La presencia de gatos callejeros se consolida como un desafío cotidiano en múltiples municipios, donde conviven la protección animal, la salud pública y la convivencia vecinal. En España, la respuesta se está articulando alrededor del método CER (captura, esterilización y retorno), con regulaciones, censos y voluntariado cada vez más estructurados.
Mientras unos consistorios exhiben planes maduros con datos y costes, otros reclaman infraestructuras como refugios y colonias protegidas para casos complejos. A este impulso se suman iniciativas insólitas en Europa, como las de Ámsterdam, que adaptan el entorno urbano para reducir riesgos a los felinos sin romper el equilibrio con el patrimonio.
Barakaldo: colonias desbordadas y petición de un refugio propio

En Barakaldo, con más de 100.000 habitantes, se calcula que deambulan más de 800 gatos entre zonas urbanas y áreas rurales, una muestra de cómo viven los gatos en la calle. Un centenar de colonias, atendidas por voluntariado de la asociación Lagunak (activa desde 2017), trata de sostener su cuidado mediante acciones sobre cómo ayudar a los gatos callejeros pese a la saturación.
El colectivo cifra en torno a 700 los ejemplares censados y denuncia la falta de esterilización en entornos rurales, junto a la escasez de casas de acogida, muchas con estancias indefinidas que superan los tres años. Por ello, vuelven a reclamar un refugio municipal accesible y, además, un espacio protegido para reubicar felinos poco sociables en una zona segura.
El Ayuntamiento aporta pienso, capturas, esterilizaciones e identificación con microchip, pero Lagunak relata ataques a colonias y destrozos en instalaciones, especialmente en áreas como Cruces y Llano. En paralelo, mantienen en adopción a más de 40 gatos a la espera de familia.
Otra vía que se baraja es aprovechar una herencia destinada al bienestar animal para impulsar proyectos como una guardería felina o un jardín para estos animales, priorizando —según quienes conocieron a la donante— la creación de un refugio municipal estable para los que no tienen hogar.
Valladolid: datos, control sanitario y formación de alimentadores

El plan municipal de gestión felina de Valladolid, en vigor desde el verano de 2021, ha registrado 161 colonias con unos 1.800 gatos, y otra treintena está en trámite de legalización. Casi la mitad de las colonias tiene a todos sus miembros esterilizados y desparasitados, y ocho de cada diez animales identificados se consideran ya controlados.
La base del programa es la identificación con microchip, el seguimiento sanitario y la esterilización. Según el Consistorio, la evolución ha pasado de un número elevado de felinos enfermos a colonias visiblemente más sanas y entornos mejor cuidados.
La mayoría de colonias reguladas se ubican en suelo privado (83), donde el Ayuntamiento colabora con voluntariado; en terreno municipal hay 48 colonias con 580 gatos y seis más aguardan autorización. Entre las más numerosas figuran ‘Arcas Reales’ (38 gatos), ‘Arturo Eyries 2’ (35) y ‘Colonia Azaña’ (34). En tramitación destaca ‘Los guardianes de la noche’ (34), junto a ‘Colonia Marina’ (23) y ‘Estadio’ (17).
Para autorizar una nueva colonia en vía pública se exige una solicitud con ubicación, puntos de alimentación, distribución por sexos y cuidadores responsables. Tras la revisión veterinaria municipal y con al menos el 80% vacunado, desparasitado y esterilizado, se decide su autorización definitiva.
Quien gestione una colonia debe contar con carné de alimentador, ligado al método CER. Actualmente hay 294 personas acreditadas, tras formación gratuita impartida por asociaciones y personal veterinario municipal. La credencial, que antes era vitalicia, pasa a tener una vigencia de dos o tres años.
El consistorio estima un coste anual de 78.000 euros para la gestión de colonias, incluyendo 20.000 euros en subvenciones, trabajos veterinarios y personal. En 2024 se incorporó una auxiliar administrativa dedicada a sistematizar e informatizar datos y a canalizar incidencias con protectoras y ciudadanía.
Entre las quejas vecinales aparecen malos olores, excrementos, acceso a propiedades o alimentaciones no autorizadas, además de posibles impactos en la biodiversidad. Por su parte, quienes cuidan colonias deben retirar restos de comida húmeda, limpiar a diario, mantener agua y pienso en recipientes discretos y colaborar en la mediación con el vecindario.
Cuenca y Belmonte: CER en municipios pequeños y demanda de ayudas

La Diputación de Cuenca impulsa el control de colonias felinas mediante GEACAM, contratada con fondos estatales, para aplicar el CER en los municipios adheridos a la convocatoria de 2025. En localidades como Belmonte, se trabaja para mantener o disminuir la reproducción, poniendo énfasis en la colaboración vecinal.
La alcaldesa belmonteña reclama más ayudas económicas directas para que cada ayuntamiento decida cómo invertirlas, así como campañas para que los propietarios puedan esterilizar y chipar a precios reducidos. Señala que la obligación de identificar a los gatos comunitarios choca con la falta de recursos en consistorios pequeños.
Gran Canaria: abandono, coordinación y continuidad del CER
Desde San Bartolomé de Tirajana, activistas subrayan que el abandono de animales sigue alimentando colonias y casos de gatos sociables que terminan en la calle. Aunque la Ley de Bienestar Animal está vigente, se crítica la desigual aplicación municipal y parones en esterilizaciones que hacen retroceder avances del voluntariado.
Se citan ejemplos dispares: hay municipios que no gestionan colonias alegando el entorno natural y otros que acumulan más de 500 esterilizaciones en lo que va de año. También se pide mejor coordinación insular para priorizar programas continuados de CER y evitar gastos poco útiles.
La sensibilización pública se apoya en jornadas y actividades solidarias, además de puertas abiertas en centros municipales, con el fin de fomentar adopciones y reforzar la red de hogares de acogida y voluntariado.
Sagunt: luz verde a un refugio y debate sobre el modelo
El pleno de Sagunt aprobó por unanimidad la construcción de un refugio felino y la solicitud de ayudas a otras administraciones, en cumplimiento de un proyecto de presupuestos participativos dotado con 75.000 euros.
El área de Sanidad enumera avances recientes: reglamento de gestión, mejora del censo, adaptación del plan CER a la normativa, programa veterinario y de voluntariado, y designación de un agente tutor. Como medida inmediata, el consistorio prevé instalar casetas para gatos en puntos concretos del municipio.
Desde la oposición se reclama un esfuerzo mayor y se cuestiona que las casetas sean la solución definitiva frente a un refugio entendido como espacio de acogida para situaciones extremas. También se pide acelerar la coordinación con asociaciones y autorizaciones, tomando como referencia experiencias cercanas.
Lugo: protectoras al límite piden apoyo

Colectivos como Michos de Lugo alertan de meses complicados por la saturación de colonias y la falta de recursos, pese al empuje del voluntariado. Estas entidades piden más apoyo estable, incluyendo guías sobre cómo ayudar a los gatos ferales, para sostener esterilizaciones, alimentación y atención veterinaria.
Ámsterdam: escaleras en los canales para evitar ahogamientos

La capital neerlandesa instalará escaleras de madera en tramos estratégicos de sus canales, con una inversión de 100.000 euros, para que los felinos que caigan al agua encuentren una vía de escape en muros de piedra sin salidas naturales.
La medida, inspirada en Amersfoort —que colocó 300 estructuras similares—, pretende reducir muertes por ahogamiento y beneficiar a otras especies urbanas, integrándose de forma discreta en un entorno de alto valor patrimonial.
Este tipo de soluciones introduce el bienestar animal en el diseño de la ciudad y abre la puerta a que otras urbes con cursos de agua adopten adaptaciones sencillas para fauna.
El panorama evidencia que, con programas CER estables, formación, datos y recursos, las colonias felinas pueden gestionarse mejor: algunos municipios ya muestran resultados, otros buscan refugios y más financiación, y las iniciativas urbanas innovadoras marcan el camino para proteger a los gatos callejeros sin descuidar la convivencia.

