
Los humanos tenemos tendencia a ver »comportamientos humanos» en los otros animales. Aunque es algo que a menudo no es bueno que hagamos, a veces es inevitable compararnos con el resto de especies, sobre todo si convivimos con alguna como el Felis catus. Este es un peludo que no es tan diferente de nosotros en varios aspectos, por lo que es lógico preguntarse si puede o no ser celoso.
Si tienes esa duda, a continuación voy a resolvértela para que así puedas saber si los gatos tienen celos y cómo gestionar estas emociones en el hogar.
¿Cómo son los gatos y cómo perciben su entorno?
Los gatos pueden ser muchas cosas: cariñosos, sociales, independientes, … pero sobre todo territoriales. Para entender sus reacciones, debemos comprender que son criaturas de hábitos y rutinas; cualquier cambio en su entorno, por mínimo que sea, puede generarles estrés e inseguridad. Si durante mucho tiempo han sido los únicos peludos mimados en casa y de repente se une un miembro familiar más, independientemente de que tenga dos piernas o cuatro patas, será un cambio que va a notar profundamente.
Desde un punto de vista etológico, algunos expertos plantean que los gatos no sienten celos tal como los humanos (una emoción social compleja), sino que responden a su instinto de dominación territorial y control de recursos. En principio, no tendría por qué sentarle mal si se le hace el mismo caso que antes, pero por lo general va a necesitar un tiempo para adaptarse a la nueva situación y para que esa tensión emocional se calme.
¿Qué son los celos felinos y cómo se manifiestan?
Los gatos, sí, pueden mostrar comportamientos que interpretamos como celos. En términos sencillos, son una respuesta emocional que surge cuando el felino percibe una amenaza hacia algo que considera como propio, ya sea un espacio físico o la atención de su humano favorito.
El vínculo entre el gato y su dueño es muy fuerte; el felino suele elegir a una persona como su referente principal, quien le brinda tiempo y cuidados. Cuando llega alguien nuevo, el gato puede sentir que se rompe la armonía de ese círculo de contacto o que sus recursos están en riesgo. Ellos lo manifiestan de muchas maneras distintas, destacando las siguientes:
- Aislamiento y distancia: Puede que no quiera que nos acerquemos, se vuelva distante o deje de dormir con nosotros porque no se siente seguro.
- Problemas de higiene: Hace sus necesidades donde quiere o saca arena fuera de la bandeja cuando antes no lo hacía (marcado territorial).
- Alteraciones vocales y conductuales: Se vuelve ruidoso, gruñe, bufa y/o agrede a su nueva »amenaza«.
- Cambios físicos y alimenticios: Puede dejar de comer, volverse iracundo o incluso presentar vómitos y diarreas debidos al estrés.
- Marcaje excesivo: Marca el territorio con mucha más frecuencia de lo habitual para reafirmar su propiedad sobre la casa.
- Búsqueda de atención: Puede volverse más demandante, maullando con insistencia o interponiéndose entre el dueño y la otra persona/animal.
- Otros signos: Volcar el comedero o mostrar pupilas dilatadas con mirada fija y pelo erizado.
Tipos de «celos» según el detonante
Dependiendo de quién sea el «competidor», la reacción del gato variará:
- Celos de otro gato: La llegada de un nuevo felino genera una gran inseguridad. El residente puede sentirse amenazado y entrar en estado de alerta, evitando el conflicto o atacando.
- Celos del dueño o pareja: Si el gato percibe que su humano favorito dedica tiempo a otra persona, puede intentar interrumpir la interacción o mostrarse distante por miedo a que el otro animal o persona le agreda si se acerca.
- Celos del bebé: La llegada de un recién nacido es un desafío crítico. Los ruidos, olores y la nueva rutina pueden hacer que el gato se esconda o se acicale en exceso por estrés.

¿Cómo ayudar a nuestro gato a superar esta etapa?
Lo primero y más importante que tenemos que hacer es llevarlo al veterinario. Tanto si hace sus necesidades donde quiere como si deja de comer, su salud podría estar en peligro o el comportamiento podría deberse a un problema médico subyacente. Una vez descartado lo físico, debemos aplicar cambios en casa:
- Mantener la atención y el cariño: Prestarle la misma atención que antes y reforzar el vínculo con premios, golosinas, latas de comida húmeda y caricias.
- Presentaciones graduales: Si introducimos un nuevo peludo, lo ideal es mantenerlos separados durante los primeros 5 días, intercambiando sus camas y juguetes para que se familiaricen con el olor del otro sin estrés visual.
- Paciencia y espacio: No debemos agobiar al gato ni forzar la interacción. Es vital dejarle su espacio y procurar que siga utilizando sus recursos sin interferencias.
- Evitar los castigos: Los gatos no entienden el castigo; esto solo aumentaría su ansiedad y podría derivar en conductas más agresivas.
Consejos específicos para la llegada de un bebé
Si el cambio es la llegada de un niño, sigue estos pasos:
- Introducción gradual de objetos: Presenta la cuna, el cochecito y juguetes del bebé uno a uno para que el gato los investigue.
- Habituación sonora: Usa grabaciones de sonidos de bebés a volumen bajo para que el ruido no le asuste al llegar el pequeño.
- Olores familiares: Introduce una manta o muselina que haya estado en contacto con el bebé antes de que este llegue a casa.
- Mantenimiento de rutinas: Intenta que la hora de comida y limpieza de arena sigan siendo constantes, apoyándote en otras personas si es necesario.
- Zonas de refugio: Asegura que el gato tenga acceso a lugares elevados (armarios, estantes) y cajas de cartón donde se sienta seguro.
Diferenciación importante: Celos vs. Celo
Es fundamental no confundir los celos emocionales con el celo reproductivo de las hembras. Este último es un proceso hormonal complejo dividido en fases:
- Proestro: Dura 1-3 días; la gata está más cariñosa o gruñona y busca machos.
- Estro: Es el celo propiamente dicho (10-14 días sin macho), donde la hembra es receptiva y maúlla intensamente.
- Metaestro y Anestro: Periodos de inactividad sexual y descanso entre estaciones reproductivas.
Recordamos que la esterilización es la mejor vía para evitar embarazos no deseados y problemas de salud, y puede realizarse antes del primer celo sin afectar negativamente a la gata.
Comprender que el comportamiento de nuestro gato suele basarse en la necesidad de seguridad y control territorial nos permite actuar con empatía. Al proporcionarles un entorno enriquecido, respetar sus tiempos de adaptación y mantener sus rutinas, lograremos que la convivencia con nuevos miembros de la familia sea armoniosa y feliz.