El mundo de la adopción de mascotas en España vive un momento agridulce. Por un lado, programas de televisión como ‘Dog House’, emitido por RTVE, están logrando que muchas familias se planteen dar una segunda oportunidad a perros abandonados. Sin embargo, desde el ámbito de las protectoras se alza una voz crítica: el formato muestra el final feliz, pero no el camino de dolor y trabajo que hay detrás. Esta contradicción entre lo que se ve en pantalla y lo que viven los refugios es el punto de partida de un debate necesario.
Al mismo tiempo, casos como el de Khan, un perro de cuatro años que perdió su hogar de la noche a la mañana, ponen cara a las dificultades reales. Khan es un animal grande, necesita licencia PPP y llegó a la protectora La Huella de Wonder junto a su inseparable compañera Nala. Su historia ilustra cómo la burocracia, los prejuicios y la falta de información pueden alargar la espera de un animal que solo busca cariño.
La crítica a la televisión: ¿demasiado bonito para ser cierto?
Rosa Castañer, presidenta de la asociación catalana Animals Sense Sostre, ha sido clara: “Enseñan el final feliz, pero no cómo llegan los animales”. La responsable de esta protectora, que acoge cada año a unos 200 perros y 30 gatos, considera que ‘Dog House’ cumple una función positiva al promover la adopción, pero peca de idealizar la realidad. Según ella, la vida de una protectora aparece mucho más amable de lo que es, con demasiado foco en el abrazo final y muy poco en las lesiones, enfermedades y miedos con los que llegan muchos animales.
Castañer no acusa al programa de falsear los casos, sino de dejar fuera una parte fundamental: el trabajo previo de rehabilitación, las operaciones, los meses de recuperación y la necesidad de realizar la identificación obligatoria de mascotas en España con microchip. De hecho, la asociación estima que el 70% de los perros que recogen no lleva chip, lo que dificulta enormemente localizar a sus dueños o encontrar a las familias de animales perdidos. La reivindicación de la experta es que el público vea también por qué se llenan las protectoras, y no solo el momento de la entrega.
Además, la presidenta de Animals Sense Sostre reclama que el programa dedique espacio a cómo evitar el abandono: esterilización, control de camadas, educación familiar y búsqueda de ayuda profesional ante problemas de comportamiento. “No se debe regalar un animal de forma impulsiva ni sin comprobar que todos los miembros del hogar están de acuerdo”, insiste. Para ella, la emoción del desenlace no debe eclipsar la responsabilidad que implica tener una mascota.

Khan, el perro que lo perdió todo y busca una oportunidad
Mientras el debate televisivo continúa, en Madrid hay un perro que encarna las dificultades reales de la adopción. Khan tiene cuatro años, es de gran tamaño y necesita licencia PPP (Perro Potencialmente Peligroso) para ser adoptado. Llegó a La Huella de Wonder junto a Nala, su compañera de toda la vida, que ha actuado como su madre desde que era un cachorro. La protectora teme que Nala sea adoptada antes y que Khan se quede solo, algo que podría ser devastador para él emocionalmente.
“Lo está pasando verdaderamente mal y se le nota en la mirada”, explica la asociación. A pesar de su aspecto imponente, Khan es un perro “noble, buenazo, sumamente dulce y cariñoso” que necesita la compañía de otros animales equilibrados para recuperar la confianza. La protectora recomienda que conviva con otros perros y que el futuro adoptante cuente con la licencia PPP, que requiere ser mayor de edad, presentar un certificado psicotécnico, antecedentes penales y un seguro de responsabilidad civil.
El proceso de adopción responsable de mascotas, como el de cualquier animal en una protectora, no se limita a pagar una tasa. Las asociaciones realizan cuestionarios, entrevistas y encuentros previos para estudiar la compatibilidad con la familia. También se valoran las condiciones de la vivienda, el tiempo disponible y la capacidad para asumir gastos veterinarios. En el caso de Khan, los interesados pueden acceder al formulario de pre-adopción en la web de La Huella de Wonder, siempre que cumplan con los requisitos legales.
Detrás de su tamaño y las dificultades que implica su adopción, la protectora insiste en que se encuentra un perro que solo necesita una oportunidad para volver a sentirse seguro. Khan ya tiene todas sus revisiones y el protocolo de salud al día, gracias al seguimiento en la clínica VetWonder. Ahora, la carrera contra el tiempo es para evitar que la pérdida de su hogar y la posible separación de Nala se conviertan en una espera demasiado larga.
Las historias de Khan y la crítica a ‘Dog House’ son dos caras de una misma moneda: la adopción de mascotas en España necesita más visibilidad, pero también más transparencia. Los programas de televisión pueden ser un altavoz poderoso para concienciar, pero las protectoras piden que no se maquille la realidad. Al mismo tiempo, casos como el de Khan recuerdan que cada animal tiene una historia única y que adoptar es un acto de responsabilidad, no un impulso. La clave está en que el público conozca tanto el final feliz como el camino que lleva hasta él, para que cada adopción sea realmente una segunda oportunidad sin trampas ni olvidos.
