
Los gatos, lamentablemente, son muy vulnerables al ataque de las pulgas y otros parásitos externos. Estos pequeños insectos son parásitos muy molestos que se multiplican sin cesar durante los meses cálidos y pueden llegar a estar presentes todo el año en los hogares con calefacción. Sus cuidadores tenemos, pues, la obligación de mantenerlos protegidos, no sólo por el bien de ellos sino también para evitar que la infestación alcance la dimensión de plaga en casa o en el jardín.
A veces, pretendiendo ayudarles, les ponemos productos que son muy perjudiciales, como ciertos insecticidas. Si bien es algo que se puede evitar fácilmente simplemente leyendo las etiquetas y eligiendo productos específicos para gatos, la realidad es que la intoxicación por permetrinas en gatos sigue siendo bastante común, además de grave, ya que afecta de manera directa al sistema nervioso.
¿Qué son las permetrinas?

Las permetrinas son insecticidas piretroides. Éstos son análogos sintéticos de las piretrinas, unas sustancias que se extraen de las flores de una planta que se conoce como crisantemo (Chrysanthemum cinerariaefolium). A partir de estas moléculas naturales se han desarrollado diferentes compuestos muy usados en productos para perros y en insecticidas domésticos.
La permetrina es una neurotoxina que actúa uniéndose a los canales de sodio que se encuentran en las membranas de las células nerviosas. Al unirse, alteran el funcionamiento de esos canales (prolongando su apertura y provocando hiperestimulación del sistema nervioso), lo que en los insectos termina en parálisis y muerte. Esta misma acción, en mamíferos sensibles como los gatos, desencadena un cuadro de intoxicación neurológica muy serio.
Una vez que se aplica el producto a los animales (normalmente en forma de pipeta, spray o collar), las permetrinas se absorben a través de la piel, se metabolizan principalmente en el hígado y, desde allí, pasan al resto del cuerpo. Cuando, por ejemplo, una pulga pica a un animal tratado correctamente (como un perro), el parásito muere casi de forma instantánea gracias a este mecanismo.
Sin embargo, nunca hay que aplicárselas a los gatos, ya que no son capaces de procesarlas adecuadamente debido a una deficiencia de la enzima hepática glucuronosil transferasa (también llamada glucuronidasa transferasa). Esta carencia hace que el tóxico se acumule en su organismo y aumente el riesgo de provocar hiperestimulación del sistema nervioso central.
¿Por qué es tan tóxica la permetrina para los gatos?

Los gatos son mucho más sensibles a las permetrinas que los perros. Esta diferencia se debe, sobre todo, a que el hígado felino metaboliza los fármacos de forma distinta. Carece de ciertas enzimas que intervienen en la desintoxicación de muchos compuestos, entre ellos las piretrinas y piretroides, lo que hace que el producto se acumule en el organismo en lugar de eliminarse con rapidez.
Además, la intoxicación no se produce sólo por una pipeta mal aplicada. Puede ocurrir por ingestión, inhalación o contacto dérmico excesivo con el producto. Un gato puede intoxicarse al lamer a un perro recién desparasitado con una pipeta que contenga permetrina, al caminar sobre un suelo tratado con insecticidas piretroides para mosquitos o pulgas, o al tener contacto con sprays, antipolillas o repelentes que se hayan aplicado en el hogar o el jardín.
En perros, las permetrinas se consideran relativamente seguras cuando se usan en la dosis correcta. Sin embargo, en los gatos incluso una cantidad pequeña puede desencadenar signos clínicos importantes. Por eso nunca hay productos comerciales para gatos que contengan permetrina o deltametrina entre sus ingredientes, y siempre debe revisarse con calma la etiqueta antes de la aplicación.
¿Cuáles son los síntomas que producen en los gatos?

Si un gato ha estado expuesto, ya sea porque le han puesto un insecticida con permetrina, porque ha tocado el suelo o una planta tratada con ella y luego se ha lamido, o porque ha convivido con un perro tratado con una pipeta inadecuada, puede que al principio no muestre ningún síntoma. De hecho, éstos pueden tardar desde pocas horas hasta tres días en aparecer, de modo que es importante estar muy atentos a cualquier cambio de comportamiento o de coordinación.
Los signos de intoxicación por permetrina y otros piretroides son fundamentalmente neurológicos, ya que afectan al sistema nervioso central y periférico. Pueden observarse, entre otros:
- Temblores musculares generalizados o localizados.
- Convulsiones o episodios de movimientos bruscos e incontrolados.
- Salivación excesiva (babeo, ptialismo).
- Pupilas dilatadas o, en algunos casos, muy contraídas.
- Pérdida de coordinación, ataxia y desorientación.
- Hiperexcitabilidad, nerviosismo, hipersensibilidad al tacto y al sonido.
- Vómitos, en algunos gatos, junto con posible dolor abdominal.
- Hipertermia (aumento de la temperatura corporal) por la actividad muscular intensa.
- Dificultad respiratoria y respiración agitada.
- Depresión, letargo intenso o postración.
- En los casos más graves, coma y muerte, generalmente por parálisis respiratoria.
Estos signos suelen aparecer de manera aguda y alarmante, por lo que casi siempre suponen una urgencia veterinaria real. Cualquier sospecha de exposición a permetrina o piretrinas en un gato debe considerarse una situación que requiere atención inmediata.
Diagnóstico de la intoxicación por permetrina en gatos

El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y en los signos que presenta el gato. Es fundamental que el cuidador explique al veterinario si ha aplicado recientemente alguna pipeta, spray, collar u otro producto insecticida, aunque sea pensado para perros o para uso doméstico.
Durante la exploración física el veterinario valorará la temperatura corporal, la frecuencia respiratoria y cardiaca, el estado neurológico y la presencia de temblores o convulsiones. En muchos casos, el examen neurológico mostrará hiperreflexia, incoordinación y desorientación.
Para completar el diagnóstico y controlar posibles complicaciones, se suele realizar una analítica de sangre básica y, si es necesario, otras pruebas complementarias. El objetivo es comprobar el estado de los electrolitos, la función hepática y renal y descartar otros procesos que puedan dar signos parecidos.
Aunque no siempre se dispone de pruebas específicas para detectar permetrina en sangre, la combinación de exposición conocida, signos neurológicos característicos y mejoría con el tratamiento de soporte suele ser suficiente para establecer el diagnóstico con bastante fiabilidad.
¿Se puede tratar la intoxicación?
Sí, pero hay que saber que el pronóstico puede ser incierto y depende de la dosis ingerida o absorbida y del tiempo transcurrido hasta iniciar el tratamiento. En muchos casos, con una actuación rápida, los gatos se recuperan en un plazo aproximado de 2 a 3 días, aunque puede ser necesario un ingreso más prolongado para controlar todas las complicaciones.
El primer paso del tratamiento, si la exposición ha sido tópica y se detecta de inmediato, consiste en bañar al gato con agua tibia y un jabón lavavajillas suave justo después de que haya sido expuesto. Con esto se pretende eliminar tanto producto como sea posible de la piel y el pelo, evitando que continúe absorbiéndose a través de la piel.
No obstante, incluso si se realiza el baño en casa, lo más recomendable será llevarlo urgentemente al veterinario. En la clínica, el equipo se centrará en estabilizar al gato y reducir al máximo los efectos neurológicos:
- Control de las convulsiones y temblores mediante benzodiacepinas, barbitúricos y relajantes musculares u otros fármacos apropiados.
- Corrección de la posible acidosis metabólica y otras alteraciones mediante fluidoterapia intravenosa.
- Mantenimiento de una temperatura corporal adecuada, evitando tanto la hipertermia como la hipotermia.
- Control del dolor y la ansiedad, reduciendo la estimulación sensorial cuando el gato está muy excitado.
- Soporte respiratorio si existe dificultad para respirar o riesgo de fallo respiratorio.
Lo más probable es que el gato necesite pasar unas horas o incluso unos días en el hospital para recuperarse. En un entorno de hospitalización adaptado para felinos, con jaulas tranquilas y separadas de los perros, el paciente puede estar más relajado, lo que también ayuda a reducir la hiperestimulación del sistema nervioso.
¿Hay alguna manera de prevenirla?

Por supuesto: no hay que aplicar nunca, ni al gato ni a su entorno inmediato, productos que contengan permetrinas. Esto incluye también a los perros que conviven con gatos, ya que el simple hecho de que el felino lama el lugar donde se ha aplicado la pipeta o el collar puede desencadenar una intoxicación.
Si tenemos pulgas en casa, siempre va a ser mejor ponerle al gato una pipeta específica para felinos que sólo elimine los parásitos y que no contenga piretrinas ni piretroides, como las de Stronghold, Frontline o Virbac, y limpiar bien el hogar: lavar mantas y camas, aspirar sofás y alfombras y desechar la bolsa de la aspiradora después.
También es importante revisar los productos de limpieza y control de insectos que usamos en casa: algunos limpiadores de suelos, antimosquitos, insecticidas en spray o antipolillas pueden contener piretrinas. Estos productos deben mantenerse fuera del alcance de los gatos y evitar que entren en contacto con superficies recién tratadas hasta que estén bien secas y ventiladas.
Si tenemos parásitos en el jardín, podremos echar agua hirviendo (con cuidado de no mojar las plantas sensibles), quitar las hierbas y restos de poda, y utilizar además un spray que no perjudique a los felinos, como el de Frontline u otros productos que el veterinario recomiende específicamente para hogares con gatos. Es más caro que un insecticida convencional, pero, desde luego, vale más gastarse el dinero en un producto que es seguro para ellos que no en otro que, aunque se use cuidadosamente, puede acabar poniendo en riesgo la vida de tu mejor amigo.
Si convivimos con perros y gatos, nunca debemos compartir las pipetas de unos con otros, ni siquiera a dosis muy pequeñas, y conviene mantener al gato separado del perro hasta que el producto antiparasitario canino se haya absorbido por completo. Asimismo, es recomendable guardar las pipetas, collares y sprays en un lugar al que los animales no puedan acceder por accidente.
De verdad, por muy molestas que puedan llegar a ser las garrapatas, las pulgas y demás, hay que tratar de mantener la calma. Hay que usar el sentido común y mirar por el bien de nuestro peludo: leer bien las etiquetas, preguntar al veterinario si tenemos dudas y evitar improvisaciones con productos que no estén claramente indicados para gatos.
Por experiencia se sabe que las permetrinas son insecticidas muy eficaces para eliminar todo tipo de plagas del jardín, pero no son selectivas; es decir, eliminarán todo lo que tenga contacto con ellas, sean insectos beneficiosos o no, lo cual es una pena. Además, si convivimos con animales domésticos, y sobre todo si son gatos, debemos hacer todo lo posible para que estén bien, sin que tengan que correr peligro alguno por los insecticidas.
Conocer cómo funcionan las permetrinas, cuáles son sus riesgos en gatos y qué alternativas seguras existen permite tomar decisiones más responsables. Unos minutos de lectura de la etiqueta y una consulta a nuestro veterinario de confianza pueden evitar una intoxicación grave y salvar la vida de nuestro compañero felino.
Espero que este artículo sirva para que el número de intoxicaciones por permetrinas en gatos vaya disminuyendo.

