Expulsado de España tras matar al gato de su expareja en Torrevieja

  • Un hombre mató brutalmente a la gata de su expareja en plena calle en Torrevieja, causando una enorme indignación social.
  • El ataque se considera maltrato animal con ensañamiento y violencia vicaria dentro de la violencia de género.
  • La Justicia ha sustituido la pena de prisión por la expulsión de España y de todo el espacio Schengen durante cinco años.
  • Colectivos animalistas y vecinales ven el fallo como un precedente clave y reclaman penas más duras por maltrato animal.

caso de maltrato animal y expulsión de España

La ciudad alicantina de Torrevieja se ha visto sacudida en las últimas semanas por un caso de violencia extrema contra un animal de compañía que ha terminado con una decisión judicial poco habitual: la expulsión de España del agresor. El episodio, ocurrido a finales de abril en plena calle, ha abierto de nuevo el debate sobre la respuesta penal frente al maltrato animal y su relación con la violencia de género.

El protagonista del caso es un hombre de origen colombiano que, según el relato de testigos y de las propias autoridades, mató a golpes a la gata de su expareja en el barrio de San Roque, ante la mirada atónita de los vecinos. La brutalidad de la agresión, grabada por varios móviles y difundida después en redes sociales, generó una ola de indignación que ha trascendido el ámbito local y ha reavivado las demandas de endurecer las penas.

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Los hechos tuvieron lugar en la calle Jacarilla, en el barrio de San Roque, a finales del mes de abril. Según han explicado varios testigos, el hombre cogió a la gata, llamada Nala, y la lanzó contra una pared con tal violencia que el animal quedó completamente desorientado. Lejos de detenerse, el agresor continuó atacándola delante de quienes pasaban por la zona.

Diversas versiones coinciden en que, tras estrellar al animal contra el muro, comenzó a propinarle numerosas patadas mientras la gata yacía en el suelo, indefensa. Posteriormente, tomó un palo —descrita en algunas informaciones como una especie de palo de escoba— y descargó sobre la cabeza del felino más de una veintena de golpes, hasta dejarla completamente inerte sobre la acera.

El cuerpo de Nala quedó tendido en mitad de la calzada, rodeado de un charco de sangre, una imagen que, según relatan los vecinos, resultó insoportable para muchos de los presentes. La escena fue grabada por varios testigos que, al mismo tiempo que increpaban al agresor, avisaron a la Policía Local y a la Guardia Civil para que acudieran cuanto antes.

En las grabaciones, que rápidamente se viralizaron, se aprecia cómo los agentes tienen que reducir al hombre en plena calle mientras este aún intenta seguir golpeando al animal ya sin vida. La crudeza de las imágenes desató una oleada de comentarios de rechazo en redes sociales y llevó a numerosos usuarios a pedir penas de cárcel efectivas para este tipo de conductas.

Detención e investigación por maltrato animal y violencia vicaria

Hasta el lugar se desplazaron varias dotaciones de la Policía Local de Torrevieja, que procedieron a detener al sospechoso en el mismo punto de la agresión. Posteriormente, el hombre fue puesto a disposición de la Guardia Civil, que abrió diligencias por un presunto delito de maltrato animal con ensañamiento y otro de violencia de género en su modalidad de violencia vicaria.

La víctima indirecta, la expareja del agresor y propietaria de la gata, presentó denuncia, al igual que hicieron diversas asociaciones de protección animal que se personaron en la causa. La violencia vicaria a través de animales está reconocida como una forma de maltrato dentro del marco de la violencia de género, ya que el agresor utiliza el sufrimiento o la muerte de una mascota para dañar emocionalmente a su pareja o expareja.

En este caso, las entidades animalistas han subrayado que el acusado eligió a uno de los gatos de compañía de la mujer precisamente para infligirle el mayor dolor psicológico posible, atacando a un ser con el que tenía fuerte vínculo afectivo. Se trataría, apunta la acusación, de un acto de venganza dirigido a la expareja, ejecutado a través de la crueldad ejercida sobre el animal.

Tras la detención, el hombre pasó a disposición judicial y, en un primer momento, llegó a quedar en libertad con cargos, lo que provocó un profundo malestar tanto entre vecinos como entre colectivos animalistas. Desde entonces, la investigación penal ha ido avanzando hasta desembocar en el fallo que ahora ha llamado la atención a nivel nacional: la expulsión del territorio español.

Un proceso judicial dividido en dos vistas

El procedimiento se ha articulado en varias fases. En primer lugar, el caso llegó al Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Torrevieja, donde se celebró un juicio rápido en el que se planteó la posibilidad de una sentencia de conformidad. En aquella primera vista, el acusado rechazó admitir los hechos en los términos propuestos y no aceptó el acuerdo planteado por las partes.

Posteriormente, la causa pasó a la sección penal del Tribunal de Instancia de Orihuela con sede en Torrevieja, donde la magistrada del Juzgado de lo Penal número 4 asumió el enjuiciamiento de los delitos de maltrato animal con ensañamiento y violencia vicaria. Fue en esta segunda vista oral donde se produjo finalmente la conformidad entre la defensa y las acusaciones.

Durante la sesión, el acusado, natural de Cali (Colombia) y cuya situación administrativa en España no estaba regularizada —se encontraba tramitando un arraigo—, terminó por reconocer los hechos descritos en el procedimiento. Ante la perspectiva de enfrentarse a una condena de cárcel, optó por aceptar la alternativa que permitía la legislación: la expulsión del territorio nacional como sustitución de la pena de prisión.

La resolución contempla una condena de un año de prisión por maltrato animal con agravantes, pena que queda reemplazada por una orden de expulsión. El propio acusado manifestó ante la jueza su acuerdo con esta medida, que implica su deportación inmediata a Colombia y la prohibición de regresar durante un periodo de cinco años.

Varios medios locales han identificado al agresor como Andrés Camilo Candelo Pino, si bien la resolución judicial ha evitado poner el foco en su nacionalidad y se ha centrado en la gravedad de los hechos y en la protección de la víctima, tanto la mujer como el animal fallecido.

Expulsión de España y veto en toda la Unión Europea

El fallo judicial establece la expulsión inmediata del condenado a su país de origen, Colombia, como sustitución de la pena privativa de libertad. Durante cinco años no podrá residir en España ni acceder a la regularización de su situación administrativa, ya que los antecedentes penales derivados de este caso seguirán vigentes durante un tiempo prolongado.

Además, la orden judicial conlleva que, durante ese mismo periodo, no podrá entrar en ningún país de la Unión Europea. En la práctica, esto supone un veto de acceso al espacio Schengen, por lo que cualquier intento de entrada en un estado miembro podría implicar su devolución o nuevas consecuencias legales.

La ejecución de la expulsión se hará de manera inmediata tras la resolución. Hasta que se materialice el traslado, el hombre será ingresado en un centro de internamiento de extranjeros (CIE), donde permanecerá retenido mientras se completan los trámites administrativos y policiales necesarios para su deportación.

Abogados especializados explican que la sustitución de penas de prisión por expulsión es una herramienta prevista en la normativa para personas extranjeras en situación irregular, y que en este caso se ha aplicado atendiendo tanto a la condena de maltrato animal como al contexto de violencia vicaria. Se trata, apuntan, de una vía que impide su permanencia en territorio español y busca evitar nuevos episodios de violencia.

Una resolución que se percibe como ejemplarizante

La acusación popular ha estado representada por la Asociación Leal, cuya letrada, Mari Carmen Luque, había solicitado inicialmente una pena de prisión significativamente más elevada para el acusado. Tras conocerse el resultado del procedimiento, la abogada ha valorado la decisión judicial como un fallo «ejemplarizante» y, según sus palabras, «sin precedentes» en la ciudad.

Luque subraya que la resolución supone un punto de inflexión en la respuesta judicial ante el maltrato animal, en tanto que visibiliza que estas conductas ya no son percibidas como hechos menores sin consecuencias serias. «Siempre se ha pensado que por matar a un animal no iba a pasar nada», ha señalado, destacando que la sentencia lanza el mensaje de que quien haga daño a un animal en España se enfrenta a un delito con repercusiones reales.

La jurista también ha recalcado que la expulsión no debe interpretarse como un castigo basado en el origen del condenado, sino como la aplicación de un mecanismo legal destinado a personas sin situación administrativa regular que han sido declaradas culpables de delitos de cierta gravedad. «La legislación contempla la expulsión por delitos de maltrato animal», apuntó, insistiendo en que la medida es igualmente aplicable con independencia de la nacionalidad del autor.

Para la Asociación Leal y el resto de colectivos personados, la importancia de esta sentencia va más allá del caso concreto de Nala: entienden que abre la puerta a futuras resoluciones similares cuando se den circunstancias parecidas, y confían en que pueda servir de referencia para jueces y fiscales a la hora de valorar la protección de los animales y el impacto de la violencia vicaria.

Reacción social: concentraciones y presión ciudadana

Desde que se conocieron los hechos, la reacción social ha sido intensa. El Partido Animalista PACMA, así como colectivos como Proyecto CES Gatos Torrevieja y la Asociación Somos la Voz de los Gatos, denunciaron públicamente el ataque y lanzaron llamamientos para recopilar vídeos y testimonios que respaldasen la acusación ante los tribunales.

El Ayuntamiento de Torrevieja, a través de la Concejalía de Protección Animal, emitió un comunicado en el que condenaba «rotundamente» lo sucedido y calificaba el episodio de «triste y deleznable». El consistorio expresó su consternación y reiteró su compromiso con la defensa de los animales, sumándose a la ola de rechazo que se estaba gestando tanto en la calle como en internet.

La respuesta ciudadana se materializó en una concentración multitudinaria en la calle Clavel —próxima al lugar de residencia del acusado—, donde cientos de personas se reunieron para pedir «Justicia para Nala». Se trata de una movilización descrita como inédita en la localidad en cuanto a número de asistentes y visibilidad mediática, con presencia de numerosos colectivos animalistas y vecinales.

Durante más de una hora, los participantes corearon lemas como «los animales sienten», «justicia para Nala» o «a la cárcel», y dirigieron directamente sus críticas al autor de los hechos, al que algunos calificaron de «asesino» y «cobarde». Muchos manifestantes portaban carteles con la imagen del agresor e incluso se le identificaba por su nombre y apellidos, reflejando el grado de indignación que el caso había suscitado.

La protesta, autorizada por la Subdelegación del Gobierno, contó con un dispositivo de seguridad reforzado. Policía Local y Guardia Civil instalaron un cordón policial alrededor del edificio judicial y de la zona de la concentración para evitar incidentes, especialmente el día en que se celebraba la vista penal definitiva en el Palacio de Justicia de Torrevieja.

El papel de las redes sociales y la demanda de endurecer las penas

Las redes sociales han sido un elemento clave en la difusión del caso. Desde el momento en que circularon las primeras grabaciones de la agresión, cientos de usuarios compartieron las imágenes y dejaron mensajes de apoyo a la propietaria de Nala, al tiempo que exigían castigos más contundentes para los responsables de maltrato animal.

La protesta del domingo en Torrevieja se organizó, en buena medida, a través de plataformas digitales, donde se difundieron convocatorias, se compartieron carteles y se animó a acudir a la concentración. Muchos de los mensajes que circularon por estas vías insistían en la necesidad de poner fin a la sensación de impunidad y de avanzar hacia una mayor protección legal para los animales.

Desde PACMA y otras organizaciones se ha vuelto a reclamar expresamente una reforma del Código Penal para elevar las penas de prisión asociadas al maltrato animal, de manera que sean verdaderamente disuasorias y se planteen medidas complementarias como mantener las colonias de gatos controladas. Consideran que las sanciones actuales siguen siendo «irrisorias» en numerosos supuestos y no reflejan el rechazo social que suscitan estos comportamientos.

Los colectivos señalan, además, que este caso ilustra cómo el maltrato hacia mascotas no es un fenómeno aislado, sino que en ocasiones forma parte de un patrón de violencia de control y castigo dentro de la pareja o expareja. Por ello insisten en que la respuesta jurídica debe contemplar tanto la protección del animal como la de las personas que comparten su vida con él.

En diferentes publicaciones y comunicados, las asociaciones han agradecido la implicación vecinal y la labor de quienes, a pesar del impacto emocional de la escena, decidieron grabar lo ocurrido y remitir esas pruebas a las autoridades, facilitando así la investigación y la posterior acusación en sede judicial.

Este caso ha dejado en Torrevieja y más allá la impresión de que la sociedad española no está dispuesta a pasar por alto episodios de violencia extrema contra los animales y que, cuando se cruzan con contextos de violencia de género, la exigencia de una respuesta firme es todavía mayor. La expulsión del agresor, unida a la gran movilización ciudadana y al eco mediático, dibuja un escenario en el que el maltrato animal deja de verse como un asunto menor para situarse en el centro del debate jurídico y social.