El gato no es un animal que suela beber mucha agua. Al ser un depredador originario del desierto, está acostumbrado a ingerir prácticamente toda la que necesita al mismo tiempo que se come sus presas. Pero claro, al empezar a vivir con los humanos ya no tiene necesidad alguna de cazar, pues ellos se encargan de que su comedero esté siempre lleno y de que no le falte agua limpia y fresca en su bebedero.
Así y todo, le suele costar bastante beber. Pero, a veces, se da el caso de que el peludo toma demasiado líquido. Cuando eso ocurre, deberemos preocuparnos, ya que podría tener polidipsia, una condición que suele acompañar a alguna enfermedad grave y que casi siempre va unida a otro signo importante: la poliuria, es decir, que el gato orina más y en mayor cantidad.
¿Qué es la polidipsia (y qué relación tiene con la poliuria)?

La polidipsia es un síntoma de que hay algo en el cuerpo del peludo que no está funcionando bien. Cuando un gato bebe demasiada agua, podría estar sufriéndola. Desde el punto de vista clínico, se considera que un gato presenta polidipsia cuando ingiere más de unos 100 ml de agua por kilo de peso al día si come solo pienso seco, o más de unos 50 ml/kg/día si se alimenta únicamente con comida húmeda. Estos valores son orientativos, pero sirven para hacernos una idea de cuándo la sed es realmente excesiva.
Casi siempre la polidipsia se acompaña de poliuria, que es el aumento de la cantidad de orina producida (más de 50 ml de orina por kilo de peso y día). Es importante diferenciarla de la polaquiuria (orinar muchas veces pero en pequeñas cantidades, típica de cistitis o problemas de vías urinarias bajas) y de la incontinencia (pérdida involuntaria de orina). En la polidipsia-poliuria el gato suele orinar mucho volumen, el arenero se ensucia con más frecuencia y el bebedero se vacía con rapidez.
Por lo tanto, es un problema que puede aparecer a cualquier edad y en cualquier felino, pero es especialmente vulnerable aquel que vive en un ambiente familiar tenso, o donde no se le presta la debida atención, ya que un mal estado general o un estrés mantenido también pueden agravar muchas de las enfermedades que cursan con polidipsia.
Cómo detectar en casa que un gato bebe más de lo normal

A menudo, un gato con polidipsia comienza a beber más de forma progresiva, por lo que el cambio puede pasar desapercibido. Sin embargo, hay varios indicadores muy útiles que pueden ponernos sobre aviso:
- La bandeja de arena se ensucia más de lo habitual y requiere que la cambiemos con mayor frecuencia, porque el volumen de orina es mayor.
- El bebedero se vacía con rapidez aunque no hayamos cambiado la rutina de limpieza o el tipo de comida.
- El gato maúlla pidiendo agua fresca con insistencia o busca fuentes alternativas (grifos, vasos, charcos).
- Orina con más frecuencia e incluso fuera de su arenero, a veces sobre superficies frías como el lavamanos o la bañera.
Si queremos ser más precisos, podemos medir de forma sencilla el consumo de agua en casa. Para ello, llenamos el bebedero con una cantidad conocida de agua (por ejemplo, usando una jarra medidora), dejamos que el gato beba durante 12-24 horas y luego medimos lo que queda. Restando ambas cantidades sabremos cuánto ha bebido. Si conviven varios gatos, esta medición ya no será tan fiable, y el veterinario nos orientará sobre otras maneras de evaluar la polidipsia en el hogar.
¿Cuáles son las causas de la polidipsia en gatos?

Son varias las causas de esta condición, siendo las más comunes las siguientes, muchas de ellas compartidas con la poliuria. En la mayoría de los casos, la polidipsia es secundaria a una poliuria primaria (el gato orina mucho por una enfermedad y, para compensar, bebe más) o forma parte de un cuadro sistémico más complejo.
- Diabetes mellitus: se caracteriza por tener elevadas concentraciones de glucosa en la sangre de manera persistente o crónica. El exceso de glucosa se elimina por la orina y arrastra agua (diuresis osmótica), lo que provoca que el gato orine y beba más.
- Síndrome de Cushing (hiperadrenocorticismo): está provocado por el aumento de la hormona cortisol, la cual se encarga de incrementar el nivel de azúcar en la sangre y altera la respuesta del riñón a la hormona antidiurética. Esto puede generar una poliuria secundaria y, en consecuencia, polidipsia.
- Hipoadrenocorticismo o Enfermedad de Addison: es la reducción de la función de las glándulas suprarrenales, las cuales apenas producen algunas de las hormonas más importantes llamadas glucocorticoides o mineralocorticoides. Esta alteración puede modificar el equilibrio de electrolitos y la capacidad del riñón para concentrar orina.
- Hipertiroidismo: se caracteriza por el aumento de la actividad funcional de la glándula tiroides y el exceso de secreción de hormonas tiroideas. Los gatos con hipertiroidismo suelen tener mucho apetito, están más activos, pueden perder peso y, al aumentar el metabolismo, también incrementan el consumo de agua y la producción de orina.
- Fallo renal agudo: es una pérdida rápida de la función renal debido al daño de los riñones. El riñón deja de concentrar bien la orina, el gato orina más líquido y compensa bebiendo.
- Fallo renal crónico: se da cuando los riñones están afectados durante un tiempo prolongado y no pueden filtrar la sangre como deberían. Es una de las causas más frecuentes de polidipsia en gatos adultos y mayores.
- Hipercalcemia: elevada concentración de calcio en sangre, que puede alterar la respuesta de los túbulos renales a la hormona antidiurética y producir una poliuria importante.
- Pielonefritis: es la inflamación del riñón y de la pelvis renal, generalmente causada por una infección bacteriana. Esta inflamación altera la estructura renal y puede dar lugar a poliuria-polidipsia.
Además de estas causas clásicas, el veterinario también tendrá en cuenta otras posibilidades dentro del diagnóstico diferencial de poliuria-polidipsia felina, como:
- Diabetes insípida central, en la que el organismo produce poca hormona antidiurética (ADH), y diabetes insípida nefrogénica, en la que los riñones no responden bien a la ADH.
- Enfermedad hepática significativa, que puede alterar muchos procesos metabólicos y la forma en que el riñón maneja el agua.
- Enfermedades hormonales menos frecuentes, como hiperaldosteronismo o acromegalia, que también se han asociado a PU/PD.
- Uso de ciertos fármacos como diuréticos o corticoides, que pueden aumentar la producción de orina y, en consecuencia, la sed.
Por todo ello, la polidipsia en gatos no es en sí una enfermedad, sino un signo clínico complejo que obliga a buscar con calma la causa subyacente para poder tratarla correctamente.
Factores que pueden aumentar la sed sin enfermedad grave

No siempre que un gato bebe más de lo habitual está enfermo de algo grave, aunque siempre conviene consultarlo con el veterinario. Hay factores que pueden influir en su sed de forma puntual o moderada:
- Factores ambientales: en épocas de calor, un gato puede beber más agua para hidratarse mejor, sobre todo si vive en zonas muy cálidas o en viviendas sin buena ventilación.
- Tipo de alimentación: un gato que se alimenta solo con pienso seco, que es un alimento deshidratado, necesitará beber mucha más agua que un gato que come comida enlatada o dieta casera rica en humedad.
- Nivel de actividad: un gato muy activo, que corre, juega o tiene acceso al exterior, puede necesitar más agua que uno que lleva una vida más sedentaria.
- Lactancia: las gatas que amamantan a sus crías tienen mayores requerimientos de agua, ya que parte del líquido se destina a la producción de leche.
Aunque estos factores pueden justificar un consumo algo mayor, si notamos que el aumento de la sed es marcado, sostenido o se acompaña de pérdida de peso, apatía, cambios en el pelo u otros signos, hay que acudir sin demora a la clínica.
¿Cómo se hace el diagnóstico de la polidipsia en gatos?

Si vemos que nuestro querido gato ha empezado a beber más agua de lo normal y a orinar con más frecuencia, es muy importante que lo llevemos al veterinario lo antes posible. El diagnóstico de las causas de la poliuria-polidipsia puede ser bastante complejo, por lo que el profesional seguirá un protocolo ordenado.
Lo primero que hará será una anamnesis detallada, es decir, hacer muchas preguntas sobre el historial del gato: desde cuándo bebe más, cambios en la comida, medicaciones, posibles toxinas, cambios en el peso, comportamiento, etc. También preguntará, si es posible, por la cantidad aproximada de agua que bebe y la cantidad de orina que produce.
Acto seguido realizará una exploración física completa, anotando todo lo que observe (estado de hidratación, mucosas, palpación del abdomen, tamaño de los riñones, frecuencia cardiaca y respiratoria, temperatura, presencia de dolor, masas, etc.).
Una vez allí, el veterinario le hará un análisis de sangre y de orina completos. La medición de la densidad de la orina es una de las primeras pruebas clave para valorar si el riñón está concentrando bien. Si la orina está correctamente concentrada pero aparece glucosa (glucosuria), se pensará en problemas como la diabetes mellitus o alteraciones tubulares renales.
Y si aún así no lo termina de tener claro, puede optar por hacerle estos otros exámenes:
- Ecografía abdominal, para evaluar tamaño y estructura de riñones, hígado, glándulas suprarrenales y otros órganos.
- Prueba de función adrenal, como test de estimulación con ACTH o pruebas para hiperadrenocorticismo o hipoadrenocorticismo.
- Test de estimulación de ácidos biliares, para valorar función hepática cuando hay sospecha de enfermedad del hígado.
- Medición de la Tasa de Filtrado Glomerular (TFG), que indica con mayor precisión cómo está filtrando el riñón.
En algunos casos en los que, tras las pruebas iniciales y complementarias, aún no se llega a un diagnóstico definitivo, se pueden plantear tests más específicos como el test de desmopresina o el test de privación de agua, que ayudan a diferenciar entre diabetes insípida central, diabetes insípida nefrogénica y polidipsia primaria. Estos tests siempre deben realizarse bajo supervisión veterinaria estricta, ya que implican cierto riesgo si el animal tiene una enfermedad renal o está muy deshidratado.
¿Cómo se trata la polidipsia en gatos?

El tratamiento dependerá de la causa subyacente. No existe un único fármaco que “cure” la polidipsia, ya que esta es solo un síntoma. Una vez el veterinario tiene un diagnóstico, adapta la terapia a cada caso.
El tratamiento inmediato puede incluir una solución salina intravenosa y diuréticos si se debe a la hipercalcemia u otras alteraciones metabólicas agudas. En situaciones muy controladas, el veterinario puede optar también por privar al gato de agua por un breve periodo de tiempo para ver en qué afecta esto al volumen de orina, pero esto nunca debe hacerse en casa, ya que podría deshidratarlo gravemente.
Asimismo, para que el gato pueda volver a hacer vida normal, es posible que sugiera hacer cambios en su dieta (por ejemplo, piensos renales o dietas específicas para diabetes), y recomendarle medicamentos para que los riñones puedan seguir funcionando o para controlar enfermedades hormonales (hipertiroidismo, enfermedad de Cushing, etc.).
En los procesos crónicos, como la enfermedad renal crónica, la diabetes mellitus o el hipertiroidismo, el manejo terapéutico suele ser conceptualmente sencillo pero requiere un estrecho seguimiento para ajustar dosis, controlar efectos secundarios y adaptarse a la evolución de cada individuo. A lo largo del tiempo se irán repitiendo análisis de sangre, orina y, en ocasiones, ecografías para valorar la respuesta al tratamiento.
¿Se puede prevenir la polidipsia en gatos?
La polidipsia es un problema que, si bien no se puede prevenir al 100%, sí que podemos hacer algunas cosas para que la salud del gato no se vea comprometida y para detectar cualquier cambio cuanto antes.
- Darle de comer comida húmeda para gatos (latas) sin cereales ni subproductos: al tener un 70% de humedad como mínimo, el gato ingerirá casi toda el agua que necesita de su comida, como lo hacía cuando era un animal que vivía en el exterior. Además, al ser de excelente calidad, podrá digerirla sin dificultad y se reduce la necesidad de beber grandes cantidades de agua para compensar una dieta muy seca.
- Ofrecer siempre agua limpia y fresca: es fundamental que el agua esté disponible en varios puntos de la casa, lejos del arenero, y que se renueve con frecuencia para fomentar un consumo adecuado y poder observar mejor si hay cambios bruscos en la ingesta.
- Cuidarlo como se merece: como sus cuidadores, tenemos que ser sus compañeros y amigos. Debemos dedicarle tiempo, jugar con él, darle mucho cariño todos los días de su vida. Así es mucho menos probable que sufra estrés o ansiedad, factores que pueden empeorar muchas enfermedades crónicas que cursan con polidipsia.
- Realizar revisiones veterinarias periódicas: controles regulares, especialmente en gatos de mediana y avanzada edad, permiten detectar a tiempo problemas como insuficiencia renal, diabetes o hipertiroidismo, antes de que la polidipsia sea muy marcada.

Observar cuánta agua bebe nuestro gato, cómo orina y cómo se comporta cada día es una herramienta muy valiosa para detectar de forma temprana signos de poliuria-polidipsia y otras alteraciones de la micción. Ante cualquier duda, el paso más seguro siempre será pedir cita con el veterinario para que pueda valorar el caso y, si es necesario, iniciar un diagnóstico completo y un tratamiento adaptado a las necesidades de nuestro felino.
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