Guía completa para proteger a tus mascotas de las altas temperaturas

  • Evitar los paseos en las horas centrales del día para prevenir quemaduras graves en las almohadillas.
  • Mantener agua fresca siempre disponible y evitar que el aire acondicionado les dé de forma directa.
  • No rapar el pelaje del animal, ya que su pelo funciona como un aislante térmico natural contra el sol.
  • Identificar rápidamente señales de alerta como el jadeo excesivo, la desorientación o las encías enrojecidas.

Con la que está cayendo este verano, con termómetros que no dan tregua y noches en las que cuesta horrores pegar ojo, no somos los únicos que lo pasamos de cine… o más bien de pena. Nuestras mascotas, esos compañeros de cuatro patas que siempre están al pie del cañón, sufren las consecuencias del calor de una forma mucho más intensa que nosotros, aunque a veces no nos demos cuenta de sus señales. A diferencia de los humanos, que tenemos glándulas sudoríparas por casi todo el cuerpo, ellos dependen de mecanismos mucho más limitados para refrescarse, lo que los convierte en víctimas propicias de los golpes de calor si no andamos con mil ojos.

Es vital entender que lo que para nosotros es un simple paseo bajo el sol, para ellos puede convertirse en una ratonera peligrosa. Por eso, hemos recopilado los mejores consejos de expertos y veterinarios para que este verano tu perro o tu gato no corra riesgos innecesarios frente a las altas temperaturas que están azotando toda la geografía española. La prevención no es solo una recomendación, es una responsabilidad que puede salvarles la vida cuando el ambiente se vuelve asfixiante.

Mascotas protegidas del calor

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El peligro invisible del asfalto y los mejores horarios

Sacar a pasear al perro a las tres de la tarde es, literalmente, una temeridad. Muchos dueños no caen en la cuenta de que el suelo puede alcanzar temperaturas abrasadoras capaces de provocar heridas graves en las almohadillas de los peludos. Un truco casero muy útil es poner el dorso de nuestra mano sobre el pavimento; si no aguantas cinco segundos, tu perro tampoco debería pisarlo. Lo ideal es aprovechar las primeras horas de la mañana, cuando el ambiente aún está fresco, o esperar a que el sol se ponga por completo para disfrutar de una caminata tranquila y segura.

Además, durante estos paseos es muy recomendable llevar siempre encima un bebedero portátil y, si podemos, un pulverizador con agua. Rociar un poco de agua sobre ellos puede ayudar a bajar su temperatura corporal de forma inmediata en plena calle. Hay que tener especial cuidado con las razas de morro chato, como los bulldogs o los carlinos, ya que su fisionomía les dificulta enormemente el jadeo y son mucho más propensos a sufrir colapsos respiratorios ante cualquier esfuerzo bajo el sol.

Hidratación constante y el uso de la climatización

En casa tampoco podemos bajar la guardia. No sirve de nada llenar el cuenco de agua por la mañana y olvidarse hasta la noche, porque el líquido se calienta enseguida y deja de ser apetecible. Los veterinarios insisten en que debemos renovar el agua varias veces al día para asegurar que esté siempre fresca, prestando especial atención a los cachorros y a los perros sénior, que son los que más rápido se deshidratan. Un truco que les encanta es añadir un par de cubitos de hielo al bebedero para mantener la temperatura óptima durante más tiempo.

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En cuanto al aire acondicionado y los ventiladores, son nuestros mejores aliados, pero hay que usarlos con cabeza. No es buena idea que el chorro de aire les dé directamente en la cara o en el cuerpo de forma continuada. Al igual que nos pasa a nosotros, ese aire frío directo puede provocarles problemas de salud molestos como conjuntivitis, otitis o incluso laringitis. Lo mejor es refrescar la estancia de forma general para que ellos busquen su lugar favorito sin recibir el impacto directo del aparato.

El gran error de rapar el pelo en verano

Existe la falsa creencia de que quitarles todo el pelo les hará sentir menos calor, pero nada más lejos de la realidad. El pelaje de los animales actúa como una cámara de aire que los aísla tanto del frío como del calor extremo. Si les rapamos al cero, estamos eliminando su barrera natural contra las radiaciones solares, dejándolos expuestos a quemaduras en la piel e incluso aumentando el riesgo de sufrir cáncer de piel a largo plazo. Lo que sí es fundamental es un buen cepillado diario para eliminar el pelo muerto y los nudos que sí atrapan el calor.

Si optamos por llevarlos a la playa o a la piscina para que se den un chapuzón, es clave aclarar su pelaje con agua dulce al terminar. Los restos de salitre y cloro pueden irritar su dermis y causar picores muy incómodos. Además, el verano es la temporada alta de parásitos, por lo que no debemos olvidar tener al día sus tratamientos preventivos contra pulgas y garrapatas, ya que estos bichitos están más activos que nunca con el buen tiempo.

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Grupos de riesgo y cómo actuar en una emergencia

No todos los perros y gatos llevan el calor de la misma manera. Los animales con sobrepeso, los que tienen pelajes muy densos o dobles capas (como los huskys o pastores alemanes) y aquellos con problemas cardíacos previos necesitan una vigilancia extrema. Jamás, bajo ninguna circunstancia, se debe dejar a una mascota sola dentro de un vehículo aparcado, ni siquiera con las ventanillas bajadas o por cinco minutos, ya que el coche se convierte en un horno en cuestión de segundos.

Si notas que tu mascota jadea de forma ruidosa, babea en exceso, tiene las encías muy oscuras o parece desorientada, podrías estar ante un golpe de calor. En ese caso, lo primero es mantener la calma y trasladar al animal a un sitio fresco. Humedece su cuerpo con agua templada —nunca helada para evitar un choque térmico— y ofrécele agua en pequeños sorbos sin forzarle. Tras estos primeros auxilios, la visita al veterinario de urgencia es obligatoria para descartar daños internos que no se ven a simple vista.

A modo de cierre, es fundamental recordar que la prevención es nuestra mejor arma cuando el sol aprieta de verdad. Conocer las limitaciones físicas de nuestra mascota, ya sea por su raza o por su edad, y actuar con sentido común nos permitirá disfrutar de un verano sin sobresaltos. No bajes la guardia con la hidratación, cuida su pelaje de forma inteligente y, ante la más mínima duda de que algo no va bien, no te lo pienses dos veces y acude a tu especialista para evitar males mayores.

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