El verano es una época complicada para las protectoras de animales en España, que ven cómo la llegada de camadas de gatitos se dispara y las adopciones no siempre acompañan. La situación es especialmente delicada para los gatos, que se enfrentan a un mayor abandono de gatos en España y a una mayor dificultad para encontrar un hogar. La concentración de cachorros, animales enfermos y de avanzada edad requiere una atención especial y un gasto constante en alimentación y cuidados veterinarios, lo que pone al límite la economía de estas organizaciones.
Un año más, la llegada del calor obliga a extremar los cuidados. La comida húmeda se convierte en un recurso esencial para mantener a los gatos hidratados, pero las existencias se agotan a gran velocidad. El llamamiento de las protectoras es unánime: hacen falta donaciones de latas y sobres para garantizar el bienestar de los felinos más vulnerables. Desde colectivos como Adopta Plasencia o la Sociedad Protectora de Animales de Alcoy insisten en que cada aportación cuenta para evitar golpes de calor y asegurar que los animales lleguen al final del verano con salud.
Una crisis en verano
La subida de las temperaturas agrava una situación que ya de por sí es complicada. Los refugios notan en sus bolsillos el encarecimiento de los piensos y, sobre todo, el gasto veterinario de los animales más afectados por el calor. La comida húmeda no es un lujo, sino una necesidad para mantener hidratados a los gatos que llegan en peores condiciones. “Cada latita cuenta para salvar una vida y evitar golpes de calor en los más débiles”, sentencian desde Adopta Plasencia, que ha visto cómo se acumulan las deudas y no llegan los ingresos.
Los animales llegan de las calles, de situaciones de abandono o de colonias felinas que requieren una intervención. La gestión de estas colonias a través del programa CER (Captura, Esterilización y Retorno) es una de las acciones que más recursos concentra en los centros de bienestar animal. En este sentido, la memoria de gestión de algunos centros como el Cemba de Miranda de Ebro refleja un incremento considerable en el número de gatos ingresados, pasando de 127 a 227 en un año, en gran parte por los gatos comunitarios capturados para su esterilización. Este aumento, sin embargo, no se traduce directamente en más abandonos, sino en una labor más intensa de gestión y control.
El número de adopciones también ha sufrido un cambio de tendencia. El trabajo de fomento de la acogida preadoptiva, con acompañamiento a las familias, está dando resultados, y un 84% de los animales que pasan por estos programas encuentran una casa permanente. Las cifras son esperanzadoras, con un 53% de los animales considerados en situación de abandono real encontrando un nuevo hogar. No obstante, el porcentaje de abandono continúa siendo una lacra y ha experimentado un ligero repunte, lo que obliga a las protectoras a redoblar sus esfuerzos de concienciación.

La ley y la adopción responsable
En este contexto, la normativa juega un papel fundamental. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales ha establecido requisitos claros para la adopción. La más destacable es la prohibición de entregar cachorros de perros, gatos y hurones de menos de ocho semanas de vida. Este periodo de convivencia con la madre y los hermanos es crucial para su desarrollo social y emocional, y su cumplimiento es un requisito legal para la entrega. Además, las adopciones deben formalizarse siempre mediante un contrato y el animal debe estar identificado y con las vacunas correspondientes para salvaguardar su salud.
Las protectoras se enfrentan ahora a la disyuntiva de la gestión diaria y el cumplimiento de esta nueva legislación. Los centros tienen que adaptar sus procesos para realizar adopciones responsables de forma escrupulosa, pero también tienen la labor de la concienciación. La adquisición de un animal en un hogar no debe ser una decisión frívola. La responsabilidad afecta a todas las partes: el adoptante se compromete a proporcionar los cuidados durante toda la vida del animal, y la asociación, el apoyo y el asesoramiento durante los primeros meses para evitar que un problema de adaptación acabe en un nuevo abandono. La entrega con chip, esterilización y las principales pautas sanitarias son la base para una tenencia responsable.
Este verano, las protectoras han tenido que lidiar además con la emergencia del calor, que llega en forma de aportaciones. Las personas solidarias pueden colaborar directamente donando comida húmeda, a través de las listas de enlace de las protectoras o mediante donaciones económicas para sufragar los gastos de veterinarios. La implicación del voluntariado y de hogares de tránsito es la pieza angular que decide salvar la vida de los que están en un equilibrio. La figura de la acogida temporal es un salvavidas no solo para los animales, sino para las familias que no pueden adquirir un compromiso definitivo aún, y que disfrutan de la compañía de un gato de verano.

Eventos para fomentar la adopción
Estos llamamientos se complementan con eventos sociales en toda la geografía española que intentan dar un empujón a las adopciones. Ferias como la Feria de Adopciones en San Fernando de Cádiz son un ejemplo de cómo la colaboración entre ayuntamientos, protectoras y ciudadanía puede llevar a que los animales encuentren una segunda oportunidad. Estos espacios no son solo para encontrar una hogar; también para difundir la cultura del “adopta, no compres” y para recaudar fondos que van destinados al cuidado de los felices. En estas citas, la ciudadanía se encuentra con la realidad de la labor de las asociaciones, la importancia de la esterilización y el cuidado de las colonias felinas, y los retos del voluntariado.
Otras ciudades, como en Alcoy, han apostado por la innovación en la financiación, con talleres de yoga con gatos o actividades de defensa personal que recaudan fondos para el mantenimiento de los más de 90 animales que custodian. La creatividad al servicio de una causa que merece la pena, porque mientras que los números de abandono canino se han estabilizado y mejorado, el felino sigue siendo un reto mayor. Adoptar a un gato, y especialmente a un gatito que ha llegado a una protectora en pleno verano, es un gesto que merece la pena y que el bienestar animal aprecia de forma inmediata. Cómo insisten desde las entidades, se trata de un cambio que enriquece la vida del animal y del adoptante, y que compensa de todo el esfuerzo diario de quienes trabajan por su protección. La responsabilidad es compartida, pero la recompensa es infinita.