Aunque no son muy comunes en gatos, las fístulas perianales pueden causarles igualmente mucho dolor y molestias, tanto que necesitarán la ayuda de un profesional veterinario para que puedan recuperarse y hacer vida normal.
Por este motivo, vamos a hablarte de cuáles son las causas de la fístula perianal en gatos y qué medidas debes de tomar para que sanen.
¿Qué son y cuáles son sus causas?

Las fístulas perianales son unos trayectos que se originan en alguna parte interna del cuerpo y desembocan en la zona cercana al ano. Técnicamente, se trata de una conexión anormal entre los sacos perianales y la piel circundante. En los gatos, la causa más común son las glándulas o sacos anales. Estos, en situaciones normales, actúan como lubricante ya que ayudan al animal a defecar sin sentir dolor cuando las heces son expulsadas y cumplen una función de marcaje territorial.
El problema surge cuando se produce una saculitis felina, que es una patología inflamatoria de estos sacos. Esto ocurre frecuentemente cuando el contenido glandular no se drena correctamente, acumulándose y generando una inflamación local con posible sobrecrecimiento bacteriano. Factores como el estreñimiento o la diarrea impiden que el líquido salga naturalmente, lo que puede ocasionar una fístula o una infección grave como un absceso perianal (acumulación de pus).
Otras causas relevantes incluyen la obstrucción ductal por hipersecreción, infecciones bacterianas oportunistas (especialmente por Escherichia coli y Proteus spp.), o incluso traumatismos en la zona perianal. Asimismo, existen condiciones subyacentes como un sistema inmunitario débil o enfermedades inflamatorias que predisponen al animal a desarrollar estas afecciones. Se ha observado que razas como los Persas y Maine Coons con antecedentes digestivos son más propensas a sufrir saculitis.
¿Cuáles son los síntomas?
La identificación precoz es vital para evitar que la inflamación progrese hacia cuadros más graves. Los síntomas de fístulas perianales en gatos son los siguientes:
- Lamido excesivo de la región perianal debido a la irritación.
- Estreñimiento o diarrea crónica que dificulta el vaciado fisiológico.
- Problemas para defecar, incluyendo tenesmo (esfuerzo ineficaz).
- Presencia de restos de sangre o material purulento en las heces.
- Inflamación y enrojecimiento visible alrededor del ano.
- Secreciones malolientes o pus que emana de la fístula.
- Cambios de comportamiento, como agresividad repentina, aislamiento o vocalizaciones por dolor.
- Scooting (arrastrar el ano por el suelo), aunque es menos frecuente en gatos que en perros.
¿Cómo se diagnostica y trata?
El diagnóstico lo debe realizar un veterinario mediante una exploración física detallada. En ocasiones, se requiere palpación rectal bajo sedación, citoquímica del exudado, cultivos y antibiogramas para detectar resistencias bacterianas, o incluso una ecografía perianal para valorar la extensión de los abscesos. En casos recurrentes, podría ser necesaria una biopsia para descartar patologías más graves.
El tratamiento dependerá de la severidad y la causa:
- Sistema inmunitario débil o casos leves: Se administrarán fármacos por vía oral. También puede ser recomendable aplicar una crema que incorpore corticoides y antibióticos (como gentamicina con betametasona) y realizar irrigaciones con clorhexidina al 0,05%.
- Patologías de los sacos anales (casos moderados): Se utilizarán antibióticos sistémicos (como amoxicilina-clavulánico) y antiinflamatorios no esteroideos (como el meloxicam) para reducir el dolor. Además, se revisará la dieta para añadir fibra soluble si hay estreñimiento.
- Casos graves o recurrentes: Si hay abscesos, se procederá al drenaje quirúrgico bajo anestesia general. Si la saculitis es crónica y no responde al tratamiento, el veterinario recomendará la saculectomía bilateral (extirpación quirúrgica de las glándulas).
¿Cómo vaciar las glándulas anales en gatos?
Independientemente de la causa, es importante vaciar las glándulas anales cuando nuestros gatos tienen algún problema con ellas para evitar la formación de fístulas. Para ello, hay que seguir este paso a paso:
- Primero, levantamos la cola con una mano y con la otra cogeremos una gasa limpia.
- Segundo, colocamos la gasa justo delante del ano del gato.
- Tercero, localizamos los sacos (están a ambos lados del ano) haciendo presión suave pero evitando hacerles daño. Es fundamental no posicionarse justo delante, ya que el líquido sale con mucha presión.
- Por último, desinfectaremos la zona con una pomada recomendada por el veterinario.

Para prevenir que este problema regrese, se recomienda mantener una higiene perianal rigurosa, monitorear cualquier signo de obstrucción temprana y asegurar una dieta equilibrada que promueva una digestión saludable. No intentes tratar una fístula en casa sin supervisión, ya que un manejo incorrecto puede empeorar la infección.
La detección temprana de la saculitis y el manejo adecuado de las glándulas anales son claves para evitar que tu mascota sufra el dolor crónico asociado a las fístulas perianales, garantizando así una recuperación completa y una mejor calidad de vida.
