 31 gatos domésticos observados en sus entornos habituales entre 2022 y 2024.
Para evitar sesgos y escenas forzadas, los científicos optaron por estudiar a los animales en su vida diaria. Los cuidadores llevaron pequeñas cámaras fijadas en el pecho y grabaron los primeros cinco minutos tras cruzar la puerta de casa. De ese modo, los investigadores pudieron revisar, una y otra vez, cómo se desarrollaba el saludo felino sin intervenir en la situación.
En total se analizaron miles de vídeos, registrando tanto los maullidos y ronroneos como los gestos corporales del gato: desde levantar la cola hasta acercarse al tutor, frotarse contra sus piernas o bostezar nada más verle. Con todo ese material, el equipo codificó hasta 22 tipos de conductas distintas asociadas al momento del reencuentro.
Lo interesante es que el contexto del estudio resulta bastante comparable a la realidad de muchos países europeos: pisos de tamaño medio, gatos de interior y rutinas de entrada y salida al trabajo. Por eso, aunque la muestra se recogió en Turquía, las conclusiones resultan especialmente útiles para entender lo que ocurre también en hogares de España.
Más maullidos para ellos que para ellas
Al revisar las grabaciones, los investigadores observaron que el saludo felino es un proceso multimodal y bastante sofisticado. Los gatos no solo maúllan: también erguían la cola, se acercaban al paso, se frotaban con la cabeza o el cuerpo y, en algunos casos, se lamían o se rascaban justo después de que el humano entrara por la puerta.
Sin embargo, al comparar hogares donde el cuidador principal era un hombre con aquellos donde lo era una mujer, apareció un dato llamativo: los gatos vocalizaban más con ellos que con ellas. En los primeros 100 segundos tras la llegada del tutor, los propietarios masculinos recibieron una media de 4,3 vocalizaciones (entre maullidos, ronroneos y otros sonidos), mientras que las mujeres se quedaron en 1,8 vocalizaciones de media.
Esta diferencia no fue un simple detalle anecdótico. Los autores señalan que se mantuvo de forma constante en todos los casos, con independencia de la edad del animal, su sexo, la raza o el tamaño de la vivienda. Tampoco influyó el número de gatos en casa: tanto en hogares con un solo felino como en aquellos con varios, la tendencia se repetía.
Otros elementos del ritual de bienvenida, como levantar la cola, acercarse con paso directo o rozar las piernas del tutor, sí aparecían en ambos grupos con frecuencias parecidas. Es decir, la gran diferencia por sexo del cuidador se dio sobre todo en la parte sonora del saludo.
En paralelo, se identificó un segundo bloque de comportamientos, como bostezar, sacudirse, lamerse o rascarse tras el reencuentro. Los científicos interpretan estas acciones como conductas de autorregulación, vinculadas a la activación emocional que supone la separación y la llegada del humano, pero no tanto a la comunicación directa con la persona.
La hipótesis: los hombres captan peor las señales sutiles
El estudio no se limitó a contar maullidos. Los investigadores intentaron averiguar qué podría estar detrás de esta diferencia entre hombres y mujeres. Como punto de partida, revisaron trabajos previos sobre el vínculo entre humanos y gatos y sobre la forma en que ambos se comunican.
Según explican, hay evidencias de que las mujeres tienden a ser más verbales y expresivas con los animales, utilizando con frecuencia un tono de voz más agudo, similar al que se emplea con los bebés, además de más contacto visual y caricias. Los gatos, que son excelentes observadores, interpretan y responden a estas señales con relativa facilidad.
En cambio, en muchos casos los hombres se muestran menos demostrativos en lo gestual y en lo vocal cuando interactúan con sus mascotas. Esto no significa que quieran menos a sus gatos, sino que su forma de comunicarse con ellos es distinta: menos miradas prolongadas, menos frases dirigidas al animal y, en ocasiones, movimientos más bruscos o prácticos.
La hipótesis del estudio es que los gatos detectan esa diferencia en el grado de atención a sus señales corporales. Cuando perciben que el cuidador masculino no reacciona con la misma rapidez o sensibilidad ante sus gestos, optan por «subir el volumen»: maúllan más, ronronean con mayor intensidad o emiten pequeños chirridos para asegurarse de que son tenidos en cuenta.
Dicho de otro modo, el gato adapta su estrategia: con una persona más receptiva a lo no verbal (en este caso, las mujeres del estudio), no hace falta tanto ruido; con alguien que requiere estímulos más claros, recurre a una comunicación vocal más intensa y prolongada.
Maullidos: algo más que una petición de comida
Una de las creencias más extendidas entre los cuidadores es que, si un gato maúlla insistentemente, es porque tiene hambre o quiere algo de la nevera. Los datos de esta investigación, sumados a otros trabajos previos, apuntan a una visión algo más compleja: el maullido no se reduce al “tengo hambre”.
En este estudio no se encontraron pruebas claras de que los maullidos emitidos al entrar el tutor en casa estuvieran siempre ligados a la comida. De hecho, las conductas relacionadas con el alimento (como acercarse directamente al comedero o a la zona donde se guarda la comida) no se asociaron de manera sistemática con el saludo.
Otros trabajos citados por los investigadores, como los recogidos por portales de divulgación científica, refuerzan la idea de que los gatos buscan interacción social genuina con sus cuidadores. Es decir, maúllan no solo para llenar el estómago, sino para iniciar un contacto, pedir atención, reclamar caricias o simplemente saludar tras un rato de ausencia.
Además, se sabe que el maullido es una herramienta de comunicación casi exclusiva para tratar con humanos. Entre gatos adultos, en libertad, apenas se emplea este sonido; prefieren otras señales corporales y olfativas. Son nuestros felinos domésticos los que han ido moldeando este repertorio sonoro para «hablar» con nosotros.
Algunas investigaciones apuntan incluso a que la frecuencia del maullido se sitúa en un rango que recuerda al llanto de un bebé humano, un estímulo que nos resulta difícil ignorar. No es casual que muchos cuidadores reaccionen casi de inmediato cuando su gato emite ese tipo de sonidos, lo que refuerza la conducta y convierte el maullido en una estrategia muy eficaz para conseguir atención.
El papel del género y la cultura en la relación con los gatos
Los autores del trabajo también subrayan que estos resultados se han obtenido en Turquía, un país donde los roles de género y las formas de expresar el afecto pueden diferir de los de otros lugares de Europa. En contextos donde se espera que los hombres sean más reservados en lo emocional, es posible que esa contención se refleje también en su trato con los animales.
Si un tutor masculino se muestra más parco en palabras, menos dado a las caricias espontáneas o a las «conversaciones» con su gato, el animal no tarda en notar que la comunicación necesita un empujón extra. De ahí que, en esos entornos, los maullidos puedan volverse más frecuentes e intensos cuando el cuidador es un hombre.
Los investigadores recalcan que esta lectura cultural es todavía exploratoria: la muestra del estudio es relativamente pequeña y se circunscribe a un único país. Harán falta nuevas investigaciones en otros lugares, incluyendo países europeos como España, para comprobar hasta qué punto las diferencias de género en la comunicación humana influyen en la respuesta del gato.
Aun así, los patrones descritos encajan con lo que muchos propietarios relatan en su día a día: hay gatos que son más «parlanchines» con ciertos miembros de la familia y mucho más discretos con otros, adaptando lo que «dicen» y cómo lo dicen según la persona que tengan delante.
En la práctica, esto sugiere que, si convives con un gato y notas que a ti te maúlla bastante más que a tu pareja, no tiene por qué ser una cuestión de preferencia o capricho. Lo más probable es que el animal haya aprendido que, para llamar tu atención, necesita apoyarse más en la voz.
Limitaciones del estudio y posibles líneas futuras
Como cualquier investigación, este trabajo tiene sus matices. Los propios autores reconocen que la muestra de 31 gatos es relativamente reducida para sacar conclusiones universales, aunque suficiente para un estudio piloto que sirva de base a análisis más amplios.
Tampoco fue posible controlar en detalle factores como el tiempo exacto de ausencia del tutor antes de la llegada a casa o el nivel de hambre del animal en ese momento. Es razonable pensar que un gato que lleva muchas horas solo o que no ha comido desde hace tiempo pueda mostrarse más intenso, tanto en lo vocal como en su comportamiento.
A pesar de estas limitaciones, los investigadores defienden que la metodología —grabaciones en el hogar, sin alterar la rutina y sin experimentos invasivos— ofrece una fotografía muy fiel de la vida cotidiana de los gatos con sus cuidadores. No se trata de un laboratorio artificial, sino de escenas que podrían haber sido registradas en cualquier piso de Madrid, Barcelona, París o Berlín.
De cara al futuro, proponen ampliar la muestra a más países europeos y comparar si las diferencias entre hombres y mujeres se mantienen en culturas con dinámicas de género distintas. También plantean estudiar cómo evoluciona el repertorio de maullidos de un mismo gato a lo largo de los años, y si se ajusta de manera diferente cuando cambia la composición del hogar (por ejemplo, si entra una nueva pareja o si alguien pasa más tiempo en casa).
Otra línea abierta es profundizar en el análisis acústico de los maullidos: no solo cuántos se producen, sino cómo suenan exactamente cuando se dirigen a un hombre o a una mujer, y si varía el tono, la duración o el ritmo según la persona.
Qué significa para quienes conviven con gatos en España y Europa
Para los cuidadores de gatos en España u otros países europeos, estos hallazgos se traducen en una idea bastante sencilla: tu gato está constantemente ajustando la forma en que se comunica contigo. Si percibe que respondes bien a sus gestos sutiles —la cola en alto, el roce suave, una mirada fija—, es posible que no necesite maullar tanto.
En cambio, si eres de los que se distrae con facilidad, llegas a casa con prisas o tiendes a fijarte menos en el lenguaje corporal del animal, el gato probablemente recurrirá a un repertorio sonoro más amplio. En cierto modo, te está «educando» para que le prestes atención, usando el recurso que mejor sabe que funciona contigo.
Esto también puede ayudar a interpretar ciertas situaciones del día a día. Un gato que maúlla con insistencia cuando entra en casa un hombre, pero que se muestra más calmado con una mujer, no está necesariamente enfadado ni obsesionado con la comida. A menudo, simplemente está pidiendo que no le ignores y tratando de abrir un canal de comunicación claro.
Entender este matiz puede contribuir a mejorar el bienestar tanto del animal como de las personas con las que vive. Saber que el maullido forma parte de una relación social más rica, y no solo de una demanda puntual, facilita que los cuidadores dediquen unos minutos a interactuar con el gato, hablarle, acariciarle o jugar con él cuando llegan a casa.
Al final, los datos de este estudio y de otros trabajos recientes dibujan a los gatos como animales mucho más sociales y adaptables de lo que a menudo se ha dicho. Lejos de ser seres distantes que solo buscan comida y un sitio donde dormir, ajustan de manera fina su conducta —incluidos los maullidos— para encajar con la forma de ser de cada persona, ya sea hombre o mujer.
Todo apunta a que, cuando un gato maúlla más a los hombres que a las mujeres, no está tomando partido ni haciendo distinciones de cariño, sino aplicando la estrategia que mejor resultado le da con cada uno. Entenderlo así permite ver esos maullidos no como una molestia, sino como una muestra más de hasta qué punto han aprendido a convivir con nosotros y a hacerse escuchar en un hogar compartido.

