Cuando decidimos adquirir o adoptar a un gato tenemos que ser conscientes de que ese animal va a requerir una serie de atenciones a lo largo de su vida, atenciones que nosotros, al ser responsables de él, tenemos que darle.
A menudo se piensa que con sólo darle agua, comida y un techo bajo el que vivir ya lo tiene todo, pero esto no es así. Al ser un ser vivo es de esperar que caiga enfermo alguna vez a lo largo de su vida, al igual que nos ocurre a los humanos. Por ello, te voy a decir por qué es importante llevar al gato al veterinario.
El gato no tiene siete vidas
Todavía hoy se piensa que el gato es prácticamente inmortal, que puede saltar desde alturas inmensas sin pasarle nada, o que puede llevar una vida sana comiendo cualquier cosa. La realidad es muy distinta: si un peludo se cae desde una altura de diez metros como poco se fracturará las patas, y si coge frío o no recibe los cuidados que merece cualquier virus va a entrar en su cuerpo haciendo que enferme.
Tanto en el exterior como dentro de casa hay una serie de microorganismos y parásitos que pueden poner en riesgo la salud de nuestro amigo. Además, los gatos son expertos en ocultar signos de dolor o enfermedad, de modo que detectar problemas sin ayuda profesional puede resultar difícil. Las revisiones periódicas permiten diagnosticar a tiempo cualquier alteración y actuar antes de que se complique.

Tanto en el exterior como dentro de casa hay una serie de microorganismos que pueden poner en riesgo la salud de nuestro amigo, como el virus de la leucemia o el de la panleucopenia, dos de las enfermedades más peligrosas que puede tener. Si decidimos aumentar la familia con uno, debemos de ser conscientes de esto y llevarlo al veterinario cada vez que lo necesite. En este artículo te decimos cuáles son las enfermedades más comunes que puede tener.
Además de las enfermedades víricas, hay que contemplar la prevención de parásitos externos (pulgas, garrapatas) e internos (gusanos), así como el riesgo de zoonosis que pueden afectar a las personas más vulnerables. Un plan preventivo con vacunas y desparasitación ajustado a su estilo de vida reduce drásticamente los riesgos.
¿Cuándo hay que llevarlo al veterinario?

El gato tiene que ser llevado al profesional cuando:
- se haya de vacunar. El calendario de vacunación empieza más o menos a los dos meses, que es cuando empieza a perder la inmunidad que le dio su madre gracias al calostro (primera leche).
- esté enfermo, es decir, que haya perdido el apetito y/o peso, que se le vea apático o triste, o si tiene algún otro síntoma que nos haga sospechar que no se encuentra bien.
- haya sido envenenado. Tanto si ha sido un descuido como si alguien ha intentado acabar con su vida, debemos de acudir inmediatamente al veterinario.
- se vaya a castrar o esterilizar. Para evitar camadas no deseadas, es importante que se castre o se esterilice a partir de los cinco meses (si es hembra) o de los seis-siete (si es macho).
- realice chequeos preventivos: al menos una revisión anual, y con mayor frecuencia si es senior o padece alguna enfermedad crónica.
- muestre signos de urgencia: dificultad para respirar, vómitos persistentes, diarrea severa, letargo extremo, dolor intenso, sangrado o pérdida de apetito superior a 24 horas.
- necesite control de peso y nutrición: la obesidad es común y aumenta el riesgo de diabetes, problemas articulares y cardíacos.
- requiera salud dental: halitosis, sarro, encías rojas o dolor al masticar son motivos de consulta.

Así, el gato podrá vivir una media de 15 años a nuestro lado.
Beneficios de las revisiones periódicas
Las visitas regulares permiten detectar a tiempo enfermedades silenciosas como enfermedad renal, hipertensión, diabetes o artritis. Cuanto antes se identifique un problema, más sencillo y económico es tratarlo y mejores son los resultados.
Favorecen un envejecimiento saludable: el veterinario ajusta dieta, actividad y medicación para mantener la movilidad y el confort del gato mayor; puede aconsejar analíticas periódicas y mediciones de presión arterial.
Ayudan a mantener peso y nutrición óptimos, con pautas concretas sobre raciones, tipo de alimento, enriquecimiento ambiental y control de la ansiedad por comida.
Fortalecen el vínculo humano-gato: habituar al felino a las consultas reduce el estrés y facilita procedimientos sin traumas, creando experiencias más positivas para todos.
Vacunas, desparasitación y protección de la comunidad
Un plan vacunal personalizado protege frente a enfermedades potencialmente mortales y evita brotes. La desparasitación interna y externa, incluso en gatos de interior, previene infestaciones y reduce riesgos zoonóticos en la familia y el vecindario.
El profesional también recomendará preventivos continuos frente a pulgas, garrapatas y gusanos del corazón según el entorno y la exposición del gato.
Qué incluye un buen examen veterinario

Durante una revisión se evalúan signos vitales (temperatura, pulso, respiración), auscultación cardiopulmonar, palpación abdominal, ganglios linfáticos y condición corporal.
Se revisan piel y pelaje para detectar tumores, heridas o alergias; ojos y oídos para descartar infecciones; boca y dientes para valorar enfermedad periodontal, muy común en gatos.
Según edad y antecedentes, pueden sumarse pruebas como analítica sanguínea, análisis de orina, control de presión arterial, radiografías o ecografías para afinar el diagnóstico.
Salud dental, peso y condición física

Las patologías dentales generan dolor crónico y afectan a órganos vitales. El veterinario puede proponer limpiezas profesionales y enseñarte higiene dental en casa con cepillado y productos específicos.
Si hay sobrepeso, establecerá un plan de adelgazamiento con dieta, raciones medidas y juegos que aumenten la actividad. Un peso por debajo de lo ideal también debe investigarse.
Gatos mayores y control más estrecho

Con la edad aumentan los riesgos de artritis, enfermedad renal, cardiopatías o deterioro cognitivo. El veterinario puede recomendar controles más frecuentes, toma de presión y pruebas complementarias para detectar a tiempo cualquier cambio.
Aprovecha para comentar cambios sutiles en apetito, sed, sueño, higiene, uso del arenero o sociabilidad: en felinos, estos pequeños signos son grandes pistas.
Cómo preparar la visita y reducir el estrés

Convierte el transportín en un lugar positivo: déjalo abierto en casa con cama, premios y juguetes para que lo asocie a experiencias agradables. Elige modelos que se abran por arriba para facilitar la manipulación sin forzar.
Usa feromonas felinas en spray con antelación y practica trayectos cortos en coche. Mantén la calma, cubre el transportín con una tela y solicita cita para minimizar esperas. Algunas clínicas Cat Friendly ofrecen circuitos menos estresantes.
Pregunta por visitas a domicilio si están disponibles. En gatos muy nerviosos, el veterinario puede pautar un ansiolítico suave previo. A la vuelta, si hay más gatos, realiza una reintroducción gradual para evitar conflictos por olores extraños.
- Elige un transportín cómodo y estable.
- Introduce al gato con suavidad por la puerta delantera o superior.
- Evita movimientos bruscos durante el trayecto.
- Sujeta el transportín en el coche para que no se desplace.
- En la clínica, colócalo a la vista y cúbrelo con una toalla.
Productos útiles en casa y prevención a largo plazo

Complementa el cuidado con alimento de calidad, enriquecido cuando proceda; suplementos como omega-3 si los recomienda el veterinario; higiene dental específica y antiparasitarios seguros. La prevención bien planificada ahorra costes y mejora su calidad de vida.
Cuestiones prácticas: costes y señales de alarma

Para comparar clínicas, investiga servicios, pide presupuestos, revisa reseñas, pregunta por paquetes preventivos y valora la cercanía y el enfoque amigable con gatos. No retrases una urgencia: dificultad respiratoria, sangrado, dolor agudo, vómitos o diarrea persistentes, apatía marcada, o anorexia de más de 24 h requieren atención inmediata.
Propietarios y veterinarios formamos el tándem ideal para que los felinos se mantengan sanos. Mantén un historial actualizado y acude con regularidad: tu gato gana bienestar y tú, tranquilidad.

