Un nuevo estudio cientĆfico liderado por el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) ha puesto sobre la mesa una cuestión que muchos dueƱos de perros llevan aƱos seƱalando: Āæpor quĆ© los gatos pueden deambular libremente por calles y parques mientras que los perros deben ir atados con correa? La investigación, publicada en la revista European Journal of Wildlife Research, sostiene que existen tantas razones para pasear a los gatos con correa o mantenerlos en recintos cerrados como para hacerlo con los perros, y propone un cambio legal que equipare el trato a ambas especies.
El trabajo, coordinado por el investigador Carlos Javier DurĆ”, cuenta con la participación de expertos de la Universidad de Tilburg (PaĆses Bajos), la Universidad Miguel HernĆ”ndez de Elche y la Universidad de Alicante, ademĆ”s de investigadores independientes. SegĆŗn sus autores, permitir que los gatos circulen sin supervisión, como ocurre con muchas colonias felinas, podrĆa entrar en contradicción con normativas internacionales de protección de la biodiversidad, como la Estrategia Europea de Biodiversidad 2030 y el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza.
El impacto de los gatos en la biodiversidad
Una de las conclusiones mĆ”s llamativas del estudio es la diferencia en el daƱo ecológico causado por gatos y perros. SegĆŗn los datos recopilados, a los gatos se les atribuye la extinción de mĆ”s de 60 especies en todo el mundo, mientras que a los perros se les relaciona con al menos diez>. AdemĆ”s, los felinos amenazan actualmente a 367 especies de vertebrados clasificadas como amenazadas, frente a las 188 que peligran por culpa de los perros. Los investigadores subrayan que los gatos cazan con frecuencia pequeƱos mamĆferos, aves, reptiles y murciĆ©lagos durante el crepĆŗsculo o la noche, lo que hace que su impacto sea menos visible para la población que los ataques de perros, especialmente cuando los gatos traen animales muertos a casa.
Desde la perspectiva del derecho ambiental, el artĆculo seƱala que los gatos domĆ©sticos que deambulan libremente pueden ser considerados especies exóticas invasoras>, ya que carecen de un Ć”rea de distribución natural y fueron introducidos por los humanos. Esta clasificación conlleva obligaciones legales de prevención, control o erradicación segĆŗn el Convenio sobre la Diversidad Biológica y las directivas europeas de Aves y HĆ”bitats. Los autores advierten que permitir que un gato suelto acceda a zonas con especies protegidas podrĆa ser difĆcil de conciliar con la legislación comunitaria.

Propuestas para una tenencia responsable
El estudio no se limita a criticar la situación actual, sino que ofrece soluciones concretas. Los investigadores proponen seguir el ejemplo de Canberra (Australia), donde se ha implementado un traslado gradual de los gatos que deambulan libremente a santuarios, catios comunitarios o particulares>. Los catios son recintos exteriores cerrados y enriquecidos que permiten a los gatos disfrutar del exterior sin riesgo para la fauna, siendo una alternativa ideal a una casa para gatos totalmente cerrada. AdemÔs, recomiendan que cualquier gato nuevo se acostumbre desde el principio a permanecer dentro de casa, con la posibilidad de salir solo con correa o bajo supervisión.
Los autores tambiƩn defienden un endurecimiento de las normas que afectan a los gatos, equiparƔndolas a las que ya existen para los perros>. En muchas ciudades europeas, los perros deben ir atados salvo en zonas habilitadas, y pueden tener prohibido el acceso a espacios naturales. Sin embargo, las restricciones equivalentes para gatos son mucho menos frecuentes. El estudio considera que esta desigualdad se basa en percepciones sociales: los perros se ven como animales potencialmente peligrosos, mientras que los gatos son vistos como controladores de roedores y parte del paisaje urbano. Pero la ciencia demuestra que su impacto es mayor, sugiriendo el uso de un arnƩs para gatos para controlar sus paseos.

Implicaciones legales y sociales
El artĆculo tambiĆ©n analiza las consecuencias legales de mantener el statu quo. SegĆŗn los investigadores, la tolerancia hacia los gatos sueltos resulta difĆcil de conciliar con la Estrategia Europea de Biodiversidad 2030 y el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza>, cuyo objetivo es reforzar la protección de los ecosistemas. AdemĆ”s, seƱalan que los dueƱos de perros tienen mĆ”s probabilidades de recibir multas por infracciones relacionadas con la fauna silvestre que los dueƱos de gatos, lo que consideran una injusticia histórica.
El estudio no se basa en un nuevo experimento de campo, sino en una revisión exhaustiva de la literatura cientĆfica y un anĆ”lisis de la normativa internacional. Los autores reclaman un enfoque interdisciplinar que reĆŗna a ecólogos, veterinarios, juristas, urbanistas y educadores para diseƱar estrategias de gestión sostenibles a largo plazo>. TambiĆ©n recuerdan que controlar las salidas de los gatos no solo protege a la fauna, sino que tambiĆ©n beneficia a los propios felinos, que se exponen a atropellos, peleas y enfermedades cuando deambulan sin vigilancia.
La propuesta abre un debate social importante: tratar al gato como un animal de compaƱĆa con responsabilidades similares a las que ya se exigen para los perros. Pasear a un gato con correa, instalar un catio en el jardĆn o trasladar colonias a santuarios son medidas que, segĆŗn estos investigadores, pueden convertirse en herramientas clave para la convivencia y la conservación de la biodiversidad en EspaƱa y Europa.